ORLANDO -- A veces el mejor cambio es el que no se hace.

Por diferentes razones y situaciones, los Medias Rojas de Boston, Rays de Tampa Bay y Dodgers de Los Angeles se encuentran en la encrucijada de tener que mover a tres de sus principales jugadores a horas de que expire el plazo de realizar transacciones en Grandes Ligas sin necesidad de usar los enredados procesos de waivers.

Los pitchers zurdos Jon Lester y David Price y el jardinero Matt Kemp son algunos de los jugadores que muy probablemente estarían vistiendo un nuevo uniforme el viernes, sin embargo, yo tengo mis reservas acerca de la supuesta imperante necesidad que tienen sus clubes de salir de ellos. Estos son mis pensamientos al respecto.

Lester
Lester
Jon Lester: El zurdo de 30 años ha sido uno de los lanzadores más consistentes del béisbol desde que llegó a Grandes Ligas en el 2006. Fue pieza clave en los campeonatos del 2007 y 2013 y tiene marca de 3-0, 0.46 en la Serie Mundial.

Es verdad que Boston está fuera de pelea en estos momentos, pero una franquicia de ese calibre seguramente intentará hacer movimientos en el invierno para regresar a la pelea en el 2015. ¿Qué mejor movimiento que dar a Lester lo que merece y tenerlo sembrado como líder de rotación para los próximos años? ¿Cuánto costará en el mercado de agentes libres fichar al mismo Lester o al derecho Max Scherzer, el único otro buen lanzador que estará disponible?

El mejor movimiento que podría hacer Boston es anunciar el jueves a las 4 de la tarde que reinició conversaciones de extensión con Lester y que hará todo lo que esté en sus manos para retenerlo a largo plazo.

Price
Price
David Price: Si Price estuviera en la misma situación contractual de Lester-- a dos meses de la agencia libre-- lo más lógico sería cambiarlo ahora para conseguir algo en retorno, ya que Tampa Bay no tiene la clase de dinero que se necesitará para evitar que pruebe la agencia libre.

El asunto es que Price, el ganador del Cy Young en el 2012 y quiene tiene un porcentaje de ganados y perdidos de .646 en su carrera, no será agente libre hasta noviembre del 2015. No hay ninguna prisa en cambiarlo en estos momentos. Un lanzador de esa categoría podría ayudar a Tampa Bay a clasificar a los playoffs por última vez antes de marcharse. Y lo mejor: Price no perderá valor al final de esta temporada, sino todo lo contrario.

Por si no lo sabían, los Rays han ganado 29 de sus últimos 41 partidos y 11 de 12 para meterse en la carrera por un puesto comodín a los playoffs de la Liga Americana. Con dos meses de acción pendiente y uno de los mejores cuerpos de lanzadores del béisbol, Tampa Bay debería estar buscando un buen bate y no en salir de uno de los grandes lanzadores de la actualidad.

Kemp
Kemp
Matt Kemp: Por una gran parte de los últimos tres años, las lesiones no han dejado ver al Matt Kemp que los Dodgers firmaron por $160 millones de dólares hasta la temporada del 2019, sin embargo, desde la pausa del Juego de Estrellas el jardinero ha mostrado flashazos del tipo que peleó el Jugador Más Valioso de la Liga Naional en el 2011.

Kemp, quien tiene 29 años de edad, batea .452 con dos jonrones y ocho carreras impulsadas en sus últimos ocho juegos, jugando en el jardín derecho por primera vez en su carrera. Batea .400 (35-14) en la segunda mitad de la temporada, .400 en las últimas dos semanas, .354 en los últimos 28 días y .311 en julio.

No está claro si Kemp volverá a su forma de casi 40-40 (39 jonrones, 40 robos) de hace tres años, pero su linea de rendimiento muestra que ya está alcanzando el grado óptimo de recuperación. Un Kemp saludable es un súper jugador, uno que solamente sería superado por Yasiel Puig en todo el sistema de los Dodgers.

Y, como si lo anterior fuera poco, Kemp es uno de los jugadores más populares y queridos en Los Angeles. La etiqueta #KeepKemp ("Retengan a Kemp") ha sido tendencias por días en las redes sociales en el sur de California.

¿Si para moverlo los otros clubes hasta quieren que los Dodgers paguen parte del salario, para qué hacer ese cambio?

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Bonds Clemens SosaAP PhotosBonds, Clemens, Sosa podrían verse afectados por las nuevas reglas de Cooperstown.
ORLANDO -- El Salón de la Fama de Cooperstown realizó un par de enmiendas a las reglas para elegir jugadores retirados recientemente, que lejos de afectar, ayudarán a dinamizar y sincerar uno de los procesos más importantes de la industria del béisbol.

Desde el 2015, los jugadores tendrán 10 años, no 15, de elegibilidad en la boleta de los periodistas antes de ser enviados al purgatorio del Comité de Veteranos. Los candidatos aún necesitarán un 75% de los votos emitidos para ser electos y un mínimo del 5% para permanecer como elegibles.

Seamos sinceros: Si un jugador tiene los números y ninguna mancha grave, una década en la boleta es tiempo más que suficiente para ser electo a Cooperstown. Si en 10 años no ha sido premiado con la inmortalidad deportiva, entonces es porque en realidad no posee las credenciales, por falta de estadísticas, dominio de su era o porque sencillamente cae mal a una buena porción de los votantes. Punto.

Al mismo tiempo, la junta directiva del Salón de la Fama determinó que todos los periodistas habilitados para votar -- los que han sido miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol (BBWAA, por sus siglas en inglés) al menos por 10 años consecutivos -- tendrán que llenar un formulario de registro y firmar un código de conducta. En lo adelante, los nombres de cada votante habilitado se dará a conocer anualmente, aunque no se publicará como votó cada quien.

Esta última parte no es necesaria, ya que en la era de la comunicación, cada periodista de manera individual anuncia su boleta y las razones para votar por algunos o para obviar otros.

Bajar o aumentar el tiempo de permanencia en la boleta no afecta tanto el proceso de elección como lo hace la necedad de los votantes por apegarse a un supuesto código que podríamos calificar de "las reglas no escritas de Cooperstown", siendo la más grave la que habla de la cantidad de jugadores que pueden ser votados al mismo tiempo.

Mientras las reglas oficiales del Salón de la Fama establecen que un periodista puede nombrar hasta a 10 candidatos anualmente, una asombrosa mayoría de los miembros del jurado nunca usa todas las casillas y, peor aún, una cantidad muy representativa nunca vota por más de dos, aunque admitan que algunos de los ignorados cumplen con todos los requisitos para ser electos. Siéntanse libres de llamarlo doble moral, inconsistencia espiritual o confusión interna.

Está claro que el problema no es de tiempo en la boleta, sino de cantidad de aprobados cada año. Cuando más periodistas usen más las plazas permitidas, más jugadores que en el pasado tuvieron que esperar entre 10 y 15 años, entrarán en los primeros cinco años de elegibilidad. Simple.

En resumen, lejos de afectar candidaturas, las nuevas medidas del Salón de la Fama obligará a los votantes a jugar con el reglamento establecido y por ende, a determinar más temprano quienes merecen y quienes no, un puesto permanente en el Museo de Cooperstown.
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Yankees despiertan y tiembla el Este en la LA
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ORLANDO -- Las inexorables manecillas del reloj mantienen su avance frontal a la hora cero del 31 de julio, la fecha límite establecida por Grandes Ligas para que los equipos puedan cambiar jugadores sin ningún tipo de restricciones.

La creación de un segundo puesto comodín a los playoffs en ambas ligas desde el año pasado ha complicado notablemente el realizar transacciones en el mercado de mitad de temporada. La razón es simple: Con 10 plazas de playoffs en juego, más equipos conservan genuinas oportunidades de clasificar, lo que aumenta la demanda y reduce la oferta, creando una escasez.

A exactamente una semana del 31 de julio, 16 equipos están en un puesto de clasificación o al menos a 2.5 juegos de la tierra prometida. 18 de los 30 conjuntos de las ligas mayores no están fuera por más de 4.5 juegos de la liguilla de octubre.

Mientras Baltimore, Detroit, Oakland, Washington, Milwaukee y San Francisco encabezan las seis divisiones de las ligas Americana y Nacional, Anaheim, Seattle, Yankees de Nueva York, Toronto, Cleveland, Kansas City, Atlanta, Dodgers de Los Angeles, San Luis y Pittsburgh están separados por menos de tres juegos de los cuatro comodines.

Pero incluso un conjunto como Tampa Bay (49-53), que se encuentra a siete juegos de Baltimore en el este y a 4.5 del segundo Wild Card del joven citcuito, no debería ser descartado. Los Rays han ganado siete partidos consecutivos y con 18-5 desde el 25 de junio, han recortado siete partidos en la carrera por un puesto a los playoffs y todos sabemos que dos meses es suficiente tiempo para reducir otros siete para un equipo con la tercera mejor efectividad de la liga.

Eso es sencillamente impresionante y positivo para el balance competitivo del béisbol, pero complicado para determinar cuáles novenas deberían ser consideradas compradoras o vendedoras con dos meses aún pendientes en el calendario regular.

Pensemos en la situación, por poner un ejemplo, de Tampa Bay con el estelar zurdo David Price y el polivalente Ben Zobrist. A los 28 años de edad y a una temporada de ser agente libre, Price encaja perfectamente en el perfil de candidato a ser canjeado por un paquete de prospectos valiosos. Zobrist, de 33 años, podría ser uno de los mejores peloteros-no estrellas del juego y una pieza que le gustaría agregar a varios contendores.

¿Pero cómo el gerente general Andrew Friedman explicará a los atribulados -- y escasos -- fanáticos de St. Petersburg que comenzó a desmantelar un conjunto justo cuando está jugando su mejor béisbol y tiene por delante una importante porción de partidos contra sus rivales divisionales que podrían decidir una clasificación?

La situación de Friedman no es única. Es la misma que viven los jefes de oficinas en la mayoría de conjuntos mencionados anteriormente como genuinos contendores debido a la existencia de un segundo comodín en cada liga desde el año pasado. Y la misma que viven en Boston y Cincinnati, que aunque se encuentran a seis y cuatro partidos, respectivamente, de un segundo comodín, no son tradicionales vendedores del mercado de medio término.
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ORLANDO -- Colby Lewis, un lanzador de los Vigilantes de Texas, está enojado porque un bateador de .220 de los Azulejos de Toronto tocó la pelota para tratar de vencer una formación especial defensiva que es parte importante de su bajo promedio de bateo. ¡Plop!

Con los Azulejos ganando 2-0 y dos outs en la quinta entrada del partido del sábado, en el Rogers Centre, Colby Rasmus tocó por tercera para lograr un infield hit ante una formación defensiva especial en su contra. El jardinero de los Azulejos mantuvo viva la entrada y de paso subió su promedio de bateo por encima de .220 por primera vez desde el 4 de julio.

Lewis, quien tiene efectividad de 6.37 en 2014 -- un porcentaje escandalosamente malo para cualquier temporada, sobre todo en una en que la ofensiva ha sido dominada ampliamente por el pitcheo-- argumentó que Rasmus no sabe jugar béisbol.

O sea, en el librito de Lewis, un marcador 2-0 es ventaja más que suficiente para derrotar a Texas y los rivales deberían entregarse el resto del juego cada vez que anoten dos carreras contra los Rangers. En ese mismo librito de Lewis, su equipo sí le puede hacer una formación defensiva especial a un bateador de .220 con dos outs, pero si el pobre sujeto araña para alcanzar una base, entonces es un antideportivo.

Si el lanzador que tiene 10 ponches sigue esforzándose en conseguir 10 más, eso está perfecto y es completamente deportivo, pero si un bateador toca por tercera cuando le ponen cuatro infielders en el único lado por el que batea, eso es antideportivo. ¡Gulp!

Anote la reacción de Lewis en la lista de ridiculeces cada día más frecuentes en Grandes Ligas en nombre de una supuesta "forma correcta de jugar el béisbol". Y las explicaciones que dan estos hipersensibles son tan ridículas como sus supuestos arranques de ira.

No estamos defendiendo a bateadores que tocan la pelota con marcadores 10-0 ni a corredores que intentan robos de bases en partidos de un solo lado. Pero incluso en esas situaciones, no hay ningún libro que diga que un jugador debe abdicar en sus intentos de dañar al rival y, de paso, mejorar sus propias estadísticas. Total, al final del año, ese jugador muy probablemente discutirá un nuevo contrato sobre las bases de sus números, no de la popularidad que tenga entre sus rivales.

Solamente en los últimos dos años hemos visto como a los Bravos de Atlanta les molesta que Carlos Gómez corra a lenta, mediana o rápida velocidad después de pegar un jonrón importante; a David Price le agua la sangre que David Ortiz observe el recorrido de sus jonrones y a una gran cantidad de jugadores de Grandes Ligas la bilis se le mezcla con ácido cuando Yasiel Puig hace bailar su bate antes de recorrer las bases después de un cuadrangular.

Y en la mayoría de los casos, los protagonistas fueron blancos de agresión de lanzadores, que aparentemente, en el famoso librito, tienen licencias para dar pelotazos para cobrar afrentas y humillaciones.

Y todos los enojados, absolutamente todos, ofrecen explicaciones ridículas sobre supuestas formas correctas de jugar el juego para justificar que se molestaron porque el otro los superó. Es como que un rival de Sugar Ray Leonard o Floyd Maywather haga una conferencia de prensa para quejarse de que esos tipos "no se dejan golpear y pegan muchísimos golpes, lo que no es justo".

Esa es la idea. De eso se trata el juego. Todo lo demás, son simples ridiculeces.

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A continuación les presentamos un análisis somero de lo que podríamos ver en la segunda mitad de la temporada 2014 de Grandes Ligas.


Liga Americana

Los Atléticos de Oakland, Angelinos de Los Angeles y Marineros de Seattle no solamente están metidos en una lucha terrible por el título divisional del Oeste de la Liga Americana, sino que, además, amenazan con quedarse con tres de los cinco puestos a postemporada del circuito.

Oakland (59-36) fue el conjunto más ganador de Grandes Ligas en la primera mitad de la temporada. Anaheim (57-37) fue el segundo más ganador del béisbol y actualmente posee la primera plaza Wild Card de la Liga Americana. Seattle (51-44) ocupa el segundo Wild Card con ventaja de 2.5 juegos sobre el rival más cercano.

Por supuesto, nunca ha ocurrido que tres clubes de la misma división avanzaran a los playoffs. La expansión de los playoffs a dos puestos comodines ocurrió el año pasado y Tampa Bay, del este, y Cleveland, del centro, fueron los agraciados.

El pleito en el este entre los Orioles de Baltimore, Azulejos de Toronto y Yankees de Nueva York aparenta no estar decidida, pero ahora mismo luce que por primera vez en mucho tiempo, solamente un club de ese sector avanzará a postemporada.

Los Yankees, que no se quedan fuera de la batalla de octubre en años consecutivos desde 1992-93, comienzan la segunda mitad de la temporada con marca de .500 (47-47), en el tercer lugar de su división (detrás de Baltimore y Toronto) y por debajo de cinco clubes en la carrera por el segundo Wild Card.

Detroit (53-38) no debería tener problemas para retener su gran ventaja en el centro sobre Kansas City, Cleveland, Medias Blancas de Chicago y Minnesota y ganar el centro.

Detroit trata de avanzar a playoffs en cuatro años consecutivos por segunda vez en su historia. La primera fue entre 1907 y 1909, cuando resbalaron en sus primeras tres apariciones en la Serie Mundial.


Liga Nacional

La historia de la segunda mitad de la Liga Nacional gira en torno a los Dodgers de Los Angeles y sus probabilidades de convertir en realidad las enormes expectativas de ganarlo todo con su nómina mega millonaria.

Los Angeles (52-43) borraron una desventaja de 7.5 juegos ante los Gigantes de San Francisco para terminar la primera mitad de la temporada con la mejor marca del viejo circuito y con un diferencial de carreras de +50 (404-354), que este año de baja ofensiva es realmente destacado.

Un cinco veces campeón de Grandes Ligas y uno de los clubes profesionales más importantes y populares de Estados Unidos no gana la Serie Mundial desde 1988. El año pasado fue derrotado por San Luis en la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, pero ahora mismo luce como que solamente los Dodgers pueden vencer a los Dodgers, especialmente si logran fortalecer su bullpen en el mercado de mitad de temporada.

Al mismo tiempo hay que destacar que la batalla por los cinco puestos a los playoffs está super cerrada. Washington y Atlanta están empatados en el este, Milwaukee domina el centro y Dodgers el oeste, pero nadie tiene más de un juego de ventaja. Seis equipos, incluyendo a Bravos y Nacionales, están separados apenas por tres juegos en la cruenta guerra por los dos comodines.

Sin embargo, la atención de todos los fanáticos de la Liga Nacional estará enfocada en la capacidad de los Dodgers para cumplir sus abultadas pretensiones.
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MINNEAPOLIS -- En su último Juego de Estrellas, Derek Jeter cosechó parte de lo que sembró por los últimos 20 años en las Grandes Ligas: Respeto.

Jeter, quien estuvo cerca de realizar la jugada del partido con el primer bateador de la noche, recibió tres grandes ovaciones que detuvieron el partido de parte de los aficionados en Target Field, el martes, en la edición 85 del partido de estelares entre las ligas Americana y Nacional en Minneapolis.

Jeter, cuyos turnos al bate fueron presentados con la grabación del fenecido Bob Sheppard, tal y como hacen regularmente en Yankee Stadium, bateó de 2-2 con una carrera anotada y recibió un tratamiento de hijo predilecto, pese a estar jugando fuera de su casa. Fue la manera más adecuada que encontró la afición para mostrar agradecimiento a uno de los íconos más grandes que ha tenido el béisbol en las últimas dos o tres décadas.

"El Capitán" de 40 años de los Yankees de Nueva York respondió pegando doble y anotando carrera en su primera aparición y agregando sencillo en el tercero para convertirse en el jugador más viejo con dos imparables en un Juego de Estrellas. El ex jardinero de Boston, Carl Yastrzemski, logró dos hits a los 39 años en un Juego de Estrellas.

Pero lo mejor estaba aún por venir. Cuando el cubano Alexei Ramírez sustituyó a Jeter en el campocorto de la Liga Americana en la cuarta entrada, todos los 41,048 fanáticos en el parque, incluyendo al comisionado Bud Selig y otras autoridades y leyendas del juego, ovacionaron al veterano pelotero por tres minutos y lo obligaron a salir de la cueva para un tributo, reservado para ocasiones y personajes especiales.

Mientras esto ocurría en el terreno, en las bocinas del parque sonaba la dulce voz de Frank Sinatra interpretando "New York, New York", un himno de los Yankees y la Gran Manzana.

"Es un honor y un privilegio el estar aquí. Por ustedes y por los que han estado antes aquí, disfrútenlo, se los digo por experiencia", dijo Jeter, cuando concluyó su actuación.

"Esta es una experiencia divertida, que deben compartir con otros. Recuerden, no son muchos los que tienen esta oportunidad. Pero más importante aún, deben recordar cada vez que se pongan un uniforme, porque, créanme, es algo que se va muy rápido", agregó.

Desde que arribó a Minnesota la noche del domingo, Jeter fue bombardeado con las mismas preguntas acerca de los sentimientos de jugar en su último Juego de Estrellas, algo que ocurrió el año pasado a su compañero de toda la vida, el cerrador panameño Mariano Rivera.

"Vine aquí sin muchas expectativas particulares para tratar de ayudar a ganar el Juego de Estrellas porque alguien en mi camerino se beneficiará de eso", dijo Jeter, destacando la ventaja de la casa para la Serie Mundial que consigue el ganador del partido de los estelares. "Pienso que a lo largo de mi carrera he sido bueno manejando mis emociones", agregó Jeter.

"Es algo que jamás olvidaré el resto de mi vida. En mi primer Juego de Estrellas tuve la oportunidad de sustituir a Derek Jeter, quien jugaba su último, y ha sido ídolo de muchos de nosotros", dijo Ramírez, de los Medias Blancas de Chicago.

"Jeter es el modelo a seguir, el ejemplo con el que soñamos imitar todos nosotros", dijo el cubano Yasiel Puig, de los Dodgers de Los Ángeles. "Es el verdadero y único capitán del béisbol y lo extrañaremos mucho cuando se vaya", dijo el intermedista venezolano José Altuve, de los Astros de Houston.

Jeter, uno de tres jugadores con 3,000 hits, 250 jonrones y 350 bases robadas en la historia de Grandes Ligas, integró la alineación abridora de la Liga Americana por novena vez en su 14ta. convocatoria al clásico de mitad de temporada. El futuro miembro del Salón de la Fama de Cooperstown fue el Jugador Más Valioso del Juego de Estrellas del 2000 en Atlanta y se despidió de estos eventos bateando .481 (27-13) con dos dobles, un jonrón, tres impulsadas y seis anotadas.

En su carrera destacan, además, cinco anillos de campeón, cinco Guantes de Oro y cinco Bates de Plata. Con 3,408 hits en 20 temporadas, todas con los Yankees, Jeter es el octavo en la lista de todos los tiempos, pero en respeto, dedicación y entrega no ha sido segundo de nadie, algo que reconocen todos sus contemporáneos.

Como forma de celebrar la última participación de Jeter en el Juego de Estrellas, su patrocinador de toda la vida, el fabricante de zapatillas deportivas "Jordan Brand", realizó un anuncio de 90 segundos invitando a los aficionados a quitarse la gorra en honor al jugador.

Con el logo "R2SPECT" ("Respeto al #2"), la campaña publicitaria muestra a grandes como Michael Jordan, Tiger Woods, Mariano Rivera, Joe Torre y Phil Jackson, Jay Z, Spyke Lee y el ex alcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, entre otros, y fanáticos comunes levantando la punta de sus sombreros para saludar la carrera de "DJ".

"Derek no merecía menos de ahí para todo lo que ha hecho en este juego, pero sobretodo, como lo ha hecho. Con gran dignidad, dedicación, entrega y respeto. Si siembra tormentas, cosechará tempestades, pero si como Jeter, siembras respeto, cosechará respeto", dijo el jardinero dominicano José Bautista.

"Derek es el béisbol idealizado, el más genuino representante de nuestro juego y siempre le estaré agradecido por todas las cosas que hizo por mí", dijo el intermedista dominicano Robinson Canó, el compañero de doblematanzas de Jeter en Nueva York por nueve temporadas hasta que se marchó este año a Marineros de Seattle como agente libre.

Después de perder la mitad de la pasada temporada por una lesión de tobillo, y faltar al Juego de Estrellas por primera vez en siete años, Jeter tomó la decisión de que el 2014 sería su último año como pelotero activo y realizó el anuncio con una simple carta de 15 párrafos colgada en su cuenta de Facebook.

"Estoy plenamente convencido. Me lo dice el corazón. La temporada de 2014 será mi último año como pelotero profesional", escribió Jeter. "A lo largo del tiempo, nunca he dejado de buscar el próximo [cetro de la Serie Mundial]. Ahora quiero finalmente concluir la búsqueda y disfrutar del mundo", agregó.

"En los más de 21 años que llevo como comisionado, las Grandes Ligas no han tenido un mejor embajador que Derek Jeter", dijo Bud Selig, quien también dejará la oficina del comisionado luego de la próxima temporada. "Desde su temporada de novato en la que ganó el campeonato, Derek ha representado lo mejor de nuestro pasatiempo nacional dentro y fuera del terreno. Él es uno de los jugadores con mayor cantidad de logros y más memorable de su era, y de cualquier era", agregó Selig.

El martes en Target Field, los educados fanáticos de Minneapolis saludaron a Jeter con el mismo respeto que "El Capitán" ha tratado el juego por dos décadas.

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Clayton KershawAP Photo/Mark J. TerrillMike Matheny no escogió a Clayton Kershaw para abrir el Juego de Estrellas por la Liga Nacional.
MINNEAPOLIS -- Aparentemente, los Dodgers de Los Ángeles tendrán que llegar a la Serie Mundial para que Clayton Kershaw pueda abrir un Juego de Estrellas. Asombroso, triste, pero muy probable.

Adam Wainwright, estelar derecho de los Cardenales de San Luis, abrirá por la Liga Nacional el martes en la edición 85 del Juego de Estrellas de Grandes Ligas en el Target Field de Minneapolis, la casa de los Mellizos de Minnesota. El gran derecho venezolano Félix Hernández será el abridor de la Liga Americana.

El manager del viejo circuito, Mike Matheny, escogió a Wainwright, su "As" en los Cardenales, sobre Kershaw, el mejor lanzador de la actualidad, libra por libra, onza por onza, gramo por gramo, y quien está teniendo la mejor actuación de su brillante carrera.

"Fue una decisión difícil, no hay dudas. He visto mucho a Clayton y créanme que ellos dos no eran los únicos candidatos", dijo Matheny. "Tengo mucho respeto por Clayton al igual que por los otros lanzadores que eran candidatos", agregó.

"A partir de lo que somos capaces de ver a diario desde el liderazgo hasta la ejecución, el desempeño salida por salida y lo que Adam puede, es una especie de una ventaja injusta sobre los otros números", agregó el capataz.

La elección de Wainwright no es descabellada. El tres veces Todos Estrellas tiene marca de 12-4, efectividad de 1.83, tres juegos completos y 115 ponches en 138.0 entradas en el 2014, cuando es el segundo gran favorito para el Premio Cy Young. El asunto es que Kershaw, ganador de dos Cy Young, tiene marca de 11-2 y lidera Grandes Ligas en efectividad (1.83) y promedio de ponches por cada nueve entradas (11.8) entre los pitchers abridores... y la carrera por el más destacado de la liga.

El caballo de los Dodgers supera al caballo de los Cardenales en porcentajes de ganados y perdidos, ponches por nueve innings, boletos por nueve innings (1.2 a 1.8), promedio de la oposición (.191 a .201) y Whip (0.83 a 0.91). Wainwright tiene más salidas (19 a 14), innings y blanqueadas (dos a una).

En sus últimas ocho salidas antes de la pausa del clásico de mitad de temporada, Kershaw tuvo 8-0 con 80 ponches y efectividad de 0.74, el primer lanzador de la historia con un tramo de ocho triunfos seguidos, efectividad por debajo de 1.00 y al menos 80 bateadores abanicados. Su buen momento incluye un no-hitter contra Colorado y una racha de 41 ceros.

"Creo que Adam tuvo la mejor primera mitad de la temporada y es lógico que sea el abridor del Juego de Estrellas. Mike seleccionó a su lanzador y resulta que fue una selección adecuada", dijo Kershaw durante la conferencia de la Liga Nacional.

Ser ignorado para abrir Juego de Estrellas pese a tener los mejores números no es algo nuevo para Kershaw, quien el año pasado fue pasado por alto con efectividad de 1.98 para favorecer al derecho Matt Harvey, de los Mets de Nueva York , quien tenía 2.35.

El dirigente Bruce Bochy, de los Gigantes de San Francisco -- el más odiado rival de los Dodgers, aunque eso es detalle al margen -- dijo que prefirió a Harvey por el juego celebrarse en Citi Field. Pero resulta que Kershaw nunca ha comenzado un partido de estelares, pese a que ha liderado la Liga Nacional en efectividad por tres años consecutivos y que la única vez que no ganó el Cy Young en ese tramo, fue cuando llegó segundo en 2012.

Los managers del Juego de Estrellas son los dirigentes que estuvieron en la Serie Mundial del año anterior. Los Dodgers no juegan en el Clásico de Octubre desde que conquistaron su sexto título en 1988.

Aparentemente, para Kershaw abrir el Juego de Estrellas no solamente necesitará mantener sus asombrosos números personales -- 88-48, 2.54 de efectividad y 1,332 ponches en 1,276 entradas -- sino que además, los Dodgers antes tendrán que quebrar su racha de 26 años sin disputar la Serie Mundial para darle la oportunidad a Don Mattingly u otro de tener el poder de decisión. Asombroso, triste, pero muy probable.

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Faltando dos semanas para la celebración del Juego de Estrellas en el Target Field de Minnesota, un grupo de bateadores latinoamericanos decidió montar su propio Derby de Jonrones extendido en la Liga Americana.

Entrando a la jornada del lunes, los dominicanos Edwin Encarnación, de Toronto, y Nelson Cruz, de Baltimore, y el cubano José Abreu, de los Medias Blancas de Chicago, están empatados en el liderato de cuadrangulares del joven circuito, con 25. El venezolano Víctor Martínez, de Detroit, es cuarto con 20 y el dominicano David Ortiz, de Boston, se ubica en quinto puesto con 19.

Los dominicanos Albert Pujols, de los Angelinos, y José Bautista, de Toronto, también entran en el Top 10 de la liga, con 16 y 15, respectivamente.

De los tres que están empatados en la punta de la tabla, Encarnación es quien cuenta con las mejores credenciales. El inicialista y bateador designado de los Azulejos ha descargado 113 vuelacercas en las últimas tres temporadas y cuenta con 225 en su carrera de 10 años en la gran carpa.

Cruz, quien juega por primera vez con los Orioles, lleva seis temporadas consecutivas superando los 20 jonrones y tiene 182 en su carrera. Su marca personal, de 33, la estableció en el 2009. El año pasado bateó 27 en 109 juegos con los Vigilantes de Texas.

Abreu, de 27 años, juega su primera temporada en las Grandes Ligas, tras firmar un contrato por seis años y $68 millones de dólares con los Medias Blancas durante el receso invernal. No obstante su vasta experiencia en Cuba, el inicialista es considerado un novato en Grandes Ligas, al igual que el lanzador Masahiro Tanaka, un veterano del béisbol Japonés.

De hecho, Abreu es el primer jugador que alcanza los 25 jonrones en sus primeros 68 partidos en Grandes Ligas y pese a que pasó 15 días en lista de lesionados, tiene un ritmo para terminar con 49 cuadrangulares, que le bastarían para empatar el récord de los Medias Blancas (Albert Belle en 1998) y para novatos de la Liga Americana (Mark McGwire en 1987).

Pero aunque Abreu no había jugado anteriormente en las ligas mayores, eso no significa que no tenga un asombroso historial en el profesionalismo. En la Serie Nacional de Cuba 2010-11 bateó .453 con 33 jonrones y 93 impulsadas en 63 juegos y en la temporada anterior .399 con 30 jonrones. En 10 años de carrera en Cuba despachó 184 jonrones en 799 partidos.

Si termina de líder de la Liga Americana, Abreu sería el segundo cubano con una corona de jonrones en Grandes Ligas. El polémico jardinero José Canseco lideró la Liga Americana en 1988 (42) y 1991 (44). Rafael Palmeiro tuvo 569 bambinazos en 20 temporadas, pero nunca fue primero de su liga.

En total, los peloteros latinoamericanos han conquistado 27 títulos de jonrones (18 en la Liga Americana y 9 en la Liga Nacional) en 53 años desde que el puertorriqueño Orlando Cepeda inauguró la cosecha en 1961, con los Gigantes de San Francisco en el viejo circuito.

Los dominicanos encabezan la tabla histórica con 16 títulos, incluyendo un absoluto dominio en el joven circuito desde el 2001. Hasta que Chris Davis ganó el liderato en el 2013, los latinoamericanos tenían 12 trofeos consecutivos (10 de los dominicanos Alex Rodríguez, José Bautista, David Ortiz, Carlos Peña y Manny Ramirez y dos del venezolano Miguel Cabrera).

A-Rod, con cinco, es quien más coronas exhibe, mientras que empatados con dos siguen los dominicanos Sammy Sosa, Bautista y Pujols; Cabrera y el puertorriqueño Juan González. Los quisqueyanos Alvarez, Peña, Adrián Beltré, Ortiz y Ramírez; los venezolanos Tony Armas y Andres Galarraga, el puertorriqueño Cepeda, el panameño Ben Oglivie y el curazoleño Andruw Jones, tuvieron un liderato, cada uno.

Solo como dato al margen. El líder actual de la Liga Nacional es el jardinero Giancarlo Stanton, quien tiene ascendencia boricua. Pero la verdadera fiesta latina del batazo largo, ocurre en la Liga Americana.
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ORLANDO -- Pese a ser reconocido como uno de los grandes bateadores de todos los tiempos, lamentablemente, el fenecido Tony Gwynn también podría ser considerado un gigante entre los más brillantes subestimados del juego.

No mal entiendan. En todas las referencias sobre Gwynn, casi seguro habrán cientos de elogios recordando sus 3,141 hits, ocho cetros de bateo, promedio vitalicio de .338 y 15 selecciones al Juego de Estrellas. La realidad es que todo eso alcanzó mayor importancia después que se retiró en 2001.

Mi imagen más memorable de Gwynn no es de su jonrón contra David Wells en el primer partido de la Serie Mundial de 1998, su deslizamiento en el plato para superar a Iván Rodríguez impulsado por un doble del dominicano Moisés Alou en la décima entrada del Juego de Estrellas de 1994 ni ninguna de sus líneas al lado contrario del terreno, que fue su marca registrada durante 20 años en las ligas mayores.

Al Gwynn que recuerdo fue al que cubrí en el glorioso, y caliente, fin de semana del Salón de la Fama del 2007 en Cooperstown, Nueva York. Fue la ceremonia de mayor asistencia de la historia, con más de 75 mil fanáticos abarrotando el Complejo Deportivo Clark, colinas aledañas y todo el pueblito llamado Cooperstown para vitorear a Cal Ripken Jr. y Gwynn, pero especialmente a Ripken.

En las votaciones de ese año, Ripken obtuvo un 98.8% de los sufragios emitidos, el tercer mayor porcentaje de la historia (los lanzadores Tom Seaver, en 1992, y Nolan Ryan en 1999, recibieron un 98.9%), mientras que Gwynn fue votado por el 97.6% de los periodistas, el séptimo total más alto desde el establecimiento del Salón de la Fama en 1936.

Durante las actividades que concluyeron con la ceremonia de exaltación, el domingo 28 de julio, la pareja fue homenajeada más que adecuadamente. Pero incluso en medio de la celebración, Gwynn fue el claro subestimado del fin de semana, algo que manejó con la misma clase con que lidió ese tipo de situaciones a lo largo de su carrera.

Gwynn fue uno de los mejores bateadores de todos los tiempos y un pionero en el uso de la tecnología para reducir errores en el difícil arte de golpear una pelota en movimiento, pero a pesar de todos sus títulos de bateo y ser uno de tres seres humanos nacidos de 1900 en adelante que tuvieron promedio sobre .335 de por vida en las Grandes Ligas, "Mister Padre" no siempre recibió todo el reconocimiento que merecía.

Para quedarse 20 años en San Diego, Gwynn sacrificó millones de dólares en el mercado abierto y aunque fue convocado regularmente al Juego de Estrellas, nunca ganó un premio de Jugador Más Valioso, ni cuando bateó .370 (líder) con 56 robos, 36 robos y 119 anotadas en 1987, ni cuando lideró la Liga Nacional en bateo y OBP con ridículos promedios de .394 y .454 en 1994, el año recortado por la huelga.

No estoy hablando de racismo, sino de la invariable discriminación que enfrentan los grandes bateadores sin mucho poder frente a los grandes bateadores que pueden pegar jonrones. Algo que no nació en las décadas de 80 y 90, sino desde que Babe Ruth convirtió el cuadrangular en el acto por excelencia para los aficionados.

Incluso el gran Ty Cobb, un bateador de .363 y ganador de 12 coronas de bateo-- y uno de los grandes racistas e intolerantes del béisbol-- sintió en carne propia lo que era ser opacado por un jonronero, cuando Ruth comenzó a sacar la pelota del parque, desde 1918 en adelante, con una frecuencia anormal para la época.

Gwynn no fue un bateador "alita corta". Entre sus tres mil hits hubo 763 extrabases. Tampoco fue un pelotero unidimensional como pensarían muchos al ver fotos y videos de su carrera. El jardinero logró 319 robos y obtuvo cinco Guantes de Oro, lo que habla del pelotero completo que fue, especialmente en la primera parte de su carrera.

En fin, Gwynn no recibió todo el crédito que merecía.

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Cuando apenas se habían jugado dos partidos completos y una porción del tercero de los 64 que componen el calendario de la Copa Mundial de Fútbol de la FIFA 2014 en Brasil, quedó mucho más que evidenciado que el deporte más popular del mundo necesita urgentemente un sistema ampliado de repetición de televisión para hacer más justos los resultados.

Brasil fue beneficiado por un penal ante Croacia, México perdió dos goles tempraneros contra Camerún y Holanda fue puesta contra la pared contra el campeón vigente, España, en jugadas que las repeticiones de TV mostraron terribles equivocaciones de los árbitros.

Afortunadamente para la Federación Internacional de Fútbol Asociado (FIFA), las sentencias en cuestión no tuvieron la última palabra en los resultados de los partidos. Pero pudieron haber sentenciado. Peor aún, los próximos partidos podrían ser decididos por yerros arbitrales, afectando el resultado final de la contienda.

Conseguir uno de los 32 cupos de la Copa Mundial es el resultado de cuatro años de sacrificio atlético y enorme inversión económica y, para algunos países -- México, por ejemplo, en las últimas eliminatorias -- un doloroso, angustioso y estresante proceso colectivo para la población.

¿Se imaginan que Camerún hubiera anotado primero que México después de la anulación de dos goles a Giovani Dos Santos? ¿Cómo explicarle a una nación, y al resto del mundo, que después de tantos sufrimiento, trabajo y ensayos, el tri estuviera al borde de la eliminación porque los árbitros no hicieron bien su trabajo?

La idea de un sistema de repetición no es nueva, ni tampoco es externa. En su discurso final en el Congreso Anual de la FIFA, 24 horas antes del arranque de la Copa Mundial 2014, Joseph Blatter, el presidente del organismo, sugirió un sistema de repetición que daría a cada entrenador dos oportunidades de reclamar jugadas durante un partido, algo parecido a lo que estableció este año el béisbol de Grandes Ligas de Estados Unidos.

La FIFA aprobó para el mundial de Brasil el uso de la tecnología de la línea de gol para determinar cuando la pelota entra al arco. Pero incluso Blatter, un dinosaurio de 78 años que dirige una una anquilosada institución de 110 años, está claro sobre la necesidad de ir al próximo nivel en el proceso de aprovechar los recursos modernos para ayudar a mejorar el desempeño de los jueces.

Es completamente inadmisible que en el 2014, con toda la tecnología de que dispone la sociedad actual, los campeones de un evento tan importante salgan de un proceso de decisiones cuestionadas y aberrantes.

Es comprensible que griegos y romanos jugaran al fútbol sin códigos claros 300 años Antes de Cristo y que los ingleses no incluyeran la repetición de televisión en las reglas oficiales de hace 150 años, pero el mundo ha cambiado mucho desde entonces y lo más lógico es que el deporte se adapte a esas transformaciones. Las principales ligas profesionales del mundo, incluyendo de tenis, baloncesto y béisbol, usan la repetición de TV para apoyar a los árbitros.

El dudoso penal que el árbitro uruguayo-mexicano Eduardo Codesal cantó a favor de Alemania y en contra de Argentina en la final del mundial de 1990 tendría repercusiones fatales en estos tiempos que cada jugada se repite hasta desde 20 ángulos diferentes. Igual el gol de La mano de Dios que el argentino Diego Maradona le anotó a Inglaterra en México 1986.

Ni Brasil, ni la FIFA, ni los 32 países participantes, ni los miles de millones fanáticos del planeta merecen que errores de los árbitros se roben el show y, peor aún, decidan los partidos del Mundial de Fútbol.

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