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Con todo y pelea los Dodgers vencen a Padres
Poco después de que 25 jugadores de cada equipo, sus coaches, sus mánagers y personal de ambas escuadras saltaron al campo del Petco Park la noche del jueves, Vin Scully señaló que había mucho personal caro de los Dodgers de Los Angeles involucrado en la pelea.

En un momento, Josh Beckett, quien gana $15.75 millones esta temporada, estaba sujetando a Matt Kemp, cuyo salario es de $20 millones. Una espalda tensionada luego de ese pequeño "baile" hubiera dado a los Dodgers fuertes dolores de cabeza.

Greinke Quentin pelea
AP Photo/Lenny IgnelziGreinke se lastimó la clavícula cuando chocó con Quentin en su pelea en la sexta entrada.
En lugar de eso, la noticia fue peor. La pelea del jueves contra los Padres de San Diego Padres le costó a los Dodgers perder a Zack Greinke, quien se fracturó la clavícula izquierda cuando Carlos Quentin lo embistió de la misma forma como un fullback bloquea a un linebacker medio. El problema es que Greinke pesa alrededor de 50 libras menos que el linebacker medio y Quentin.

Greinke estará fuera el tiempo que sea necesario para que sane su clavícula, para que su programa de lanzamientos se reinicie y su asignación de rehabilitación en las Menores concluya. Piensen que serán meses, no semanas.

El ataque furioso de Quentin al montículo quizá le costó a los Dodgers mucho más que unas cuantas expulsiones, algunas multas y quizá la posibilidad de odio con un equipo al que deberán enfrentar 10 veces más antes del Juego de Estrellas, empezando el lunes por la noche en Dodger Stadium.

Quizá les costó su estatus como favorito compartido en una división que incluye a los Gigantes de San Francisco, campeones en dos de las últimas tres Series Mundiales, y en donde el sector parece tener más competencia de lo que se pensaba originalmente.

Esperemos que para el lunes, ambos equipos hayan entendido que este tipo de cosas son ridículas. O, si no es el caso, que al menos los Dodgers hayan captado que ganarían muy poco si se dejan llevar a otro incidente de donde no se sacará nada positivo.

Los Dodgers no solamente tienen invertidos $147 millones en Greinke, aunque eso es algo que no se puede tomar a la ligera. También tienen a cientos de miles de aficionados cuyas esperanzas esta temporada se basan sobre todo en la talentosa rotación de abridores. Los pilares de esa rotación son Greinke y Clayton Kershaw, aunque quizá no en ese orden. Los primeros nueve partidos de la temporada solamente confirmaron la inversión del equipo en el pitcheo dominante.

La forma en cómo reaccionó Quentin fue ridícula, aunque fue la tercera ocasión en que Greinke le da un pelotazo (mucha de esta historia se remonta a equipos previos, en una liga diferente).

El mánager de los Dodgers, Don Mattingly, aunque es un hombre tranquilo, hizo un comentario acertado mientras intentaba calmar su enojo. En un momento, Mattingly llamó "idiota" a Quentin durante una entrevista en televisión.

Quentin jugó en solamente 86 partidos la temporada pasada y fue golpeado por un lanzamiento en 17 ocasiones, cifra máxima en la liga. Es el Don Baylor de esta era.

"Él básicamente se atraviesa en el plato, y con el juego 2-1, ¿vamos a intentar darle un pelotazo con cuenta de 3 y 2?", preguntó Mattingly en la entrevista televisiva. "Eso es estúpido. No debe jugar hasta que Greinke pueda lanzar".

Eso no va a ocurrir, y hasta Mattingly lo sabe. Quentin quizá se pierda unos cuantos partidos, como acción disciplinaria de la oficina de Grandes Ligas.

¿Pero a quién le importa realmente, que no sean los Dodgers? A menos que consideren a los Padres como contendientes serios -- y ellos han ganado por lo menos 80 partidos solamente una vez desde 2007 -- los Dodgers fueron los que tuvieron todo qué perder.

Tras el partido, un periodista le preguntó a Greinke si había odio entre los dos equipos.

"Ahora, probablemente sí lo hay", respondió Greinke.

Esperemos que las cabezas frías predominen a partir del lunes. Nada bueno resultará de más hostilidad.