Cooperstown: Muchos latinos, pocas oportunidades

En un sistema que solamente juzgara el desempeño en el terreno de juego, Palmeiro y Sosa serían selecciones automáticas, mientras que Martínez estaría más cerca de la frontera de la inmortalidad. Pero ese no es el caso, mientras Palmeiro fue el primer jugador importante que dió positivo a una prueba antidopaje en Grandes Ligas, Sosa es "sospechoso" de haber usado sustancias y la candidatura de Martínez ha sido disminuida por haberse desempeñado como bateador designado la mayor parte de su carrera.
Sosa, el quinto mayor jonronero de la historia con 609, fue protagonista de uno de los capítulos más espectaculares de la era moderna del béisbol, cuando en 1998 y 1999 se enfrascó en épicas batallas de cuadrangulares con Mark McGwire.
McGwire y Sosa acapararon la atención mundial al punto de que hasta Su Santidad, el Papa Juan Pablo II (fallecido) admitió haber estado al tanto de la primera, en la que ambos quebraron la marca vigente de cuadrangulares -- 61 de Roger Maris en 1961 -- y McGwire estableció una nueva con 70. El norteamericano ganó la puja de los jonrones, pero Sosa, quien bateó 66, se quedó con el Jugador Más Valioso y el cariño de los aficionados.
Sin embargo, los rumores de que ambos gladiadores usaron sustancias han circulado desde entonces. Ninguno fue acusado formalmente de alguna violación, pero McGwire finalmente confesó haberlo hecho en años recientes. "Big Mac" no ha superado el 23.7% de aprobación en sus primeros cinco años en la boleta del Salón de la Fama.
En una encuesta realizada por Associated Press (AP) entre 112 de los votantes de este año a Cooperstown, Sosa apenas obtuvo un 18%, fuerte indicio de que el quisqueyano estará lejos del 75% necesario para ingresar al nicho de los inmortales.
Las razones son conocidas. En el 2005, el habanero fue mencionado como usuario de esteroides en el infausto libro de José Canseco, negó esas acusaciones bajo juramento ante el congreso y posteriormente dio positivo a estanozol, siendo suspendido por 10 días mientras jugaba con los Orioles de Baltimore.
Martínez, quien bateó .312 con 309 jonrones y 1,261 carreras impulsadas en 18 temporadas en las Grandes Ligas, nunca ha sido asociado al uso de sustancias, pero el hecho de haber jugado como bateador designado la mayor parte de su carrera lo condenó a conseguir porcentajes cercanos al 30% en sus primeros tres años de elegibilidad. No se espera un aumento dramático de votos para el "Niuyorican" este año.
La verdadera batalla para Franco, Alomar, Mesa y Hernández no es llegar al Salón de la Fama, sino conseguir el 5% de los votos, cifra obligatoria para permanecer en la boleta, algo que probablemente no logre ninguno de los tres.
Franco fue un gran bateador y longevo jugador, que promedió .298 y ganó una corona de bateo, en 23 temporadas. Pero nunca fue un jugador dominante ni estuvo entre los mejores de su era, condición casi obligatoria para entrar al Salón de la Fama.
Mesa fue un gran cerrador por una buena parte de su carrera, pero 321 salvamentos en 19 años no son realmente un boleto a la inmortalidad. Lo mismo para Hernández, quien rescató 326 encuentros en 17 años en la gran carpa.
Es altamente probable es que la población latinoamericana en el Salón de la Fama se mantenga intacta luego de que se anuncien los resultados de las votaciones de este año el miércoles.
El jardinero puertorriqueño Roberto Clemente fue el primero en alcanzar la inmortalidad deportiva (1973) y desde entonces se le unieron sus compatriotas Orlando Cepeda (1999) y Roberto Alomar (2011), el dominicano Juan Marichal (1983), el venezolano Luis Aparicio (1984), el panameño Rod Carew (1991) y el cubano Tany Pérez (2000).
Los restantes latinoamericanos con placas en el museo del Salón de la Fama fueron reconocidos por sus desempeños en las extintas Ligas Negras (los jugadores cubanos Martín DiHigo, José Méndez y Cristóbal Torrientes) y por su labor en las cabinas de transmisión (el argentino Ely "Buck" Canel, el ecuatoriano Jaime Jarrín y el cubano Rafael "Felo" Ramírez).
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