LOS ÁNGELES -- Nacho Ambriz tiene la mesa puesta. Llega en mejores condiciones que sus antecesores. Por eso, lo sabe, no tiene margen de error.

Y la paciencia se reduce especialmente porque, contradictoria y absurdamente, le bendice Ricardo Peláez con un requisito de bajo perfil: equilibrio y orden para conseguir resultados.

Aquella fantasía de espectacularidad con Gustavo Matosas ha sido incinerada. Ricardo Peláez fomenta la pichicatería.

¿Dónde quedaron los fuegos artificiales de la época de Miguel Herrera? El Piojo regresó a la afición al estadio, La retribuyó con ilusiones y orgullo. Generó llenos y generó euforia. Su apoteosis se dio, curiosamente un 26 de mayo en la Final ante Cruz Azul.

Irónico, pues que un 26 de mayo fue la exaltación de un nuevo americanismo, y ahora, un 26 de mayo, se vuelva al dogma pernicioso, soporífero de ganar como sea. América había dado el salto de calidad con Herrera, aunque con Antonio Mohamed se convirtió a las Águilas despiadadas en avestruces oportunistas.

De entrada ya, Nacho Ambriz ha percibido claramente que el índice de tolerancia entre la afición es de cero. Llega desnudado por su incapacidad para manejar el problema Ronaldinho con el Querétaro. Llega sin poder presumir al menos una Liguilla con saldo esperanzador. Llega con el estigma de haber sido manoseado y manipulado al antojo de los dueños del Querétaro.

Para su fortuna, puede privilegiar el cero en su arco, al estilo rudimentario con el recurso narcotizante que usó el Turco Mohamed. Y que la afición se quede en casa. Hasta es más saludable para la empresa prioritaria, que es la televisión. Pinta más, repercute más, en ganancias a largo plazo, una familia viendo el partido en su casa, que una familia yendo al estadio.

Parece que el Salón Oval de Televisa y Ricardo Peláez, con este tipo de elecciones de entrenadores, han llevado ese lema fascinante y adictivo del Ódiame Más, al extremo. Es decir, ahora quieren que hasta los americanistas odien al América, con estas impopulares medidas.

Ojo: Nacho Ambriz llega con ventajas respecto a sus tres antecesores. Y por ello mismo, insisto, la condescendencia será menor hacia él.

1.- Miguel Herrera llega amenazado con un contrato por sólo seis meses. Y sin presupuesto generoso en su primera temporada. Llega entre las dudas del mismo Peláez y de sus directivos.

2.- Antonio Mohamed llega cuestionado por la afición, y teniendo que ajustarse al plantel que heredó de El Piojo, con una base de campeones, pero con jugadores acostumbrados a otro desempeño dentro de la cancha. Y sufre en su primer torneo, hasta que consigue los refuerzos que quería, incluso aunque a algunos no los necesitara.

3.- El dispendio de autoridad y económico continúa. Gustavo Matosas llega cuando el plantel ya lo habían armado entre un Peláez precipitado y un Mohamed que ve como llegan a El Nido, los mismos que le habían negado seis meses antes. Y sin "la genética que necesito en los jugadores", Matosas encuentra un boquete tremendo en media cancha y dos jugadores irracionales en la zaga, como Goltz y Aguilar, aunque el paraguayo enmendó el camino en las últimas semanas.

4.- Nacho Ambriz llega con un grupo de futbolistas que le han escogido. Buscarán dos refuerzos más, de bajo costo, para armar el plantel, más al antojo, queda claro, de Peláez, que del entrenador que llega. Pero esa fórmula ya la conoce Ambriz, y lo castigaron severamente en Querétaro con la imposición de Ronaldinho.

Recordemos que el próximo año, el América cumplirá cien años, y en Televisa, por órdenes directas desde el Salón Oval, hay órdenes de un festejo fastuoso el 12 de octubre del próximo año.

Emilio Azcárraga Jean había acordado con Peláez que América debería llegar a ese centenario con 15 títulos. Ahora sólo podrían ser 14, si el América consigue el Apertura 2015 y el Clausura 2016. Para los festejos se habla de Real Madrid o Barcelona como invitado, además de una serie de festejos y ceremonias. No siempre se cumplen 100 años.

Por eso Ricardo Peláez lo sabe: si en diciembre no se consigue el título de la Liga y un respetable rendimiento en el Mundial de Clubes, podría ser el fin de sus gestión. Y de Ambriz también.

Por eso, Nacho Ambriz podría ser el salvador de Peláez. Pero, también podrá ser el lastre en el pescuezo que lo arroje al naufragio de la desgracia.

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LOS ÁNGELES -- Por definición, los espejismo son mentiras. Por tanto, de vida efímera. Y ni Marco Fabián fue el Messi que se candidateaba para el Real Madrid, ni Luis Michel fue el héroe consistente, ni Chepo de la Torre es un portento de estratega. ¿Y la afición incondicional, leal, fiel, genuina del #JuntosVsTodo? Cuatro mitos.

Santos los desnudó. A los cuatro. Y con tres goles prodigio y producto de un equipo, sin figuras pero con leales jugadores con los pies en la tierra y con un entrenador que debería abrir una academia nocturna e invitar a su adversario de este domingo. Caixinha empezó por el ABC y desnudó al Chepo.

Santos tiene todo el mérito de la victoria. Un partido perfecto. Intentando, proponiendo, yendo al frente, jugando con velocidad mental y física y siendo contundente, pero sobre todo con ese desparpajo del que no juega con miedo, sino con atrevimiento y confianza.

¿Con Chivas? el que tiene miedo a sufrir, empieza a sufrir desde que tiene miedo. Y el pánico del Guadalajara se contagió de lo mismo que el Tri en el Hexagonal Final de la Concacaf. Chepo contamina con su propia inseguridad.

Shakeaspeare, en El Rey Lear, escribe: "De lo que más tengo miedo es de tu miedo". Y con el Guadalajara echado atrás, especulando con la frágil ventaja reglamentaria del 0-0, Chepo de la Torre ofrendó a su Rebaño al sacrificio.

Y pronto se vio que el jugador de Chivas, de lo que más miedo tenía era del miedo de su entrenador.

Santos jugó con un sentido estricto de disciplina. Concentrado, comprometido, estoico, atento, suicida, cuando pugnaba por recuperar el balón.

Y lo notable: cuando lo tenía, había arrojo, descaro, atrevimiento, fe y una pasmosa confianza para trabajar el balón de primera intención.

Eso es reflejo del entrenador. Los jugadores de Santos en tres atrevimientos pisaban la sombra del pánico de Chivas en la zona limítrofe del área de Michel. En el Guadalajara, había una burocracia para manosear inútilmente el balón. Obvio, cuando se atrevían, entregaban mal o elegían la jugada incorrecta.

Otro mérito de un Caixinha atormentado y tormentoso en este torneo. Enderezó a un grupo de jugadores propenso al exterminio. La maquinaria trabaja embaladita, sincronizada, como reflejo de que entre semana, los entrenamientos son dirigidos a explotar sus virtudes.

Otra referencia: los balones largos de Chivas parecían rompimientos desesperados. Las salidas de Santos encontraban siempre en condiciones de recuperar el balón, no eran balonazos, eran despejes bien dirigidos.

Por Chivas, Marco Fabián, ese que ya está "listo para jugar en el Real Madrid" tras hacerle tres goles al Atlas, en los 180 minutos ante Santos corroboró que será eternamente ese Marquitos que sentenció públicamente José Luis Real, cuando exhibió su pusilanimidad y falta de temperamento.

Y quién merece una reprimenda, es de nuevo su afición, la tapatía, la que está avecindada y debería estar más comprometida.

Dos pésimos servicios de Giovanni Hernández, que terminaron casi en la tribuna, y el jugador fue sentenciado con abucheos, insultos y silbidos. Y el Chepo, con terror al juicio de la tribuna, en lugar de respaldarlo, motivarlo, ubicarlo, lo saca, lo exhibe, lo condena. En pocas palabras, el Chepo este domingo castró, así, castró, de por vida a Giovanni.

¿Y la solidaridad y la fe y el sentimiento incondicional de esa leal afición tapatía? ¿Con el 3-0 a cuestas, con al menos los 23 minutos reglamentarios por jugarse, empezó a convertirse el Omnilife de nuevo en el ZombiLife? ¿Y la lealtad de agradecer por haber salvado al equipo del descenso, por hacerles ilusionarse con una Final?

Esos que huyeron del estadio, que renunciaron a ser solidarios, que como roedores abandonaron el naufragio rojiblanco, visten con piel farsante de Chivas su mezquindad de advenedizos.

Es aquí cuando la afición Chiva de la Ciudad de México parece tener razón cuando afirman que muchos de sus seguidores que radican en Guadalajara son villamelones genuinos.

¿O el #JuntosVsTodo era sólo para los buenos momentos? Al final, los dejaron solos contra todos.

Santos, por lo pronto, está en la mejor oportunidad de Caixinha para coronarse campeón, con el mérito de haber rescatado a jugadores casi desechos de otros clubes, o titubeantes en el torneo, incluyendo al 'Avión' Calderón, quien deleitó con ese golazo de media cacha a Luis Michel, a quien ya le había hecho otro similar.

Chivas, por lo pronto, a tener conciencia que el próximo torneo lo arranca de nuevo en el purgatorio de la zona de descenso. Otro año de jugar para sumar y sobrevivir, bajo la doctrina de un técnico que hace del miedo el motor cascabeleante de sus estrategias.

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LOS ÁNGELES.- -- Vucetich tuvo miedo. Pero quiso salvar a su tripulación. Se precipitó, se equivocó por histeria, pero consiguió al final el objetivo: Querétaro trasiega, zozobra, con dos boquetes, pero no se ha hundido. El capitán salvó vidas, incluyendo la suya.

Ronaldinho tuvo un arrebato de soberbia. Se olvidó de la tripulación, de la zozobrante barcaza, de su investidura de líder. El ego rebelde y desesperado de un futbolista en el ocaso, le llevó a ser la primera rata en saltar del naufragio.

A Vucetich le faltó temple, frialdad y categoría. Estaba a solo 60 segundos del descanso. Pudo haber evitado el bochorno histérico de meter a Martínez por Dinho y a Sepúlveda por Sinha, tras la torpeza de Osorio, castigado con una roja.

Pero, es cierto, Vuce tiene el derecho de ejercer la autoridad absoluta de cambiar a quien quiera y cuando quiera. Si la autoridad no se ejerce en momentos clave, se pierde. Insisto: salvó a su tripulación. El 2-0 no es una condena de muerte. Y si elige a Sinha y a Dinho, por la salud del resto, nadie puede objetarlo. Noé salvó el arca queretana entre la tempestad.

Y a Dinho le sobra la arrogancia y la altivez. Vive de su pasado. Vive de su museo. Vive de sus glorias.

Ojo: vive de ellas, pero no las respeta ni él mismo. Ojo: lejos de exaltar su propia historia, la mancha.

Dejó en claro que en ese momento era más trascendente su arrogancia herida, que el bienestar del resto de su ejército.

Y Ronaldinho abandonó la cancha. Forajido de su vanidad herida, se precipitó directo al vestidor. Podrá decir que no había problema. Sólo faltaban 60 segundos de vida.

El medio tiempo terminó. Martínez y Sepúlveda, fueron parches eficientes. El buque seguía a flote, con daños mayores, pero a flote y el capitán y sus marineros, vivos. Y el prófugo ya rumiaba en el vestuario.

Lo peor llegó ahí. Dinho confrontó y gritó: no para defender al grupo, sino a su propia imagen, oxidada por la asustadiza precipitación de Vucetich. Y el técnico respondió igual, con el argumento gregario y lógico: lo importante era sufrir menos daño.

Cuando el brasileño habría podido regresar a la banca y ser solidario, lo desdeñó. Cuando pudo sufrir desde la banca a la par de sus compañeros, renunció. Cuando pudo alentarlos con esa voz de líder natural por ese mismo prestigio suyo que tanto defiende, los abandonó.

Porque en lugar de todo ello, recogió sus cosas. Un servicio de limusinas de lujo lo sacó del estadio. Para él, era evidente ya en ese momento, que las Semifinales, la Final, el resultado, el equipo, el entrenador, los compañeros, el rival, el futuro, y hasta su afición, estaban vomitados en el basurero de los intereses del brasileño.

Ronaldinho Mexsport
El resto, los que juegan, luchan, cobran, anhelan y desquitan contrato como simples mortales, salieron al fragor inclemente y angustiado ante Pachucda, con un hombre menos, y lastimados emocionalmente, porque una rata, multimillonariamente pagada, se arrojó del barco.

Dinho, en tanto, por sus hábitos conocidos, debió buscar el típico refugio que tanto le reconforta y le solaza. La virtud de esos vicios es que cura otros vicios.

Vucetich, al final, insisto, cumplió su prioridad. Sus apóstoles están a salvo, pese aún a la ingrata traición de su Judasinho Iscariotinho.

¿Y si Dinho se hubiera tragado sus convulsiones de arrogancia y soberbia y sale de la cancha solidariamente a un minuto del descanso, y charlar con Vucetich al final del juego? Su posición de ídolo, de figura, de líder, de genio histórico, se habría fortalecido, dentro y fuera del equipo. Habría demostrado la humildad que se espera entre los más grandes. Pero la fama es una arpía despiadada, y se lo tragó de una sola tarascada.

Los reportes dicen que este viernes, Ronaldinho regresó a los entrenamientos. En medio del tormentoso pasaje fue lo mejor que pudo haber ocurrido.

Vucetich es un tipo inteligente. Crisis como estas las supo controlar con frecuencia, con un personaje más conflictivo, pero sin el carisma ni la historia de Dinho. Al rebelde Suazo le daba un Chupete, y el chileno comía de su mano.

Personaje noble, astuto, Vuce podrá sacar su mejor provecho de la desaprobación general hacia el comportamiento de Ronaldinho: le ofrecerá, seguramente, la oportunidad única de redimirse en el Juego de Vuelta.

Y el brasileño ha demostrado que si quiere, porque puede, porque debe, saca los vestigios de ese magnífico arsenal que conserva, aunque exiguo ya, empobrecido ya, por la vida disipada, desordenada e indisciplinadamente divertida y festiva que acompañan al 49 de Gallos.

Si Vucetich es un buen alquimista logrará catalizar la rabia, la frustración, la ansiedad, la revancha, que debe bullir entre los vestigios de aquel Ronaldinho que fue un tiempo el mejor jugador del mundo.

Y entonces, Pachuca puede ser el catalizador y la víctima, de los errores de precipitación de un capitán que salvó su barco, y de un desertor que pretendería lavar su afrenta.

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LOS ÁNGELES.- Los genios anunciados, predestinados, desaparecieron. Los Juegos de Ida de las Semifinales del Clausura 2015 volvieron a la ordinariez.

Ronaldinho y Marco Fabián confirmaron, uno en el ocaso, y otro en un amanecer que ya parece eterno, que no tienen palabra de honor.

Ambos,respondieron a la tesis del poeta inglés Samuel Taylor Coleridge : "He aquí un buen criterio para medir al genio: observad si progresa o sólo da vueltas sobre sí mismo".

Ambos, Dinho en redención otoñal ante Veracruz, y Fabián, aniquilando Zorros con exquisitez, volvieron, en la Liguilla, a sólo dar vueltas sobre sí mismos, sin progresar de donde se quedaron el fin de semana pasado. Los iluminados, cayeron en penumbras nuevamente.

La Liguilla aún no destierra el misterio hacia los finalistas. Chivas sale con un venturoso, trémulo y angustioso 0-0, tras un lamentable trámite, y sin poder ganar aún en el TSM de Santos. Mientras, Pachuca consigue un 2-0, muy clemente, muy piadoso, y desafía a Querétaro a dar la vuelta en La Corregidora.

Pero, si la expectación y las expectativas montaron su carrusel girando en torno a Dinho y a Fabián, Pizarro y Ayoví se llevaron la noche en Pachuca, mientras que Luis Michel, aboliendo seis sentencias de muerte, fue el protector del Guadalajara.

1.- REY FEO DE CARNAVAL AJENO

El brasileño montó en berrinche y tras ser sustituido a un minuto de terminar el primer tiempo, se metió al vestidor, donde después confrontó a gritos a su técnico Vucetich, quien evidenció falta de tacto, cuando estaba a segundos de irse al descanso, y habría podido aplazar el cambio de Dinho, en lugar de hacerlo quedar como un pasmarote.

Tras reanudarse el juego, Ronaldinho tomó una camioneta privada con rumbo desconocido. ¿Querétaro?, ¿Brasil?, ¿Porto Alegre? Pronto se sabrá si ese acto de traición a sus compañeros, a pesar de la evidente e histérica precipitación de Vucetich, se soluciona cuando se le enfríen las entendederas.

Vucetich se equivocó con él, pero él se equivocó, como tipo mediático y gloria futbolística, al dar la espalda a sus compañeros, los mismos que le fueron solidarios, mientras él vivía francachelas y ellos sudaban en la cancha hace unos meses.

2.- FANTASEANDO CON MADRID

Marco Fabián volvió a las andadas. Sublime ante el Atlas, ante Santos no generó absolutamente nada, acaso un remate que Marchesín detiene, pero ni creó, ni reclamó balones, ni orquestó, ni arriesgó, ni condujo, ni gambeteó, y mucho menos disparó con esa asesina eficiencia con la que fulminó al Atlas. Fue una sombra de sí mismo.

Y entonces, las voces de otros se hacen ecos cuando parece que Marco Fabián ya, de nuevo, creó fama y, de nuevo, se ha vuelto a echar a dormir.

"Tuvo suerte (Marco Fabián). Le desviaron los disparos. Fue sólo suerte", dijo el amarguísimamente amargo Tomás Boy tras la tunda que le dio a su Atlas.

"Más que mérito de Marco, lo es de todos sus compañeros, que le entregaron el balón y las condiciones para que pudiera hacer esos tres goles", dijo Chepo de la Torre, como previendo, anticipando, que era necesario invocar a la prudencia ante el carnaval desaforado que rodeaba a su jugador. Los elogios desmesurados empalagan a los débiles.

Y el mismo Marco Fabián se trepó del piso inestable de su carrera, al cielo de sus fantasías. "Estoy listo para jugar en el Real Madrid, tengo todas las condiciones para hacerlo". Por lo pronto, lejos de la Casa Blanca de Florentino Pérez, se estrelló ante la penosa realidad del TSM.

Para colmo, salió con dolores intensos en la parte superior del muslo derecho, casi en la cadera, y los exámenes de este viernes determinarán si tendrá revancha o no en el Omnilife el domingo.

Por otro lado, los héroes accidentales fueron incidentales en los desenlaces. Luis Michel se puso la armadura, y el repertorio de metralla de Santos, lo obstaculizó con cada sana y salva parte de su cuerpo, y hasta con la pata de conejo de la fortuna, para permitirle a su equipo salir con un 0-0 que le da una ventaja pura, virgen, para jugar como local y definir todo en su cancha.

Santos equilibró el primer tiempo, en el que Marchesín disputó la estatua efímera e inútil de figura del encuentro con Luis Michel. Para la segunda mitad, Chivas fue sometido, atrapado, arrinconado, y hasta debió sacar a dos de sus jugadores de mayor desgaste de zona y funciones, como Omar Bravo y 'Dedos' López, quienes habían tributado pulmones y músculos en una desigual batalla.

En tanto, Pachuca le pasó por encima a Gallos Blancos. Vucetich, extrañamente, lanza a Sinha en labores incomprensibles, suicidas e imposibles para el brasileño, y terminó siendo un pasadizo libre para el Pachuca, mientras que Ronaldinho no encontró tiempo y espacio para intentar una genialidad. Querétaro jugaba con nueve.

Y tras la expulsión de Ricardo Osorio, Vucetich entra en histeria. Elige hacer dos cambios a un minuto de irse al descanso, con un 2-0 en contra. Se viene el drama con el brasileño, pero en el segundo tiempo, logra mantener esa desventaja de las dos heridas en la pizarra, para tratar de conseguir en La Corregidora un acto mágico de resurrección.

Al final, queda claro, para los genios no hay barreras externas. Todas nacen, crecen, se reproducen y a veces no mueren dentro de ellos mismos. Taras, dudas, vanidades, conformismo, cinismo, terminan por ser más poderosos que sus virtudes.

Dinho y Fabián deberán consultar con su conciencia. El futbol les reserva una opción de revancha el fin de semana.

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LOS ÁNGELES -- Simposio de hipócritas. Hoy, en el futbol mexicano, todos son Ghandi y ninguno es Hitler. Hoy la Madre Teresa despacha en las oficinas del Atlas, de Santos, de la FMF, de la Liga MX.

Hoy, los cuervos se visten de palomas, tras vestirse de luto. La hipocresía es el arte de enmascarar tus demonios. Y eso, en el futbol mexicano, es un código de supervivencia.

De marzo de 2014 a mayo de 2015, por ejemplo, se han desatado grescas fenomenales entre los dementes de Atlas y Chivas, que hieren a los genuinos aficionados. Recordemos las imágenes de un policía inconsciente, vencido y aporreado con su propia macana por energúmenos rojiblancos el año pasado. Hoy, el Atlas, un equipo que gana poco y pierde mucho, ve cómo algunos pelafustanes se sienten investidos de la autoridad de masacrar al ser masacrado su equipo en la cancha. Y en el inter, no olvidemos actos de Tigres, de Santos, de León, en Querétaro.

Pero, como ocurre siempre, los advenedizos se lavan las manos, se diseñan un traje de impunidad, al demandar justicia implacable para todos. Sí. Esa hipocresía, con la que los demonios disfrazan a sus demonios.

1.- Gustavo Guzmán, presidente de Atlas, implora, en una actitud oportunista, que todos los responsables de la invasión en el Estadio Jalisco deben refundirse en la cárcel casi en cadena perpetua.

¿Y el que los hizo sentir intocables? ¿Y el que les regaló boletos y les da propinas jugosas? ¿Y el que les permite meter artículos prohibidos? ¿Ellos, no deberían ir a la misma mazmorra? Acaso porque no habría quién cerrara la puerta por fuera. Tanto alza el que mata la vaca, como el que...

Ahora los quiere enjaular. Pero, ¿cómo si eran su activo número uno cuando él llegó al Atlas? ¿Cómo si nunca se acercó genuinamente a saber quiénes son, y si sólo pactó, como cómplice, una mecánica de intimidación al rival a cambio de privilegios?

2.- Curioso. El arquitecto, el artífice del Código de Ética y otras lindezas de la Liga MX, se ha quedado pasmado. El silencio de los culpables, es la confesión más cobarde a final de cuentas.

¿Por qué Alejandro Irarragorri se apresuró a conseguir inmunidad e impunidad luego de que un aficionado irrumpió en la cancha a agredir al silbante Fernando Guerrero cuando el castigo era el veto inmediato? ¿Por qué él, creador de Los 10 Mandamientos del futbol mexicano, no se inmoló en una sentencia para demostrar que es congruente con sus propias promulgaciones? ¿O la justicia sólo procede para aplicarla a los demás?

Y el colmo de la estulticia, se consuma cuando Edgardo Codesal asigna al mismo Fernando Guerrero a que se meta de nuevo al Territorio que ha dejado de ser Santo y Modelo, después de las exhibiciones, violencia y comportamiento de algunos de sus aficionados y entrenadores. Guerrero deberá dirigir este jueves Santos contra Chivas.

Lo está ofrendando Codesal, para que ahora sí perpetren la agresión. E Irarragorri callado. Un árbitro cohibido, inhibido, desamparado, asustado, termina, por simple reflejo de su instinto de conservación y de supervivencia, siendo un árbitro localista. ¿Y Jorge Vergara y Néstor de la Torre? Calladitos.

En casos así, todos se vuelven cómplices. En casos así, no se vale lamentarse un día después. Si no tuviste valor para protestar -incluyendo en este caso al mismo árbitro--, después no puedes tener la cobardía para lloriquear.

Y recordemos. Ha habido reuniones de porras oficiales, o grupos de animación, como pretende llamarlos para vestir de blanco a los que viven en negro, el mismo Decio de María.

El mismo psicólogo de Pumas y alguna vez del Tri, Octavio Rivas, revela como los primeros en ausentarse de esas juntas de conciliación para encontrar medidas contra la violencia, fueron los representantes de equipos y de la FMF. ¿Qué ocurrió? Que los jefes de porras entendieron que los habían manipulado, que los habían usado y que se habían burlado de ellos.

Hoy los patrocinadores de la impunidad se visten de oráculos de la paz. La hipocresía oportunista hace mágica metamorfosis: de cuervos a palomas.

Bien lo dice William Hazlitt: "El único vicio que no puede perdonarse es la hipocresía. El arrepentimiento del hipócrita es de por sí una hipocresía".

Entonces, si lo que sostiene este escritor inglés del Siglo XIX es aplicable, qué hacer con tantos...

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LOS ÁNGELES -- América agrega a sus fracasos otro más: la incapacidad de consolidar un proyecto, de mantener con seriedad una línea de trabajo. Abortó la del Turco Mohamed y ahora aborta la de Gustavo Matosas.

Gustavo Matosas agrega otro acertijo a su currículum. ¿Antepone sus pretensiones o sus caprichos o sus intereses a un pacto con una institución? ¿Prefiere interrumpir un contrato de dos años, con seis meses de experimento? ¿Las instituciones están por debajo de él? ¿Prefiere apegarse a su librito que atreverse a evolucionar y convencer a sus jugadores?

"Yo necesito disfrutar viendo jugar a mi equipo. Con el América dejé de hacerlo. Y acabo de firmar el finiquito y estoy listo para escuchar ofertas", dijo Matosas.

Y Peláez dice que no hay dinero para comprar los refuerzos que Gustavo Matosas "por genérica" necesita. Olvida Peláez que en los tres últimos torneos gastó más de 20 millones de dólares en cada uno. ¿Y el trueque de futbolistas tan común en México? ¿Y esa vieja conseja de cambiar dos gatos de 50 pesos por un perro de 100?

Las medias verdades no son mejores que las medias mentiras. El problema es discernir entre si las medias verdades o las medias mentiras pertenecen a Matosas o pertenecen a Peláez.

Asegura Jacinto Benavente que "la vanidad traiciona a nuestra prudencia y aún a nuestro interés". Cierto, en ambos casos.

1.- MATOSAS CLAUDICA...

El dicho es viejo: si la vida te da limones, haz limonada. Si tu directiva te da troncos, construye un puente de madera, Gustavo.

Entiendo que AutoGoltz y Pablo Aguilar fueron una herencia indeseable de Antonio Mohamed. El paraguayo sacó la casta guaraní y se regeneró al final del torneo. El otro, siguió vistiendo la Piel de Judas.

¿El resto? ¿Mares, Samudio, Pellerano, Quintero y Benedetto? Fueron capricho de Ricardo Peláez, y solicitados antes por Mohamed.

¿Renunció Matosas caprichosamente al desafío de hacer congeniar en una pretemporada de un mes para poner en pie de guerra bajo su filosofía a un grupo de jugadores que fueron talentosos en otros equipos? Sí, sin duda.

"Para mi proyecto necesito jugadores con velocidad y dinámica, con una genética distinta. Si no se puede, terminamos la relación", dijo Matosas en la conferencia de prensa de su despedida, dejando en claro que lo que le dieron y le querían dar, estaba ajeno a sus requerimientos.

2.- LA TIRANÍA...

Desde la época de Panchito Hernández, aunque con muchísimos más blasones, el directivo con más impacto en el América, ha sido Ricardo Peláez, comenzando por el hecho de que los rescató de la zona de riesgo de descenso.

¿Habrá rebasado el ego de Ricardo Peláez a la cordura de Ricardo Peláez? Desde su primer año, trató de imponer su autoridad. Oswaldo Vizcarrondo llegó al equipo de Miguel Herrera. El Piojo dijo que no lo quería, que no contaba con él, y Peláez presionó para que pusiera a jugar al venezolano, quien se vio afectado por ese pleito de vanidades, y terminó después jugando más de 70 partidos con el Nantes en la Liga de Francia.

¿Tenía razón Peláez y se equivocó El Piojo? Lo equivocado fue el método de la imposición antes de recurrir a la persuasión. Al final se impuso Herrera con resultados y la víctima fue Vizcarrondo.

Mohamed se queja después: "Van a gasta 25 millones de dólares en contratarle al que llegue (Matosas), los jugadores (Mares, Samudio, Pellerano, Quintero y Benedetto) que pedí hace seis meses y me negaron".

"No estamos en condiciones económicas para traer los jugadores que en cantidad y calidad nos ha pedido Gustavo Matosas", dijo Peláez.

Y el mismo Turco termina siendo víctima de esa dictadura de Peláez, sin dejar de lado que el tipo sabe de futbol, y ha sido uno de los jugadores más inteligentes en México. Pero, a veces, la inteligencia construye necios en lugar de sabios.

Todos pierden con este divorcio de intereses y de vanidades. Todos son víctimas. Todos terminan heridos.

1.- El América pierde dinero, trabajo, continuidad, coherencia, credibilidad y proyecto. Y traiciona a su afición, que se había ilusionado con una forma de juego y una dinastía ganadora-

2.- Ricardo Peláez tiene crédito. Tiene un saldo positivo, peor sabe, sin duda, que ya no hay margen de error. Porque él ha prometido títulos al Salón Oval de Televisa. Ahí, en ese espacio, queda claro, se buscan resultados y no excusas,

3.- Gustavo Matosas cree salir con la frente en alto. Dependerá de la rapidez con la que encuentre equipo. Los rumores persisten desde el lunes: ¿Cruz Azul regresa a Televisa y el América deja libre a Matosas para que firme con la Máquina?

4.- La cantera americanista. Gustavo Matosas empezó a voltear a la infantería de El Nido. Acudía a los juegos, observaba entrenamientos, pedía reportes semanales, se acercaba a algunos que le llamaban la atención. Ahora se trunca esa vía.

La socióloga española Concepción Arenal asegura que "en muchos casos hacemos por vanidad o por miedo, lo que haríamos por deber".

En este divorcio entre Matosas y Peláez, uno actuó por vanidad y el otro por miedo, pero, ninguno, por deber.

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LOS ÁNGELES -- Hoy el nicho pertenece a Marco Fabián. Tres estupendos goles al Atlas lo colocan, de nuevo, en el esplendor del carnaval de Chivas. "Tiene una motivación muy especial, no se las voy a decir", explicó Jorge Vergara en Raza Deportiva de ESPNDeportes este lunes. "Él puede irse a Europa cuando quiera".

Pero, lejos del resplandor, lejos de la óptica facilista, viviendo en esos callejones donde pocos se asoman, con perfil bajo, casi hosco, habita el mejor jugador de Chivas en este torneo. Y tal vez del torneo en general. Ojo: no el mejor futbolista, pero sí el mejor jugador de futbol.

Hector Vivas/LatinContent/Getty ImagesOmar Bravo es el hombre más importante para el Chepo de la Torre.
Omar Bravo es el hombre más importante para el Chepo de la Torre. Es un usurpador. Es, tácticamente, un farsante. Se le asigna como merodeador del área, pero se ha convertido en un todo terreno.

Es difícil ubicarlo. Parece ausentarse del juego. Parece perderse en la cancha. Parece deambular inútilmente. Y su cuota de goles y asistencias está muy lejos de colocarlo en el aparador donde cobran otros. Es casi un fantasma en la suma de anotaciones, pero es sustancial en la producción.

No es de un día, ni de un juego. No es de 90 minutos, o de unas jornadas. Incluso, no era, hasta el mes pasado, el jugador de mayores recorridos en la cancha. Es el genuino capitán dentro de la cancha. Asume ese papel de que su misión no es rescatar su barco, sino la flotilla de los 11 que están en la cancha.

Omar Bravo se ha convertido en el hombre que comienza la persecución del adversario, que incluso se infiltra entre Salcido y Castro, y los mapas calóricos de los juegos de Chivas revelan que ha sacado de su área nueve balones en condiciones de gol para el contrario.

Claro, si su misión de goleador no la cumple, podría parecer que se mete de vacaciones a la cancha. Si encima, no es ostentoso, grandilocuente, aparatoso o teatralista o exhibicionista, se convierte en una sombra de sí mismo, entre el fragor de un equipo que ha pasado de la agonía a la exaltación.

Encima, tratar de seguirlo por TV, cuando la cámara acosa al balón y a su eventual conductor, terminaría por hacer creer que Omar Bravo se quedó sin brújula y que es un peregrino accidental en la cancha.

Conforme a los mapas calóricos, ningún jugador en Chivas tiene una presencia, casi invasora, en todas las zonas del terreno. No es casualidad ni desubicación, sino lectura del juego. Incluso, en momentos de agobio ha terminado por colocarse como un quinto central, en estos casos por el ritmo y orientación de la jugada del adversario. De esa manera, en un equipo encomendado a sacar agua del Titanic rojiblanco, el lugarteniente del Chepo se sacudió los laureles, la tentación incluso de igualar la marca de Chava Reyes, y comprometerse a ser el delantero con mayor recorrido defensivo.

Para ubicar un paralelo, guardando las distancias entre la propuesta de uno y otro entrenador, por momentos, Omar Bravo es lo que llegó a ser Raúl Jiménez para El Piojo Herrera, que incluso ayudaba en la marcación forzando la marca sobre los volantes mixtos.

Sobre ese tema, cuestionado una vez, el mismo Jiménez reconoció entre risas ante este reportero: "No sé cuántos kilómetros recorra en la cancha, pero son un chingo, pero eso es lo que me pide Miguel, y obedezco".

Claro, Jiménez tiene 24 años y Bravo 35. Las maquinarias no resisten igual. La diferencia es que el caudillo de Chivas ya sabe leer el juego. Eso le permite anticipar y saber dónde pararse, perseguir o esperar. Y como caballo de batalla del Chepo termina desaparecido a los ojos superficiales que siguen las intemperancias del balón.

Pero de otra manera, el futbol le recompensa. Está ya a un gol de Chava Reyes tras marcar este domingo.

Y curiosamente, imposible olvidarlo, tras abandonar Chivas y penar peregrinamente por La Coruña, Tigres, Kansas City y Cruz Azul, regresó a Guadalajara, pero con el Atlas, donde fue pieza clave para Tomás Boy.

Y cuando Chivas lo requirió de vuelta, estaba reticente a regresar al Rebaño. Había sido tratado injustamente. Pero queda claro que la adicción o pasión, o compromiso o devoción hacia el Rebaño, lo ha reubicado como la pieza más importante de Chivas, y es el que tiene más minutos jugados en total, en el regreso de El Chepo.

Escribía Miguel de Unamuno: "Quiero vivir y morir en el ejército de los humildes, uniendo mis oraciones a las suyas, con la santa libertad del obediente".

Sin duda esa función encubierta, en que labora Omar Bravo semana a semana, le sienta bien a él y al equipo.

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LOS ÁNGELES -- La tarde histórica es de Marco Fabián. La tarde histérica es de una facción del Atlas, un grupúsculo de lunáticos.

Chivas llega a semifinales. Y el jugador largamente esperado por el Rebaño, apreció finalmente, a tomar el bastón de pastor: Marco Fabián de la Mora. 4-1. Implacable. Pudieron ser más, debieron ser más, pero la horda de dementes acabó con el juego, con los espíritus de los 22 jugadores, que entendieron que una quinta anotación podía ser un detonante peligroso.

Sublime lo de Marco Fabián. Pero pernicioso, peligroso, maligno el acto de barbarie de una media centena de rojinegros. Chivas los había puesto de rodillas. Y pretendían vengar lo que los jugadores en cancha no podían. Pero era más grave, su objetivo no parecía ser el Guadalajara, sino el propio técnico del Atlas, Tomás Boy, quien, debe haber entendido que sus desplantes, entre lo folklórico, lo burlesco y lo provocador, fomentan en lugar de aligerar ese ambiente explosivo que rodea una facción rojinegra.

Atlas queda desnudo, en bancarrota, humillado, expuesto. Su técnico perdió la fase desde el Juego de Ida y refrendó su error de la Copa Libertadores. Su soberbia lo ha dejado fuera del Atlas. ¿Cruz Azul? ¿Agregaría un problema a los que ya tiene? Su acto de renuncia anunciada, fue evidente cuando Boy dijo que "al Atlas le urge más ser campeón que a mí". Esa postura mesiánica es un mensaje equivocado, especialmente para un entrenador que no ha ganado nada.

Después de las torpezas de la Comisión Disciplinaria, pero especialmente de Decio de María y Justino Compeán, al no castigar a Boy y a Vilar tras la zacapela contra Xolos, y peor aún, tras cobijar y prohijar la agresión al árbitro Fernando Guerrero en Torreón, ahora deberán actuar con varios requisitos que no cumplen: inteligencia, honestidad, valentía, hombría.

Pero, más allá de ese momento de pánico que vivieron los jugadores de Chivas --y seguramente de Atlas--, y de la incompetencia policiaca, el Guadalajara fue un magnífico vencedor.

El artífice del triunfo, salió de su propio reclusorio, de sus propias sombras, de sus propios errores, de sus propias flaquezas, de sus propias distorsiones. Una jornada de redención absoluta. Y en el momento perfecto, una Liguilla. En el sitio ideal, el Estadio Jalisco. Ante el rival correcto, el aborrecido Atlas. Que su penitencia sea pues, eterna.

El que en Raza Deportiva de ESPNDeportes juramentó demostrar que percibe claramente la diferencia diametralmente opuesta entre el mágico embeleso del gol, respecto al efímero disfrute del vino y las correrías nocturnas, ese mismo Marco Fabián, cumplió su acto de contrición y de resurrección.

Sus goles, además, caben en la galería de los históricos. Porque no fueron apuestas, fueron decisiones. El primero es un golpeo perfecto, con el cuerpo en armonía con la exigencia del remate. Federico Vilar vuela para embellecer la postal, para que quede la firma de que fue valiente hasta en el regocijo visual de su propia muerte.

El segundo, más allá de la poco vehemente marca de los rojinegros, de nuevo el caudillo de Chivas elige dónde y elige cómo. Y la pelota acepta la complicidad. Su viaje es una parábola perfecta, a ese dimensión desconocida donde los arqueros nunca llegan. Vilar vio, contempló y calló. Contrario a lo habitual, ese arco iris fugaz de Fabián anunciaba el principio y no el final de la tormenta para el Atlas

El tercero, ya henchido de confianza, ya facultado para montar un museo de su tarde histórica, Marco Fabián pisa el área, revienta cigueñales, despedaza cinturas, luxa osamentas, y de nuevo, con la zurda, coloca a Vilar como Convidado de Piedra, mientras la pelota se desliza en una joroba, flotando, en un aleteo festivamente tétrico de muerte para el Atlas. Hay funerales preciosistas. El tercer gol lo consiguió.

El cuarto es de Omar Bravo, cuando ya Atlas era un desorden, y su trinchera estaba entregada. Pero Bravo está a un gol de emparentar con Chava Reyes.

¿Qué ocurrió en la cancha? Simple: Atlas improvisó. Tomás Boy reacomodó piezas y parado. Sus jugadores aún deberán estarle preguntando: ¿para qué hacer añicos, lo que funcionó bien en el cierre del torneo, excepto ante América? El suicidio de un técnico llamado Narciso.

¿Y Chivas? Le asaltó por los costados. Su segunda línea de ataque, con un Chatón Enríquez excepcional, mucho más productivo que el inhabilitado Salcido, encontró siempre relevos, espacios, velocidad, y profundidad.

Era claro que, en su petulancia, Boy menospreció a Chivas y creyó que haciendo lo suyo, sin anular al adversario, se metería a Semifinales. Y a sus jugadores más veloces, encima, los dejó en la banca. NI el peor ajedrecista entrega su reina sin pelear. Y Tomás lo hizo.

Algo más para rescatar: preocupante esa media centena de salvajes, pero lejos de provocar una epidemia, y pese a algunos brotes de broncas y violencia, predominó la gente sensata, de ambos equipos. Porque, afortunadamente, los hubo, los que supieron ganar, y, los hubo, los que supieron perder.

Por eso, no todo está perdido. El cáncer es invasivo, pero los rostros de los parásitos están en las imágenes televisadas. No será difícil encontrarlos, claro, si las pusilánimes y timoratas autoridades de Jalisco, intimidadas por otros malhechores, se atreven a actuar.

El fútbol en Guadalajara está a salvo. Pudo herirlo gravemente esa horda de pelafustanes rojinegros. Veremos si el Atlas, la Liga MX y la FMF se atreven a actuar o se vuelven cómplices. Hacen más daño los hooligans hipócritas, emboscados y embozados como Decio, Justino y quienes trajeron a México la doctrina perversa de las barras bravas (Jesús Martínez y Andrés Fassi), que las barras mismas.

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Derrota AméricaMexsport

LOS ÁNGELES -- Michael Arroyo había colgado de las fantasías, la clasificación americanista. Al 87' metió el balón hecho obús en ese limbo donde ni arqueros como el Conejo Pérez llegan. 5-5 en el global y América ilusionaba y se ilusionaba.

Jugando con 10 y un traidor desde el inicio y desde el 33' con 10 y sin traidor, porque Paolo Goltz cumplía su misión de ser expulsado, las Águilas estuvieron dos veces en Semifinales del Clausura 2015, cuando el redimido Pablo Aguilar puso el 4-4 y con ese zapatazo de Arroyo en el 5-5.

Aunque La historia relatará el 4-3 final (7-5), con la exaltación de Pachuca a Semifinales, la genuina historia se escribió al 94'. Sólo siete minutos después de lo que parecía otro milagro americanista. El gol de Cano era obsoleto, obsceno hasta para Pachuca.

Pero... O Roberto García Orozco enmienda o tiene encomienda. Dos veces en el Clausura 2015 decidió no marcar penaltis similares al que este sábado decidió sí marcar contra Pablo Aguilar. Un disparo de Mosquera a quemarropa. El balón tenía domicilio de gol y la mano del paraguayo interrumpe la fatídica trayectoria. En el libro de los misterios post-mortem, permanecerá la duda sobre si iba o no al alcance de Moisés Muñoz.

García Orozco, por enmienda o por encomienda, marca lo que parece totalmente correcto. Y al 94', el americanismo sacó rosarios, veladoras, plegarias, salmos. La fe estaba puesta en Moisés, inscrito en la nomenclatura de los milagros. Pero en el futbol ocurre uno por juego. Arroyo había agotado el de El Nido. Cvitanich cuelga el balón en la red, en el marcador y descuelga los tendederos frágiles de esperanza del América: 3-3 y 5-6 en el global.

Habría otro gol, al 96', del gambusino Ezequiel Cano, pero para entonces las Águilas, ya con nueve por la roja a Pablo Aguilar, entregaban la corona del campeón. Los pulmones estaban vacíos y los músculos inflamados.

Un encuentro que parecería un desorden absoluto, pero que terminó bellísimamente manipulado por las circunstancias, que son la suma de imponderables que enriquecen y ennoblecen las reacciones humanas.

1. Pizarro ridiculiza la sospechosamente artrítica marca de Auto-Goltz. Y entrega a Penilla, quien entre cuatro pasmarotes vestidos de amarillo, la empuja. Era el minuto 6. América, diría Juan Luis Guerra, debió salir entonces de tour a cruzar el Niágara en bicicleta. Gustavo Matosas exige el abordaje suicida como en un cortometraje de piratas del cine mudo.

2. Los Tuzos estaban más cerca del segundo. De nuevo un vendaval que flagela y penetra la trinchera amarilla. Un accidente ilumina a Matosas al 17'. Guerrero, al que el apellido le queda grande, se lesiona. Carlos Darwin, el mocoso berrinchudo de la Ida, recibe una oportunidad. La aprovecha. Mete pierna, recorre, produce, genera. Purga penitencia.

3. Con uno menos, sin contención definido, América decide salir a una guerra nuclear con sólo un taparrabo. Lozano, Nahuelpán, Penilla, Pizarro y Ayoví se arriman al gol. Descarados, con rutas descongestionadas, desbordan. Y el camino se limpia más cuando Auto-Goltz, como en la Concachampions, decide ir a ganarse la roja con brutal patada al abdomen. Al 33', el argentino habla con su agente de bienes raíces: quiere casa de lujo en Monterrey.

4. Enloquecidos, sin burocracias en media cancha, sin pausa, sin tregua, a matar o morir, a matar y morir, entre los indultos de Pachuca, una chilena de Oribe Peralta al 43' es una inyección de adrenalina al corazón con taquicardias de El Nido. 1-1, 4-3. Quedaba tanto, pero tanto por saborear en esa línea raquítica entre el gozo y la angustia para hidalguenses y americanistas.

5. Hecha un caos la zaga de Tuzos, el 2-1, 4-4, llega, insisto, con el redimido Aguilar y provocó una revolución histérica en las bancas. En seis minutos tres cambios. Matosas quiere pausa y control. Ventura por Benedetto para reposar en la garantía del pase a Semifinales. Pero cuando apenas se organizaba América, Ayoví saca una página de ciencia ficción. Su disparo de zurda es un fogonazo. La NASA investiga la tecnología del ecuatoriano. 2-2, 5-4. Y Diego Alonso quiere más sangre: manda a Cvitanich por Penilla y a Cano por Nahuelpán.

Embelesa, hipnotiza el trámite. Ya no hay esquemas. El pizarrón de la semana y del vestidor, la charla táctica, el repaso de estrategia, el manual de funciones, se vuelven una patraña. Se juega con la bestialidad innata del músculo y la fe. Aleluya.

Y entonces, para un drama continuado, llega un desenlace en el que el suspenso guardaba sus mejores caprichos y sus peores contubernios: el golazo de Arroyo, el penalti de Aguilar que marca García Orozco y cobra Cvetanich, y el gol obsoleto marcado por Cano.

Pachuca legítimamente es un notable semifinalista, que defiende, con esa mezcla de sangre joven y veterana, el enaltecido y enaltecedor compromiso por el buen futbol. Seguirá sufriendo en el área, pero seguirán sufriendo en el área contrario. Eso, merece veneración.

¿América? A limpiar el pelotón, que seguramente comenzó a tirar escombros este mismo sábado, con Goltz, y le seguirán en esa ruta las grandes contrataciones pedidas por Antonio Mohamed y que precipitada y torpemente aceptó Ricardo Peláez, antes de sentarse con Matosas.

Cómo único fomento de consuelo para el americanismo, insuficiente para un equipo proyectado para el Bicampeonato, es que al menos mostró la hombría en el momento clave, pero a los bandoleros, porque los hay, en el plantel, el sueldo les llegó puntualmente, aun cuando no lo sudaran en la cancha.

Pero es inevitable confrontar que el América muere como el América, porque no supo vivir como el América.

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Chivas vs. AtlasESPN.com.mx

LOS ÁNGELES -- Decepción. Desilusión. Una Guerra Civil de espíritus huidizos, acobardados. Tras aquel Clásico Tapatío de la fase regular, con un vibrante banquete de emociones, garra y atrevimiento, este jueves las fierras se contrajeron en su madriguera.

Cero absoluto. El marcador, en esa alegoría de bostezo compartido del 0-0, es la afirmación inconfundible de la negación de futbol que ocurrió en la cancha.

Pocas intenciones, pocas aproximaciones, pocas osadías, pocos alaridos, pocos sobresaltos. Chivas tenía la obligación, pero tras insistir en el primer tiempo ocasionalmente, en el segundo, renunció.

La obligación de ser local es un mecanismo retráctil conforme las conveniencias del momento. La decepción en la tribuna, para cada entrenador, es secundaria, si no hay decepción en el marcador. Y el 0-0 sonríe a los alternados patrones pusilánimes de ambos equipos.

Chivas intentó y no pudo porque su mejor atrevimiento estaba en Marco Fabián, que hizo del rococó populachero su mejor argumento. Sin un rematador implacable, o al menos de medio pelo, en el área, los balonazos eran rutina para el Atlas, en especial porque De Nigris estaba recluido en la banca.

Atlas se dio cuenta pronto de que podía tomar por asalto el Omnilife y administrar ventaja para el juego de vuelta. Pero para entonces, Chivas había sobrepoblado la media cancha y montado una zaga desesperada. Si los rojinegros merodeaban el área, entre su precipitación y el estoicismo del rival, el marcador era un eco de la tribuna, donde los bostezos sustituían al fervor generoso del arranque del juego.

Un gol anulado, una atajada sobresaliente de Vilar, un intento de Marco Fabián, un remate del Chatón Enríquez y centros desesperados fueron la mejor forma de inquietar a la defensa del Atlas, que, al final, encontró en la resistencia sin precipitaciones, la mejor trinchera.

Para Luis Michel el trabajo fue menos complejo. Atlas fue una amenaza sitiando la zona, pero en la velocidad de toques cortos y elaborados pagó con imprecisión. Y las mejores arremetidas murieron apenas en una zaga rojiblanca que se batió, y hasta terminó haciendo tiempo a pesar de ser local.

Lo mejor del encuentro se puede comprimir en segundos. Ambas aficiones fueron engañadas y ambas aficiones quedaron expuestas a un nuevo desengaño, no sólo respecto al trámite de vuelta, sino al mismo desenlace final.

Ninguno pudo ser mejor porque ninguno supo ser mejor, porque ninguno quiso ser mejor. No hubo aventureros en la cancha, solo almas angustiadas por el temor de perder, más que alentadas por la esperanza de ganar.

Al final, con la pobreza evidente de ambos, queda claro que el respeto fue excesivo. Ni Chivas mereció la histeria táctica de los Zorros, ni el Atlas mereció la excesiva precaución del Guadalajara.

Ambos, al final, terminaron asustándose con fantasmas que no existen. Por eso al 0-0 solo le sobrevive el suspenso porque memorias de este juego no quedaron ningunas. Y ese, debe ser el primer bochorno, la primera vergüenza para un Clásico Tapatío.

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LOS ÁNGELES -- América parece regocijarse en la adversidad. El masoquismo le estimula, le deleita. En la Concachampions desfallecía como víctima. En la Ida ofrecía la peor versión como protagonista del ridículo. En la Vuelta se redimía como protagonista heroico y se perdonaba todos sus pecados.

Repite el drama. 3-2 pierde con Pachuca. Un primer tiempo lamentable. Las Águilas planeaban bobaliconas ante la velocidad de los Tuzos. El 3-1 de la primera mitad era una cuota piadosa. Había complicidad porque Pachuca había jugado para hacer más goles y América había jugado para que le hicieran más goles.

De nuevo la confusión americanista. El proceso de recuperación y asalto comienza laxo y lazo con los hombres del frente. Y con las llanuras que dejan ante la zaga, el poder encarar a dos torpones como Goltz y Aguilar es fascinación estimulante para la juventud incendiaria de jugadores como Gutiérrez y Lozano.

Noche de goles con fanfarrias. Hasta el primero del América fue un bazucazo de Arroyo que le pegó más que con convicción con desesperación de amarrar un nuevo contrato para la próxima temporada, y no ser confinado a la pasarela indignante del draft de jugadores.

Desbocado desconsideradamente en la primera mitad, los ajustes en el parado y paulatinamente de hombres, le rescató al América la personalidad en la cancha. Y entonces empezó a generar y a desperdiciar.

Ayoví se viste con la piel de Judas y regala a Benedetto el servicio del 3-2 que provocó combustión en el América. Se acercó más a la madriguera del Conejo Pérez, que sufrió más viendo como el mismo Benedetto, Arroyo, Samudio y Pellerano perdonaban.

Pero el corazón veterano se le detuvo al Conejo Pérez cuando a pase de Paul Aguilar, Oribe Peralta, solo, a metros del gol, en zona de fusilamiento para sanguinarios como él, rehuyó al compromiso con un amague para dejar pasar el balón a... la nada. Horrible elección de El Hermoso.

Ya para entonces, con Guerrero, Oswaldito, Arroyo y Pellerano -éste en su partido menos innoble con América--, el equipo encontró profundidad al permitir que Paul y Samudio se arrimaran más por los costados, al contar con un tapón de recuperación y transición en media cancha.

Pero, al final, América queda condicionado a tener una redención sublime en el juego de vuelta. El 3-2 es amenazante. El esquema de Gustavo Matosas y la necesidad de revolcar el marcador, obliga a las Águilas a apegarse con vehemencia a su rol, pero, sobre todo, de nuevo, a que el recorrido de sus jugadores sea más constante y comprometido.

Por eso, en el primer tiempo, Carlos Darwin Quintero volvió a ser un fantasma. Se le había visto restablecido en las últimas semanas. Hurtando balones, apretando marcas, colaborando en relevos defensivos, pero este miércoles se tiró de nuevo a la poltrona y en el cinismo extremo protestó con un berrinche al ser sacado de la cancha. A su patético rendimiento como futbolista le agregó su patético comportamiento como coequipero, con desplantes infantiles.

Y en esa renuencia táctica, el colombiano arrastró a Oswaldito Martínez, quien no necesita de mucha ayuda para naufragar y perderse en sus funciones en la cancha.

El problema es que ese recurso, ese estratagema de salir de los juegos de ida como mártires para exaltarse como redentores en la vuelta es un jugoso juego de alto riesgo.

¿O será necesario que, como en la Concachmapions ante Herediano, aparezca nuevamente Ricardo Peláez en el vestuario con el ultimátum directo desde el Salón Oval de Televisa para estremecer a esos espíritus que se recuestan en la pusilanimidad del aburguesamiento?

Porque además, Pachuca, con esa genuina postura de aventurero, puede de nuevo, en la inmensidad del Estadio Azteca, tomar por asalto a esa defensa de plástico con capitanes de agua, diría, recuperando las sabias palabras de Ángel Reyna en determinado momento sobre el cuadro bajo de aquel América que comandaba Aquivaldo Mosquera, en ese torneo aciago de su regreso a México, tras su aciago pasaje por Europa.

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