Javier HernandezMatthew Peters/Getty ImagesChicharito Hernández es el futbolista mexicano que goza con más fama en Europa

LOS ÁNGELES -- Tiene una personalidad por la que nadie lo quiere. Pero a Hugo Sánchez nadie lo ignora.

Después de todo, sobre el nicho de su petulancia y soberbia se asientan sólidamente su condecoración suprema de Pentapichichi. Y más: el único técnico Bicampeón en Torneos Cortos de México.

Eso le da derecho a opinar. A veces opina y vocifera. A veces opina y se hace creer que vocifera.

Hugo dio al Diario Marca de España su juicio sobre el mejor jugador mexicano en Europa.

No hay un comparativo en la pregunta. Él provoca el comparativo.

Ese afán suyo, que parece casi involuntario, de sembrar vientos para cosechar tormentas.

Hugo es la diosa náhuatl de las tempestades, es la Atlacamani en temas de futbol. Decían los aztecas que su deidad abría las fauces y desataba tsunamis.

"(Carlos Vela) tiene mucha calidad y talento, pero en México no tiene el reconocimiento ni la simpatía que se tiene por Chicharito", dijo Hugo.

El mensaje es inequívoco. La lectura natural arrastra al mensaje subliminal de Hugo.

1.- Vela es subestimado en México.

2.- Chicharito es sobrevalorado en México.

En parte Hugo tiene razón. Carlos Vela es mejor jugador de futbol que Javier Hernández.

Pero, el Chicharito es más profesional que Carlos Vela. Eso marca diferencias.

Carlos Vela yerra un gol y ríe, porque sabe que con sus virtudes es una obscenidad haber fallado. No le preocupa el efecto en el equipo, sino en su propio lujo y lucimiento personales.

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Chicharito yerra un gol y se lamenta, se preocupa, se flagela internamente. Su código no le permite equivocarse: asume la repercusión en las urgencias del equipo. No se decepciona a sí mismo, sino que se decepciona porque frustra las expectativas y la expectación de compañeros, cuerpo técnico y aficionados.

Carlos Vela yerra un gol y está convencido que mañana volverá a tener otra oportunidad.

Javier Hernández desperdicia y sabe que obliga a un esfuerzo colectivo a sus compañeros para tratar de engendrar otra posibilidad de gol.

Carlos Vela consuma un gol, generalmente con oropeles fastuosos, de vistosidad, y sabe que se ha ganado el derecho a una francachela en la versión más europea del pecado como es San Sebastián y su vecindario geográfico.

Chicharito consuma un gol y es un desahogo pleno. Es el epítome del festejo. El clímax de la misión cumplida. Pero, de inmediato, se pone serio. La misión no ha terminado.

Hasta el pedigrí entre ambos es distinto. Ambos mexicanos, ambos de Chivas, pero de distinta especie.

Carlos Vela es un futbolista completo. Está perfectamente diseñado para ser un jugador de aptitudes ofensivas en cualquier posición. La naturaleza lo dotó de manera que acude a los entrenamientos al esfuerzo normal de quien posee talento. Ni se preocupa por ensayar para acercarse a la perfección.

Chicharito no puede darse ese lujo. Como lo ha consignado Alex Ferguson: llega antes a los entrenamientos y se va después que todos, hasta cuando el rigor de horarios ingleses lo permite. Javier sabe que ni ensayando alcanzará la perfección. Pero sabe que mientras más ejercite sus remates, más capaz será de sacar fantasías de lo inesperado en sus remates.

Son harina del mismo costal, pero cocinan distintos panes. La gran diferencia se esconde en sus actitudes.

Chicharito ha demostrado que resiste tormentas. Carlos Vela ha demostrado que no se resiste a los placeres.

Y lo irónico: si Vela tuviera ese espíritu indomable de Javier, sería un fuera de serie.

Si Hernández tuviera ese repertorio de facultades de Vela, sería un fuera de serie.

Claro, la mejor apuesta es juntarlos en la cancha. Hasta ahí hay diferencias. Porque Vela ha hecho del Tri una opción, y Hernández una apuesta de prioridad.

Hay que verlos en la cancha. Vela conduce en corto sin problema; va de la gambeta en corto al rebase largo. Es depurado para definir con ambas piernas. Gusta de hacer de cada gol un banquete.

Javier no tiene depuradas esas virtudes. Es un diamante incapaz de pulirse más. Si Vela se lanza de chilena es una acrobacia perfecta y puede terminar en la red. Si Javier se tira una chilena hay que llamar al quiropráctico, al sobador y al huesero, porque la peripecia y el costalazo espantan. Y de gol, ni hablemos.

Ahí, en lo mental, es donde se equivoca Hugo. Y es curioso, porque si hay un semidiós de la testosterona, es el Pentapichichi y debería saber leer la diferencia. No es lo mismo ser un goleador en el Manchester United que un gambusino de la prole de España.

Porque si bien es innegable que Vela es mejor futbolista, los equipos que voltean a verlo como una opción están de la mitad de la tabla hacia abajo en España.

En cambio, al Chicharito, con todo y sus goles a la Charlie Chaplin, lo ven de reojo los equipos de más prestigio en Europa.

Porque los entrenadores y los jugadores quieren a guerreros incondicionales a su lado, por encima de los artistas eventuales.