Jason Kidd
Nathaniel S. Butler/Getty ImagesJason Kidd se ha convertido en un tirador aceptable con el paso del tiempo
Como adulto, el eterno 'niño' de la NBA encontró la puntería que nunca tuvo durante el mejor momento de su carrera. De mago con el balón a francotirador, Jason Kidd a sus 39 años de edad tiene mucho que celebrar en esta época navideña.

Los New York Knicks también, incluyendo la firma en la temporada muerta que trajo a bordo a quien es el segundo mejor en la historia de la NBA en asistencias y robos, y es sin duda uno de los mejores armadores de todos los tiempos.

Hemos presenciado el impacto positivo que Kidd tiene en el exitoso arranque de los líderes de la Conferencia del Este.

Se siente en ambos lados de la cancha, aunque ya no corre el show -en ofensiva o defensa- como hizo sensacionalmente a toda velocidad en Dallas, Phoenix y New Jersey; su transformación de estelar base a tirador de 'spot' es digna de cualquiera de los heroicos Autobots o los malvados Decepticons.

Kidd amaneció el miércoles -de cara al tercer choque entre Knicks y sus nuevos vecinos de Brooklyn-- tercero en la NBA con porcentaje de tres puntos de .467, muy por encima de los totales en su carrera del área de tres (.351) y disparos en general (.401). Su por ciento ajustado en tiros de campo de .621 es el segundo mejor total en la liga, detrás de su compañero Tyson Chandler (.708), ayudando a los Knicks a tirar para .405 en sus canastos de tres puntos y liderar la liga en tripletas por juego (11.9).

Ese brutal y eficiente ataque en conjunto a larga distancia complementa en grande el brillante juego individual del estelar Carmelo Anthony; dicen que el vive del canasto de tres puntos, muere del canasto de tres puntos, pero la ofensiva de los Knicks más que sobrevive aún sin todas sus piezas (Amar'e Stoudemire, Iman Shumpert) en sitio.

Ese tiro de la línea de tres no es lo único que Kidd brinda a la plantilla de los Knicks, aunque ya no sea aquel prodigio que primero saltó al estrellato en el torneo de baloncesto de la NCAA de 1993. ¿Lo recuerdan? Estoy seguro que Grant Hill, Bobby Hurley, Mike Krzyzewski y los Duke Blue Devils sí.

Kidd siempre ha sido un competitivo jugador defensivo, a pesar de que hace años perdió las piernas para perseguir a los armadores más jóvenes en la NBA. Sin embargo, esa mentalidad es perfecta en la escuadra de Mike Woodson, la cual apunta a ganar cada batalla en ese lado de la cancha. Su inteligencia, visión en cancha, experiencia, maña y liderazgo son factores cruciales en un equipo de New York que batalla en dos frentes tras su primer campeonato desde 1972-73.

No cabe duda de que Kidd se encuentra entre los primeros 10 bases en la historia, detrás de Magic Johnson, Oscar Robertson, Isiah Thomas, John Stockton y Bob Cousy, pero en competencia con Walt 'Clyde' Frazier, Steve Nash, Gary Payton, Tiny Archibald y Kevin Johnson para ingresar el top five, dependiendo la opinión.

Su resumé habla de por si solo con 10 apariciones en el Juego de Estrellas, nueve inclusiones en el mejor equipo defensivo, seis en el All-NBA, un premio de Novato del Año, el tercer mayor total de 'triple dobles' en la historia, tres apariciones en la final (dos con los Nets, puntos extra) y un memorable campeonato en el 2010-11.

Y aunque su tiro a distancia no es una obra de arte como el de Ray Allen por ejemplo, Kidd se merece crédito por aceptar el paso del tiempo y trabajar fuerte para extender su carrera viviendo del área de tres puntos. Nada fácil para un canastero que construyó su legado con la habilidad de ganarle a un oponente sin anotar un solo punto.

Kidd dirá adiós eventualmente, y lo recordaremos como uno de los grandes. Con o sin tiro.