Valijas llenas

martes, 3 de julio de 2012
03 jul
08:04
AM ET
por Federico Manfredo

Cesare PrandelliAPEl mensaje de Prandelli sirvió para buscar serenidad
KIEV (Enviado especial) -- En este momento, a las 7:30 hora local, estoy en el aeropuerto Borispol de Kiev y, si bien la Eurocopa terminó ya el primero de julio, mi último día oficial aquí es hoy.

El destino, que como todos ustedes saben a menudo es cruel y muy irónico, me regaló un desayuno junto a cuatro españoles. Yo, de manera algo cobarde, simulé no hablar ni una palabra de español, para evitar discursos y charlas indeseadas.

Césare Prandelli, en ocasión de la conferencia de prensa después de la final, nos confesó que, en el futuro, mirará sin dudas todo lo positivo que la Azzurra obtuvo en esta Euro 2012, pero que, por el momento, delante de los ojos tenía sólo la amargura por una final jugada mal y perdida aún peor.

Lo consideré un análisis inteligente y más profundo de lo que pueda parecer, especialmente porque en ese momento tenía aún las orejas llenas de las palabras de los "buitres italianos", ya listos para devorar el cadáver de la Nazionale (subrayando los méritos del técnico por llevar tan arriba a un equipo según ellos "mediocre" y "sin nivel"), al mismo tiempo en el que glorificaban a un equipo que hasta el día anterior habían tachado como aburrido y sin estado físico.

Regresando a las palabras del entrenador del seleccionado italiano, decidí no escribir nada ayer, para no verme demasiado condicionado por la desilusión de la pesada derrota. Una caída que me pareció realmente injusta, porque por cómo la Azzurra jugó en Polonia y Ucrania, a pesar de algún tropezón por inexperiencia (como el empate ante Croacia, tras un partido brillante), no merecía terminar así.

Ese partido me golpeó realmente y llamó a mi mente una de las desilusiones más grandes de mi vida como hincha, cuando con aún muy joven me quedaba despierto hasta la noche muy tarde para ver en directa todos los partidos de Pete Sampras, en los "U.S. Open" del 2000 y del 2001. En ambos casos, mi ídolo del tenis protagonizó dos torneos extraordinarios, siendo sin duda alguna el jugador más espectacular y más amado, pero terminó las dos veces derrotado de manera contundente en la final, primero ante Marat Safín y luego contra Lleyton Hewitt.

Recuerdo aún como me pareció injusto el deporte en aquellos años, la misma sensación que probé la otra noche en el Estadio Olímpico de Kiev, cuando vi salir derrotada a Italia nada menos que por 4 a 0, con un castigo demasiado severo.

Así, me di 24 horas más para escribir mi último blog ucraniano. Debo admitir que el consejo de Prandelli me fue muy útil, porque ya hoy empiezo a ver las cosas de manera un poco más positiva. Claro que aún me pesa la caída y la forma en la que llegó, claramente. Si aún recuerdo las derrotas de Sampras, difícilmente podré olvidarme de ésta.

Pero hoy es más fácil mirar hacia el lado positivo. No hablo sólo de la trayectoria de mi seleccionado (más bien, uno de mis dos seleccionados), sino también de lo que fue para mi éste viaje. En esos noventa minutos sentí sobre las espaldas, de golpe, todo el peso y la fatiga de estar un larguísimo mes lejos de casa, a menudo solo, viajando constantemente (algunos de esos viajes, como ya les conté, fueron muy duros) y con mucho trabajo por hacer. Pero ahora me es más fácil recordar que estuve muy agradecido con el cielo por haber podido "acompañar" a Italia hasta la final, justo en la que fue mi primera cobertura de una Euro para ESPNdeportes.com.

Ya fue un honor y una suerte poder participar, imagínense lo que significó para mi ver a la Azzurra superar turno tras turno y llegar hasta el fondo. No que no le tuviera fe al equipo: al revés, los que me siguieron desde el comienzo saben que yo siempre creí en este cuadro y que aún lo considero un gran conjunto. Pero en el fútbol alcanza una mala noche para quedarse afuera y nunca es fácil alcanzar la final. Así, fue sin dudas una gran suerte verla a Italia en Kiev el primero de julio.

Más allá del aspecto exquisitamente futbolístico de la cuestión, apagado un poquito el fuego de la desilusión, hoy miro con grande orgullo y con gratitud mis maletas, llenas de recuerdos de un viaje maravilloso. Tanto las maletas verdaderas, físicas, como esas maletas "invisibles" que uno siempre lleva consigo mismo por todos lados, cargándolas cada vez más de recuerdos, experiencias y emociones de todo tipo.

Profesional y humanamente esta experiencia me permitió crecer enormemente, como cada viaje y cada aventura hechas con pasión y amor. Las personas que conocí, los lugares que vi, las situaciones que viví harán siempre parte de mi y afortunadamente me llevo muy pocos recuerdos feos, a frente de una gran cantidad de emociones fantásticas.

Cada bufanda, cada remera, todas las fotos y todas las otras cositas que llenan mis valijas llevan consigo un recuerdo, un perfume, una canción, una sonrisa o una alegría. Una lleva también un par de lágrimas (la bufanda de la final España-Italia), pero son lágrimas agridulces: tristeza por perder y alegría por estar.

Y realmente no puedo que agradecerles enormemente a todos ustedes. Ettore Petrolini, un grande dramaturgo italiano, decía que un actor no es nada sin su público, porque él vive únicamente de la emoción que le regala compartir, contar historias y, alguna vez, del aplauso que le regala su platea. Bueno, para un escritor las cosas no son muy diferentes, especialmente en el caso de un blog.

Sin ustedes del otro lado de la pantalla que (espero) se emocionaron, rieron y quizás hasta se enojaron por lo que les contaba, mis historias no hubiesen tenido sentido. Además, desde el primer día sentí la compañía de todos ustedes y de esa manera nunca me sentí sólo. Así que gracias por estar. Espero realmente poder "viajar" con todos ustedes nuevamente. Veremos lo que me prepara el destino y lo que yo podré hacer, para forzarle un poco la mano y llevar el camino de mi vida hacia adonde me gustaría ir.

Hasta pronto entonces. Desde Kiev, los saludo con afecto. Acá y ahora se termina definitivamente mi Eurocopa. O más bien, ¡nuestra Eurocopa!

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"Vox populi"

sábado, 30 de junio de 2012
30 jun
13:26
PM ET
por Federico Manfredo

Italia
EFEItalia desplagó el juego más lindo en la Euro
KIEV (Enviado especial) -- Encontrar un favorito en una final a menudo puede ser muy complicado y, sin dudas, este es uno de esos casos. El hecho es que, citando las palabras que Buffón nos dijo el 9 de junio pasado, en la previa del primer desafío azzurro de esta EURO 2012: "Los más fuertes suelen ganar los torneos, pero a veces ganan los mejores".

Ese "mejores" se refiere al conjunto que, en ese específico partido o en ese mes de fútbol, como en el caso de una Eurocopa, encuentra algo en las motivaciones, en el juego y en la suerte, que le permite ponerse al nivel del equipo supuestamente más fuerte y hasta superarlo.

Tenemos en los ojos todavía las imágenes de un enloquecido Drogba levantando la Champions League, en una temporada en la que su equipo, probablemente por primera vez en años, no se encontraba en el elenco de los más poderosos, pero supo ser sin dudas el cuadro mejor, por lo menos cuanto alcanzaba para coronarse campeón.

En ese contexto, desde el punto de vista técnico y táctico, no caben dudas de que España es el más fuerte seleccionado en absoluto, tanto en Europa como con toda probabilidad en el mundo. El hecho de jugar otra final más, siendo campeón defensor del globo y del continente, deja bien claro ese concepto sin dejar espacio a la más pequeña duda.

Hoy por hoy el conjunto ibérico de Del Bosque es el más sólido y eficaz y, gracias a su costumbre a los triunfos (con la herencia que se traen los jugadores también desde sus propios equipos de club), es uno de los pocos seleccionados, sino el único, que puede ganar un partido sólo con el peso de la camiseta.

Sin embargo, hasta ahora en esta Eurocopa no estuvo muy brillante y, como es natural que sea, la Roja se enfrentará en final justamente al equipo que hasta ahora mostró el fútbol más bello y que hasta ahora fue, en definitiva, el mejor: Italia.

Podría discutir por horas y analizar decenas de detalles, para sostener la teoría que la Nazionale mostró el mejor juego en Polonia y Ucrania y que es el conjunto que más mereció llegar tan lejos, desde ese punto de vista. Pero alcanza con contarles que el favoritismo de la Azzurra no es retórica periodística, sino que es la "vox populi" (la voz del pueblo).

En Donetsk, por primera vez en mi vida, vi una hinchada neutral silbar a un equipo porque lo aburría con su actitud amarrete. Eso le ocurrió dos veces a España, la primera ante Francia, con silbidos tímidos pero presentes, y la segunda ante Portugal: en esa ocasión, los hinchas se cansaron de silbarle en contra a los rojos, tanto que los aficionados españoles estuvieron menos calientes de lo acostumbrados, casi atemorizados por la actitud de todo el resto de la hinchada.

Lo curioso, es que las mismas personas que festejaron el triunfo de Casillas y compañeros tras la tanda de penales fueron las que se lamentaron a lo largo de los 120 minutos: eso quiere decir que la protestas no iban en contra de España que, en cambio, tiene una gran multitud de admiradores en todo el mundo, sino que de su juego, de su actitud y de esa posesión aburrida que sirve para defenderse y no para atacar (ahora la gente empieza a entenderlo).

Contrariamente, en Kiev pude asistir a un público apasionado por la Azzurra y, a pesar de que el 90% de las tribunas estaba compuesto por hinchada neutral, casi todos ucranianos, a menudo los muchachos de Prandelli se vieron alentados por gritos ensordecedores de "¡Italia Italia Italia!". La cosa, admito, me conmovió y me puso una grande alegría.

Lo que realmente no me esperaba era asistir a la misma escena en Varsovia, en la semifinal ante Alemania. Polonia es un país limítrofe al germánico y así hubo muchísimos hinchas "crucos" en el National Stadium. Al mismo tiempo, no hay que olvidarse que entre las líneas de Löw había dos polacos: Klose y Podolski.

Sin embargo, la hinchada participó vivamente y con pasión al triunfo de la Azzurra, alentando, cantando y quedándose un buen rato tras el final del match para seguir aplaudiendo y festejando. Algo que nos dice claramente el mayor logro de Prandelli y sus muchachos: el de haber sabido enamorar a la gente.

La "voz del pueblo" se oye fuerte y clara y dice a todo pulmón que su favorito para levantar el título es Italia. Lo dicen los coros en las canchas pero me lo dice también la gente por la calle y por todos lados. Todos desean la victoria azzurra.

Yo recién llego a Kiev tras un viaje de "apenas" 25 horas de tren (sí: ¡eso era sarcasmo!). Ese vagón, obviamente, fue un poco de todo para mí: un medio de transporte, una casa, una oficina y un bar de charlas. En efecto, en los paseos internos, en las pausas café y en las colas para el baño fue un constante hablar con personas de todo tipo y nación. Muchos polacos y polacas, hombres y mujeres de Ucrania y de Rusia, algunos sudamericanos y hasta un par de orientales (uno era japonés, pero el otro no me acuerdo).

Con todos pude canjear algunos minutos de conversación, por lo más en inglés, y todos ellos decían lo mismo: "¡Forza Italia!" Una expresión que aquí ya es de casa y que todos aprendieron. Una expresión que declara la previsión y sobre todo la voluntad del pueblo, es decir que la Azzurra sea campeona.

En una final puede pasar de todo y, como ya repetimos mil veces, el más fuerte puede perder contra el mejor o viceversa. Pero lo que conquistó Italia es ya un triunfo, de por sí mismo, porque prácticamente jugará "de local en tierra extranjera". Esa será su arma especial aquí en Kiev, es decir el amor de la gente.

Y ojo, porque el amor, se sabe, mueve montañas. Imagínense si no puede mover la aguja de la balanza en una final, de lo que en fin de cuentas es sólo un juego, llamado fútbol.

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Pesadillas

jueves, 28 de junio de 2012
28 jun
13:36
PM ET
por Federico Manfredo
España festejosGetty

PRAGA -- Les contaba en el blog pasado las dificultades logísticas de esta Euro, pero entre los ejemplos que narré no les conté de los aviones. Encontrar vuelos entre Polonia y Ucrania (pero también entre las varias ciudades del país del Este) estuvo complicadísimo, tanto por las disponibilidades aéreas como por los precios.

Al final, para alcanzar un justo equilibrio entre gastos y necesidades de calendario, me vi obligado a moverme en horarios terribles, quedando a menudo clavado por horas en aeropuertos. Estuve, por ejemplo, casi siete horas en Moscú simplemente para poder ir desde Donetsk a Kiev entre el cuarto de final número tres y el número cuatro. En este momento, para ir a Varsovia a ver la segunda semifinal, estoy en Praga, con una espera total de cinco horas y media.

Nada de grave, en fin de cuentas, considerando que supe darle gran utilidad a todo ese tiempo (¡que es vida, no money como dicen los ingleses!), aprovechándolo por ejemplo para leer o para escribir, como estoy haciendo justamente en este momento.

Lo malo fue que así terminé por perder mucho sueño. Hoy, en particular, es un día terrible desde ese punto de vista, debido a algunas tremendas pesadillas que no me dejaron dormir tranquilo en el primero de los dos vuelos que me llevarán a la capital polaca. No lo van a creer, pero el tema de mis pesadillas fue España.

Ninguno de ustedes puede saber que en el 2008 yo bancaba terriblemente a la Roja. No pueden saberlo simplemente porque aún no escribía aquí, para ESPNdeportes.com. En aquel entonces me la llevé a mi novia a Viena para ver la semifinal entre el seleccionado de Aragonés e Italia. A ella, claramente, no le importaba mucho del partido, pero estuvo muy contenta de viajar conmigo en esa maravillosa ciudad y, de paso, acompañarme en la que ella sabe que es mi mayor pasión.

Bueno, el tema es que para mi fue un grande honor que Italia le hiciera partido a esa España, que más allá de todas las furiosas críticas de la prensa española (que ya parece haberse olvidado de cómo le remaba en contra a su selección en esa Eurocopa), yo consideraba un equipazo y gran candidato para el triunfo.

Me dio mucho gusto que Casillas y compañeros hayan ganado ese trofeo. Me encanta el país ibérico y su gente, tan cercanos a los italianos en muchísimas cosas, y por eso compartí en pleno su alegría, que en parte fue también la mía.

Con la llegada de Del Bosque pensé que el equipo no podía que mejorar. Además, justo después de ese triunfo continental "nació" el gran Barcelona de Guardiola, lo que le dio aún más recursos a la Roja. En suma, dos presupuestos que prometían realmente grandes cosas para construir un conjunto legendario.

Sin dudas España, con sus tres finales consecutivas, entró con mérito en la historia de este deporte. Pero contrariamente a cuanto me esperaba, lo hizo con una filosofía que le da mayor importancia al resultado que al juego. La realidad es que si este equipo no hubiese ganado el mundial (por ejemplo si Paraguay no hubiese fallado ese penal sobre la hora), todo el Mundo hubiese admitido la grande desilusión española.

En cambio, los resultados justifican y hasta esconden la verdadera naturaleza del conjunto de Del Bosque, que está negativamente invirtiendo los principios fundamentales del fútbol y, en efecto, hace de la posesión del balón la mejor manera para no sufrir y no la mejor para atacar y dar espectáculo.

Alcanza con fijarse que España ganó en Sudáfrica con un récord negativo, el de un triunfo Mundial con la menor cantidad de goles anotados, apenas 8 en 7 partidos, por encima perdiendo en el debut. Todo eso manteniendo a cada partido un increíble porcentaje de posesión del balón.

En esta Eurocopa la situación no es tan diferente. El 4-0 disfraza un poco los números de este equipo, pero la realidad es que España es terriblemente estéril, pero no porque falla sus ocasiones sino porque no las crea. Su filosofía es cansar a los rivales con una infinita posesión que no sirve para producir, sino que es útil sólo para que el rival no tenga el balón y así no pueda producir tampoco él.

En ese contexto, con sus grandes campeones, antes o después algo sale. Pero todo se apoya en el concepto de que el equipo no va a sufrir gol y, antes o después, uno lo va a anotar. Los hechos están a la luz del sol y es imposible negarlos. La prueba más evidente de esto es que España se ve formada por la misma base de Barcelona, pero los blaugrana tienen una verticalidad impresionante, anotan muchísimos goles y juegan siempre al ataque, con muchas variedades, mandando los volantes al área y con un constante aporte de los marcadores de punta.

La selección, en cambio, no tiene nada que ver con ese equipo y tanta diferencia no es justificable con la sola ausencia de Messi, un fenómeno en lo suyo y un jugador capaz de decidir muchos partidos, pero incapaz de determinar la entera filosofía de un equipo (véase lo que le pasa a la selección argentina).

Bueno, con todo esto quería decirles que las pesadillas, en mi opinión, me llegaron por culpa del mal partido que vi en Donetsk y, tal vez, por la desilusión de que este equipo pase a la historia haciendo mucho menos de lo que podría. Una lástima y un terrible desperdicio.

No les voy a mentir: ojalá Italia o Argentina protagonizaran un ciclo como el de la Roja, jugando hasta peor si fuera necesario. Más allá de que podría más, yo siempre pensé que al final los triunfos justifican cada tipo de táctica y filosofía futbolera. Pero lo que no me banco es que se mienta, con profunda hipocresia, y que se diga que este equipo juega maravillosamente.

La España de Del Bosque no juega mejor de los seleccionados italianos que en la historia fueron tachados de practicar puro "catenaccio". El hecho que mantengan el balón no quiere decir que jueguen bien y que den espectáculo. Al revés, muchos creen (y yo entre ellos) que sea mucho más espectacular un partido duro, en el que un equipo se defiende en puro estilo "rugby", que uno en el que un equipo mantiene el balón por 70 minutos para pegarle apenas un par de vece al arco.

"A César lo que es de César y a Dios lo que es de Dios". A esta España le reconozco una increíble fuerza mental y una solidez increíbles. Pero si el equipo sigue así, voy a seguir pensando y escribiendo que el cuadro no juega un buen fútbol. Y si sigue llegando a finales con este fútbol, no tengo dudas de que voy a seguir teniendo pesadillas.

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Se acabó la fiesta

miércoles, 27 de junio de 2012
27 jun
13:14
PM ET
por Federico Manfredo
Euro 2012APLos fanáticos le aportan mucho color a la Eurocopa

DONETSK -- Con el pasado blog les conté el aspecto positivo del humor de esta Eurocopa. Claramente, el mérito es totalmente de la genialidad y de la pasión de los hinchas, que vivieron y viven esta competición como un carnaval.

Sin embargo, lamentablemente la fiesta ya prácticamente se acabó. Culpa del destino, puesto que se quedaron afuera los seleccionados con mayores seguidores: los dos anfitriones, Irlanda y Suecia. Pero sobre todo el demérito es de la organización, puesto que así como pasó para el Mundial 2010, la localidad determinó una complicación enorme para los hinchas. Especialmente por el lado de Ucrania.

Hay que considerar que el país de la ex Unión Soviética no hace parte del mercado común europeo, por lo que para entrar hay que pasar por el control de pasaportes y relativos, larguísimos controles y, además, para todos los que no tienen pasaporte europeo hace falta una visa específica para entrar aquí, además de la que hace falta para ingresar en el continente europeo.

Además, en esta nación no llegan los vuelos low-cost y la organización de aviones y trenes fue realmente insuficiente para un evento de semejante magnitud. Si a todo eso le agregamos los terribles precios de los hoteles (sobre todo aquí en Donetsk subieron a las estrellas, debido a la escasa cantidad), los transportes públicos ciudadanos (funcionan bien sólo en Kiev) y las enormes dificultades debidas a un idioma tan diferente a los occidentales, queda claro que llegar hasta aquí fue realmente complicado.

Todo eso se vio equilibrado por la pasión de los aficionados cuanto menos en la fase de grupos. Una fase en la que las localidades de los partidos y las fechas ya estaban decididas desde diciembre, por lo que todos pudieron ir prenotando y organizando sus viajes con largo anticipo.

Para la fase final, en cambio, en la cual un equipo podía no llegar o podía jugar en Polonia o en Ucrania, sin posibilidad de calcular nada de nada, todo se volvió casi imposible y, de esa manera, los hinchas se vieron prácticamente obligados a renunciar.

Claramente, las canchas están llenas de todas maneras. Pero el otro día, por ejemplo, en España-Francia, un 85% del público era neutral. Como decíamos algún día atrás, es muy lindo que todos participen, más allá de sus nacionalidades, y que sudamericanos u orientales puedan venir a hinchar por sus propios ídolos europeos. Sin embargo, ese aspecto debería ser un condimento a las grandes hinchadas y no la portada principal, en una cancha en la que se encuentran grandes dificultades para identificar a los hinchas de las selecciones que se enfrentan sobre el césped.

Yo pienso que no sea fácil elegir las sedes de eventos como éste y, al mismo tiempo, me doy cuenta de que todos los países tienen el derecho de organizarlo por lo menos una vez. Sin embargo, creo que la organización de una Euro debería significar una motivación para mejorarse y tener así más chances de ser seleccionados como anfitriones. En cambio, a menudo los países presentan proyectos desde una actualidad absolutamente insuficiente, con la promesa de llegar preparados a tiempo.

Eso ya no lo entiendo y, si me permiten, no lo admito. Hay tantos países que quisieran organizar una Eurocopa y que están a la altura de esa responsabilidad; no creo que sea justo entregarle semejante honor a un país que no trabajó previamente para ese objetivo.

Además, considero equivocado el hecho de haber hecho el Euro 2012 en dos países como Polonia y Ucrania. En el 2000 los organizadores fueron Holanda y Bélgica y en el 2008 Suiza y Austria: los cuatro son países muy chicos y se justificó así el hecho de compartirse el evento, porque para ellos tenía realmente sentido.

Ucrania, en cambio, por sí solo es uno de los países más grandes del Viejo Continente, con 600 mil y pico kilómetros cuadrados. Así, junto a Polonia las dimensiones llegan a más o menos 915 mil. Una barbaridad, que determina enormes distancias para cubrir, todo eso con la complicación de fronteras no libres y de una "inter-comunicación" entre los dos países absolutamente inadecuada. Para no hablar de las rutas, obsoletas, en condiciones lamentables y absolutamente peligrosas.

Por hacerles un ejemplo, cuando alquilé un auto en Cracovia para ir a Poznan, el día del partido de Italia contra Croacia, tuve que firmar no se cuantos documentos en los que aseguraba que no pasaría la frontera para ir en Ucrania. Otro ejemplo es el viaje que haré para ir a la final, desde Varsovia a Kiev: 25 oras de tren pasando por Cracovia. ¡Una locura!

Los que organizan todo esto deberían acordarse más de que se trata de un evento para los aficionados y que, por esa razón, es justo organizarlo de manera que la gente pueda llegar con facilidad y pueda encontrarse cómoda, para vivirse la experiencia a pleno.

Por suerte, la pasión no se puede parar y, de todas maneras, vivimos una primera fase con muchos hinchas y realmente divertida. Ahora les tengo fe a los alemanes, para la semifinal en Varsovia, puesto que Polonia para ellos queda muy cerquita. Si bien eso transformará a Alemania prácticamente en el equipo local contra Italia, por lo menos deberíamos gozar de un ambiente "lleno de onda".

Pero para el partido que veré aquí estoy seguro de que encontraré muy pocos españoles y portugueses. Lo que es una lástima, especialmente porque la hinchada verde y roja está realmente "copada". Por los españoles, lamento decirles que no me va a doler mucho: es que realmente encontré muy ofensivo e irrespetuoso eso de silbar los himnos nacionales de todos sus rivales. Pero de todas maneras, a pesar de mis impresiones personales, claramente no considero justo que no puedan seguir a su selección.

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Humor

lunes, 25 de junio de 2012
25 jun
08:56
AM ET
por Federico Manfredo

CRACOVIA -- Uno de los aspectos más divertidos del fútbol es el humor de las tribunas. Entre coros, pancartas, bailes y chistes, salen cosas que se vuelven absolutamente inolvidables y, con mérito, entran en la historia de una competición.

Por ahora, los episodios que más me causaron gracia fueron tres. Primero, en el partido de Italia vs. Croacia, apareció un italiano con un cartel bastante grande con el cual le decía a su mujer de no preocuparse, asegurándole de que en Poznan todas las chicas son feas. Mucho humor realmente, pero sobre todo enorme fantasía, porque la realidad no podría ser más diferente, como pude confirmar personalmente.

Evidentemente, un pancarta como ese es contraproducente y no hace que acusarlo a uno mismo: por eso no tengo duda que la idea era la de tomar por el pelo, con simpatía claro está, a una novia demasiado celosa, como hay muchas en Italia pero también en el resto del mundo. Personalmente, me encantó esa ironía, que en un sentido contó también entre líneas otro de los maravillosos aspectos de esta Eurocopa, es decir la "fauna" local.

Pero los que realmente se pasaron fueron los irlandeses y los griegos. Los primeros, en el partido contra Italia (ya estaban eliminados), tranquilizaron al Primer Ministro alemán Angela Merkel diciéndole que "ya mañana regresaremos al trabajo". Una respuesta fuerte, porque llega directamente desde el pueblo, a las críticas recibidas por la crisis de producción que se vive en la Isla Esmeralda por parte de toda la comunidad europea.

Los griegos, por su parte, estuvieron aún mejor: jugando contra los alemanes en el cuarto de final en Gdansk tuvieron la oportunidad de hablarles directamente y, cuando el partido se puso 4 a 1 para los teutones y ya de fútbol no había nada más que decir, se consolaron con el humor y empezaron a cantarles a sus rivales "We'll never pay you back" (nunca le devolveremos la plata), refiriéndose al préstamo que Grecia recibirá por parte de Europa para evitar la quiebra nacional.

A pesar de la terrible situación que ese coro nos indica, no pudimos más que reírnos por la fantasía y el sentido auto-irónico de los griegos, quienes de esa manera se sacaron una pequeña revancha y compensaron con simpatía la desilusión por la derrota sobre el césped.

Ojo, en Europa las cosas están muy duras y bromear sobre ciertos temas podría parecer poco serio. Pero yo creo en las palabras de Oscar Wilde, uno de mis autores favoritos en absoluto, quien decía que "la imaginación compensa a los hombres por lo que no pueden ser; el humor los consuela por lo que son."

Así, ¿como criticarlos a los hinchas balcánicos o a los gaélicos? Simplemente los dos pueblos desdramatizaron una situación muy dura con fantasía y humor, cumpliendo también una labor social importante porque, de una manera o de otra, dieron voz a dos enteros pueblos que poca culpa tienen de los yerros de sus gobiernos, actuales o pasados.

Éstas situaciones, se sabe, a menudo son más grandes que la gente, que simplemente no puede hacer nada más que aceptar los sacrificios que cumple todos los días. Con humor, se "consolaron por lo que son", en el sentido del momento por el que pasan.

Ya que estamos, me gustaría subrayar la importancia que se les dio a los aficionados en esta Eurocopa, con las cámaras que a cada rato buscaban y mostraban en las pantallas gigantes a los hinchas más curiosos o a las fans más bonitas.

Me pareció una excelente iniciativa, que sirve también para recordarnos que sin ellos, los hinchas, no habría ni Eurocopa, ni selecciones, ni fútbol ni nada de todo esto. En definitiva, todo este tema es simplemente un espectáculo y, en cuanto tal, tiene sentido sólo si hay espectadores.

Así que, mis felicitaciones van a todos los hinchas, que a pesar del trabajo, de la crisis, de la lejanía y de las muchas dificultades, no faltaron tampoco esta vez y aquí estuvieron, si bien con números bastante limitados, para alentar a sus selecciones y divertirnos con su simpatía.

Al mismo tiempo, me pareció muy raro que se le diera toda esa atención a la gente cuando, en realidad, organizando aquí la Eurocopa se crearon muchas dificultades difíciles de superar.

Cada uno tiene derecho de candidatearse para organizar un evento como este, pero con la crisis actual, puesto que la sede de la EURO2012 estaba decidida hace rato, por lo menos deberían haber "ayudado" más a la gente, controlando los precios, organizando viajes "low cost" y poniendo a disposición servicios y medios para que los hinchas pudieran llegar numerosos. Ahora ya es tarde para remediar, pero esperemos que la UEFA (y también la FIFA) sepan sacar provecho de esta lección.

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Czestochowa

viernes, 22 de junio de 2012
22 jun
15:29
PM ET
por Federico Manfredo

CRACOVIA -- Entre el 20 y el 21 aproveché del primer día sin partidos desde que empezó la Eurocopa para hacer un poco de turismo y, así, me fui a visitar un lugar muy especial.

La zona de Cracovia es rica de atracciones turísticas, pero a unos cien y pico kilómetros hacia el noroeste se encuentra una ciudad que realmente no puede no visitarse pasando por este país. Se trata de Czstochowa.

Ya sé que ese nombre está muy complicado para leer: ¡es que el polaco es tan difícil! De todas maneras, en español la pronuncia justa debería ser Chenstojova.

Lo especial de ese lugar es el santuario que hospeda a la Virgen Negra: un cuadro pintado en madera que, narra la leyenda, fue hecho por el mismo San Lucas en persona. Siempre el mito nos cuenta que esta obra de arte dio vueltas por Jerusalén, Constantinopla y Rusia hasta llegar ahí, en Polonia, en el 1380, traída por un príncipe.

Dicen que el ícono es milagroso y, en mi opinión, algo de especial lo tiene sin dudas, tanto que lo nada menos que Juan Pablo II fue uno de sus más grandes devotos. Por esa razón la faja por la que pasaron las balas que hirieron al Papa, en el atentado del 13 de mayo 1981, está guardada a lado de la Virgen Negra, aún manchada de su sangre.

Todos los años millones de peregrinos, especialmente polacos pero no sólo, visitan ese importantísimo sitio de culto y algunos de ellos cumplen marchas de semanas en signo de fe y devoción.

Yo, visitando ese lugar, me emocioné de verdad. Sentí muchísimo toda la fe, la energía positiva y la alegría que habitan en ese lugar, que por encima lo encontré lleno de niñas y niños que festejaban ahí su primera comunión (es tradición festejar ahí ese evento, aunque la ceremonia se haya hecho en algún otro lado).

Pero no fue sólo el aspecto puramente religioso lo que me impresionó. Lo que tocó las cuerdas más profundas de mi alma fue lo que nos hizo entender nuestra maravillosa guía, hermana Francisca (quien vivió 6 años en Merlo, Provincia de Buenos Aires): es decir que Czstochowa para los polacos no es sólo un lugar de culto, sino que es la casa de todos ellos.

Pasaron tantas cosas ahí que fueron y son fundamentales para el pueblo polaco y, realmente, ese lugar es un hogar para ellos. Todos en Polonia se sienten atados a esa "Madonna", de una manera o de otra. Imagínense que en los tiempos pasados la Virgen Negra fue nombrada nada menos que reina de Polonia y madre de todo el pueblo, debido a su profundo impacto en la gente y a sus milagros.

Podría contarles mil detalles, tanto de sensaciones propias cuanto de historia verdadera. Además, ese sitio tiene un también un alto valor artístico, con un basílica en una de las mejores representaciones (en mi opinión) del estilo barroco.

Pero pueden encontrar tales datos en los libros o en internet o, mejor aún, viajando y conociendo el lugar en persona. Las sensaciones mías no se las puedo contar, por lo menos no todas. ¡Sin dudas los aburriría!

Pero si les puedo decir que a mi y a mis compañeros de viaje, un grupo de portugueses de 70 años, nos produjo la misma sensación de felicidad, participación, comunidad, unión, respeto y humildad.

Quería escribir antes el blog de esta visita, pero no sabía bien qué contarles exactamente. Sin embargo ayer, estando en las tribunas del National Stadium para ver el primer cuarto de final de esta EURO2012, aún con aquella dulce sensación en el corazón que me había dejado esa visita, me di cuenta de que muchísimos hinchas de Portugal en la cancha no eran portugueses.

Me concentré en particular en un grupo de orientales con las caras pintadas con los colores rojo y verde, algunos con vistosos "CR7" en sus mejillas. Y realmente en ese momento me di cuenta de que las sensaciones que viví en Czstochowa son las mismas que buscan muchísimas personas en eventos como este. Muchos viajaron hasta aquí para sentirse parte de algo, para participar y compartir emociones, en el respeto y en la humildad de festejar por los logros de alguna otra persona, que de manera paradójica logran (y logramos) sentir nuestros.

Me di cuenta también del importantísimo valor económico, mediático y cultural que puede llegar a adquirir un simple juego, como es el fútbol. De no ser por la Eurocopa, quizás nunca hubiese visitado Polonia y así nunca habría visto a la Virgen Negra, ni conocido a la deliciosa hermana Francisca (que haya vivido en Buenos Aires justo en los años en los que yo nací ahí me pareció más una señal, que una coincidencia).

Es eso lo que quería decirles contándoles de Czstochowa (a parte del gusto de indicarles un lugar que realmente todos deberíamos visitar). Quería decirles que todo esto podría parecer sólo un montón de tiempo y de dinero perdido, nomás para jugar 31 partidos de fútbol. Pero un EURO, como un Mundial o los juegos Olímpicos, pueden ser mucho más que eso. Por lo menos para mi, pero creo también para casi todos acá, así fue: todo esto es mucho más que fútbol.

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Optimismo

martes, 19 de junio de 2012
19 jun
11:27
AM ET
por Federico Manfredo
Italia EFE

CRACOVIA -- Me parece justo contarles que, mientras escribo estas líneas, estoy devorando ávidamente la hamburguesa más rica que haya comido en mi vida.

Encontré este lugar en Cracovia, el Moaburger, justo detrás de la plaza del mercado central, en donde hacen hamburguesas simplemente deliciosas. Siempre una buena comida me pone de buen humor, pero esta vez no hacía falta, porque ya Italia se ocupó de levantarme de ánimo: gracias a la Azzurra estoy muy contento.

Las premisas no eran muy buenas: la "sombra del biscocho", la posibilidad de que Italia se dejara traicionar por los nervios y no superara a Irlanda y la perspectiva de un viaje realmente largo y duro (toda la noche, en un incómodo asiento de un tren, para regresar a tiempo para la conferencia de prensa de hoy) me tenían inquieto, con el temor de que el encuentro en Poznan fuese el último desafío italiano en esta Euro.

Pero España cumplió con su parte (y hasta si se quedaba con 0-0, Italia hubiese clasificado primera) y Buffón y compañía, gracias a su 2-0 contra el conjunto de Trapattoni, pasaron a cuartos de final.

Esta vez estar en la cancha no tuvo sólo el aspecto positivo de poder entender mejor el partido, sino que tuvo también estuvo presente la consecuencia negativa de ponerme aún más nervioso. Especialmente porque en Stadion Miejski no hay ningún tipo de separación entre la tribuna de prensa y las tribunas normales, por lo que me tocó ver el match con dos mil irlandeses arriba de la cabeza. Buenísimo, porque son hinchas extraordinarios, pero al mismo tiempo, como yo le voy a Italia, tenerlos ahí a mis adversarios me puso muy nervioso.

Para aumentar mi ansiedad contribuyeron dos detalles de pésimo gusto por parte de la UEFA: primero, durante la tarde, probando las pantallas gigantes, pasaron una imagen del resultado del partido entre Croacia y España, marcando un 2-2 final. Segundo, porque en el entretiempo en Poznan pasaron temas de la famosa banda U2, que yo adoro pero que no quería escuchar cuando la Azzurra se juegaba el pase del turno justo contra Irlanda.

A todo eso también hubo que sumarle el mal comienzo del equipo de Prandelli, que en la primera media hora estuvo muy asustado y confundido y jugó de manera horrible.

Pero Italia, con el pasar de los minutos, empezó a poner garra y corazón y a pesar de que el match estaba más complicado de lo que yo me había imaginado, la actitud positiva y de lucha de los italianos me inspiró confianza.

Como les decía la otra vez, más que lindo juego yo quiero ver actitud ganadora y de sacrificio en mi selección. Esta vez vi todo eso.

El triunfo y el pase del turno aumentaron obviamente esa buena sensación; así, el largo viaje en tren no me pesó demasiado. La poca dosis de "estrés" que había acumulado por las dificultades del regreso a Cracovia, terminaron todas por disolverse como la nieve al sol cuando lo escuché a Prandelli en conferencia de prensa.

A parte las nada menos que 12 preguntas que le hicieron sobre Balotelli (si, fueron 12 en una hora. ¡Increíble!), habló también de cosas muy interesantes y durante los casi 60 minutos en los que respondió a nuestras preguntas infundió mucho optimismo.

Habló de una evaluación positiva de su equipo, de que con cinco días ahora para preparar el próximo desafío está convencido de que la Nazionale llegará muy preparada al cuarto de final en Kiev. Nos contó de las decisiones de los esquemas adoptados en estos días, de las dificultades del desafío ante Irlanda y de muchas otras cosas.

Ya podrán leerlo en nuestras páginas de ESPNdeportes.com, claramente. Por estas líneas les contaré solamente que lo vi muy contento, sereno y convencido de que su equipo se la va a jugar de cara a cara con cualquier otro seleccionado de este europeo, así como ya ocurrió contra España.

Yo realmente le creo y tengo fe. En él y en el equipo, a pesar de la baja de Chiellini. Así, totalmente tranquilo y lleno de confianza, finalmente, pude venirme al centro y comerme esta deliciosa hamburguesa (admito: ya estoy mordiendo la segunda), para poner finalmente algo debajo de los dientes luego de casi un día sin comer. Es que no había tenido el tiempo entre una cosa y la otra.

Veremos como trabajará el equipo en éstos días. Pero estoy convencido de que ahora no será Italia la que se preocupará por su rival en cuartos. Creo que Francia, Inglaterra y Ucrania están maldiciendo su suerte, porque pasar el turno esta noche significará encontrarse contra los españoles y los italianos en los próximos días.

Nadie quiere jugar contra la Roja, pero tampoco nadie quiere cruzarse con la Azzurra. Para mi eso ya es suficiente: ahora, nuevamente, todos temen y respetan a Italia. Y así que debe ser. Siempre.

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Otro día de lluvia

domingo, 17 de junio de 2012
17 jun
09:57
AM ET
por Federico Manfredo
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Euro 2012: Croacia le empató a Italia y lo complicó

VARSOVIA -- Hasta ahora me había movido siempre con los trenes por Polonia. Debo decir que, si bien son algo viejos, lentos y hacen muchas paradas, son cómodos y sin dudas eficientes, siempre en horario y también bastante económicos.

Pero como este jueves tuve que viajar desde Cracovia hasta Poznan y este viernes tengo un avión desde Varsovia para Kiev, me era imposible organizarme con los trenes. Así, decidí alquilar un auto.

En Polonia no hay verdaderas autopistas o, más bien, son tales sólo en algunas secciones, mientras que por muchos kilómetros son calles grandes y veloces pero con cruces, semáforos y repetidos límites de velocidad bastante bajos.

Si a eso le ponen una cantidad infinita de peajes y que, por el tercer día consecutivo, llovió mucho, podrán entender porque llegué justo a tiempo para ver el partido.

Entrar a la cancha también fue un problema. Policias y personal UEFA estaban todos tan preocupados por los hinchas croatas, que no pensaron en dejar pasajes libres para ir hacia la tribuna italiana o hacia el acceso de la zona de prensa, de manera que tuve que yo, como muchísimos hinchas italianos desesperados, tuve que dar mil vueltas a la cancha para lograr acceder. Todo, regularmente, bajo una molesta llovizna y un cielo gris.

Mi humor, podrán imaginar, no era de los mejores. Pero el primer tiempo de Italia me había devuelto la sonrisa. Los colegas a mis costados hablaban idiomas incomprensibles (más tarde supe que se trataba de daneses y de checos), pero en el entretiempo pudimos intercambiarnos algunas impresiones en inglés y lo que más me dijeron fue la palabra "felicitaciones".

Así, el segundo tiempo fue realmente un plato amargo. Pero de los peores. No de los que llegan al final de un día terrible y que todos se esperan. No de esos a los que uno se puede preparar con anticipo. Uno de esos que te arruinan un almuerzo exquisito. De los que, en un segundo, nos bajan de las estrellas y nos tiran en los establos, como se dice en Italia.

En realidad, aparte la creciente ansiedad y las uñas que se acababan, la prisa por irme a mirar el partido de España, los apuntes que iba tomando, las primeras consideraciones escritas y todo el resto del rollo del trabajo me habían dejado como en una especie de limbo: sabía que Italia había recién tirado una ocasión increíble y un partido dominado, pero al mismo tiempo no me daba del todo cuenta de la situación.

Pero esa "inconciencia" duró pocos minutos. No tuve el tiempo de llegar a la sala de prensa, que un queridísimo colega italiano me dice "le regalamos un punto a un equipo de Serie B. ¡Pero que digo! Estos ni de la B son. No jugaron a nada y se llevan un punto. Somos los más bobos de Europa."

Sus palabras me iluminaron y me di cuenta de lo que logró hacer Italia. La Azzurra le hizo pasar un papelón terrible a un gran conjunto europeo como Croacia, que ocupa el séptimo lugar en la clasificación UEFA de los seleccionados, haciéndolo lucir como un equipo de la B. Realmente mi colega, en ese sentido, tenía razón. No que los balcánicos sean realmente un equipo chico, al revés. Pero la Nazionale jugó tan bien que los croatas dejaron esa impresión.

Al mismo tiempo, los muchachos de Prandelli se ridiculizaron a sí mismos, porque no se puede anular de semejante manera a un adversario tan poderoso y de prestigio para luego regalarle un empate que, por encima, pone en discusión el pase del turno y el entero trabajo de los últimos años.

Todo depende, en mi opinión, de lo que está a la base del equipo. El tiburón es una máquina de cazar, pero en el agua. Lo mismo la tigre en la tierra firme. Si uno de ellos dos intentara ser un gran cazador afuera de su hábitat, no lograría hacerlo. Esa es una paradoja, claro, pero a Italia más o menos le está pasando la misma cosa, puesto que está afuera de su hábitat.

El ambiente natural para la Nazionale es el de la garra, el del corazón. Todas las selecciones del mundo le tienen miedo a la Azzurra, pero ninguna porque juegue bien a fútbol. Todos la temen por su carácter.

Así, la idea de jugar un fútbol bonito me encanta, pero eso debe ser un condimento al juego italiano. Si se vuelve la palabra de orden y el precepto número uno, pasa lo que pasó ante España y Croacia: juegan bien, pasan en ventaja, pero se quedan con un puñado de arena en las manos.

La salida desde el estadio fue más fácil de la entrada a la cancha. El tiempo de comerme una hamburguesa con unos polacos (la mitad de los hinchas eran polacos, tanto que a menudo se cantaban coros para Polonia en la cancha, que nada tenía que ver con el match o con el Grupo C) y me subí al auto en dirección de Varsovia.

Unos 100 kilómetos más tarde estaba mi hotel, en donde pude ver el desafío de España. Acá encontré algunos italianos, pero el humor de ellos era hasta peor que el mío y, a parte un par de saludos, no quisieron hablar mucho. El italiano no sabe perder, realmente. Debe ser por eso que es tan bueno con los triunfos.

Esta mañana ya es otro día y estoy más contento. Como primera cosa, en Kiev veré un partido muy interesante, Suecia vs. Inglaterra. Pero especialmente hoy salió por fin el sol, que no veía desde que salí de Italia hace casi dos semanas atrás. Ayer fue un día amargo. Un día gris. Un día de lluvia.

Hoy empiezo de toda otra manera y espero que mi viaje a Kiev sea de buen auspicio, para verla a Italia en esa misma ciudad, el primero de julio. Yo aún tengo esperanzas y cómo dijo el mismo Buffón no le tengo miedo a los "biscochos". Al revés, ahora para desayuno me voy a comer un par.

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Kiev

domingo, 17 de junio de 2012
17 jun
09:55
AM ET
por Federico Manfredo
Zlatan IbrahimovicEFE

KIEV -- Llegué en Kiev y por primera vez en mi vida pisé suelo ucraniano. Tengo que decirles que esta ciudad me fascina.

No muchos saben que Kiev es la cuna de la cultura rusa: en efecto, fue aquí que nació la terminología "Rusia", cuando en el noveno siglo esta ciudad era la capital del estado Rus'de Kiev, que comprendía algunos territorios de las actuales Ucrania, Bielorrusia y Rusia. Me sorprendió saber que ni siquiera acá son muchos los que lo saben...

Toda su historia se puede ver en los monumentos que adornan la ciudad, pero especialmente se intuye en el desarrollo de la ciudad misma: en como crecieron los barrios alrededor del río, por ejemplo, considerando su importancia como puerto fluvial antes y durante el medioevo, especialmente, pero no solamente, o como fueron naciendo universidades en todos las zonas mejores.

Su semejanza a Moscú es impresionante, tanto en las amplias calles y en la arquitectura de tipo soviético cuanto, sobre todo, en la gente. Los ucranianos son totalmente diferentes de los polacos y adonde en Varsovia encontré limpieza, orden y demasiada tranquilidad aquí me choqué con el lío, los cigarrillos por el piso y mucha más "actitud" en las personas. En lo bueno y en lo malo.

Encontrar mi hotel fue una misión realmente complicada. Al final, descubrí que estaba adentro de una universidad y si no me hubiesen ayudado, nunca lo hubiese encontrado. Llegar a la cancha, en cambio, no fue un problema: los ucranianos, como los rusos (y por suerte estuve en Moscú), tienen la costumbre de cumplir con los autos privados la función de los taxis. No que sean taxis en el verdadero sentido de la palabra, pero suelen dar pasajes y la gente suele pagar algo por ello.

Parar a un total extraño por la calle y ofrecerle una cifra para que te acompañe en algún lado es una cosa rarísima; pienso que sólo acá y en Rusia puede pasar. Así, por un precio realmente regalado, encontré un muchacho de la facultad que me llevó hasta el estadio. Me sorprendió encontrarlo prácticamente en el centro de la ciudad. Es realmente hermoso y muy grande. Lamentablemente, hallar el acceso para la prensa fue aún más difícil que ubicar mi hotel. Pero al final, logré hacer también eso.

Ya sólo ver ésta ciudad y meterme en el clima de éste país valía la pena del viaje. Por suerte, también el partido entre Suecia e Inglaterra fue realmente entretenido. Sin dudas cayó muy bien esta tapa de mi "Euroexperiencia".

En la cancha me impresionó la gran cantidad de hinchas suecos, pero la verdad es que desde la mañana había entendido que iban a ser muchos, porque mi avión estaba colorado de azul y oro, así como el aeropuerto y las calles de la ciudad.

Me pareció muy raro, sin embargo, ver poquísimas remeras de Ibrahimovic. La mayor parte llevaban el nombre de algún grande campeón sueco de los viejos tiempos, como por ejemplo Larsson, Nilsson o Nordqvist, pero también actuales como Svensson. Sin embargo, si bien claramente vi alguna, no fueron muchas las de Zlatan.

En la cancha me vi todo el partido entre dos colegas suecos (¡uno me dio un gran abrazo cuando gritamos el gol del momentáneo 2-1!) y aproveché para pedirles el por qué de tan pocas remeras de Ibra. Me dijeron que debía ser una coincidencia, porque todos lo aman. Sin embargo, saliendo desde la cancha, para ir al centro de prensa, tuve que pasar por la misma salida de los hinchas suecos: eran miles, y les puedo asegurar que logré leer Ibrahimovic apenas tres veces.

De todas maneras, capítulo remera a parte, el match estuvo muy bueno, especialmente el segundo tiempo. Suecia pudo y mereció ganarlo, pero otra vez más demostró que no está a la altura de la Euro, en cuanto a carácter y costumbre del plantel a los grandes partidos. Una lástima, porque los azul y oro jugaron un buen fútbol.

Por el otro lado, si bien no me gusta para nada como juega -más bien como no juega- el conjunto de Hodgson, tengo que admitir que es positivo que los ingleses pasen el turno. El hecho es que, como subrayaba también en la nota de ayer por la noche, cuando los "hooligans" no se ponen violentos y se ocupan sólo de suportar al equipo, son realmente fantásticos y valen solos el precio del boleto.

Esta mañana estoy de viaje nuevamente hacia Cracovia, para seguir a la Azzurra, pero ya regresaré a Kiev y me gozaré esta ciudad con más calma. Porque realmente merece una atención especial. Ya les contaré cuando le dedique alguna hora al turismo. Por ahora, sigo con lo mío. Sigo con el fútbol.

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Sonríe un anfitrión

lunes, 11 de junio de 2012
11 jun
18:49
PM ET
por Federico Manfredo

GDANSK -- Antes de hablar de la cuarta fecha de esta Eurocopa, la que cerró el primer turno de los seis previstos en toda la competición, vale la pena dedicarle algunas líneas al desafío entre Croacia e Irlanda, del que no pudimos hablar anteriormente para darle prioridad a la información del enfrentamiento entre Italia y España.

Shevchenko
Getty ImagesEl delantero se retira tras la Eurocopa en su país

Tenemos que admitir que el seleccionado eslavo nos sorprendió en positivo, porque le ganó bien a un equipo, el de Trapattoni, que no jugó para nada mal y que, en efecto, más allá de la superioridad de su rival tuvo también una cierta dosis de mala suerte.

Modric realmente la rompió en ese desafío y gran parte del mérito, en eso, fue también del entrenador Slaven Bilic, quien decidió pararlo mucho más abajo de la zona en la que suele jugar: desde ahí, el jugador de Totenham marcó diferencia, tomando las riendas del juego para dirigir la que fue una verdadera orquestra sinfónica de fútbol.

Los dos cuadros le harán partido a Italia y España, especialmente, queda claro, Croacia. Esto hace el Grupo C mucho más complicado de lo que se podía prever al inicio y, ahora, el riesgo para los dos grandes equipos mediterráneos es el de quedarse afuera y protagonizar así un verdadero papelón.

Respecto a la zona D, se empezó en Khrakiv con el enfrentamiento entre Francia e Inglaterra, que acabó igualado por 1 a 1 con goles de Lescott y Nasri. El resultado no fue justo, porque los "galos" fueron más y merecían vencer el desafío.

El seleccionado británico, en particular, se vio bastante perdido y confundido, sin una idea de juego y con poca cohesión. Verlos así a los leones nos da de que pensar y, quizás, no eran tan equivocadas las voces que en Italia veían en el tema de Therry la excusa de Capello para irse, para no tener que poner la cara en una EURO que el entrenador italiano ya preveía infeliz para los ingleses.

En general, no fue un gran partido y se pasó de una fase en la el juego estuvo muy cerrado, a una en la que los equipos perdieron un poco la brújula y jugaron en 70 metros, algo bastante atípico para dos conjuntos tan tácticos como Inglaterra y Francia.

En favor de los Blues estuvo la evidente diferencia técnica: Riberí, Nasrí, Benzemá y todos los demás hombres de Blanc tienen material para darle clases a los muchachos de Hodgson en ese sentido y, en efecto, la movieron muy bien y por momentos hasta mostraron cosas preciosas.

Al final, sin embargo, les faltó precisión y eficacia a la hora de mandarla a guardar; mérito también de una defensa inglesa que no estuvo particularmente ordenada pero que jugó con garra y corazón: a dejarlo realmente todo sobre el césped.

El desafío de la noche fue el que se disputó en Kiev entre el segundo anfitrión Ucrania y Suecia. Fue un match agradable en el que, durante los primeros 45 minutos, ambos sumaron buenas ocasiones de gol.

Tanto Ucrania cuanto Suecia mostraron una buena habilidad en la circulación del balón. Los dos equipos azul y oro jugaron con mucha verticalidad, pero los locales casi siempre por el piso, subiendo con la ayuda de los delanteros, mientras que los nórdicos utilizaron a menudo el recurso del cambio de juego o del balón alto.

Se vieron muy activos Shevchenko e Ibrahimovic (ambos ídolos máximos de la hinchada de Milan, en Italia), pero los dos tuvieron momentos positivos, especialmente a la hora de asistir a sus compañeros, pero también negativos cuando desperdiciaron excelentes chances para abrir el marcador.

En el complemento, Zlatan empezó mejor, se acercó al arco y en siete minutos anotó el 1 a o, con una desviación a quemarropa. Parecía el inicio de la caída ucraniana, en cambio fue todo lo contrario. Suecia, por su parte, se equivocó en quedarse demasiado atrás y dejó de mostrarse con peligro, paradójicamente, por culpa de la defensa, que no subía más para acompañar las jugadas de ataque.

Ucrania, por su parte, sin más nada que perder salió con todo y gracias a esa errada actitud rival encontró espacio para las corridas de sus jugadores. Así, al décimo de la segunda etapa, tres minutos después de la ventaja externa, Voronin se metió muy bien con pelota dominada en la media cancha rival, abrió para la derecha y desde ahí llegó el centro para Shevchenko.

El capitán local, entre cinco rivales, aprovechó de la dormida general y anticipó muy bien a su directo marcador, para poner un cabezazo hermoso prácticamente es zambullida y mandarla a guardar a las espaldas de Isaksson.

En apenas siete minutos más, otro cabezazo de Shevchenko, esta vez en jugada de tiro de esquina (en la ocasión falló Lustig, quien debía cubrir el primer palo, pero el toque del ucraniano fue realmente fino y muy preciso, desde posición angulada y difícil de prever), dio vuelta el resultado y cargó toda la hinchada local, que empezó a bailar y a cantar con todo.

Suecia tuvo sus buenas ocasione para igualar el marcador, con todo y que Ibrahimovic regresó a jugar demasiado lejos del arco y así disminuyó de un buen 80% el potencial ofensivo de su equipo. De todas maneras, el mismo Zlatan rozó el 2 a 2 con un sablazo demasiado central y, luego, le sirvió una asistencia perfecta a Elmander, quien falló un gol prácticamente hecho.

Al final fue Shevchenko el que se quedó con la corona de mejor de la cancha y su equipo, así, se llevó los tres puntos, que le permiten ponerse en primera posición y mirar con confianza a los próximos dos enfrentamientos, con buenas posibilidades de pasar el turno.

Los dos cuadros aún pueden peleársela, pero claramente después de este partido Ucrania puede especular con los empates en las próximas citas y está muy cerca de los cuartos de final, mientras que Suecia se verá obligada a ganarle tanto a Inglaterra cuanto a Francia: una misión realmente complicada, si bien no imposible.

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El festejo de Totó

lunes, 11 de junio de 2012
11 jun
10:06
AM ET
por Federico Manfredo

GDANSK -- Voy a ser sincero y les voy a decir que me fui desde el PGE Arena de Gdansk enfadado. Ojo, no hay que equivocarse: no se trató de un enojo totalmente negativo.

Hay que pensar que salir malhumorado tras un empate ante España es una cosa buena, porque quiere decir que se jugó bien y que se podía más, lo que subraya la gran labor del equipo azzurro.

En ese sentido, en efecto, si bien me quedé mal porque en un momento pensé que Italia iba a ganar el partido, estuve sin dudas satisfecho por la performance de la Nazionale, que les jugó cara a cara y de igual a igual a los campeones defensores, no les tuvo miedo y fue ella la que tuvo la iniciativa del partido, en lo bueno y en lo malo.

El 1 a 1, al final, me dio también la satisfacción de la gran lección que se llevaron los hinchas españoles, quienes por todo el día se preguntaban "adonde estaban los italianos" (refiriéndose a la presencia en menor número de los hinchas azzurri), para aprender al final que los únicos italianos que realmente contaban eran los once que en la cancha les sacaron la sonrisa y, en un momento, les hicieron saborear el amargo sabor la derrota.

Pero ese enfado que me llevé tiene también una nota negativa y toda es culpa del festejo de Di Natale. No el del gol, claramente. Ese festejo me tuvo a mi en primera línea, tanto que en la tribuna de prensa deben haber pensado por un momento que se había infiltrado algún hincha totalmente enloquecido. En cambio se trataba de un colega...

Hablo del festejo del final, cuando el referí silbó tres veces para indicar que el partido había terminado. En ese momento, mientras preparaba mis cosas para irme a la sala de prensa, lo vi a Di Natale levantar las manos al cielo y festejar.

La cosa, sinceramente, me molestó mucho. Entiendo su alegría por haberle anotado a la España con la remera de Italia. Yo en su lugar no hubiese más estado en mi piel de la felicidad.

Lo que no entiendo es que se pueda festejar por un 1 a 1. No se trata de un empate a la última jornada de un campeonato que nos permite coronarnos campeones. Hablamos de una igualdad en el primer partido de una Eurocopa, que de una manera o de otra obliga a Italia a salir a ganar el próximo partido. Además, el partido, con un poco más de atención y determinación, se pudo haber ganado.

Lo que más me molesta es que se pueda llegar a considerar un empate contra España como una victoria. Claro, este 1 a 1 conformó más la Azzura que la Roja, por los momentos específicos y todo el contexto, pero Italia es una de las más exitosas selecciones de toda la historia del fútbol y no se puede permitir un festejo por un empate, ni siquiera contra los campeones del mundo en un momento de dificultad.

Yo soy muy estricto en esas cosas. Repito: lo entiendo a Di Natale, por su satisfacción personal, y no le hago una culpa de ese festejo. Sólo temo que sus manos al cielo no representen únicamente su agradecimiento por haber anotado y por no haber perdido, pero que en realidad nos indiquen que el plantel no tiene bien claro el peso y la importancia de la remera que viste.

No creo ser el único en verla de esta manera y, al revés, los 38 mil y pico hinchas que salieron junto a mi desde la cancha parecían pensarla todos como yo, porque no hubo ninguno que festejara por el empate. Ni entre los españoles, en fuerte mayoría en las tribunas, ni mucho menos entre los italianos. Hoy ya estoy de viaje hacia Krakow, en uno de los viejos y lentos pero "incansables" trenes polacos, gozando de los campos verdes y los bosques frondosos que adornan el paisaje más allá de la ventanilla.

En los días siguientes intentaré entender, a través de las conferencias de prensa y los entrenamientos, que podría significar exactamente ese festejo de Di Natale. Espero sólo que el equipo tenga conciencia de lo que representa y, sobre todo ahora, tras este buen partido, que haya reencontrado la fe en sí mismo para poder llegar hasta el fondo y darnos una satisfacción europea, que tanto se extraña en la península itálica.

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