El tercer Clásico Mundial de Béisbol nació con defectos de fábrica.

Si bien es válida la idea de que hayan más participantes, 12 de ellos por vía directa y otros cuatro que ganaron sus boletos en sendos torneos clasificatorios, es imperdonable que haya sido esta semana apenas cuando se conoce de manera oficial qué equipos integrarán cada uno de los cuatro grupos competitivos.

Hubo desinformación absoluta sobre dónde jugarán las selecciones de España y Brasil, que ganaron sus pases en los certámenes previos que se disputaron en Jupiter, Florida, y Ciudad de Panamá. Inicialmente, los españoles aparecían en la llave A de Fukuoka, junto a las novenas de Japón, Cuba y China, mientras que los brasileños fueron ubicados en el llamado Grupo de la Muerte, el C, en San Juan, junto a los anfitriones puertorriqueños, República Dominicana y Venezuela. Pero de pronto, los ibéricos fueron mudados a la capital boricua y Brasil pasó al grupo de nipones, cubanos y chinos.

Se suponía que eso debía conocerse incluso antes de los torneos clasificatorios, como sí sucedió con los certámenes que se disputaron en China Taipei y Alemania, donde taiwaneses y canadienses consiguieron sus respectivos boletos.

Otra falla organizativa fue designar a la ciudad taiwanesa de Taichung como sede del grupo B, donde jugarán los locales junto a Sudcorea, Australia y Holanda, sin haber garantizado por vía directa la participación de los anfitriones.

Completan el cuadro de participantes los estadounidenses, mexicanos, italianos y canadienses, en la llave D.

Imaginen que la selección taiwanesa hubiera sido eliminada en el torneo clasificatorio. ¿Habrían mantenido los organizadores a Taichung como sede? ¿Habrían logrado meter público en el estadio a los niveles que se esperan, para ayudar a la promoción internacional del béisbol?

Los equipos de los países que serán sedes de los diferentes grupos (Estados Unidos, Japón, Puerto Rico y Taipei de China) tienen que ser invitados por vía directa, por razones que imponen la lógica.

El Clásico es aún un certamen joven, con un largo camino por recorrer antes de establecerse como el mejor torneo internacional del mundo y que necesita entre otras cosas lograr un compromiso verdadero de muchas de las estrellas que participan y no se limiten sólo a hacer acto de presencia para la foto.

Es ese mismo desinterés por el que potencias internacionales como Estados Unidos, República Dominicana y Venezuela han quedado debiendo en las dos ediciones anteriores.

Para nadie es un secreto que los estelares que aceptan tomar parte en los Clásicos se deben sobre todo a sus clubes, quienes frenan de alguna manera cualquier esfuerzo extra que ponga en riesgo su inversión.

Pero lo mismo ocurre en el fútbol y sin embargo, los mejores jugadores del planeta entregan la vida en las Copas Mundiales en pos de la gloria suprema. Claro, por ahora eso es una quimera, pues la IBAF está a años luz de tener el liderazgo de la FIFA. Pero soñar no cuesta nada. Tal vez algún día, algún día...