Sumergida en el jacuzzi del Centro Acuático, luego de un segundo clavado que no les permitía abandonar el poco alentador 7mo puesto, Paola Espinosa miró a su compañera Alejandra Orozco y le dijo: "Ahora comienza todo. Para esto vinimos". Media hora después, la tarea había concluido como ellas lo planearon: con una medalla de plata colgando de sus cuellos, y con la confirmación de que el presente y el futuro de los clavados mexicanos, aquí en Londres, está perfectamente sincronizado.

Espinosa y Orozco representan los dos extremos de una especialidad que le ha aportado a México 12 medallas en su historia olímpica. Los clavados son el deporte que más éxitos le ha dado a este país en los Juegos, junto con el boxeo. Pero a diferencia del pugilismo, que no gana una medalla desde Sydney 2000, los especialistas mexicanos en el arte de tirarse al agua engrandecen su fama y fortalecen una sensación: detrás de China, México se perfila como segunda potencia de saltos ornamentales.

Y garantiza un recambio que permite vislumbrar más éxitos.

Hoy, sobre el podio ubicado en el extremo norte del Centro Acuático, festejaron juntas la mejor clavadista mexicana de todos los tiempos (Espinosa) y la segunda deportista más joven de este país en ganar una presea olímpica (Orozco). La pareja se conformó hace apenas ocho meses. Pero eso no fue impedimento para que México sumara su segunda plata en clavados, en días consecutivos.

Nada como el talento y el entendimiento para suplir la falta de tiempo.

"Fue acertado hacer pareja con Ale. Ella es muy pequeña de edad, pero con sueños de grande y una mentalidad de mayor", explicaba Espinosa en la conferencia de prensa posterior a la prueba, cuando ya todo había terminado. "Ella no dejaba de reírse durante toda la prueba, y estuvo muy contenta en la pileta. Eso hizo que nos sintiéramos más relajadas".

En realidad, ese fue un aporte menor, comparado al ejemplo que Paola le transmitió a Alejandra día tras día, entrenamiento tras entrenamiento. "Ella es mi ídola", dice Orozco. Una ídola que enseña, guía, marca el camino y sigue ganando. "México tiene tradición, pero antes solo había hombres", acota Espinosa. "A mí me tocó abrir puertas como clavadista mujer para esta generación. Y ahora estoy orgullosa de darles la mano a las que vienen detrás para que salgan adelante y que sean mejores que yo".

Paola es testimonio del efecto multiplicador que puede tener una figura deportiva. Sus 10 medallas en Juegos Panamericanos; su título mundial en la plataforma individual, en 2009; y su bronce olímpico en Beijing 2008, alentaron a una nueva generación a intentar ser como ella. Orozco, de 15 años, forma parte de esta nueva camada. Carolina Valencia, también de 15 y quien participará aquí en plataforma individual, es otra.

"Clavados México ha demostrado que puede renovar generaciones, y eso es importantísimo", dice el ex medallista olímpico Fernando Platas. "La apuesta de Orozco fue acertada, y ella demostró que tenía el potencial para estar aquí", puntualizó el dominicano Cesar Henderson, coach del equipo canadiense de clavados sincronizados que hoy se quedó con el bronce.

En la noche londinense, Espinosa y Orozco también festejaron juntas su logro plateado. Acompañadas por sus familias, cenaron en el restaurant mexicano Wahaca, pegado al Parque Olímpico. Ya en la sobremesa, mientras Alejandra reía, Paola le tocaba su cabeza, como si fuera su hermana mayor. Agradeciendo quizás la cajita decorativa que Ale hizo con sus manos en México, antes de viajar, y que trajo escondida en su equipaje para regalarle a su compañera en el día de su cumpleaños 26. Hoy.

"Fue un día distinto, desde el comienzo", reconoce Espinosa. "Fue emocionante hacer pareja con ella. Es una campeona. Tengo mucho para aprenderle", dice Orozco. El cambio de generación se está llevando a cabo en Londres, mientras que las medallas siguen llegando. ¿El motivo? Henderson, rival y admirador, lo tiene claro: "México ama los clavados". Y tiene ídolos que son espejo para quienes vienen detrás.