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América... La Rebelión de los Colgados

LOS ÁNGELES -- Las Águilas salían sentenciadas. Ocho jugadores inhabilitados. De visitantes. En El Volcán. Ante el plantel más costoso del futbol mexicano. Y con --¡uuuuy!-- el despiadado Gignac.

Sí, América viajó con sentencia de muerte. Pero sin la firma del forense. Y, como cita Bruno Traven en su obra, ocurrió La Rebelión de los Colgados.

América vence 0-2 a Tigres. Y debió ser 0-3, pero Roberto García Orozco anuló un legítimo gol por sospechosa torpeza o por confirmada vileza.

Parece sentenciada la Final de la Concachampions. América en el Estadio Azteca recuperará además a varios de sus inhabilitados. Es decir, debe fortalecerse. Y para darle de su amarga sopa al Tuca Ferretti, no lleva prisa.

¿Recuerdan ese proverbio de que "es más peligrosa una manada de ciervos comandada por un tigre, que una manada de Tigres comandada por un Tuca... o un ciervo... o algo así? Y así.

Sería fácil explicar la victoria americanista con una simplona embestida a las miserias de Tigres, empezando por el ya consabido acobardamiento de Tuca Ferretti en finales, hasta la incapacidad de sus jugadores para estar a la altura del desafío. Se asustaron ante su espejo.

Sí, sería hasta vulgar y poco respetuoso al triunfo de El Nido poner a contraluz la deplorable actitud de los Tigres, y esa enviciada postura de no querer ganar por no querer perder, como ritual vergonzoso de su entrenador. Suicidarse antes que morir.

Pero, así lo veneran, de rodillas, su directiva y sus aficionados. A pesar de que así perdió unos Cuartos de Final ante Monterrey, una Final Ante América, otra más ante River Plate en la Libertadores, y estuvo a nada de que le ocurriera lo mismo ante Pumas.

Pero, como dice la sabiduría popular mexicana, "el que por su gusto es buey, hasta la coyunta lame".

¿América? Nacho Ambriz no tenía ni opciones ni remilgos. Y al protegerse por sus ausencias, terminó superando en el latigazo ladino del contragolpe, la timorata estrategia huidiza de Ferretti.

Pero, más allá de que Tigres salía desdentado y con las garras con manicure, desde el vestidor, por los espasmos y sofocones de su entrenador, a los jugadores les faltó gallardía, compromiso y el futbol que debe acompañar al plantel más costoso y más poderoso, en nómina, del futbol mexicano.

Todo lo contrario con las Águilas. Ese rasgo fascinante, enaltecedor y cautivante de entrega extrema, de 90 minutos, hasta que se sofocaban los pulmones o se acalambraban las piernas, dio como reflejo ese 2-0, cuando supuestamente debían tener vacíos todos los almacenes, y defenderse con piloto automático.

A los futbolistas del América su afición no puede reclamarles, de momento, absolutamente nada. La devoción en cada pelota, el compromiso colectivo, fue realmente subyugante. Encima, resistieron hasta en el aspecto disciplinario, en un equipo al que las tarjetas rojas les han matado sus pretensiones.

Para asegurar su pase al Mundial de Clubes, el América sólo necesita repetir la versión de este miércoles en su visita a El Volcán. Sería una traición y deslealtad a ellos, y a su afición, ser menos de lo que fueron ante Tigres.

¿Y la manada de Tigres dirigida por un ciervo? Para revertir la nueva desgracia que se les cierne en el horizonte, deberán ser mejores... y no mejores que su versión de este miércoles, sino mejores que la versión de América este miércoles.

Y claro, debe ser imprescindible que además, los felinos domesticados por su entrenador, se rebelen, se amotinen, se subleven a las poquiteras y mezquinas pretensiones con una esquizofrénica y paranoica fobia de su técnico para jugar finales.

Ahora son los Tigres los que llegarán como víctimas, tal y como lo hicieron este miércoles las Águilas. Pero no parecen estos felinos capaces de protagonizar su propia Rebelión de los Colgados.

Insisto: ¿Relacionan ese proverbio de que "es más peligrosa una manada de ciervos comandada por un tigre, que una manada de Tigres comandada por un Tuca... o un ciervo... o algo así"? Y así.