Las ausencias de Ochoa, Corona, Gio y Jonathan Dos Santos podrían ser un aviso de la llegada de Ricardo Ferretti a la Selección Mexicana. Yo leo, a partir de esta convocatoria para los juegos ante Trinidad y Argentina -convocatoria que podría extenderse para el vital juego ante Estados Unidos- que el 'Tuca' da un golpe sobre la mesa y advierte: "Aquí mando yo. Esta es mi selección y las cosas se hacen a mi manera...".

LOS ANGELES, CA. -- No puedo afirmarlo abierta y contundentemente, pero la primera lista de convocados de Ricardo 'Tuca' Ferretti podría contener ciertos aromas y mensajes disciplinarios.

Cuando el pasado lunes, sonriente y picaresco como es su costumbre, el entrenador interino de México advertía que en su primer llamado podrían faltar o sobrar futbolistas, se refería directamente a nombres como el de Guillermo Ochoa, Jose de Jesús Corona y Giovani Dos Santos que en el pasado reciente se habrían convertido en piezas inevitables dentro de una Selección Mexicana. Hoy, simplemente no están y no están porque 'Tuca' lo decidió así. Si se trata de un argumento futbolístico, tiene sus razones. Si se trata de una justificación disciplinaria, pues también la tendría.

Yo leo, a partir de esta convocatoria para los juegos ante Trinidad y Argentina -convocatoria que podría extenderse para el vital juego ante Estados Unidos-- que el 'Tuca' da un golpe sobre la mesa y advierte: "Aquí mando yo. Esta es mi selección y las cosas se hacen a mi manera...".

El 'Tuca' pudo haber perdido cierta coherencia el día de su presentación en la Federación Mexicana de Futbol, pero no la perderá en el campo de juego, donde ha trabajado, con la misma exitosa fórmula desde hace casi tres décadas. Su "tolerancia cero" para las distracciones, para comportamientos anómalos, para "vedetismos" está probada y comprobada. Aunque sea por un periodo corto, por cuatro partidos, en su interinato, el 'Tuca' buscará que su equipo tenga las características que él siempre ha pregonado desde una cancha de futbol.

Futbolísticamente hablando, el 'Tuca' ha dejado fuera de este llamado a Guillermo Ochoa, una de las grandes figuras de la Selección Mexicana en el Mundial de Brasil de hace un año, a Corona, uno de los guardametas más regulares de los últimos tiempos en el futbol mexicanos y a los hermanos Dos Santos: Gio, que hoy atraviesa por su mejor momento de los últimos tiempos, juega más y mejor en el nivel de la MLS y del Galaxy de Los Angeles y Jonathan, que había sido una bocanada de aire fresco en el mediocampo mexicano y que guarda uno de los papales más regulares del contingente mexicano en el futbol de Europa. El 'Tuca' decidió no llamarlos y punto.

No hay grandes alteraciones partir de la ausencia de Ochoa, de Corona, de Gio o de Jonathan. México sigue basando sus aspiraciones de montar un buen equipo a partir de su juego de conjunto. Creo que el 'Tuca' les envió un mensaje a los ausentes y a los presentes: "Aquí el que mando soy yo...".

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Directiva ChivasMexsport

Los mensajes que llegan son un tanto confusos: algunos afirman hasta que es un “enfermo desahuciado” y otros que sigue siendo uno de los clubes más valorados del continente. La realidad es que Chivas sigue en crisis futbolística y sigue tratando de encontrar el nivel para competir bajo las “nuevas reglas” que propone el futbol mexicano. Mientras ello sucede, la única garantía --aunque signifique caer en un lugar común-- es trabajar, apostar por la cantera y sobre todo darle continuidad a los proyectos y a las personas que encabezan esos proyectos. Para decirlo claramente: Chivas no va a ninguna parte sin los hermanos De La Torre.

LOS ANGELES, CA. -- En el “revolucionado” mundo de Chivas, la mayor parte de los mensajes que le llegan al club son confusos y contradictorios.

Para algunos, Chivas es un “enfermo desahuciado”, con el tiempo corriendo en su contra. Para otros, entre ellos la revista Forbes, Chivas es uno de los cinco equipos mejor valorados de todo el continente y el número 1 de México. ¿A quién hay que creerle?

El entrenador, José Manuel “El Chepo” de la Torre recordó que está en el inicio, aún, de un plan a largo plazo: tres años para normalizar el estatus de Chivas con respecto al tema del porcentaje y el dueño, Jorge Vergara, visitó esta mañana los campos de entrenamiento en Verde Valle con una tenue sonrisa reflejada en su rostro. Pero ni eso apacigua “la tormenta”: Chivas vive lleno presiones, de temores y de insinuaciones. El primero se refiere a que cada fin de semana debe luchar contra sus propios ”fantasmas”. Es el último en la tabla porcentual y claro que puede descender, pero ese hipotético descenso no va a ocurrir el domingo, ni dentro de dos semanas y ni siquiera en este mismo campeonato. Chivas vive bajo el morbo de quienes lo apuntan tras cada fecha como el descendido y ello sin duda envía mensajes poco positivos a su plantel.

La otra historia alrededor de este Chivas es una que el futbol mexicano no quiere o no puede admitir: las reglas de competencia han cambiado. La nómina de la mayor parte de los clubes están inundadas por jugadores extranjeros y naturalizados y en ese panorama, al Guadalajara le cuesta trabajo sostenerse en una faceta competitiva. A lo largo de la historia, bien o mal, con torneos irregulares, Chivas, con su política de solo nativos, se mantenía como uno de los grandes contendientes del futbol mexicano. En los últimos tiempos, las cosas han cambiado de manera radical. De competir en la parte alta de la tabla, Chivas se transformó en un equipo de grandes irregularidades.

Para Chivas no hay otro camino más que salir a jugar y tratar de mejorar con lo que tiene en la cancha y con lo que puede venir hacia el futuro. Tiene que trabajar más a fondo en sus fuerzas básicas, producir los mejores futbolistas y contratar con oportunidad e inteligencia para así ofrecer en el campo de juego “las armas” necesarias para pelear en la “nueva liga” que ofrece el futbol mexicano. Y para ello, estoy seguro, que Vergara entiende que requiere una peculiaridad por la que no se ha caracterizado su administración: continuidad, continuidad en los procesos, en los proyectos y en las personas que tiene al frente del club.

Aunque los mensajes puedan ser contradictorios, Chivas no es ni el peor ni el mejor del mundo. Es un club grande, tradicional, histórico y orgulloso que encontrará la manera, estoy seguro, de dejar atrás sus problemas y competir en los nuevos tiempos que el futbol mexicano plantea.

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Hoy, como casi siempre, el futbol mexicano planea y sueña alrededor de un partido. El choque ante Estados Unidos que otorga el boleto para la Copa de las Confederaciones predispone el futuro del entrenador y de los planes alrededor de la selección nacional. Está claro que el choque es parejo, que México lo puede ganar o perder. Lo increíble es que de acuerdo con lo planteado el lunes por la noche, el resultado de ese juego podría marcar el rumbo a seguir en el futbol mexicano.

LOS ANGELES, CA. -- Interino o no, México amaneció con un entrenador serio, experimentado y ganador como Ricardo 'Tuca' Ferretti. Sigo pensando que hay una "historia oculta" detrás de la cortina federativa y del propio Ferretti y que el resultado del juego ante Estados Unidos podría significar una extensión o no de su mandato como entrenador mexicano.

La realidad, por otro lado, es que el término "interino" acusa o revela una escena de incertidumbre o vacilación de la Federación Mexicana de Futbol. Los dirigentes mexicanos dan una imagen donde no están del todo convencidos de que Ferretti, más allá de su relación o contrato con Tigres, sea la solución adecuada o definitiva hacia el futuro.

Y de pronto, como ocurre casi siempre en el futbol mexicano, el resultado de un partido se ha vuelto casi una obsesión, una necesidad, una tarea de la cual depende el futuro mismo de las selecciones nacionales.

Ganarle a Estados Unidos por el boleto a la Copa de las Confederaciones no debe ser visto como una "misión imposible". México puede y debe competirle en el juego de octubre en el "Rose Bowl" de Pasadena a pesar de la premura y de las contingencias que se han presentado. Es Estados Unidos, una selección que ha mejorado notablemente, que le ha ganado a México en los últimos compromisos pero que no tiene ni los futbolistas ni los elementos de una "potencia mundial". Y Ricardo Ferretti, con un planteamiento adecuado y serio, puede vencerle y "salvar", de alguna manera, uno de los eventos y negocios que la Selección Mexicana debe afrontar antes del Mundial de Rusia 2018.

A diferencia de lo que dijo el propio 'Tuca' y lo que argumenta la parte federativa, me queda claro que muchos de los planes alrededor de la selección podrían desprenderse del resultado en el partido que define el boleto para la Copa de las Confederaciones.

La cuestión del estilo, por otro lado, no debe inquietar a nadie. 'Tuca' habla de "equilibrio" y establece algo muy claro: el poco tiempo que hay para trabajar con las selecciones no permite llegar más lejos en temas de un estilo futbolístico. El sistema de juego del 'Tuca' ha sido, en algunos momentos, ampliamente criticado, tachándolo de defensivo. La realidad es que busca o intenta ser equilibrado y eso veremos en los cuatro partidos de este periodo como interino.

Algunos dicen -y dicen bien- que Ricardo Ferretti presentó el lunes por la noche una faceta muy diferente a la que caracterizó su carrera. Es decir, que de ser el "irreverente", el "reaccionario", el "incomodo", resultó en una postura muy institucional, reconociendo todo lo que el futbol mexicano le ha brindado en su carrera. Esperemos que el 'Tuca', al menos en la cancha, vuelva y mantenga esa imagen impertinente. Al final del día, los resultados siempre respaldan o traicionan a los entrenadores.

El México del futbol de siempre: a un solo partido, al resultado, a ganar o perder, a vivir o morir, al "águila o sol" de siempre que empeña el futuro y pone en entredicho los procesos de crecimiento.

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Llámelo “interino”, “pasajero” o “temporal”. La realidad es que Ricardo Ferretti decidió cómo, cuándo y por qué iba a convertirse en el entrenador de la selección mexicana de futbol. Y lo ha hecho bien, porque se lo merece, porque tiene la capacidad para hacerlo y también, hay que decirlo --de manera frontal como le gusta hacerlo a él-- por la terrible incertidumbre que rodea al futbol mexicano en este momento. Ferretti ha aparecido como “buen samaritano” --y no dudo que lo sea-- lo que me queda claro también es que al final él decidirá si se queda o si se va. “El Tuca” está al mando...

LOS ANGELES, CA. -- El mensaje del “Tuca” es claro: a la hora, el día, en el momento y en el sitio en que yo quiera.

Ricardo Ferretti será presentado esta tarde como entrenador interino de la selección mexicana de futbol. El “pacto”, que de acuerdo con la información vertida fue propuesta por el propio Ferretti (el club Tigres), solo incluye los partidos de fecha FIFA de septiembre y octubre además del estelar duelo ante Estados Unidos que definirá al ganador del boleto que otorga la Concacaf para la Copa de las Confederaciones de FIFA del 2017 en Rusia.

Ferretti aparece justo en un momento de grandes incertidumbres en el futbol mexicano. Una que emerge desde la cancha, donde a pesar de rescatar la Copa Oro, México no tuvo el verano soñando. La otra, desde la forma, la manera en la cual abandonó su puesto el ex entrenador nacional Miguel Herrera y la ultima tiene que ver con un cambio en el timón de la Federación Mexicana de Futbol, el arribo al puesto de presidente de Decio de María por Justino Compeán.

“El Tuca” es uno de los entrenadores más experimentados, ganadores y reconocidos en la historia moderna doméstica del futbol mexicano. También, de paso, hay que decirlo, un hombre de un temperamento fuerte, que suele decir lo que piensa tanto al futbolista, al directivo, al aficionado o al periodista. “El Tuca” no se guarda nada y en apariencia no permite que ninguna fuerza, poder e interés estén por encima de su creencia y maneras para entender y dirigir al futbol.

Los “buenos samaritanos” existen en el mundo --estoy convencido de ello-- pero en realidad obedece a eso --a una buena obra-- el hecho de que Tigres y Ferretti aparezcan en este justo momento para tratar de rescatar a la selección mexicana. ¿Es una obra de buena voluntad? ¿No hay nada detrás de ello? ¿Qué gana Tigres? ¿Qué quiere el ingeniero Rodríguez? ¿Hasta donde piensa llegar “El Tuca”?

Lo sé bien porque lo conozco bien. Ricardo Ferretti siempre ha anhelado ser el entrenador de la selección mexicana de futbol. Desde sus nacientes días como director técnico en Pumas y hasta cuandó auxilio a Miguel Mejía Barón en el Mundial de 1994. Alguna vez me confió: “Mi oportunidad ya pasó. Quise pero eso no sucederá”. Y ahora, resulta que vamos a “comprarnos” y creernos un cuento maravilloso donde un entrenador consagrado como Ferretti acepta dirigir a una selección mexicana por unos cuantos partidos solo para ayudar al futbol mexicano en este difícil trance. Yo, la verdad, no lo creo.

Me parece que “El Tuca”, “El Maestro” ha hecho una “jugada maestra”.

En el desconcierto federativo --de no saber qué hacer-- porque Bielsa los mando a “freír espárragos”, porque no había forma de arrancarle a Sampaoli a los chilenos, porque no existen grandes opciones en México --a La Volpe lo enfrió Chivas enseguida y Vucetich les clavó en la frente la ofensa y la bajeza que la Federación tuvo con él durante el malogrado proceso eliminatorio--. Entonces, Ferretti levantó la mano. Y la levantó porque la inteligencia del “Tuca” va más allá de la inteligencia de muchos de los dirigentes del futbol mexicano. “El Tuca” entendió que no arriesga demasiado. Que va a ir, darse el lujo de dirigir un partido contra Argentina y armar una selección que compita en el juego ante Estados Unidos. ¿Y qué pasa? Nada o mucho. Si pierde, entonces la culpa no será suya, sino del momento, de un proceso, de una situación que nació mal. Y si gana, será, casi, un “semidiós” y nada, ni nadie le quitará la oportunidad de decirle a la Federación “sí” o “no” sigo en el cargo.

“El Tuca” está el mando de la selección mexicana de futbol. Usted puede llamarle “interino”, “pasajero” o como quiera. Lo que me queda claro es que ha sido justo a la hora, en el día, en el momento, en el sitio en que él quiso.

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Pedro CaixinhaImago7

En tan solo algunos años, el entrenador portugués se ganó una sólida reputación en el futbol mexicano. Y lo hizo con base a su trabajo, a su capacidad, a su profesionalismo y también su personalidad. En Santos lo van a extrañar, eso es seguro. ¿Qué tanto?, esa es la pregunta. La idea, por otra parte, de que el nombre de Pedro Caixinha se aproximara de pronto al escenario de una selección mexicana no parece un disparate, sobre todo ahora que el tiempo empieza a apremiar y que la idea es contar con un personaje que signifique un cambio estructural en la selecciones nacionales. Pedro, “Pedro El Grande”, puede ese hombre...

LOS ANGELES, CA. -- Hay un termómetro infalible para medir la capacidad de un futbolista o de un entrenador: La manera y la medida en la que se la extraña en el día después de su alejamiento.

A su manera, a su estilo, a su tiempo... Bajo la picaresca mirada que siempre mostraba, con el semblante tranquilo --de que no mataba ni una mosca-- educado y caballero para algunos, un dos caras, casi un “barbaján” para otros, pero Pedro Caixinha encontró la manera de que su club, el Santos y de que el futbol mexicano lo extrañe de manera profunda a la mañana siguiente de su partida.

Cuatro derrotas, 9 goles recibidos en cinco partidos y apenas 3 puntos de 15 disputados, pero ningún numero sigue pareciendo lo demasiado sólido para forzar la salida de un entrenador que hace menos de 3 meses conseguía un título y cuyo legado para el club y para su posteridad suponía ser más importante que cualquier clase de trofeo o resultado inmediato.

Pedro Caixinha se fue y eso queda claro, lo que no queda muy claro, conociendo al presidente del Santos, Alejandro Irarragorri y a la mayor parte de los personajes que conforman al club, si la decisión obedeció a una cuestión administrativa del equipo --una decisión ante el mal inicio del campeonato--, o quizá a un tema de “agotamiento” entre ambas partes --que los dos hayan decidido que era mejor darle un descanso a la relación-- o a una decisión personal del propio entrenador que requería un poco de calma alrededor de su vida. Sea como sea, cual haya sido el causante, no deja de ser una verdadera pena que el futbol mexicano no cuente en su Liga con un entrenador del trabajo, capacidad y visión del portugués.

Caixinha queda “en libertad” justo en un momento en el que el futbol mexicano atraviesa por un proceso delicado, donde debe reencaminar un proceso y encontrar a la persona adecuada para tomar el puesto de entrenador. La pregunta debe ser directa: ¿Es, puede y está a tiempo Caixinha de ser un “candidato” a la selección mexicana? Mi respuesta inmediata seria que sí, que por sus condiciones, su personalidad y lo que puede aportarle al futbol y al futbolista mexicano sería una magnífica oportunidad. Pero no sé si los tiempos estén sincronizados y si los esfuerzos de la Federación Mexicana de Futbol vayan encaminados hacia otro rumbo. El simple hecho de afirmar que Caixinha sería una buena opción no intenta dañar a nadie. Entrenadores con sus virtudes no sobran, aparecen por ahí muy de vez en cuando. Si no es hoy, será mañana o pasado, pero alguien, seguro, terminara aprovechando las “bondades” del entrenador portugués.

Yo creo que la mejor parte del trabajo de Caixinha se refleja en la manera en la cual ha logrado beneficiarse y obtener las mayores virtudes del futbolista y como lo ha traducido en equipos extremadamente competitivos. Un hombre claro, directo, contundente, que combina la disciplina férrea del europeo con cierta relajación del latino, que entiende que dirige seres humanos, pero que también sabe que hay ciertas normas científicas que van apegadas directamente al resultado de este deporte. Ni tan cuadrado ni tan relajado, Caixinha es una combinación casi perfecta de caracteres y métodos para obtener el resultado.

Nunca pareció “un disparate” la posibilidad de que Caixinha pudiese estar cerca de una selección mexicana y tampoco lo sería hoy, cuando queda poco tiempo y cuando se requiere de una transformación estructural en la manera en la cual se ha trabajado en las selecciones mexicanas. Caixinha tendría mucho que aportar. Siempre lo ha tenido, bajo esa picaresca y sutil mirada, para aquellos que lo quieren y hasta algunos más que lo odian, siempre habrá una posición de respeto para un personaje tan competitivo como él.

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Todo hace indicar que México tendrá que optar por un "Plan de emergencia". Nombrar un entrenador interino y tratar de convertir la base de un club en una selección nacional que sea capaz de ganarle el partido del 10 de octubre a los Estados Unidos, Esa fórmula de emergencia funcionó para clasificarse al Mundial del 2014, pero aquí las condiciones parecen distintas: No está Nueva Zelanda en el camino y no hay un equipo en México, en forma, en ritmo y en condiciones triunfadoras que tenga más mexicanos que extranjeros y naturalizados en su nómina. La decisión, la primera decisión de Decio de María no es nada sencilla.

LOS ANGELES, CA. -- ¿Un plan de emergencia? ¿La misma fórmula que se utilizó para salvar el boleto mundialista del 2014 es posible ponerlo en servicio para "salvar" ahora el boleto a la Confederaciones del 2017? Algunos creen que sí. Otros, pensamos, que va a ser mucho más complicado. Desde un entrenador interino y hasta un club convertido en una selección para afrontar el choque ante Estados Unidos del 10 de octubre. Las dos posibilidades están contenidas dentro de un folder sobre el escritorio de Decio de María, pero la idea, en apariencia, es tener una resolución definitiva, un plan a seguir, un proyecto que respetar y el inicio formal de un nuevo horizonte en las selecciones nacionales.

Y entre muchas mentiras y apenas un esbozo de la realidad, la selección mexicana cumplió este viernes 17 días sin entrenador. Algunos creen que todavía existe una posibilidad real de un acercamiento con el argentino Marcelo Biela. Otros, aseguran que hay una pesquisa en Europa la búsqueda de un entrenador y los más conservadores siguen apostando por el mercado mexicano. La realidad es que nadie sabe dónde esta la respuesta adecuada.

Traer a un técnico que no conozca el futbol mexicano no sería una mala idea si no existiera el partido contra Estados Unidos de octubre, pero ese partido ofrece no sólo una faceta competitiva ++está en juego un boleto para la Copa Confederaciones++ sino que también encamina o descarrilla ++de acuerdo con el resultado++ la campaña del nuevo entrenador.

Cesar Luis Menotti, el técnico campeón del mundo en Argentina 1978 y que tuvo oportunidad de dirigir a México en los primeros años de la década de los noventa, dijo ayer en el programa Nación ESPN que lo más importante no es el nombre, sino el plan, el proyecto, de lo que se quiere para la selección mexicana. Menotti fue quien le recomendó al futbol mexicano y al Atlas en especifico la llegada de Marcelo Bielsa también en los últimos años del siglo anterior. "Él es la persona adecuada, pero necesita de un proyecto para trabajar", dice Menotti.

Algunos creen que lo más sensato, para tranquilizar "las aguas" que dejo el abrupto cese de Miguel Herrera, es nombrar un entrenador interino y que él, basado en un club++como se hizo en la ultima eliminatoria mundialista++ trate de rescatar el boleto para la Confederaciones. Hay algunos problemas alrededor de ese "plan de emergencia". Primero, que el rival del repechaje o mejor dicho del desempate para la Copa de las Confederaciones no es Nueva Zelanda y segundo que, el futbol mexicano, a nivel Liga, a atraviesa por una época donde los mejores equipos basan su éxito en el talento de los jugadores extranjeros y naturalizados, con lo cual es más difícil acoplar un club y convertirlo en selección.

La verdad es que urge una decisión: sea por un entrenador, con un proyecto incluido y un término a largo plazo o sea por un "plan emergente", que establezca las condiciones en las cuales se buscará el resultado favorable ante Estados Unidos el 10 de octubre en Pasadena. Decio de Maria tiene que tomar esa decisión. Es la primera de su mandato y una muy delicada. Puede empezar con "el pie derecho", puede encontrar el camino apropiado o puede descarrilarse en las primeras, puede toparse de frente con la realidad de perder un partido que significa orgullo para los aficionados y un negocio para "sus jefes".

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Todos los aplausos y los reflectores son para el delantero del Guadalajara. Bravo, por Bravo porque en un futbol cada día más lleno de jugadores extranjeros y naturalizados, lo que él ha logrado es parte de lo que podemos llamar una verdadera "hazaña". Hacer 123 goles en las Chivas y sobre todo en la época que le ha tocado vivir en Chivas es todavía mucho más complicado que hacerlo en otro club. Bravo por Bravo, porque ha sido un goleador muy a pesar de los tiempos que afronta el futbol de México y más allá de la condiciones del juego, donde personajes, de "su raza", de su condición, de su naturaleza parecen estar en peligro de extinción.

LOS ANGELES, CA. -- En un futbol donde cada día es más difícil ++por no llamarle imposible++ encontrar goleadores mexicanos, Omar Bravo es casi "un milagro" de la naturaleza futbolística mexicana.

Ciento veintitrés goles, 123 no son fáciles de hacer en ninguna clase de futbol, pero en México, tras el fenómeno de los jugadores naturalizados y extranjeros y en un club como Chivas, donde entre tantas indecisiones, idas y venidas en los planes y rompimientos de proyectos de los últimos años, lo de Bravo es, prácticamente, adquiere los tonos de una hazaña.

Omar BravoImago 7
Bravo ha sido un "luchador" en la cancha, porque más allá de las pocas o muchas virtudes físico-atléticas que pueda o no tener, él siempre ha encontrado las maneras para sostenerse en un estado competitivo. Dentro de Chivas, lo refleja esta marca, el simple hecho de superar a una figura de tamaños legendarios como la de Salvador "Chava" Reyes y fuera de Chivas, mientras buscó y forjó su carrera en Tigres, en Cruz Azul o en Atlas, siempre encontró la manera de despertar la duda y mantenerse competitivo en un mundo donde los jugadores no nacidos en México se apoderaban de la mayor parte de las posiciones en la cancha.

Omar Bravo ha sido un buen futbolista. Que pudo haber sido mejor, sí, quizá, también. Su "aventura" por el futbol europeo ++el Deportivo La Coruña++ termino con más pena que gloria y para un hombre cuyas cifras y hechos le daban un sitio preponderante en los pasajes más sagrados de la historia de Chivas, jugar para el Atlas no pareció ser la mejor de las decisiones.

En los últimos años, el futbol mexicano de consumo interno ha producido grandes goleadores: Carlos Hermosillo y sus 169 goles con Cruz Azul, Luis Roberto Alves "Zague", 162 con el América y Jared Borgetti, 189 en Santos, pero hacerlos en Chivas debe ser, sin duda, una tarea mucho más complicada. Bravo lo hace, bate el record de "Chava" Reyes, justo en el peor momento en la historia deportiva de su club, justo cuando Chivas trata de superar la única época donde ha estado más cerca de la parte baja de la tabla que de los primeros sitios y lo hace, además, cuando Chivas requería de un empuje anímico y pasional para continuar con su camino rumbo a la regularidad.

Omar Bravo merece una felicitación. Ha logrado una carrera legendaria en Chivas e impactante también en la historia de un futbol donde los futbolistas de "su raza", de sus condiciones, de sus virtudes , de su naturaleza parecen encontrarse en vías de extinción.

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De pronto, en una mañana del verano, los dos clásicos animadores de la Concacaf se han quedado sin entrenador. Y en ambos casos apareció y destacó el hecho de que Paulo César Wanchope y Miguel Herrera perdieron sus trabajos más allá de la cancha, respondiendo, con sus particularidades en cada caso, a provocaciones y a la alta presión que significa el puesto. Ninguno de los dos estaba listo para el puesto. Ahora, México y Costa Rica deben escoger, cada uno por su lado, con sus propias necesidades y características, con sus alcances y limitaciones, pero deben haber aprendido de la lección: un entrenador debe ser un personaje integral. No solo tiene que conocer de futbol, también, debe manejar la presión que conlleva su trabajo, tener educación, autocrítica y preparación.

LOS ANGELES, CA. -- México y Costa Rica, dos clásicos animadores del área futbolística de la Concacaf, amanecieron de pronto, en una mañana del verano sin sus entrenadores, sin sus proyectos y con el tiempo extraviado en la violencia y en la indisciplina. Ahora, deben escoger, rápida y minuciosamente y tienen prohibido equivocarse...

Ningún acto de violencia puede tener justificación. Los entrenadores, como personajes públicos, están expuestos a la crítica y a la provocación. La crítica y la provocación pueden llegar desde cualquier sitio: desde un rival, un aficionado, un periodista, un directivo. La manera de reaccionar a esa crítica o provocación marca la diferencia entre un personaje que está preparado o no para ocupar el puesto. Ni Paulo César Wanchope ni Miguel Herrera estaban listos para ello.

La escena de Wanchope en el Estadio de Panamá es un tanto confusa. Está claro que existe un procedimiento irregular en la logística con un entrenador que estaba en la tribuna, pero la manera en la que reacciona el costarricense es totalmente inadecuada. Un entrenador, a través de su personalidad, de su educación, de su preparación, debe mostrar otro tipo de modos y reacciones en ese tipo de situaciones. Una pena.

Me parece que lo de Wanchope es una consecuencia directa del error que había cometido la Federación Costarricense de Futbol en el verano pasado. Una selección que había obtenido resultados importantes en el Mundial y que tenía una base de futbolistas y un técnico como el colombiano Jorge Luis Pinto expuestos a un alto nivel de disciplina. Costa Rica decidió que el camino era otro y está claro que no tomo los pasos adecuados. Wanchope demostró la noche del jueves en Panamá que no estaba listo para tomar el mando de la selección costarricense.

México y Costa Rica terminaron siendo presas del mismo dolor y hoy están en una situación similar: con un proyecto mutilado, con tiempo perdido y a la búsqueda de un entrenador. Y espero que hayan aprendido de las experiencias recabadas en las últimas semanas: el elegido, el nuevo director técnico, debe ser un hombre con características integrales de un entrenador, que además de tener la capacidad de llevar al éxito a un equipo, tenga también la suficiente personalidad, educación y elementos para no responder con violencia a violencia, para asimilar las críticas, para tener autocritica y para soportar la agobiante presión que conllevan sus puestos. Ni Miguel Herrera ni Paulo César Wanchope estaban listos para ello.

@Faitelson_ESPN

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Debe ser su personalidad, incluso por encima de un estilo o de un argumento futbolístico, lo que empuje vehementemente su campaña. Un entrenador trabajador, serio, honesto y que podría significarse como el "elixir sagrado" que el futbol mexicano ha buscado afanosamente para equilibrar entre los negocios y la parte deportiva. Un tipo honesto, que dice cualquier cosa a la cara, que mira a todos a los ojos, que no tiene negocios con promotores, un hombre que confronta igual a un futbolista, a un aficionado, a un dirigente y a un periodista. Que ha ondeado esa bandera de vergüenza y trabajo durante más de dos décadas ininterrumpidas. 'El Tuca' puede, tiene los elementos, el futbol, la experiencia y sobre todo la personalidad para sentarse en el banquillo de la Selección Mexicana de futbol.

LOS ANGELES, CA. -- Oficialmente, nadie se ha caído. Extraoficialmente, el candidato más cercano dirige en el futbol mexicano.

En apenas algunos días, los nombres de Marcelo Bielsa y de Jorge Sampaoli se diluyeron en las pretensiones mexicanas. Uno, porque jamás estuvo interesado y el otro porque, en apariencia, ha preferido la continuidad en la Selección Chilena. Lo que queda está en casa y tendrá que ser parte de una delicada, exacta y rápida decisión.

No creo que sobre el tiempo para nombrar un entrenador interino. Tampoco es una postura que demuestre seguridad. Hay que definir un entrenador, arroparlo y apoyarlo con todo.

Al final del día, Ricardo 'Tuca' Ferretti parece ser la apuesta más propicia que tiene el futbol mexicano para convertirse en entrenador nacional. Y más allá de lo que su futbol pregona en la cancha, su experiencia y comprobada calidad, está el carácter y la personalidad de Ferretti que podría terminar de mediar entre los temas comerciales y deportivos que tanto afectan a la selección nacional. Si Ferretti y sus maneras, sus formas, son o actúan como una especie de catalizador para equilibrar entre el negocio y el futbol, la decisión sería benéfica, La llegada del 'Tuca' no solo llena un espacio como entrenador, también como una manera de ganar un hombre que, por sobre todas las cosas, defenderá a la cancha y al futbolista.

Ferretti y sus declaraciones "a ronco pecho": Desde su acusación sobre "partidos moleros" y hasta otras celebres escenas donde se le ve incriminando al futbolista, al directivo, al aficionado o al periodista. "Prefiero ser barrendero a entrenador de la Selección Mexicana". "A este jugador se le subieron los humos". "Ese tema me da hue...". El 'Tuca' ha encontrado una manera de comunicar que parece gustarle a este México cansado de mentiras, de mentirosos y ávido de honestidad, de personajes puros y verdaderos. Y 'Tuca' puede tener muchos defectos, grandes carencias, pero su honestidad y su vergüenza están ahí, respaldando una carrera limpia desde sus días en la cancha y luego en más dos décadas ininterrumpidas como entrenador.

Está claro que no se trata de la misma corriente futbolística de Marcelo Bielsa, de Sampaoli, de Miguel Herrera o de Ricardo La Volpe, pero México no tiene ningún estilo o condición propia en lo futbolístico que cuidar con recelo. Y Ferretti le daría orden, idea y la posibilidad de alcanzar una forma competitiva si se respeta su proyecto y se le permite trabajar. El 'Tuca' podría ser, finalmente, la esperanza de que el equilibrio entre lo económico y lo futbolístico se alcance.

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Marcelo BielsaGetty Images

Entramos al "jueguito" que nos plantea la Federación Mexicana de Futbol: busquemos un nombre: Bielsa, Sampaoli, Ferreti, Vucetich, Lavaolpe, Matosas, Camacho. Lo que realmente necesita la selección mexicana de futbol es un cambio en las formas y en las maneras en las que se ha administrado a la selección mexicana. Nadie tiene una "varita mágica", nadie tiene "el remedio maravilloso" para ganar partidos e impulsar a que esta selección dé el paso en las competencias internacionales. Lo que debe existir es un proyecto, un plan, que se respete, que se cuide, que se alimente y al final, llegarán los resultados.

LOS ANGELES, CA.-- Y hablan de riesgos... ¿Riesgo? ¿Cuál riesgo? Por favor: el futbol mexicano no ha ganado jamás algo relevante a nivel internacional. El futbol mexicano no tiene un estilo propio, una condición que cuidar con recelo en la cancha. El futbol mexicano no tiene grandes figuras o estrellas futbolísticas en las mejores ligas del mundo. Lo único que tiene claro el futbol mexicano es el negocio. Ahí lo ha hecho muy bien, en eventos de su propia Liga, en campeonatos regionales y hasta en los Mundiales. El futbol mexicano es un negocio, un gran negocio.

Por ello, al momento de elegir un entrenador, sea el que sea, no se toman grandes riegos futbolísticos. Usted toma riesgos en la vida cuando hace o empuja un cambio sobre una postura o un producto ganador, pero aquí el riesgo, en todos los sentidos, parece valer la pena.

El problema es el de siempre: Aquellos que cuidan del "negocio" son reticentes a los cambios. Para ellos, mostrar una actitud conservadora les permite mantener todo como está, con los números a su favor, con las cuentas claras mientras la cancha y los aficionados suspiran, hace ya tiempo, por una transformación que les dé esperanzas de crecimiento.

"En la parte futbolística, nos faltó siempre un paso más", dice en el programa de Raza Deportiva de ESPN el ex capitán de la selección mexicana, Pavel Pardo. "Un paso para seguir en el Mundial, un paso para ganar la Copa América, un paso para ganar la Libertadores, un paso, siempre nos falto ese paso. Busquemos al hombre que pueda ayudarnos a darlo".

Y está claro que lo que debía impulsar la Federación Mexicana de Futbol en esta nueva oportunidad es un cambio, una metamorfosis, en la administración deportiva de las selecciones mexicanas. Para ello, no basta un nombre. Se necesita de un proyecto y de las personas con la experiencia necesaria para producirla, pero lo más importante sigue siendo que las personas que mandan en el futbol mexicano realmente quieran impulsar ese cambio. Si no hay voluntad, no hay absolutamente ninguna posibilidad de hacerlo.

Ni Bielsa, ni Ancelotti, ni Sampaoli, ni Ferreti, ni Lavolpe, ni Vucetich, ni Camacho ni nadie cambiará el panorama futbolístico de México si no cambian las condiciones a su alrededor. Sigo pensando que más que un nombre, un entrenador, México necesita un plan de trabajo y nuevas condiciones para administrar a la selección.

Así que sigamos en el "jueguito" al que nos puso a "jugar" la Federación Mexicana de Futbol. Hoy es Bielsa, mañana es Camacho, luego Sampaoli y enseguida "El Tuca", Vucetich, Matosas o alguien más. Lo que realmente se necesita es un cambio en las formas y en las maneras de conducir a las selecciones mexicanas. Y ello solo ocurrirá con cierta voluntad y mucha inteligencia.

¿Y los riesgos? Los riesgos no existen, porque finalmente, si este futbol logrará desprenderse de esas "cadenas" y tener cierta libertad de trabajo, de crecimiento, de continuidad, de respeto por los proyectos, seguro que la parte deportiva, con resultados, haría que el negocio fuese aun mucho mayor.

@Faitelson_ESPN

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Decio de MaríaGetty Images

La Federación Mexicana de Futbol vive su propio tormento: elegir y no equivocarse en esa elección, a un entrenador nacional que dentro de poco más de sesenta días afronte, en un solo partido, todo su destino al frente de la selección mexicana. El reto no es sencillo. ¿Quién puede garantizarle a México el resultado del 10 de octubre en el Rose Bowl ante Estados Unidos? ¿Qué tipo de selección se puede 'montar' para esa fecha? ¿Y qué pasa con el periodo de adaptación, de reconocimiento que cualquier entrenador necesita para lograr la armonía en un equipo de futbol? Nada, no hay tiempo parta distraerse. El elegido, sea Bielsa, sea Sampaoli, sea Ferreti o sea Vucetich, deberá entregar el resultado inmediatamente.

LOS ANGELES, CA.- ¿En qué clase de "líos" está metido Decio de María? En uno que no parece muy sencillo de resolver: un entrenador que en un juego, un solo juego, de 'matar o morir', prácticamente le ponga un sello a toda su campaña como entrenador nacional. Tras la abrupta salida de Miguel Herrera y mientras nosotros vivimos en el 'juego de los rumores', la Federación Mexicana de Futbol vive su propios tormentos.

Se enfría Bielsa, se entibia 'El Tuca' y se calienta Sampaoli. ¿Es ese un panorama real de lo que ocurre alrededor del proceso para elegir un nuevo entrenador en la selección mexicana de futbol?

Hay solo una realidad: que el tiempo corre; ha empezado a correr. Poco más de 30 días para afrontar a Argentina y a Messi y sesenta días para jugar el partido decisivo por el boleto a la Copa de las Confederaciones ante Estados Unidos. No hay ni tiempo ni espacio para nada, ni siquiera para un plan alternativo, para la nominación de un entrenador interino y para tomarse el lapso necesario para no equivocarse. Nada. La decisión urge y ya.

Marcelo Bielsa parecía contener el plan, el proyecto, y hasta el sueño más ambicioso para el futbol mexicano. El entrenador del Olympique de Marsella envió a media semana un mensaje casi contundente de que no había tenido ningún intercambio con la Federación Mexicana. Cabe la duda de que los dirigentes mexicanos hayan tenido un acercamiento con los representantes y promotores de Bielsa y cabe también la hipótesis de que en realidad no haya existido ninguna aproximación.

Ricardo Ferreti, en apariencia el candidato más poderoso dentro del futbol mexicano, envió un mensaje positivo el martes a horas de jugar en Buenos Aires la final de la Copa Libertadores. El resultado de Tigres ante River en la final del evento no ayudó mucho a sostener 'caliente' el nombre de Ferretti. Los medios internacionales, por otra parte, han sugerido que ya hubo acercamiento con el argentino Sampaoli, quien dirigió a la selección chilena campeona de la reciente Copa América. Y para cerrar el cuadro, habrá que agregar las encuestas de opinión que surgen siempre alrededor de una situación como esta, en la que Víctor Manuel Vucetich y Javier Aguirre ocupan los primeros lugares. Está claro, sin embargo, que la elección del entrenador nacional no se debe -o no debería ser- a una cuestión de popularidad.

La situación es confusa. Ciertamente exasperante y complicada. El nuevo entrenador deberá garantizar un equipo que compita y que gane el boleto a la Copa Confederaciones. Empezar una gestión con un fracaso no es, de ninguna manera, lo más recomendable. Podría haber sido distinto. Un proceso, juegos amistosos, la eliminatoria mundialista en partido a ida y vuelta, pero el reto, el desafío, exige un entrenador que comience un ciclo en un partido de vivir o morir ante el rival clásico del área.

El reto, insisto, no es sencillo. ¿Quién puede garantizarle a México el resultado del 10 de octubre en el Rose Bowl ante Estados Unidos? ¿Qué tipo de selección se puede 'montar' para esa fecha? ¿Y qué pasa con el periodo de adaptación, de reconocimiento, que cualquier entrenador necesita para lograr la armonía en un equipo de futbol? Nada. No hay tiempo parta distraerse. El elegido, sea Bielsa, sea Sampaoli, sea Ferreti o sea Vucetich, deberá entregar el resultado inmediatamente y aceptar a lo que el destino le depare.

@Faitelson_ESPN

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