Man Utd v Real MadridEFERooney y Ronaldo dieron una batalla épica en el Santiago Bernabéu
LOS ÁNGELES -- La Champions tiene eso: es una condena a muerte en dos actos.

Y Real Madrid y Manchester United nos regalaron eso: el misterio y el suspenso vívido y vigente de que la identidad del verdugo y la identidad de la víctima aún están en manos del destino, que, evidentemente, ellos mismos deberán escribir.

Maravillosamente, el enigma deberá desentrañarse de la misma forma en la que fue creado: con jugadores prodigio, comisionados a la cancha por entrenadores prodigio, al servicio de clubes que han escrito prodigios.

Cierto que había intenciones distintas: Real Madrid no quería alargar el plazo. MUFC pretendía, y lo consiguió, darse el privilegio de alargar el drama para que el Teatro de los Sueños sea el de las pesadillas para el rival.

Paroxismo. Histeria. Soponcios. Desencantos. Desvanecimientos. Arrogancia. Furia. Tribuna y cancha compartieron por ósmosis de la competencia, momentos fascinantes. Desde la temprana ventaja de MUFC con Welbeck, hasta la soberbia estampa del apolíneo CR7 en el remate del 1-1, en ese acto de levitación del portento físico.

Y el carrusel trepidante de ver a De Gea, al tan cuestionado De Gea, convertirse en un saltimbanqui de la línea fina de la tragedia, sacando disparos de las artillería madridista, como si la sangre de su propia patria le nutriera en el Bernabeu.

Y mientras De Gea articulaba delirios de gimnasta redimiendo las fragilidades de su defensa, su ataque terminaba por desperdiciar con Van Persie, Welbeck, Rooney y Giggs, la compensación a la heroicidad de su arquero.

En las postales de la noche, puede lamentarse la doble teatralidad de Sergio Ramos para cocinar amarillas contra Van Persie y Valencia, a costas del alemán Félix Byrch, uno de los pocos jueces que no sólo no se arrodilla, sino que confronta con sus decisiones al irascible Sir Alex Ferguson, porque incluso se tragó varias amarillas para el madridismo.

¿El Real? Lo comentábamos en el Blog del martes: ha salido de las inclemencias del Purgatorio para mostrar tal vez su mejor versión en la era de Mourinho, aunque, insisto, parezca aberrante o irónico o inverosímil, cuando la Liga de España se la han hurtado con descaro los barcelonistas.

CR7 ha dejado sus hormonales bochornos, y de su tristeza novelera ha asumido el compromiso de sus condiciones: líder, futbolista, guerrero, goleador, ejemplo, mientras que a su lado se inspiran en él un notable DiMaría, y hasta el modesto Coentrao recordó las cartas de recomendación que lo vistieron de merengue.

Fue una gratísima avalancha merengue ante un adversario a su estatura, a su nivel. La realeza de Inglaterra ante la realeza de España. La realeza histórica de la Liga más competitiva y espectacular del mundo, la Premier, ante la realeza histórica de la Liga donde confluyen las estrellas de las mejores galaxias del universo. Aún para estos Coliseos Romanos de la Champions, confrontaciones como esta, en una fase tan temprana, parecen un desperdicio.

Pero esa es la realidad: uno de los dos colosos quedará en el camino. Y lo afortunado de esa realidad es que en la inevitable Condena a Muerte de la Champions, no sabemos, nadie puede saberlo, quién será el verdugo que merecidamente baje la guillotina, ni sabemos aún quién será la víctima que inmerecidamente sea bajada a rastras, pero honorablemente, del Patíbulo Supremo del futbol a nivel de clubes.