Los choques de encrucijada en el boxeo se definen como combates entre un boxeador joven y poco probado pero en pleno ascenso intentando ganarse un lugar en lo más alto de las clasificaciones enfrentando a un rival experimentado que busca superar un mal trance en su carrera venciendo a un púgil invicto o de creciente renombre.

Lo notable de los combates de estas características en el peso pesado actual es que reflejan el estado de poca competitividad de la división ilimitada, en la cual las "encrucijadas" se entrelazan solamente por debajo de una enorme autopista de dos vías llamadas Vitali y Wladimir, y apellidadas Klitschko. Y el choque de encrucijada que se llevará a cabo entre el sempiterno retador obligatorio al campeonato pesado (y actual campeón "regular" según la Asociación Mundial de Boxeo) Alexander Povetkin y el otrora campeón de la división Hasim Rahman es apenas una muestra de este nuevo paradigma de los pesados actuales, que se prolongará probablemente hasta el retiro de los hermanos ucranianos ya mencionados.

Povetkin (24-0, 16 KOs) y Rahman (50-7-2, 41 KOs) se toparán este viernes en el Sporthalle de Hamburgo, Alemania, en otro combate de encrucijada a la sombra de la sólida autovía que se extiende por encima de ellos. Y por mucho que mejoren sus rumbos, es posible que ninguno de ellos termine encaminándose hacia algún atajo que los lleve a superar en recorrido y distancia a los hermanos Klitschko, quienes se conjuran para dominar la división desde hace más de una década con mínimos altibajos.

En cualquier otra época del boxeo mundial, ambos retadores estarían protagonizando un combate de gran interés. Porque el ruso Povetkin, de 33 años, tiene una sólida trayectoria amateur que incluye una medalla olímpica dorada en Atenas 2004 y un puñado de victorias ante retadores y ex campeones de primer nivel como Larry Donald, Chris Byrd (cuando todavía eran púgiles relevantes), Eddie Chambers (a quien le quitó el invicto en enero del 2008), y más recientemente ante Ruslan Chagaev, Cedric Boswell y el emergente campeón crucero Marco Huck. Y Rahman (conocido por su sorpresiva obtención del título indiscutido ante Lennox Lewis por nocaut en cinco asaltos en 2001), de 39 años, es un veterano de 18 años transitando los rings del mundo, con claroscuros notables y derrotas muy claras ante sus rivales más encumbrados, pero siempre dejando todo sobre el ring.

Pero en esta ocasión, los récords y logros de ambos tienen una importancia directamente proporcional a los récords y logros de quienes dominan la categoría, y esos son los hermanos Klitschko. En otras épocas, imaginarnos al ganador de Povetkin vs. Rahman disputando el campeonato mundial de los pesos completos con alguna chance de alzarse con la victoria hubiese sido lo más lógico. Pero hoy, esa lógica tiene una frontera demarcada por la labor metódica y constante de los Klitschko, quienes no paran de rechazar desafíos a su supremacía con declaraciones de poder inapelables.

Tan fatal es el estado actual de los pesos pesados, que se podría argumentar que el choque entre Povetkin y Rahman no derivará en un desafío inminente a ninguno de los hermanos Klitschko. Después de todo, Rahman ya sucumbió a la potencia de los golpes de Wladimir en diciembre de 2008, en lo que fue su último intento por recuperar su viejo título mundial indiscutido. Y Povetkin tuvo muchas opciones de enfrentar a Wladimir (claramente el mejor de los dos Klitschko) en más de una ocasión al ser su retador obligatorio durante al menos dos años, pero en lugar de aprovechar la chance de tener acorralado al verdadero campeón de la división y obligarlo a defender su faja, prefirió continuar preparándose para un día que quizás nunca llegue: el día en que Povetkin finalmente deba chocar con el actual campeón indiscutido del peso pesado.

Gracias a movidas políticas de afán claramente recaudatorio por parte de la inefable AMB, hoy Povetkin y Rahman se enfrentan por lo que ese organismo denomina el campeonato "regular" de peso pesado, siendo que Wladimir (al ser campeón unificado) posee la versión "súper" que se le otorga a quienes hayan unificado trofeos con monarcas de otras franquicias. Pero no nos engañemos: el pseudo-título en juego (en manos de Povetkin desde su combate ante Chagaev por el "título regular vacante" y defendido luego ante Boswell y Huck) tiene un valor casi nulo cuando se lo compara con el campeonato que ostenta Wladimir Klitschko, arrebatado de manos del inglés David Haye en 2011. Cualquier otro espejismo que se postule a la hora de intentar convalidar este despropósito es sólo una pirueta legal para ocultar el hecho de que la AMB cobra un porcentaje de las bolsas de los boxeadores en concepto de "cuota de sanción", y que cuantos más títulos pululen por el mundo, más abultados serán sus ingresos.

Así las cosas, y con un souvenir glorificado meramente decorativo en forma de vistoso cinturón como premio consuelo, Povetkin y Rahman darán vida a un nuevo capítulo en el drama actual de la categoría máxima, chocando en alguna encrucijada polvorienta y mal pavimentada, y soslayando el rugir de la ancha autopista que se yergue encima de sus cabezas. Por el bien de la ilustre categoría en la que se desempeñan como profesionales, esperemos que algún día encuentren el atajo que los lleve a recorrer (con o sin sobresaltos, y quizás estrellándose en el intento) una ruta que los transporte hacia un reconocimiento universal como verdaderos campeones, y no como meros dueños temporarios de adornos sobrevaluados en forma de cinturón.