Los primeros serán Magglio Ordóñez, Melvin Mora y Carlos Guillén.

Antes de 2016 no habrá nombres de venezolanos en la papeleta de votación del Salón de la Fama de Cooperstown.

La fiesta que hoy viven Pedro Martínez, Randy Johnson, John Smoltz y Craig Biggio seguirá siendo ajena a la tierra de Luis Aparicio, el único pelotero nacido en la nación suramericana con una placa en el templo de los inmortales.

Ordóñez, Mora y Guillén son elegibles para la votación cuyo resultado se conocerá en enero de 2017.

Es improbable que alguno se mantenga por mucho tiempo en la planilla, aunque Mora tiene un consuelo: ya es inmortal, luego de ser consagrado por los periodistas de Baltimore como integrante del Salón de la Fama de los Orioles.

Ordóñez tiene el caso más interesante. Se retiró con una buena línea ofensiva de .309/.369/.502, más un título de bateo, siete temporadas sobre 100 impulsadas y cuatro por arriba de los 30 jonrones.

Entonces, a finales de 2017, será el turno de Omar Vizquel, el favorito de muchos para acompañar a Aparicio en el museo ubicado en el bucólico pueblecito neoyorquino.

Vizquel será elegible en el proceso cuyo resultado se conocerá en enero de 2018. Es el shortstop con más juegos en la posición y con más dobleplays realizados, el que tiene más elevado porcentaje de fildeo y uno de los peloteros mejor ubicados en el escalafón histórico del WAR defensivo, de acuerdo con el cálculo de Baseball Reference.

También dio 2.877 hits, anotó 1.445 carreras, robó 404 almohadillas y recibió 1.028 bases por bolas.

El caraqueño tiene un caso interesante y promete mantenerse durante un buen tiempo entre los más votados. ¿Entrará?

Le tocará dura competencia. Además de los muchos rezagados, la mayoría vinculados con la Era de los Esteroides y por ello postergados, en la próxima papeleta aparecerán por primera vez Ken Griffey Jr., Trevor Hoffman y Billy Wagner.

En la siguiente entrarán Iván Rodríguez, Manny Ramírez, Vladimir Guerrero y Jorge Posada. Y finalmente, junto a Vizquel, aparecerán por primera vez Chipper Jones, Jim Thome, Scott Rolen, Andruw Jones, Johnny Damon y Jamie Moyer.

Si el ex torpedero no entra en su primera oportunidad, en la planilla inmediatamente posterior, esa cuya votación se conocerá en enero de 2019, aparecerán Mariano Rivera, Roy Halladay, Todd Helton, Andy Pettitte y Miguel Tejada.

Son muchos nombres de peso, la mayoría de los cuales tiene méritos para figurar en una placa de bronce. Serán importantes obstáculos a vencer, porque los votantes tendrán más favoritos entre quienes repartirse.

Si Vizquel tarda tres años sin recibir el anhelado 75 por ciento de los votos, y es perfectamente posible que así sea, tendrá la compañía de otro buen candidato venezolano a la inmortalidad: a finales de 2019, será elegible Bobby Abreu.

Ya habrá tiempo de debatir los méritos del Comedulce. Por ahora, el próximo verdadero aspirante de Venezuela es Vizquel.

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Puede que a algunos todavía no les guste el nuevo formato de competición. Puede que haya críticas porque en los últimos años han caído los equipos que brillaron en la fase eliminatoria. Todo eso es posible. Pero la Serie del Caribe nunca había sido tan exitosa como ahora, económicamente hablando, y eso es un aval para la Confederación del Caribe.

La entrada de Cuba añadió un desafío y algo de morbo. La pelota antillana es legendaria, incluso en estos tiempos difíciles para la isla.

La creación de un sistema de competencia lleno de emociones e injusticias agregó sorpresa y drama. Ya no basta con barrer invictos en la fase preliminar. Que lo digan los venezolanos Magallanes y Anzoátegui, y antes el Escogido de Dominicana. Ahora el triunfo puede ser de cualquiera que se meta en semifinal.

El público sigue respondiendo masivamente en países como México y Venezuela. Dominicana continúa aportando nivel competitivo. Puerto Rico ha vuelto a ser un contendor. Hay patrocinadores y mejor organización.

Pero la última Convención Anual de la Confederación deja asuntos para comentar, así sea en un breve repaso en blanco y negro.

¿Por qué diseñar un calendario con Venezuela jugando a primera hora, el día inaugural?

Todos en el Caribe saben que un hipotético séptimo juego en la final de la LVBP se disputará el 30 de enero. El representante suramericano deberá, de suceder así, definir un roster y viajar a Quisqueya todo el mismo día, 31 de enero, horas antes de comenzar el torneo.

Está bien, los organizadores tienen esa potestad y la votación mayoritaria en la asamblea debe respetarse. Sin embargo, es fácil entender a quienes dicen que aquello no está bien. Quizás exageren en la crítica quienes dicen que eso no es juego limpio, pero es innegable que cuando menos resulta una falta de cortesía lo que se decidió en Santo Domingo, existiendo un nuevo calendario que permite descansar a una novena por día.

El campeón venezolano debería ser, precisamente, el que tuviera libre el 1° de febrero, como gesto solidario de los socios que comparten este proyecto desde hace décadas. Déjenlos llegar con calma a la cita y vénzanlos luego en el terreno, en buena lid.

Los organizadores también decidieron retomar el viejo esquema de disputar los dos compromisos de cada día a las 4:00 pm y a las 8:00 pm.

Así ha sido desde que el Caribe tiene memoria y hay quien podrá alegar que el espectáculo ha sobrevivido. Pero hubo razones muy concretas para disputar el primer choque de la jornada más cerca del mediodía, probadas con éxito en las últimas ediciones.

A ese duelo entre divisas foráneas asiste muy, muy poca gente. Acaso quienes viajan con paquetes turísticos desde sus países y nadie más. Son 300 o 400 espectadores que igual asisten si el compromiso empieza a la 1:00 pm. Ya está comprobado. El gran público llega al anochecer, para el cotejo de fondo. Siempre ha sido así.

¿Que esto es un detalle cosmético? No tanto. Comenzar temprano permite que haya un lapso prudencial entre ambos topes. Significa que los elencos de la noche podrán mantener su rutina de las prácticas in situ, tomar roletazos, concentrarse mejor. No coincidirán en el campo los conjuntos que están terminando de jugar con los que están llegando para el próximo encuentro. No se abarrotarán los clubhouses, algo que disgusta a los propios peloteros.

Todo lo descrito contribuye con la profesionalización del espectáculo, con el buen ver de la competencia, con el bien de los jugadores. Son detalles que harán una mejor Serie del Caribe.

Dicen algunos altos ejecutivos de la región que el comisionado Juan Francisco Puello Herrera, muy reputado por su don de gente y su capacidad negociadora, tiene aval para seguir en el cargo otros 20 años, si así lo desea.

Puello ha probado estar dispuesto a los cambios, luego de décadas de inmovilidad regional. Y los cambios han funcionado. Aquí le dejamos estas líneas, pues, pensando en la edición de 2016.

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La vida de Marco Scutaro llegó al celuloide cuando apenas tenía 30 años de edad. Qué fama, ¿verdad?

No, en realidad. El pequeño bateador derecho, campocorto en sus orígenes y devenido camarero de excepcional seguridad, fue convertido en el sujeto de un documental precisamente por ser todo lo contrario: por su discreción.

Marco Scutaro
AP Images/Wilfredo LeeMarco Scutaro solo pudo jugar en cinco juegos en el 2014 por sus problemas de espalda. Y ya no pudo volver a juego.
Repentinamente famoso por ser alguien que, 11 años después de firmar para jugar profesionalmente, era el emblema del oscuro guerrero, del pelotero insistente y poco dotado, del jornalero. Candidato a utility en las mayores, en el mejor de los casos.

A player to be named later, se llamó la película. El jugador a ser nombrado después. Es el típico apunte que a menudo aparece en el hilo de transacciones, cuando un equipo de la MLB envía a un pelotero a otra divisa, sin que esté claro qué o quién recibirá a cambio.

Eso era Scutaro en 2005, cuando su carrera empezaba a dar un giro inesperado y feliz.

Aquellas temporadas en Oakland del yaracuyano cambiaron su imagen y su destino, luego de un largo período sin fruto en las menores de los Indios y dos campañas de subidas y bajadas con los New York Mets.

Los Atléticos de Oakland apostaron por él como jugador de la banca durante cuatro torneos, en los que jugó en la intermedia, la antesala, campocorto, jardín izquierdo, jardín derecho y eventualmente designado. Nunca tomó menos de 379 apariciones en el plato. Construyó su propia fama, literalmente.

Muy pocos vieron el documental que en cierto modo inmortalizó al venezolano. Pero muchos lo vieron en los playoffs con los californianos. Sobre todo la gerencia de los Azulejos de Toronto, que en 2008 puso fin a la carrera como suplente de Scutaro, convirtiéndole en su torpedero titular.

Eficiente con el guante. Bateador profesional, que esperaba su pitcheo en cada turno. De Toronto pasó a Boston, de Boston a Colorado y de allí a San Francisco. Demasiados saltos para alguien tan disciplinado, capaz de sobreponerse a sus límites y sacar lo mejor de sí.

Lo demostró con los Gigantes, a la edad en que supuestamente tenía que preparar su fondo de retiro.

Nunca dejó de ser titular, después de la experiencia canadiense. Pero en la bahía mostró más: resiliencia, esa resistencia al dolor que le hizo un favorito del cuerpo técnico, y una sangre fría para dominar los nervios, lo que le llevó a un Juego de Estrellas y le convirtió en el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de 2012, camino a la Serie Mundial.

Inolvidable aquella mirada en paz, casi extática, sonriendo mientras sostenía su premio bajo la lluvia de otoño, sabiendo que había metido a su equipo en el clásico de octubre, gracias a 14 hits en 28 turnos.

Aquella serena seguridad en sí mismo, forjada en años y años de luchar contra sus propios límites y los prejuicios de otros, fue la misma con que respondió a los periodistas tras ayudar decisivamente a que San Francisco completara su gran celebración en aquel torneo.

Las lesiones han querido que su carrera terminara antes de tiempo y la gerencia de San Francisco quiso agradecerle con un contrato simbólico, para que su adiós no sea como agente libre.

Se marcha "el pelotero a ser nombrado después". Se va antes de lo que quisiéramos verle despedirse, pero lo hace, eso sí, después de ganar fama, fortuna y respeto.
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La temporada 2015 de las Grandes Ligas cumplió dos meses de acción este viernes 5 de junio, buen momento para evaluar la huella de la expedición venezolana en el segundo mes de campaña.

Rodriguez
Rodríguez
Hernandez
Hernández
Félix Hernández retomó las cosas exactamente donde las había dejado en abril: dominando a los bateadores contrarios y sumando páginas a su propio libro de récords.

El derecho de Flor Amarillo se convirtió en el primer lanzador de su país con 2.000 ponches. Ya en abril había dejado atrás la marca de Johan Santana. Le faltaba esto.

El Rey llegó a la cifra antes de cumplir 30 años de nacido. Notable. Porque únicamente Bert Blyleven, Sam McDowell y Walter Johnson lo consiguieron a menor edad que él.

Hernández igualó y superó también los 132 juegos ganados de Carlos Zambrano, para pasar al tercer peldaño entre sus paisanos en el escalafón histórico, sólo por detrás de Freddy García y Santana.

A Santana, además, le arrebató el récord de 10 blanqueos para un connacional, al tirar su segunda lechada de 2015 y la undécima de su historial.

Yohan Pino también tuvo su momento de fama. Y duró más de 15 minutos. O 13.0 innings, para ser exactos.

El derecho permitió carreras el 11 de mayo por primera vez en la zafra. Tuvo tiempo de convertirse en el noveno monticulista venezolano que comienza un torneo con una seguidilla que supera los 10.0 episodios en blanco.

Curiosamente, Pino fue bajado a triple A por los Reales de Kansas City, al quebrarse la buena racha.

Andrus
Andrus
Cabrera
Cabrera
Asdrúbal Cabrera y Elvis Andrus superaron los 1.000 hits. Con ellos, subió a 28 la lista de toleteros nacidos en Venezuela con tal cantidad. Para Andrus, la cifra tuvo un mérito extra: sólo Miguel Cabrera lo consiguió a menor edad, al lograrlo el campocorto con 26 años y 272 días de nacido.

El propio Miguel Cabrera tuvo su apoteosis en mayo, como suele ocurrirle en cada mes. Primero alcanzó los 399 jonrones de Andrés Galarraga, líder de todos los tiempos entre sus compatriotas, y siguió de largo para llegar a los 400, también.

Como además alcanzó las 1.400 impulsadas, el inicialista igualó a las cinco leyendas que habían sumado 400 bambinazos y 1.400 remolques antes de cumplir 33 años de edad: nada menos que Alex Rodríguez, Albert Pujols, Jimmy Foxx, Hank Aaron y Mel Ott.

Hubo tiempo para curiosidades: el torpedero Dixon Machado se convirtió en el primer nativo del estado Táchira que ve acción en la gran carpa, al estrenarse con los Tigres de Detroit. Poco después, el jardinero Ramón Flores resultó el primer pelotero original del estado Barinas en jugar arriba, al debutar con los Yankees de Nueva York.

Wilmer Flores le disputó al dominicano Johnny Peralta el privilegio de ser el shortstop con más vuelacercas en las mayores. Y Williams Pérez tuvo uno de los peores estrenos de venezolano alguno, al encajar 4 carreras merecidas y sólo sacar un out, contrastante preludio con sus brillantes presentaciones a partir de allí.

Como Pérez, el pitcher novato Eduardo Rodríguez brilló como abridor. Aquel lo hizo con los Bravos de Atlanta, este con los Medias Rojas de Boston.

Rodríguez es el cuarto venezolano que se anota la victoria en sus primeros dos juegos en la MLB. Pero es mucho más que eso, en realidad. Es el primer pitcher en la historia que debuta con dos aperturas de 7.0 o más innings, 7 o más ponches, 3 o menos hits, 2 o menos boletos y una o menos carreras, de acuerdo con Elias Sports Bureau.

Esa es una forma brillante de empezar una carrera y de terminar el segundo mes de la temporada.

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Cabrera GalarragaAP Photo/LM Otero
Son dos grandes del beisbol latinoamericano.

Andrés Galarraga dio 399 jonrones en 19 temporadas y 8.916 apariciones en el plato.

Miguel Cabrera llegó a 399 en su duodécima campaña, tras 7.967 viajes al home.

Galarraga impulsó 1.425 carreras, la mayor cifra en la historia para un bateador venezolano.

Cabrera se puso este viernes en 1.397, muy cerca de adueñarse de esa marca también.

El Gran Gato fue el primer jugador de su país en ganar un título de bateo. Lo hizo en 1993, con Colorado, en la Liga Nacional.

El tigre mayor fue líder bate de la Liga Americana en 2011, 2012 y 2013, con Detroit.

Galarraga ganó los tres componentes de la Triple Corona en torneos distintos, pues también fue el máximo empujador del viejo circuito en 1996 y 1997, y el rey de los jonroneros en 1996.

Cabrera fue el primer triplecoronado de Venezuela en 2012, al dominar las tres categorías en la misma zafra. Y también dominó a los jonroneros en 2008 y a los productores en 2010.

El caraqueño logró topes personales de 150 impulsadas, 47 cuadrangulares y .370 de average.

El maracayero tiene marcas personales de 139 remolques, 44 vuelacercas y .348 puntos.

El mentor dijo adiós con una línea ofensiva de .288/.347/.499.

El heredero mantiene una línea de .320/.397/.564.

El ex inicialista de los Colorado Rockies jugó hasta los 43 años de edad. El primera base de los Tigres tiene 32 años de nacido.

A Galarraga no querían firmarlo a comienzos de los años 80, porque era visto como un gordito en plena adolescencia.

A Cabrera le dieron el bono más alto para un venezolano en su momento, 1,6 millones de dólares, por firmar en 1999 con los Marlins.

El primero ya tiene una estatuilla en el Salón de la Fama de Valencia. El segundo está labrando su placa en Cooperstown.
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VALENCIA -- Medio centenar de triunfos obtuvieron los Caribes entre la ronda eliminatoria y la semifinal. Cuatro victorias más les dieron su segundo título en los últimos cinco campeonatos. Nadie ganó más veces esta campaña en Venezuela que esta tribu de caciques. Nadie merece más la corona que el nuevo vencedor.

Anzoátegui mandó de punta a punta, salvo en muy pocos instantes en los que estuvo en el segundo lugar. Contó con una base firme de criollos, suficientes grandeligas y una sólida importación.

Pocas veces se cumple un plan de pretemporada como se cumplió esta vez con los orientales. Pocas cosas fallaron. La rotación fue estable, lo suficientemente adecuada como para permitir a la ofensiva y la defensa hacer lo suyo. El bullpen brilló.

Un manager debutante consiguió el título tras tomar las riendas de manos de uno de los pilotos más exitosos del país. Omar López, el sucesor de Alfredo Pedrique, festejó el 3 de enero sus 38 años de edad. Hoy celebra la obtención del cetro.

Magallanes intentó parar a este coloso con uno de los lineups más ofensivos que se recuerden en la LVBP. La tribu respondió añadiendo lo único que le faltaba para ser imbatible: más pitcheo. Bastaron cinco encuentros para demostrar que el tricampeonato era inalcanzable.

La última victoria, este miércoles, con pizarra de 8 carreras por 3, fue la prueba definitiva. Los turcos tuvieron dos veces la ventaja y dos veces la perdieron, incluso cuando pudieron usar a sus mejores bomberos, en el último tercio del encuentro.

"Empezamos a practicar el 15 de septiembre, con este objetivo", soltó Oscar Salazar, uno de los veteranos del equipo oriental. "Hoy lo hemos logrado. Estoy muy contento por eso".

Más de 5.000 personas siguieron las acciones a la distancia, desde Puerto La Cruz. Las puertas del estadio Alfonso Chico Carrasquel fueron abiertas para que la afición viera la transmisión del partido a través de la pantalla gigante, a 500 kilómetros de distancia y con la misma felicidad.

"Que se lo gocen humildemente", recomendó Niuman Romero, el capitán. "Esto es para ellos. Que nos esperen allá".

Anzoátegui planea ahora asistir con casi la misma nómina a su segunda Serie del Caribe. Tiene un nuevo objetivo: llevar su buena racha al clásico de la región.

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PUERTO LA CRUZ -- Magallanes llegó a la final del béisbol venezolano con la convicción de que su potente lineup sería suficiente para buscar el tricampeonato.

Anzoátegui llegó con la esperanza de adormecer esos maderos con un pitcheo superior.

Dos juegos después, los Caribes dominan la serie con dos victorias, porque han tenido mejores pitchers, sí, pero también mejores bateadores.

El duelo entre los dos equipos más sobresalientes de la LVBP se traslada este lunes a Valencia. No hay fechas libres, lo que obliga a administrar los brazos y el cansancio. Junior Guerra está anunciado por la tribu. Josh Lowey subirá a la lomita por la nave.

Los turcos necesitan con urgencia reaccionar. Su linaje de bicampeón está a prueba, ahora que dependen de Lowey, tirador de ligas independientes, y luego, probablemente, de David Martínez, que tiene más de dos semanas sin lanzar.

Si superan ambas pruebas, a pesar de Guerra y el dominicano César Valdez, deberán apelar al bullpen desde el primer inning en el hipotético quinto choque, ante la perspectiva de que Johan Santana no pueda regresar.

Los Navegantes tienen que sortear tales escollos, para ganar al menos dos veces y volver a Puerto La Cruz. No es fácil. Ninguno de sus abridores ha completado tres episodios y sólo han dado 14 hits en dos encuentros.

Tampoco es imposible. Esta divisa ha ganado dos coronas al hilo precisamente porque se ha levantado de grandes caídas. ¿Podrá hacerlo esta vez?

Los indígenas llegan a Valencia con 2.50 de efectividad colectiva, cinco jonrones y 14 carreras anotadas en 17 entradas. Es un panorama casi perfecto que responde a lo hecho anteriormente. Fueron líderes de la eliminatoria y de la semifinal, la novena con más cuadrangulares hasta ahora.

Reforzaron su staff con Guerra, el mayor ponchador de la eliminatoria, y Aceves, el grandeliga mexicano, que suma ya dos relevos en blanco.

Lowey está obligado a ejercer como muro de contención. Una tercera salida en falso y Anzoátegui comenzará a preparar la fiesta. Magallanes espera recuperar el ímpetu en casa. La tribu tiene el pitcheo y el bateo para evitarlo.

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Puede que Magallanes tuviera la convicción de que no había forma de recomponer su cuerpo de lanzadores a través del draft.

AlexeiAmarista
Getty ImagesAlexei Amarista pegó jonrón decisivo de dos carreras para los Caribes de Anzoátegui.
O tal vez consideraron imperdible la posibilidad de adquirir a quienes fueron los dos mejores bates disponibles de la semifinal.

Puede ser cualquiera de esas cosas, o incluso algo diferente. Pero el equipo que busca el tricampeonato en el béisbol venezolano ha comenzado repentinamente con la espalda contra la pared en la final. Y eso puede costarle la corona, contra un pitcheo como el de los Caribes.

Los Navegantes perdieron a David Martínez a mediados de enero, vieron cómo Johan Santana quedaba limitado por molestias físicas y tuvieron que salir de Anthony Lerew, debido a que una enfermedad le dejó sin 15 kilos de peso y sin dominio ante los bates rivales.

Con tres abridores menos, hoy la nave busca alternativas, mientras espera revertir su suerte en el segundo duelo de la final.

Quizás si hubiera elegido en el draft a Freddy García, a Alfredo Aceves o a Mike Antonini, el panorama no sería tan oscuro. Pero optaron por agregar los mejores bates.

La mitad de los hits magallaneros salieron este sábado de los bates de Josmil Pinto y Yangervis Solarte. ¡Qué ironía!. No fue suficiente, porque con apenas cuatro hits imparables a menudo es imposible dominar un encuentro.

La formidable actuación de Daryl Thompson encaminó la victoria de Anzoátegui, con 7.1 innings en blanco. El jonrón de dos carreras que conectó Alexi Amarista sentenció las cosas.

Tal vez sea cierto que no había pitcheo disponible en el draft. O tal vez sea un error de cálculo de la gerencia turca. El caso es que la tribu se puso al frente en la serie y ahora a los bucaneros les tocará rebelarse, después de caer 6 por 0 en el primer juego de la final.
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La cara de felicidad de Carlos Pérez, pisando las almohadillas. El chapuzón amarillo en que fue sumido, en medio de la desquiciada celebración de los Angelinos de Los Ángeles. El aplauso frenético del público en Anaheim.

Altuve
Altuve
Esta semana, exactamente el 5 de mayo, se cumplió el primer mes de temporada en las Grandes Ligas. Y en esa noche californiana, el novato de los querubines hizo feliz a miles de aficionados en su tierra natal.

Pérez puso su nombre en el libro de récords. Sólo cuatro peloteros en la historia de las mayores han logrado estrenarse con un jonrón que dejó en el terreno a sus rivales.

Uno de ese cuarteto es compatriota del recluta: Miguel Cabrera. Y ha sido al ritmo de Cabrera, de José Altuve y de Félix Hernández, cómo ha bailado la expedición suramericana en el primer mes de acción.

Hernández superó los 1.988 ponches de Johan Santana, para apoderarse del trono en Venezuela. Quedó apenas a 5 de convertirse también en el primer lanzador de su tierra sobre los dos millares.

El Rey, en el encuentro anterior a ese, dejó atrás los 2.093 innings lanzados por Jamie Moyer, alzándose como el número uno de todos los tiempos en la franquicia de los Marineros de Seattle.

Cabrera
Cabrera
La participación de Hernández en el inicio de este torneo ya auguraba eso y muchas otras cosas. Después de todo, hizo su octava apertura inaugural y la séptima consecutiva, cifras que son registros máximos tanto en Venezuela como en Seattle.

Su primer blanqueo de la justa también le permitió implantar otro hito: el de más lechadas entre sus compatriotas, 10, igualado con Santana.

Altuve hilvanó una seguidilla de 9 juegos multihits, lo que le dio dos marcas: quebró la de Andrés Galarraga y Magglio Ordóñez para venezolanos, que estaba en 8, e igualó la de Jesus Alou y Billy Hatcher para peloteros de los Astros de Houston.

Cabrera recibió un premio al Jugador de la Semana en la Liga Americana y Altuve otro. Para el inicialista de Tigres de Detroit, fue el número 13 en su carrera, tope entre sus paisanos. Para el camarero de Houston, fue el primero.

El jonronero de los Tigres también superó a Joe Carter en la lista de todos los tiempos, con 396, y quedó únicamente a 3 de empatar a Galarraga con la máxima cantidad de tablazos de vuelta completa para los de su país.

Hernández
Hernández
Pero hubo más récords, curiosidades y hazañas entre los herederos de Luis Aparicio.

Francisco Rodríguez llegó a 350 salvados y se convirtió en el pitcher más joven en la historia con esa cifra, adelantándose a Trevor Hoffman por un año.

Rafael Betancourt, otro relevista, cumplió años el 29 de abril y lanzó el 6 de mayo. Le tomó casi una semana de espera para poder convertirse en el primer pitcher venezolano en la gran carpa que consigue lanzar después de soplar las 40 velitas.

Y Melvin Mora fue elegido en Baltimore para formar parte del Salón de la Fama de los Orioles.

Así transcurrió el primer mes de acción en la expedición venezolana en las Grandes Ligas, con un epílogo de fuegos artificiales que encendieron de colores la noche en Anaheim, mientras Pérez recorría las bases.

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Melvin Mora
AP Photo/Lynne SladkyMelvin Mora será inmortalizado por la organización de los Orioles de Baltimore
John Carrillo, gerente general del Magallanes a comienzos de la década de los 90, no olvida el día en que Melvin Mora entró a su oficina para firmar su primer contrato con los turcos.

"Melvin fue el último", relata este analista del beisbol venezolano, que desarrolló una corta carrera como ejecutivo, pues también estuvo al frente de los Caribes.

Richard Hidalgo y varios otros prospectos jóvenes, muy jóvenes, pasaron por el despacho de Carrillo y estamparon sus rúbricas.

Cuando la jornada estaba por terminar, tocó el turno de Mora.

"Deme el bono que usted quiera", cuenta Carrillo que le soltó el yaracuyano, con gran seguridad. "Deme lo que quiera por firmar, porque yo voy a ser mejor que todos esos que acaban de pasar por aquí".

Ronnie Blanco, otro ex gerente de los Navegantes, director de operaciones de los Rays de Tampa Bay en Venezuela actualmente, ríe al escuchar la anécdota. Para él, resulta el retrato perfecto de un pelotero que parecía quedarse en el camino, pero que terminó triunfando gracias a su enorme empeño y confianza en sí mismo.

Mora fue seleccionado esta semana como nuevo integrante del Salón de la Fama de los Orioles de Baltimore. Sus dos selecciones al Juego de Estrellas, el Bate de Plata que consiguió en 2004 y la reputación de jugador combativo le ganaron la inmortalidad.

Es el quinto venezolano que resulta elegido para un pabellón de la gran carpa, emulando a Luis Aparicio (Medias Blancas de Chicago y Baltimore), David Concepción (Rojos de Cincinnati), Andrés Galarraga (Rockies de Colorado) y Omar Vizquel (Indios de Cleveland).

Aquel Mora de los inicios estaba muy lejos de ser este de ahora, cuyo nombre y rostro quedarán para siempre en Candem Yards.

"Se me abrieron los ojos con Hidalgo, con sus cinco herramientas", rememora Carrillo, regresando al momento de la firma. "Estaban Oscar Henríquez, Alejandro Freire y muchos más. Recuerdo haberle dicho a Andrés Reiner, viendo a Melvin: 'Pero es muy pequeño'. Y Andrés me respondió: 'Tiene grandes condiciones. Y tiene un corazón enorme. No te preocupes'. Y así lo demostró".

Reiner fue el creador de la primera academia de Grandes Ligas en Venezuela, la de los Astros de Houston. De allí salieron Hidalgo, Bob Abreu, Johan Santana, Freddy García, Carlos Guillén y muchos otros.

El ex asistente del gerente general de los Astros y los Rays está hoy en el retiro. Pero recuerda muy bien a su pupilo.

El retrato que hace Reiner es elocuente, conmovedor: "Nunca mencionan a Melvin como lo que realmente es: un ser humano muy especial, que debería ser mostrado a los jóvenes de hoy como un ejemplo de esfuerzo para llegar desde la pobreza a la cima, que es obtenible si se lucha y se trabaja sana y honradamente".

Mora en verdad luchó para llegar. Fue agente libre de seis años, sin llegar a las mayores. Se marchó a Taiwán. Consiguió una última oportunidad con los Mets de Nueva York, gracias a Cookie Rojas. Y finalmente llegó. Y cuando llegó, triunfó.

"¿Cómo era posible que un pelotero de ese talento no recibiera un contrato para seguir adelante?", todavía se sorprende Carrillo. "Pero finalmente, en 1999, pudo demostrar lo que tenía. Y a partir de 2000, con los Orioles, se enrumbó definitivamente".

Mora anunció su retiro con lágrimas en los ojos, hace un par de años. Aunque se ha radicado en Estados Unidos, todavía es figura magallanera y un ídolo de la afición local, en general.

Ahora también es inmortal. Y para Reiner, su descubridor, es todavía mucho más.

"Debería ser el ejemplo perfecto no sólo para los jugadores de beisbol", dice, "sino para toda la juventud venezolana".

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Luis Blasini deja la gerencia deportiva del Magallanes, luego de seis años. Termina una de las etapas más fructíferas en la historia de la divisa.

Dueño de una academia de beisbol y ex secretario de viajes de la nave, Blasini marcó huella y creó recuerdos imborrables como encargado del timón, antes de desembarcar para limitarse al papel de asesor.

Su salida, confirmada este jueves en Valencia, cierra un período de especulaciones iniciado en 2014, cuando el ejecutivo empezó a asomar que el fin estaba cerca. Quiere dedicarse a sus otras responsabilidades, dice.

Pocos gerentes de la LVBP han sido más activos y controvertidos en lo que va de siglo.

La cronología permite recorrer un ejercicio que comenzó con críticas y que termina con dos títulos y dos subcampeonatos en seis intentos.

En 2009, envió a Ernesto Mejía, Wladimir Sutil y Edgar Estanga, al Zulia, a cambio de Andrés Eloy Blanco y Humberto Quintero. También le entregó el equipo a Carlos García, el exitoso manager y antigua figura de la novena.

En 2010, traspasó a José Pirela y Alex Torres a las Águilas, por Alberto Callaspo.

En 2011, adquirió a Mario Lissón, entregando a Freddy Galvis.

En 2012, cambió a Quintero y José Sánchez por Carlos Maldonado y Amalio Díaz.

Todos esos pactos, origen de la crítica que hizo mella de su figura, allanaron el terreno del bicampeonato.

A Blasini le acusaron de estar exageradamente interesado en sumar receptores, pero por haber agregado a Maldonado, Eliézer Alfonzo y Ramón Hernández, celebró dos coronas, especialmente aquella que festejó en enero de 2013.

Sus contactos y diligencias le permitieron conseguir lo irrealizable: que jugaran aquí Elvis Andrus y Pablo Sandoval, siendo grandeligas establecidos, y que llegaran a la nave figuras como Carlos Zambrano, Bruce Rondón, Ronny Cedeño, Gustavo Chacín y Hassan Peña, uno de muchos buenos importados traídos por el ejecutivo.

Termina una era que incluye tres finales consecutivas y dos campeonatos, para bien de la legión magallanera.

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Beisbol, MLB

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