River v IndependienteTélam

BUENOS AIRES -- A lo largo de la temporada venimos marcando los vaivenes futbolísticos de los cuales es presa River. Desde hace ya muchas fechas que el plantel Millonario debió configurar de manera diferente su temporada.

Aquel sueño inicial de realizar una campaña como en los viejos tiempos para hacer olvidar el traumático paso por la B Nacional, nunca dejó de tener categoría de ilusión. La idea jamás pudo ganarse un sitio en la convicción del hincha.

Por eso, tras los primeros partidos, el objetivo comenzó a ser zafar del descenso, juntar los puntos necesarios para que River no volviese a pasar sobresaltos en la tabla tan temida.

La cifra habitual para escaparle a dicha sombra es de 50, es decir, 25 por campeonato. Luego se instalaron los 30, algo que los protagonistas desmienten haberse puesto como meta, pero más allá de este embrollo numérico lo que se pretende es señalar que, a dos fechas de la culminación del Torneo Inicial, el equipo de Núñez tuvo que ir modificando sus aspiraciones.

Con objetivos nimios, algo que viene ocurriendo en los últimos tiempos. No porque se lo impongan como meta en el comienzo de la temporada, pero sí porque sus propias limitaciones lo empujan a ese sitio de tibieza inquietante.

Contra Independiente, River exhibió una involución. No jugó bien. Y quedó como saldo preocupante que fue claramente dominado por su rival, algo que hasta ahora sólo le había sucedido con Vélez, hoy a un paso de ser campeón.

Esta vez le ocurrió con un equipo que no viene teniendo una buena temporada, tanto es así que se encuentra muy complicado con el tema del descenso.

Las lesiones condicionaron (y condicionan) a Matías Almeyda a la hora de armar el equipo, principalmente en la defensa. Que fue el sector de la cancha que peor se desempeñó el pasado fin de semana. Una muy mala labor en conjunto que no terminó en derrota sólo por esas cosas que tiene el fútbol, que a veces te da y otras te quita.

Hasta Leonardo Ponzio, figura indiscutible y necesaria, lleva dos presentaciones sin poder repetir aquellas estupendas actuaciones. Entró en el desconcierto general. Y los delanteros siguen con la pólvora mojada. De cara a lo que se viene, River necesita urgente de refuerzos.

En realidad necesita urgente de Andrés D'Alessandro. No de otro. Alguien que puede manejar al equipo, inyectarle fútbol, optimismo, que conseguiría absorber las presiones que hoy tanto trauman al ochenta por ciento del equipo. De una vez por todos la dirigencia deberá hacer el gran esfuerzo económico. Al cual nadie, ni la oposición, que hoy es tan descarnada, le pondría reparos.

Y la segunda incorporación que le permite efectuar el reglamento tendrá que ser de la misma jerarquía. Inclusive los directivos no pueden dejar de comenzar la gestión para que en la AFA les gestionen un pedido de excepción, como efectuó Argentinos (y le fue concedido) y que ahora formalizó Independiente, para poder incorporar a raíz de todos los lesionados que posee sin la diferenciación de que debe ser un futbolista libre.

River necesita reforzarse porque el plantel actual no tiene la jerarquía que muchos creen, y para las grandes campañas se necesitan futbolistas que vayan en sintonía con las aspiraciones. Deberán aprender del pasado reciente y no volver a subestimar momentos ni situaciones, como ocurrió en el semestre previo a que se consume la pérdida de categoría. La tan anhelada gran campaña no puede (ni debe) demorarse.