Chicharito HernandezGetty ImagesChicharito Hernández anotó uno de los tres goles de Manchester United ante Braga
LOS ÁNGELES -- Fue un gol a la Charlie Chaplin. A la Groucho Marx. A la Cantinflas. A la Chapulín Colorado.

Es su sello. El sello de Javier Chicharito Hernández.

El gol parece ser un accidente. Lo cierto es que es un incidente. Parece ser una casualidad. Lo cierto es que una causalidad.

Y Chicharito sigue con la turbina en marcha. Se despertó este miércoles sabiendo que la afición a los Red Devils lo consideraba el Satanás otoñal de octubre, al votarlo como el mejor del mes.

Y como ha aprendido a beberse el tónico de la esperanza igualmente con la miel y con la hiel, así como no lo espantan los moretones, tampoco lo aburguesan los arrumacos.

Ante Braga hace el 1-3. No hay exquisitez del Chicharito. Si los goles los hicieran sólo los renacentistas del área, el futbol mundial tendría telarañas en los marcadores.

Si en el quehacer de los equipos importa el cómo, en el desenlace del rematador, sólo importa cuántos. La cantidad de goles es la madre de la victoria, la calidad de goles es la madre de las anécdotas. Chicharito suma, aunque se le resten méritos.

Ante Braga recibe el balón. Sufre para controlarlo. Aún así recorta al portero. Oooole, habría gritado el tendido. Pero, enseguida, tras lo sublime, lo despatarrado: rebota el balón en un defensa en un disparo horroroso. Causa perdida. ¿O no?

Javier tiene una ventaja: él se anticipa a sus propios riesgos, él se anticipa a sus propios yerros. Ni festeja ni se rinde, hasta que la pelota vuelve a ser ajena o esta en la red. Y ante el Braga se anticipa a tres defensas y el arquero, y estira la pierna sobre ese balón a la deriva, y la pelota entra elevada, cuando los defensas apenas reaccionaban.

Sí: parecen goles de Chaplin. De Cine Mudo. Chuscos y disparatados. Pero intencionadamente ejecutados.

Chaplin no se caía por torpe, sino para hacer reír. CH!4 no anota así por torpe, sino porque es la única manera de corregir una torpeza.

CH14 asesina al adversario y da risa. Es como ver al inmortal Cantinflas en el papel de Rambo. Asesina y deja dos alegrías, la del gol y la de la forma en que marca. No comete el crimen en la red con bazuca, sino con el Chipote Chillón. Y la tribuna se desmaya.

Queda claro: Hernández nunca será la fiera que es Falcao; ni el criminal cerebral que es Van Persie; ni la sangre fría de Rooney; ni ni tendrá la inventiva trigonométrica de Messi; mucho menos la intuición arrabalera de Higuaín; ni la impiedad del mercenaria de Ibrahimovich, y menos será el catrín perfecto llamado Cristiano Ronaldo.

No lo necesita. Su peculiaridad lo hace distinto a ellos, pero no lo hace inferior a ellos. Por el contrario, el remate estrafalario es un picogramo de adrenalina que le sobra, y que a veces, también le hace fallar.

Por eso los penaltis le aterran. Es una encerrona con sus propias deficiencias. La portería son los monstruos que le aterran en la noche. La fortuna abandona a los tiradores de penaltis. Se divorcia de ellos en el manchón. Y Chicharito necesita una Hada Madrina en cada disparatado disparo al gol.

A eso hay que agregar que no aburre. Es incapaz de plagiarse a sí mismo. Es incapaz de repetirse a sí mismo. Incapaz de clonar un gol con otro. Porque sus goles son incidentales aunque parezcan accidentales.

Si alguien pregunta "¡Recuerdas aquel gol que&?". Saltará la referencia puntual: ¿el de mollera?, ¿el de trompa?, ¿en el que se tropieza con el balón?, ¿el de taquito o el de costillar? Su menú de goles no está en el museo: está en la carpa. Y valen exactamente lo mismo.

Lo importante para CH14, para MUFC y para el Tri es que reencuentra el gol. Poco importa cómo marque, porque ese es su valor agregado: si ni él sabe cómo va a rematar, su marcador y el portero menos. La improvisación mata esquemas.