Alguna vez fue Hugo Sánchez, en otra Luis Garcia y la más reciente Efraín Juárez. Al América le gusta repatriar futbolistas de "otras cunas", de una "línea sanguínea" distinta. Lo hace, lo disfruta, lo sueña. Hoy, con Francisco Javier "El Maza" Rodríguez han vuelto a conformar un plantel de altas pretensiones, pero lo ha hecho violando códigos que deben ser sagrados, tradiciones legendarias. Lo ha hecho traicionándose a sí mismo.

LOS ANGELES -- El América vuelve a una costumbre, más que a una tradición, vuelve a una mala costumbre. Alguna vez fue Hugo Sánchez, en otra oportunidad Luis Garcia y en estos tiempos Efraín Juárez. Repatriar, hacerse de algo que no produjo y que no le pertenece. Traer a sus filas un jugador que tiene esencias, aromas y sabores diferentes.

Francisco Javier "El Maza" Rodríguez está por llegar a Coapa.

Y hay quienes lo celebran. Hay quienes alejan cualquier perjuicio, acusación o esencia romántica y asegura que en los tiempos actuales del futbol lo que cuenta es el dinero.

"El Maza" no solo es un buen futbolista, también un gran profesional y una buena persona. En eso no hay espacio para las dudas.

Lo que parece increíble es que el futbol mexicano no tenga preocupación, consciencia y hasta vergüenza de cuidar las rivalidades, las tradiciones, las líneas sanguíneas. Al final del día, ello se traduce a la cancha y a la tribuna.

Me uno a las palabras del ex capitán y ex entrenador del América, el legendario Alfredo Tena, hoy auxiliar técnico del Espanyol de Barcelona. ¿Qué, acaso en Coapa no se puede producir un defensa central con esas características? ¿Dónde están los nuevos valores que deben originarse de tres títulos en la categoría de los sub-20? ¿No fue llevado "Chucho" Ramírez a un puesto de generación de talento en Coapa? ¿Qué significa para un joven hecho en la cantera del América la llegada de un jugador que fue campeón con Chivas? ¿Qué mensaje le estas dando al fanático americanista?

Entiendo y reconozco el tema de Diego Reyes, Hace unos días, aplaudíamos desde aquí el hecho de que la directiva americanista haya decidido vender al jugador, darle salida para desarrollarse al máximo nivel, pero este debe ser un retroceso, más que deportivo, un retroceso moral para el América.

La necesidad de un campeonato, la necesidad de levantar el trofeo está por encima de cualquier otro aspecto en el América. No importa qué tipo de códigos, de fundamentos, de tradiciones se violen. El América quiere ser campeón y le "vale madres" (leyó usted bien) qué es lo que tiene que hacer para lograrlo.

Hay otro tema que preocupa justo cuando ocurre una repatriación: la poca hambre que tiene el futbolista mexicano para tratar de sostenerse en el máximo nivel futbolístico. Ocurrió hace poco con Carlos Salcido y hoy pasa con Rodríguez. Esos futbolistas no se aferran a las ligas europeas porque saben que tendrán siempre un cobijo en casa, un buen samaritano como el América capaz de pagarle lo que sea para que el futbolista este cómodo.

El América debe estar contento. Ricardo Peláez y Miguel Herrera han armado un equipo interesante, bueno, poderoso si usted quiere, pero lo han hecho violando códigos no establecidos, pero siempre importantes y fundamentales en la historia de un club que se jacta de ser grande y poderoso. El América ha vuelta a traicionarse a si mismo.