MÉXICO -- Los Buffalo Bills se decidieron por Doug Marrone como su quinto entrenador en jefe desde el 2001, después de entrevistar también a Lovie Smith, recientemente despedido por los Buffalo Bills; a Ken Whisenhunt, despedido como entrenador en jefe de los Arizona Cardinals; a Ray Horton, coordinador defensivo en de Whisenhunt; y a Chip Kelly, timonel de Oregon, quien suena fuerte para los Cleveland Browns o Philadelphia Eagles.

Doug Marrone
APMarrone regresa a la NFL tras 4 años en Syracuse

Marrone es un candidato sólido, y se dice que también estuvo en el radar de los Browns. Tomó a un programa en cenizas en Syracuse, y lo convirtió en un equipo competitivo, divertido para seguir, pero definitivamente lejos de ser candidato para un título nacional.

Sin embargo, creo que los Bills tenían que haber hecho un poco más por conseguir a un entrenador en jefe de mayor perfil. Marrone llega a la Orchard Park con un récord de 25-25 tras cuatro años al frente del Orange. Previamente, fue coordinador ofensivo para Sean Payton, dejando a los New Orleans Saints en la temporada previa a que se coronaran en el Super Bowl.

Los Bills realmente no han tenido a un entrenador en jefe de alto perfil desde Marv Levy (con todo respeto, Wade Phillips no es alguien que yo considero de alto perfil), y no han llegado a la postemporada desde el 2000.

Buffalo persiguió muy agresivamente a Mario Williams durante la temporada baja pasada, e incluso no le permitieron salir de Orchard Park después de que tuviera su entrevista inicial con el equipo, para completar su ronda de reuniones con los otros cuadros. Los Bills se apuraron para hacer llegar la novia de Williams a Buffalo para tratar de convencer a la pareja de que era la mejor opción. Lo consiguieron.

Una campaña igual de agresiva con un entrenador en jefe más atractivo hubiera sido recibida de mejor manera por la afición. Los Bills son una de las franquicias que menos ingresos genera, y esa es una de las razones por las que comenzaron a tratar de conquistar el mercado canadiense con sus actuaciones anuales en Toronto.

Si el equipo de Ralph Wilson ya demostró en la temporada baja pasada que estaba dispuesto a hacer lo que fuera por sumar a nombres de cartel, sumando a Williams y Andre Carter --en lugar de ir perdiendo nombres importantes como había sido su costumbre en años pasados con jugadores como Nate Clements, Antoine Winfield, Willis McGahee, Marshawn Lynch y Donte Whitner-- ¿para que limitarse únicamente a los 53 que conforman la plantilla, y no extender esa estrategia a la dirección del club?

Los Bills requieren una chispa que regrese la esperanza a los aficionados, que regrese a los aficionados al estadio, y que regrese al club a los primeros planos de la AFC. Un entrenador en jefe de mayor perfil, que aportara otro tipo de credibilidad instantánea a Orchard Park, podría haber ayudado más.