Éste no fue el mismo Oscar de la Hoya

El "Golden Boy" que venció a "Yori Boy" Campas sigue siendo un gran boxeador, pero fue evidente en el combate que sus destrezas están en decadencia

OSCAR DE LA HOYA (AP)
Oscar de la Hoya, sin duda alguna es un pugilista de talento fenomenal.

Hubo un tiempo cuando su coordinación y consistencia funcionaban a la perfección y tenía que ser la envidia y el temor de cualquier boxeador de su peso con la esperanza de proclamarse campeón algún día.

Hoy en día son los semi-medianos.

Pero los que podemos ver un poco más allá de los golpes, las movidas y los esquives, nos dimos cuenta el sábado pasado cuando noqueó a Luis Ramón "Yori Boy" Campas en el octavo asalto en el Hotel Mandalay Bay en Las Vegas, que Oscar ha sufrido una decadencia sutil. Su perfección peligra.

Su fantástica victoria contra "Yori Boy" estuvo basada más en la astucia de su matchmaker, que en la capacidad técnica de Oscar. Campas resultó ser un rival escogido a la medida para el momento más oportuno en la carrera de Oscar.

Cualquiera que supiera sobre boxeo tuvo que darse cuenta desde el mismo primer campanazo que la maravilla México-Americana fue conectado un par de veces innecesariamente por golpes que ho hace mucho hubiera esquivado como cuestión de costumbre.

Por suerte el que los conectó había disminuído un montón desde sus mejores tiempos y por consiguiente no surtieron ningún efecto relevante. Pero me preocupé porque cualquier fanático de Oscar que entiende de pugilismo tuvo que notar ese fallo aunque, yo me imagino, la mayoría de los fanáticos observando el combate no se dio cuenta.

Cierto, su dominio fue absoluto por todo el camino, pero de cuando en vez Oscar fue conectado con golpes limpios que sólo el año pasado hubiesen sido esquivados como cuestión de rutina.

Lo interesante de este caso es que De la Hoya siempre ha sido un peleador de los más brillantes de su tiempo y que entiende a cabalidad la combinación de mente y cuerpo que se utiliza en su profesión.

Yo una vez me atreví comentar por la radio que un 60 por ciento de la habilidad boxística de Oscar de la Hoya podía vencer el 100 por ciento de todos los pugilistas de su peso.

De todas formas, observando este combate me di cuenta de que sin duda alguna, Oscar ha sufrido transiciones emocionales. No son cambios ni defectos extraordinarios tan fáciles de descubrir o interpretar, sino variaciones naturales que se esperan de todo ser humano.

En boxeo, deporte-dueño de presiones tanto emocional como psicológica y física debido al peligro que tanto lo acecha, la expectativa de debilitación global en su cuerpo es más fuerte que en cualquier otro deporte.

En beisból si un toletero deja de batear efectivamente su porcentaje se disminuye, y lo mismo le sucede al lanzador que comienza a perder juegos.

En boxeo, un golpe al mentón, un gancho de izquierda al costado, o una combinación perfecta pueden causar cambios en la psíquica del recipiente que jamás podrían borrarse.

A ocurrido a lo mejor cientos de veces pero nadie le ha puesto la atención necesaria. Son experiencias que se pueden explicar mejor en todos los demás deportes profesionales.

En la pelea Campas-de la Hoya yo desistí de buscar los defectos técnicos y emocionales de "Yori Boy" porque eran obvios. No asímismo los de el Oscar, los cuales éran pocos los que sabrían descifrarlos.

Desde el mismo primer asalto me convencí que los responsables de haber firmado a Oscar para fajarse contra Shane Mosley el próximo 13 de septiempre sabían lo que estaban haciendo. No había modo alguno de que se descubriera la más mínima oportunidad para que Oscar pudiera haber sucumbido el sábado pasado frente a Campas.

Pareció como si los promotores ya sabían que ni un golpe zafado que aterrizara en la barbilla de Oscar podría causar efecto alguno. No porque Oscar tuviera la barbilla de hierro sino porque Campas tenía los puños de algodón.

Si Oscar de la Hoya prosigue la línea que lleva, con la protección tan formidable de su buen "matchmaker" seguiremos viendo la expansión de sus triunfos por un buen tiempo más.

Todavía un sesenta por ciento de su habilidad pugilística puede vencer a un 90 por ciento de los púgiles semi-medianos que tenemos en nuestro ambiente.

JOSÉ 'CHEGÜÍ' TORRES fue ganador de la medalla de plata del peso mediano-ligero por los EE.UU. en los Juegos Olímpicos de 1956, posteriormente fue campeón mundial de los pesos semi completos. A su retiro, se convirtió en autor y periodista del boxeo con una gran experencia.

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