Una serie divertida e insólita entre Rojos y Gigantes
Andrew Weber/US PRESSWIREPablo Sandoval ha sido uno de los puntales de la ofensiva de SF, que logró empatar la serie.Para empezar, locales han perdido y los visitantes son reyes. Ninguna de las fanaticadas ha podido celebrar en casa una victoria de su equipo. San Francisco anotó dos carreras en los dos primeros partidos en el AT&T Park y los Rojos apenas cuatro en los partidos tres y cuatro en el Great American Ballpark.
Los Rojos perdieron a su as después de ocho lanzamientos en el primer partido y aún así ganaron con gran pitcheo de los que le relevaron.
Los Gigantes batearon dos hits en 18 entradas y aún así sólo perdieron un juego. Más aún, se poncharon 16 veces y ganaron el tercer partido, gracias a un error de Scott Rolen, un antesalista que ha ganado ocho guantes de oro en 17 años de carrera.
Un enorme avión militar pasa por el estadio luego del himno: estamos seguros. Pero un fanático se cuela en el terreno y llega hasta el jardín central del Great American Ballpark. Por suerte, sólo llevaba un cartel.
Ninguna estadística pasada puede establecer una tendencia. Tan sólo vean estos datos. Los bateadores de San Francisco pegaron 12 hits y se poncharon 26 veces en los primeros tres partidos de la serie. En el cuarto, dispararon 11 inatrapables y se poncharon en seis ocasiones. En los primeros tres juegos, sólo pegaron tres extra bases, pero en el cuarto, se soltaron los caballos: ocho de los 11 inatrapables fueron de dos o más bases, un récord para partidos de postemporada, de acuerdo a Elias Sports Bureau.
Al margen de las estadísticas, toda la vida nos han dicho que la agresividad es una virtud en el béisbol. Pero a los Rojos le costó ser agresivos en el tercer partido, cuando Brandon Phillips se robó la segunda y trató de avanzar a tercera con un lanzamiento salvaje. Fue puesto fuera y los Rojos sólo anotaron una carrera en la entrada. Perdieron 2-1.
Joaquín Arias no ha abierto ningún partido en la serie. Sin embargo, decidió uno con un batazo al cuadro y lleva de 6-3 con dos dobles y tres carreras anotadas. Levanten la mano los que lo escogían como uno de los jugadores claves de los Gigantes.
No obstante, Buster Posey, uno de los principales candidatos al Jugador Más Valioso, batea de 15-3, con un jonrón y una carrera impulsadas. Y el reinante Jugador Más Valioso de la Liga Nacional, Joey Votto, tiene promedio de .357 (5-14), pero todavía busca la primera carrera impulsada de la serie.
El jonrón de Angel Pagán, el primero de los Gigantes abriendo un partido en toda su larga historia en la postemporada, le pudo haber dado un giro al conjunto durante el partido. Sus compañeros piensan que podría ser el punto culminante de la serie.
Pero no se lo crean. El béisbol es impredecible y los números lo comprueban. A veces.
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En defensa de LeBron James
Andrew D. Bernstein/Getty ImagesLeBron James estuvo a la altura de sus capacidades, pero necesita ayudaHoy no obstante, voy a defender a LeBron James contra todos esos que dicen que se achica en los grandes momentos y que, por tanto, lo señalan como la principal causa de la derrota del Heat en el primer partido de la final.
Para empezar con los números más sencillos, LeBron James anotó 30 puntos, con nueve rebotes y cuatro asistencias y cuatro robos de balón. Es el duodécimo partido en estos playoffs que anota 30 puntos o más en un partido, el cuarto partido de apertura de serie con ese desempeño y la primera vez que marca más de 25 en un juego de la final. Ahora mismo, aun contando ese primer partido, es el Jugador Más Valioso de estos playoffs.
Es decir, cumplió con su cuota normal de esta postemporada. Sus muchos detractores, claro está, podrán argumentar que apenas marcó siete puntos en el último parcial mientras Durant montaba su espectáculo de 17 tantos, y que en los últimos ocho minutos sólo pudo marcar un canasto de campo.
El problema no fue LeBron, el mayor problema del Heat fue el resto del equipo. Fuera de una sorpresiva y agradable aportación de 17 puntos de Shane Battier, no hubo apoyo en la segunda mitad y de ahí que Durant y Russell Westbrook superaran 41-40 al Heat. Dwyane Wade (19 puntos, 7-19 de campo) lució apagado en la segunda mitad y falló cinco de sus seis intentos de campo y dos tiradas libres en el tercer cuarto, en el que el Thunder desapareció la ventaja de siete puntos del intermedio.
Chris Bosh (10 puntos, 4-11) tampoco fue factor, y lucía como si ese fuera su primer partido luego de tres semanas de inactividad. Esto le añade más carga de trabajo a James en el lado defensivo, porque tiene que ir a cumplir con la responsabilidad de recuperar rebotes. Y también en el lado ofensivo cuando Bosh se sale del área a hacer sus intentos de triple. Si se añaden todos los golpes que recibe en sus penetraciones, no es sorpresa que James llegue agotado al cuarto parcial. Finalmente, en esos momentos cerrados del partido, hace falta un armador puro, algo que no tiene esta versión del Heat. Mario Chalmers en unas ocasiones, y Wade en otras, comparten esa función como pueden, pero en esos momentos, esa carencia los afecta demasiado.
Pero el mayor crédito fue del Thunder, que movió mejor el balón que el Heat y controló el juego de transición mejor de lo que Miami sabe hacerlo. James jugó bien y jugó para ganar, simplemente Durant jugó mucho mejor en el momento crucial.
¿Quién es el mejor jugador de la NBA? El martes, fue Kevin Durant, sin duda. Pero en algún momento de estas dos semanas puede ser LeBron James y eso va a nivelar esta serie. De la forma en que jugó en su primer partido de esta final, puede darlo por seguro. Particularmente si el equipo le ayuda.
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La mejor estadística de Iván Rodríguez
Desde que fusiló en segunda base a Joey Cora en un intento de robo el 20 de junio de 1991, hasta que dejó en el camino a Michael Bourn el 24 de septiembre de 2011, el certero e intimidante brazo derecho fue lo que más definió la carrera de Iván Rodríguez.
Eso es mucho decir cuando uno mira sus números y su excelencia en todos los aspectos del juego. Como receptor, el puertorriqueño pegó más hits y jugó más partidos que nadie en las mayores. Fue Jugador Más Valioso en 1999, encabezó a los Marlins a ganar la Serie Mundial de 2003, participó en doce juegos de estrellas, ganó trece guantes de oro y siete bates de plata.

Conectó para .296, con .334 de embasamiento y .464 de slugging, 2.844 hits, 311 jonrones, 572 dobles, 1.332 impulsadas y 1.354 anotadas. Todo esto a pesar de que jugó en 2.427 partidos en la exigente y agotadora posición agachada detrás del plato.
Pero sus 661 fusilados y su 46 por ciento de capturados en intentos de robo dicen mucho de su extraordinario brazo derecho, y aun así, no relatan toda la importancia que tenía detrás del plato.
Así es. No existe una estadística real para medir cuántos corredores y cuántos dirigentes decidieron no arriesgarse a emprender la aventura de robarse una base porque Rodríguez estaba detrás del plato. No hay una fórmula matemática o sabermétrica para cuantificar cuán tranquilo podía estar un lanzador con un corredor en primera a sabiendas de que cerca de un 50 por ciento de las veces, Rodríguez lo iba a poner fuera.
Para saber eso, habría que examinar la psiquis de todos los corredores que bajaron su efectividad de robos porque Rodríguez jugaba en su liga o a los dirigentes que dieron la orden de "pare" por respeto al temido vigilante. Pero la evidencia circunstancial está en la cantidad de veces que le salieron a robar, frente a la de los receptores de su generación.
Veamos. En 1992, su segundo año en las mayores, Rodríguez frustró a un 52 por ciento de los posibles robos, pero le salieron 110 corredores. Al año siguiente, fusiló a un 48 de los 119. En 1994, ya establecido y conocido por dirigentes y escuchas, sólo 60 corredores se le fueron en escapada, y en 1995 fueron 77 los valientes. Entre 1996 y 2001 el número llegó a ser tan bajo como 39 aventureros (2000). La merma se entiende, pues durante esos seis años su efectividad de fusilados fue de un impresionante 54,8 por ciento.
Para no aburrirlos demasiado, aquí unas cuántas comparables de su misma época. En 1996, a Jason Kendall le salieron a robar en 177 ocasiones, y llegaron salvos a su destino unos 136 corredores. Ese mismo año, a Mike Piazza se le escaparon 155 de 189 corredores y a Javy López, cuyo brazo era mejor que el promedio, le intentaron robar en 87 ocasiones en 2002, cuando sacó al 38 por ciento, pero subió a 94 en 2004. Jorge Posada, quien ganó cinco anillos y fue a cinco juegos de estrellas, fue puesto a prueba en 131 ocasiones en 2001 y otras 129 veces en 2005.
Aún frente a Johnny Bench, el referente defensivo de la posición, el puertorriqueño luce inmenso en este aspecto. A Bench le salieron a robar en 1.079 ocasiones, 368 menos que Rodríguez, aunque el boricua jugó 2.427 partidos en la receptoría, mientras Bench estuvo detrás del plato en 1.742. A Carlton Fisk, el único que se le acerca en durabilidad con 2.226 partidos detrás del plato, le corrieron en 1.967 ocasiones. Con justicia a Bench, es necesario hacer la salvedad de que tuvo éxito en la Liga Nacional durante era de los robos de base y la grama artificial.
Fueron muchos los que vieron una luz roja en primera o segunda cada vez que Rodríguez tenía los aperos. Todo por el poderío de su prodigioso y legendario brazo derecho. ¿Cuántos? La mejor estadística de Iván Rodríguez, la más reveladora de su grandeza, sencillamente no existe.
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El día de suerte de Ervin Santana
Jeff Gross/Getty ImagesErvin Santana tuvo su día de suerte en los entrenamientos de los Angelinos.TEMPE, Arizona -- Pudo haber sido peor para Ervin Santana. Pero era su día de suerte.
El lineazo que le pegó en el hombro durante la segunda entrada del partido del miércoles fue bateado por Alexei Ramírez, de los Medias Blancas de Chicago, y no por Vladimir Guerrero. Unos centímetros a la izquierda y la bola se hubiese estrellado en cabeza, unos centímetros más arriba, a la derecha y le pegaba en la misma base del hombro.
No. Era su día de suerte. La bola le pegó en ángulo hacia la parte derecha del brazo y hasta pudo recuperarse para tirar hacia primera y dar el out. Terminó con un hematoma, pero nada que un poco de hielo no pueda solucionar.
"Uno no está esperando ese momento", dijo el lanzador de los Angelinos de Los Angeles, sobre lo que sintió al ver una bola a toda velocidad en camino hacia su cabeza. "Pero la pude esquivar a tiempo y por suerte me dio en el hombro, porque esa línea iba directo para la cara".
La mayor preocupación del derecho dominicano después del batazo era simplemente "asegurar primero el out". Luego vino la de su valioso hombro, el mismo que le ha ayudado a ganar 87 partidos en las mayores, incluyendo 28 en las últimas dos temporadas.
"Comencé a estirarme de inmediato y ya sabía que no tenía nada grave, porque podía mover el brazo", recordó. "Pero fue cuando Mike Scioscia me sacó, ahí fue que comencé a sentir dolor. Como fue en el lado del brazo, sabía que no era nada para preocuparse".
Las líneas de vuelta al montículo son el peor enemigo de los lanzadores. El ejemplo más célebre es el de Herb Score, quien ganó 20 partidos en 1956, pero un lineazo de Gil McDougal acabó con su carrera en segundos. Casos más recientes, que se han visto en vivo y a todo color como el de Bryce Florie y Joe Martínez han tenido resultados similares.
Santana lo sabe, y hasta tiene un bateador al que no le hubiese gustado ver en esa situación por su puntería con esos batazos. "Vladi, sin duda", comentó sin pensarlo demasiado, refiriéndose a Guerrero. "Te duele como quiera, pero Vladi ya le ha pegado a dos gentes en la cabeza... y eso es terrible".
Gracias a sus buenos reflejos, y a que era su día de suerte, es posible que Santana esté en la loma para su próxima salida asignada en la primavera.
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Por vías opuestas Durant y Oden
Si usted tuviera que escoger a un jugador para iniciar la reconstrucción de una franquicia, ¿a quién escogería entre Greg Oden y Kevin Durant?

Los Trail Blazers escogieron a Oden por encima de Bryant después de una amplia deliberación. No era una decisión como la que tomaron en 1984, cuando los Blazers se decidieron por Sam Bowie por encima de Michael Jordan.
Más que una ciencia inexacta, seleccionar en el sorteo es una adivinanza. Portland, pues, se decidió por sus necesidades en ese momento en un duelo entre iguales.
Oden, un pívot de siete pies, era la pieza que faltaba en un rompecabezas que incluía a LaMarcus Aldridge, seleccionado el año anterior y Brandon Roy. Con ese trío, se sentaban las bases para un equipo que sería un serio contendor al campeonato en algún momento.
Durant venía de una extraordinaria campaña como "freshman" con Texas, pero Oden había llevado a Ohio State al partido de campeonato de la NCAA ese mismo año. No era un centro ofensivo al estilo de Kareem Abdul Jabbar o Shaquille O´Neal, pero se había desarrollado como un pívot clásico; sólido en la defensa y en los rebotes, con potencial para aportar entre 10 y 15 puntos por juego. Generaba comparaciones con Bill Russell.
La selección de Oden por Portland le facilitó la decisipon a los Seattle SuperSonics, ahora Thunder, quienes se quedaron con Durant como premio de consolación en el segundo lugar.
Perdió su primera temporada por una fractura en la rodilla derecha. Luego ha tenido dos operaciones en la izquierda, sufrió una fractura en la rótula y hace unos días, una operación para removerle unas astillas de hueso terminó como otra cirugía al encontrar otra microfractura en la rodilla izquierda. El nuevo tropiezo lo lleva al borde del retiro, luego de jugar apenas 82 partidos de NBA.
Aún así, los Trail Blazers no lamentan su selección.
"Mirando hacia atrás, no hubiese cambiado nada de seleccionar a Greg. Es fácil asumir ahora. Uno no puede predecir que las lesiones iban a venir", dijo Chad Buchanan, gerente general interino de los Blazers y quien estuvo involucrado en la decisión como director de escuchas.
Quizás, ver lo que hace Durant día a día al frente del Thunder, convertido en uno de los mejores dos jugadores de la NBA, le debe estar doliendo en el alma, aunque sea un poco. Pero contrario al asunto de Sam Bowie y Jordan, Portland sí tomó la decisión correcta. Que les saliera mal es otra historia.
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"El Cholito" Carter y los Criollos
A principios de los años 70, parte de mi entretenimiento era ir a ver a algunos de los peloteros que aparecían en las tarjetas de béisbol que compraba casi a diario, tanto por el afán de coleccionista como por la goma de mascar que traía el paquete.
Para esa época, el béisbol de Puerto Rico era un trampolín para muchos prometedores peloteros norteamericanos que luego serían famosos por sus nombres: Mike Schmidt, Eddie Murray, Reggie Jackson y Jim Palmer, por dar una lista extremadamente corta por muy elocuente. Aunque sus nombres aparecían en mis tarjetas, aquí llegaban como jóvenes y desconocidas promesas.
En el estadio Ildefonso Solá Morales, de Caguas durante el llamado "seventh inning stretch", ponen en los altoparlante un tema de música popular llamado "Qué te parece, Cholito". De niño, me gustaba la canción y de adulto la recuerdo con mucho cariño.
Me consta que Gary Carter, el receptor de los Criollos de Caguas durante esa temporada y uno de los que perseguí durante la temporada de 1973-74, sentía lo mismo por el tema.
"El "Cholito", así le llamábamos a Carter", recordó hace unos años Félix Millán, el intermedista de aquel conjunto criollo, que además de Carter, contaba con Mike Schmidt y con figuras nativas como Millán, Guillermo Montañez, Eduardo Figueroa y Guillermo Hernández, entre otros. "Se ganó el apodo porque hasta bailaba en el calentamiento de la séptima. Y si ganábamos el juego, la cantaba en el camerino".
Como muchos peloteros estadounidenses, la liga invernal fue un trampolín para muchos buenos peloteros antes de dejar su huella en las Mayores. Pero contrario a algunos que olvidan pronto su paso por esas latitudes, para Carter fue una etapa que recordaba con mucho cariño.
Treinta años después de haberlo visto como un juvenil receptor en el estadio cagueño, lo encontré en Chicago, pero como el nuevo exaltado al Salón de la Fama. Carter fue invitado a formar parte de la festividades del Juego de Estrellas de 2003 y durante una improvisada conferencia de prensa ante una treintena de periodistas, intenté preguntarle varias ocasiones de su experiencia en Puerto Rico sin mucho éxito.
En el último intento, logró escucharme, pero ya era tarde: la televisión lo reclamaba para una entrevista en vivo. Me miró y me dijo que lo sentía: "me tengo que ir", le escuché decir, mientras su "entourage" lo alejaba de los medios escritos.
Estaba resignado a abandonar esa buena historia sobre la nostalgia de los peloteros que llamamos "importados" cuando a punto de abandonar el terreno, alguien me tocó por el hombro. Era Carter, ya no el "Cholito" de 19 años que jugó con los Criollos, sino el legendario "The Kid", nueva leyenda de Cooperstown.
"¿Usted me preguntó algo sobre los Criollos?", me dijo de entrada. "Esa sí que fue una gran época".
Tuvo todo el tiempo del mundo y sí que tenía recuerdos. En cerca de media hora de plática, mencionó los nombres de todos y cada uno de sus compañeros de equipo, recordó al dueño del conjunto, Emigdio Buonomo, lo bien que se adaptó a vivir en Puerto Rico, el campeonato, su viaje a Estados Unidos para casarse y su regreso a Hermosillo para jugar en la Serie del Caribe, en la que disparó dos jonrones y fue seleccionado como el mejor receptor del Clásico. También, de cómo esa experiencia lo transformó el pelotero que fue y le ayudó a formarse como persona.
Y claro, recordó la canción que tarareaba en la séptima entrada y en las muchas victorias de ese año.
"Qué te parece Cholito&", entonó sonriente. "Yo era un niño cuando llegué allí y me hice un hombre gracias a los Criollos de Caguas".
Carter falleció el viernes a los 57 años. Rondaba los 20 cuando jugó en Puerto Rico. Me alegra haberlo visto jugar cuando era "El Cholito" y recordar con él esa época ya convertido en "The Kid".
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Mala sangre entre Kevin Love y Luis Scola
Aún con lo que presenta el video, cuesta creer que un jugador esté esperando el momento oportuno para cobrarse una dolorosa deuda pasada. El viernes, pudo haber sido el caso, pero es difícil pensar que en medio de una jugada que fácilmente iba a significar dos puntos para los Minnesota Timberwolves, Love, un jugador profesional de básquetbol, piense, "bueno, este es mi momento, Scola está en el piso, llegó el momento".
Pero puede suceder. Ha sucedido, y si no lo creen, refiéranse a figuras emblemáticas del juego sucio en el pasado como Dennis Rodman y Bill Laimbeer.
La evidencia es contundente. Scola cae al tabloncillo en medio de la lucha por un rebote que termina en manos del armador Ricky Rubio, quien emprende carrera hacia terreno ofensivo. Los árbitros andan pendiente a la jugada con el balón y Love coloca su enorme pie izquierdo, y ejerce un poco de de presión con sus 260 libras, entre la quijada y el pecho de Scola. La cabeza del argentino dio contra el suelo, algo que le debe haber dolido más en su orgullo que físicamente.
En el momento, dos de los árbitros que estaban en terreno ofensivo no vieron la jugada, pero el tercero la contempló sin sonar el silbato. La NBA seguramente ha visto el video que ha recorrido todas las páginas de intenet y suspendió al delantero por dos juegos sin paga, cuando vio lo contundente de la prueba.
Love se disculpó, pero la evidencia circunstancial puede estar en su contra. La semana pasada, Scola recuperó un balón que se escapaba hacia fuera de las líneas, y con varios jugadores de Minnesota en el camino, Scola buscó el cuerpo de Love para que rebotara frente a él y que fuera el ultimo en tocarla. El balón golpeó el área genital de Love, quien, como es natural con esos golpes, permaneció en el suelo por varios minutos.
Eso no se va a quedar así, de seguro habrá pensado. Sus declaraciones también obraron en su contra.
"Dio la casualidad de que fue en su cara", dijo Love, "como en Houston que dio la casualidad de que fue en mi ingle". Nada más con el testigo.
Si fue un incidente aislado en el calor del juego o si hay mala sangre entre estos dos canasteros se sabrá en el tercer asalto de esta saga el 17 de febrero en Houston.
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Cuestionable el liderato de Howard
Fernando Medina/NBAE/Getty ImagesMientras da lecciones de liderato a sus desmoralizados compañeros, Dwight Howard habla sobre la posibilidad de jugar con Derrick RoseAún con los impedimentos de negocios que existen, Derrick Rose y los Chicago Bulls son las nuevas adiciones a su lista de preferencia, en la que también están los Dallas Mavericks, los Knicks y los dos equipos de Los Ángeles.
Pero mientras se mercadea para salir de Orlando, también quiere que el Magic respete el juego y salga a dar el máximo.
¡Quién entiende a las superestrellas!
Al ser cuestionado si le gustaría jugar para los Bulls, el centro que se convertirá en agente libre al final de la campaña no escondió su deseo de jugar con Derrick Rose, quien ya es su compañero de equipo con la firma Adidas. Precisamente, ese podría ser el mayor impedimento para llegar a la Ciudad de los Vientos.
"Si pudiera jugar con Derrick ahora mismo y Dios quiere que eso pase, eso sucederá", dijo Howard al Chicago Tribune. "No tiene que ver nada con no querer jugar con Derrick Rose. Lo amo. Es mi hermano".
En Boston, también dejó saber la semana pasada que se vestiría de verde y blanco.
"Siempre, siempre", señaló, citado al Boston Herald. "Siempre escucharía un equipo como ese. La cosa es que quiero ganar. No es algo como que hago esto por dinero. Yo gano. Lo quiero hacer a mi manera".
Al tiempo que expresaba abiertamente sus preferencias, también pidió públicamente a sus compañeros que dieran el máximo, tras perder frente a los anémicos New Orleans Hornets. Sobre esto, Mike Bianchi, del Orlando Sentinel, hizo una reflexión contundente sobre la actitud de quien se supone sea el líder del conjunto."Para ganar un campeonato, tú no tienes que tener sólo buenos jugadores, también tienes que tener buena química y buen liderato.Y esto acaba de llegar: Uno no puede tener buena química cuando todo el mundo en el camerino sabe que la estrella del equipo no quiere estar ahí. Y no puedes tener buen liderato cuando tu capitán está preparándose para abandonar el barco".
El Magic juega para 12-8, pero ha perdido tres corridos y cinco de los últimos siete mientras Howard hace su campaña y se acerca su salida de Orlando.
Howard es la solución para salir de la mala racha. Pero ahora mismo, es parte del problema.
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Noche emotiva para J.J. Barea
Previo al partido entre los Mavs y los Minnesota Timberwolves, el puertorriqueño fue el primer jugador presentado en la ceremonia de la entrega de las sortijas de campeones de la NBA. Tan pronto el dirigente Rick Carlisle anunció su nombre, recibió una larga ovación de pie por parte de los 18,320 presentes en el American Airlines Center.
"Es extraño, pero emocionante", agregó Barea, citado por el Minnesota Star Tribune. "Es una noche especial. Recibir nuestros anillos, ver a mis antiguos compañeros nuevamente, ver a los fanáticos. Es un símbolo de lo que todos hicimos el año pasado. Esto se va a quedar conmigo por el resto de mi vida. Es difícil de conseguir, por lo que estoy feliz de tener una".
Barea tuvo una colosal actuación para los Mavericks en la postemporada de la NBA, y particularmente en la final frente al Miami Heat. En el sexto y último partido, se encargó de desarticular la defensiva del Heat con su velocidad y terminó con 15 puntos y cinco asistencias en la victoria 105-95 que le dio el primer título de su historia a los Mavs.
Sin embargo, concluido el cierre patronal, sólo recibió una oferta de un año por parte de Cuban, el dueño de los Mavericks, quien piensa más en sus compromisos económicos del próximo año, que incluyen hacer hacer un empuje por el agente libre Dwight Howard y renovar una plantilla que se pone vieja. Terminó en Minnesota, donde firmó un pacto de cuatro años y $19 millones.
"El equipo, la química que teníamos, cómo nos convertimos en buenos amigos", dijo, cuando se le preguntó lo que más echaba de menos de sus cinco años en Dallas. "(Recuerdo) Cuán duro fue lograr las cosas, todas las altas y bajas que tuve en mis cinco años aquí. Lograrlo fue asombroso, fue increíble".
En la ceremonia, también estuvo el francotirador serbio Peja Stojakovic, quien se retiró luego de la campaña, pero no el centro Tyson Chandler, quien fue adquirido por los New York Knicks en el mercado libre. Barea no jugó frente a sus antiguos compañeros por las lesiones en el tobillo y el tendón de la corva que lo han limitado a seis partidos. Los T-Wolves terminaron arruinando el resto de las fiesta a los Mavs al derrotarlos 105-90.
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Una victoria salvó a Carmelo
Sam Sharpe/US PresswireLos Knicks demostraron que pueden ganar aún cuando Carmelo Anthony no tiene el balónEl delantero de los New York Knicks tuvo el peor desempeño ofensivo de su carrera al anotar un solo punto el martes por la noche ante los Charlotte Bobcats.
Pero si bien su pobre actuación en el ataque no pasó inadvertida en las notas en los diarios neoyorkinos, Nueva York ganó, después de seis derrotas consecutivas. Y no sólo ganó, sino que por primera vez lució como algo parecido a un equipo.
Anthony apenas hizo cinco intentos al canasto, todos fallidos, con una tirada libre. Capturó 11 rebotes y repartió cuatro asistencias.
Una derrota hubiese colocado al descendiente de puertorriqueños como el chivo expiatorio en las primeras planas de Nueva York y el resto del mundo. La novedad no escapó de los primeros párrafos en los implacables diarios New York Post y New York Daily News, pero combinado con la victoria de los Knicks y las grandes actuaciones de Tyson Chandler y Amare Stoudemire, el trago no resultó tan amargo.
"Necesitaba una noche como esta, en la que no tenía mucho y aún así ganamos por mucho", dijo Anthony al New York Post, que comenzó la nota del juego con dos palabras: Un punto. "Todo el mundo produjo. Necesitaba una noche como esta en la que anoto un punto y ganamos por 20. Todos estábamos cansados de perder".
Anthony ha tenido un comienzo de temporada inconsistente, y sin embargo, se encuentra entre los líderes de votos para el Juego de Estrellas. Su talento indiscutible parece no cuajar en la cancha con el de Stoudemire y el dirigente Mike D´Antoni sabe que tiene que lidiar con ese ajuste. Las lesiones han minado su rendimiento, pero esa no fue la situación el martes.
"La muñeca es un desastre, el tobillo está adolorido, el pulgar está adolorido", enumeró. "Mi mente está bien y eso es lo más importante. No tuve que hacer mucho esta noche. Fue la noche de otro".
Más que una victoria, los Knicks necesitaban lucir como un conjunto, particularmente cuando les espera un fin de semana que no es necesariamente un paseo. El miércoles viajan a Cleveland, pero el viernes hacen escala en Miami y el sábado juegan en Houston ante los calientes Rockets.
"La forma en que nos preparamos para el juego fue buena, con nuestra energía, nos sentimos bien en el camerino", comentó Chandler, quien explotó con 20 puntos y 17 rebotes, al comentar sobre el juego en conjunto. "Movimos bien el balón y fuimos agresivos. Esa es la manera en que tenemos que jugar".
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Asunto de negocios para Kevin McHale
El partido del lunes frente a los Minnesota Timberwolves es un asunto estrictamente deportivo para Kevin McHale.
Los Houston Rockets, el equipo que dirige, andan en una buena racha y Minnesota es el nuevo impedimento en su empeño por alargarla. No hay nada más que tenga que considerar.
Es decir, muy poco importa para él que es su regreso a Minnesota, donde nació, se crió y se desarrolló como jugador, y en donde fue ejecutivo de los Timberwolves hasta que cortó vínculos con esa franquicia en 2009.
"Eso (regresar a Minnesota) es la última cosa en el mundo en la que estoy pensando", dijo McHale, citado por el Houston Chronicle. "Llevo tres años fuera de allí. Sólo queda un jugador del equipo de cuando yo estaba allí".
"Tengo muy pocos vínculos con ese equipo. Estuve dos años en TNT y NBA TV, estoy ahora en Houston y eso (el tiempo con los Timberwolves) pasó hace mucho tiempo".
McHale fue la estrella de la Universidad de Minnesota antes de iniciar una carrera de leyenda con los Boston Celtics que lo llevó al Salón de la Fama. Con el regreso del baloncesto de la NBA a Minnesota, fue contratado como vicepresidente de operaciones de la nueva franquicia y allí debutó como entrenador. Durante su estancia en la oficina fue el responsable de seleccionar a Kevin Garnett para los Timberwolves, y también de enviarlo a Boston una vez convertido en estrella.
En Houston, McHale no tuvo un buen comienzo. Los Rockets (9-7) abrieron la campaña con derrotas en siete de sus primeros diez partidos, antes de que la cadena de seis victorias enderezara la nave. El sábado, aprovecharon la ausencia de Tim Duncan para vencer a los San Antonio Spurs, con lo que mejoraron a 7-1 en su terreno.
De momento, todo le sale bien a McHale. A pocas horas del inicio de la campaña, recomendó la firma de Samuel Dalembert, quien se ha convertido en uno de los centros más productivos de la liga. El sábado, lo demostró con seis tapones frente a los Spurs.
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