Trezeguet DyN

BUENOS AIRES -- Casi once años después Ramón Díaz volvió a sentarse en el banco del estadio Monumental para dirigir a River. Un dato que puede tener lecturas desde lo estadístico y desde lo emotivo para el hincha. Muy sentidas todas. Pero en el análisis despojado de fanatismo hay otros ítems que inexorablemente deben medirse y los cuales, en casi todos sus aspectos, son positivos.

Vayamos por partes. Pese a que el Pelado ostenta la envidiable chapa de ser el técnico más ganador de la historia de River, idolatrado por gran parte de su gente, siempre, quizás por su forma de expresarse o por el estilo que tiene a la hora de exhibir sus ideas futbolísticas, para una porción de la crítica esos triunfos llegaron como producto de haber contado con planteles estelares.

Pues bien, hay que ser justos con el riojano y decir que esta nueva versión de Ramón llegó de la mano de una serie de cambios en su forma de trabajo que han sorprendido a propios y a extraños, a adulones y a detractores.

Para decirlo de otra manera, es un técnico diferente. Más locuaz, que se maneja cerca de los jugadores, que habla mucho con ellos, que los motiva en la intimidad, que absorbe presiones y que además utiliza la declaración pública para apuntalar a los más resistidos (caso Adalberto Román), que expone su idea futbolística de otra manera.

Ya no es más ese entrenador que se refugiaba en sus logros (y no en sus conceptos) para consolidar su eficacia. Para decirlo claramente, hoy se lo ve más aplomado, con experiencia, más crecido como técnico.

Es cierto que recién van dos fechas del campeonato y el fútbol es tan vertiginoso que aquello que hoy es virtuosismo mañana se puede transformar en fracaso, pero sería un error (en el cual siempre tratamos de no caer) realizar una evaluación de los actuado según los resultados.

Seguramente es una tentación confeccionar una idea mirando la tabla de posiciones, pero, para bien o para mal, sería injusto tanto para el protagonista como para el lector.

Entonces, hecha la salvedad, llega el momento del análisis. Hoy en River los indicadores son casi todos positivos. Por ejemplo, nadie puede dudar de que el equipo tiene una mayor confianza. Esto debe ser bien entendido, porque confianza no es sólo interpretar el estilo histórico. Porque tanto en el ciclo de Matías Almeyda como en éste se intentaba respetar, al menos desde las intenciones, la escuela riverplatense, pero en éstos días además del discurso eso se ve plasmado en los hechos, con un equipo que tiene intérpretes que se la creen, que confían en sí mismos, que se saben superiores.

Se nota en la actitud a la hora de encarar los partidos. Desde la cabeza hay un cambio. Y eso que parte desde la mentalidad se extiende al fútbol.

River sale jugando desde abajo todos los balones, no se excede en el pelotazo pese a tener a David Trezeguet, una tentación para descargar sobre él balones aéreos, utilizando las bandas, dándole un mayor protagonismo a Manuel Lanzini en el armado.

Tiene desequilibrio por la izquierda con Leonel Vangioni, Ariel Rojas, cuando le toca estar, insinúa todo lo que habían observado de él cuando fueron a buscarlo a Godoy Cruz, el Lobo Ledesma, recuperado desde lo físico, es salida, en fin, un cúmulo de cosas que fortalecen la recuperación.

Otros puntos importantes son el haber ganado un partido con diez hombres en Córdoba y logrado un triunfo sin Leonardo Ponzio en cancha (el jugador emblema del equipo) ante Estudiantes, pequeñas cosas que forjan una personalidad y lo liberan de la dependencia.

Es cierto que la historia recién comienza, que el camino que le queda a Ramón por delante es muy largo, pero en el análisis de la coyuntura no se pueden (ni deben) soslayar estas cuestiones. Porque desde lo anímico y desde lo futbolístico River ha cambiado. Y de la mano de esto el Pelado Díaz se mostró aggiornado a estos tiempos y maduro.

¿Podrá sostener todo lo bueno en el tiempo? Tiene con qué. Igualmente el equipo aún debe mejorar aspectos de su fútbol, estabilizarse, no ser tan fluctuante en su funcionamiento. Aunque hoy son más los pro que los contra.

Parece que esta nueva versión de Ramón está capacitada para acercarse a ese ideal.