Luego de los cuatro partidos de la primera fecha de la Copa de las Confederaciones, me puse a mirar un poco de prensa internacional, para ver los comentarios de los colegas desparramados por el mundo.
En primer lugar, es evidente que esta es la clásica "copita" que les interesa sólo a quienes están y participan. Como en la famosa historia de Esopo, fabulista griego del VI siglo antes de Cristo, "el zorro que no llega al racimo de uva dice que está acerba".
En efecto, casi nada se encuentra en la prensa inglesa o francesa respecto a este torneo que, de cualquier manera, debería ser mirado con interés por el simple hecho de ser casi una prueba general en función del Mundial del próximo año.
Un colega italiano que está en Pretoria me había comentado, vía mail, que no hay ni siquiera un periodista norteamericano, a pesar de la presencia en el torneo de la selección de ese país, y que la conferencia de prensa prevía al match de abertura ante la Azzurra había sido realmente extraña, porque sólo había representantes de los medios "tricolores".
Así que, lo único interesante que pude encontrar estaba en la prensa española y en la brasileña. Ahora, yo no tengo nada contra los colegas ibéricos, ni mucho menos: hace unos días le reclamé mayor respeto a un lector que definía algunos diarios españoles como "pseudoperiódicos".
Pero no deja de resultarme llamativo que, luego de tanto tiempo, los colegas peninsulares sigan insistiendo con lo mismo cuando hablan del fútbol italiano, por lo menos a nivel de selección: que defensivista, que aburrido, que el máximo resultado con el mínimo esfuerzo (eso personalmente me parece más bien un cumplido, pero yo soy un vago incurable, por cuestiones genéticas), ahora hasta se metieron con el tema de Giuseppe Rossi, que para ellos es norteamericano y no italiano.
Giuseppe Rossi nació en los Estados Unidos (Getty Images)
Eso vale la pena de ser aclarado, puesto también que, entre nuestros lectores, posiblemente haya muchísimos en las misma situación de "Pepito": siendo ambos padres italianos, emigrantes en USA, para la ley italiana, que se maneja con el "ius sangris" (derecho de sangre) y no con el "ius solis" (derecho de suelo), es italiano a todos los efectos, sin posibilidad de discusiones. Sería lo mismo si sus padres hubiesen nacido también en USA pero su abuelo fuese italiano, porque la línea de sangre directa se considera válida hasta la segunda generación, como fue por ejemplo en el caso de Mauro Camoranesi.
Sin dudas el chico es italiano, lo dice él mismo: mientras Camo siempre manifestó ser y sentirse argentino, Rossi rechazó la convocatoria norteamericana porque su sueño, "ipse dixit", era el de vestir la camiseta de su país. Además, sin querer ser polémicos, Marcos Senna nació acaso en Galicia? Vamos...
Los españoles, de una vez por todas, deberían entender que el fútbol se vive de manera por completo diferente en Italia: es otra cosa, diría casi otro deporte y no me refiero tan sólo a la cancha, porque las diferencias existen y son notorias en las tribunas y hasta en la calle.
No estoy a quí para decir que el modelo italiano, que por ciertos aspectos yo mismo critico ferozmente, sea mejor o peor: es distinto, así como yo soy (y quiero ser) distinto de un español, no fuese otro que porque ellos no son capaces de cocinar una pasta sin que parezca pegamento para ladrillos.
Bromas a parte, para mí la cultura de cancha española tiene que ver más con las corridas que con el deporte. Noventa y nueve veces sobre cien, el matador gana y el toro muere: si bien eso pueda parecer algo sumamente aburrido, a ellos les interesa la calidad con la que el protagonista hace su trabajo, dando por sentado que el resultado debe ser su triunfo.
Por eso no se escandalizan tanto con lo que pasa con Real Madrid, que en su manera de ver la cosas es, junto a Barcelona, el matador: los demás son toros, o hasta novillos, y si alguna vez ganan, bueno, eso es simplemente una excepción a la regla, algo que ocurre con la misma, escasa frecuencia de un toro que logre salir vivo de la arena.
Para ellos, además, la cancha es una fiesta y todo tiene que ser espectacular, bonito, alegre. Cuando un equipo juega mal, sacan y revolotean pañuelos, cuando mucho, y eso es todo. Ojo, desde un punto de vista hasto los envidio, porque por el contrario en Italia todo es demasiado dramático, pasional, hasta violento.
La gran diferencia es que en Italia lo único que cuenta es ganar. Acá nunca hubiera ocurrido que un Fabio Capello, dos veces ganador de título al frente de un equipo, fuese en ambos casos despedido sin siquiera poder jugar la Champions League siguiente.
Fabio Capello, a pesar de ganar dos títulos, no conformó el paladar de los hinchas del Real (AP)
Eso explica, por ejemplo, la poca importancia y el mínimo empeño que los italianos les dan y les ponen a los amistosos: ni siquiera los jugadores que deberían buscar de ganarse un lugar de titulares se esmeran más que tanto. Especialmente en los torneos cortos, para el italiano la estética llega después: la cultura italiana quiere el triunfo y la experiencia enseña que raras veces gana el que juega más bonito o simplemente bonito.
En lo personal, yo nunca resultadista, por cierto: en la Argentina, en la añosa diatriba entre "menottistas" y "bilardistas", donde los primeros defienden el juego lindo y los otros la importancia exclusiva del resultado, siempre me aliesté con los primeros. Pero conozco a mis compatriotas y entiendo las razones de lo que ocurre, simplemente.
Además, yo siempre simpatizo con el pobre toro y me resulta insoportable la figura del matador. Máxime si, como les pasa a los españoles, gana bastante poco: ellos ahora pasan por un buen momento, porque vienen de vencer la Eurocopa, tienen una larga racha sin derrotas y sueñan con ese mundial que jamás vieron ni de cerca.
Pero, como siempre, le tienen miedo al toro italiano y esa es la verdadera, única y siempre vigente explicación de tanto livor en su prensa. Por el contrario, los diarios italianos, por estos días, están llenos de elogios y alabanzas del fútbol español, al que se indica como modelo a seguir. Aún cuando, de eso pueden estar seguros, ni un sólo italiano cambiaría la Azzurra por la Furia Roja, ni en un millón de años.
Vito De Palma
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Fútbol italiano
Vito De Palma es italiano pero ha desarrollado gran parte de su carrera periodística en la Argentina, donde trabajó, entre otros lugares, en el diario Clarín. Desde 2000 a 2009 fue corresponsal en Italia de SportsCenter y de ESPNdeportes.com. En septiembre de 2009 regresó a Buenos Aires, para unirse al panel de especialistas de Hablemos de Fútbol.