BUENOS AIRES -- Se acerca el final del torneo Inicial y River no puede enderezar su marcha errática. El fútbol sólido no aparece, la contundencia es una deuda pendiente y los triunfos los consigue con cuenta gotas.

Si bien a la hora del análisis fino hay que coincidir con aquellos que dicen que a lo largo de un partido sólo fue superado por Vélez, en esa misma revisión de lo actuado no pude soslayarse que la cosecha en puntos es flaca. Y la idea no es medir el funcionamiento según los resultados, no es algo saludable ni real.

Desde esta columna habitualmente evitamos caer en la tentación de decir que quien gana juega bien y que el que pierde juega mal. Pero sí es cierto que el Millo no ha logrado hilvanar una seguidilla de buenas actuaciones que le posibiliten no sólo sumar, sino también tomar un envión desde lo anímico.

Porque de eso viene adoleciendo River, de confianza, de creerse superior, de saber que hay equipos a los cuales les va a ganar, de imponer su idea. Y gran parte de estas carencias están sustentadas en la falta de gol. Muchas veces, la mayoría quizás, maneja los partidos desde la actitud, la voluntad, genera dos o tres chances claras que no las formaliza y ahí comienza su padecimiento. Su caída libre. Es como si se derrumbara desde lo temperamental, como si repitiese en su cabeza una película que se fue dando en forma recurrente desde que se inició la temporada. Y no puede con su ansiedad, no logra tampoco soportar la presión que le impone su propia gente.

Cada pelota que algún jugador se demora en dar despierta un murmullo; cada balón perdido genera un gesto de desaprobación; la idea de jugar buen fútbol se estrella ante el inexpugnable muro de la torpeza y River termina haciendo las cosas mal. Quizás mejor que su rival, pero mal al fin.

Ahora bien, la gran pregunta es: ¿tiene el Millo equipo para ir por más? De eso no hay dudas. Lo que hay que disociar es lo siguiente, no posee un plantel que esté, en calidad y cantidad, a la altura de su historia (sí va de la mano con los últimos años), pero con lo que posee podría pelear más arriba. De hecho el análisis realizado indica que casi nunca fue superado. ¿Qué le falta, entonces, para ser más sólido? Más alternativas de juego. Es muy previsible. Se sabe quién va a hacerse cargo de llevar la pelota (Ponzio); también quecasi no va a proyectar a sus laterales; está claro que Mora para trascender necesita un socio, que habitualmente es Sánchez, y que por lo general quienes no tienen la pelota se quedan muy estáticos. Tiene mucho por mejorar. No todo lo malo que le pasa es obra de la mala suerte.

De cara a lo que viene River no puede fallar en los refuerzos. Está permitido que haga dos incorporaciones y ambas deberán ser de jerarquía. Inevitablemente. Y tampoco desarmar lo que tiene. Porque así como marcha, la tendencia lo lleva al sufrimiento.