Christian Martínez
MexsportLeón celebró como nunca su avance a la semifinal del Apertura 2012
LOS ÁNGELES -- Convengamos: León estaba destinado al fracaso.

De hecho, desde su retorno a la Primera División, empezamos, así, en primera persona del plural, a crear un escenario repulsivo hacia el equipo.

La Multipropiedad era un Pecado Original y un Pecado Capital. Renació el León con esas manchas profundas en su retorno y en su entorno.

Era, el León, un homenaje obsceno, grotesco, a una práctica desleal en el futbol mexicano. Era una burla viviente. Lo más grave, quienes habían fustigado a Televisa y TV Azteca por su prole de equipos, de repente se convertía en uno de ellos. De tanto combatirlos, Jesús Martínez terminó por convertirse en uno de ellos.

Sí: León llegaba con todo en contra, como si no le bastaran las condenas amargas que vivió anteriormente con propietarios de indudable calaña. Hampones, pues.

Hoy, la atención se centra en el equipo. Una nómina de jugadores sin generosos contratos, sin generosas apuestas pero con generoso compromiso.

Hoy, un equipo al que se le agradece ese futbol dinámico, intenso, abnegado. Y con jugadores capaces de transpirar por la pelota y de inspirar con la pelota.

Antes de que rodara el balón de cara a este ya agonizante Apertura 2012, con cuatro jugadores del recién eliminado Cruz Azul, se habría podido pagar la plantilla y seguramente los salarios esmeraldas, en la supuesta cotización, exagerada por lo visto, de Chaco Giménez, Amaranto Perea, Mariano Pavone, Gerardo Torrado, Jesús Corona y Omar Bravo. Ninguno de ellos cotiza por debajo de los dos millones de dólares por año.

La humildad de nómina se refleja en la cancha. Jugadores hambrientos, con futbolistas como Burbano, Loboa, Maz, Peña, Montes, por citar referentes, el León no se viste de oropel para salir a la cancha, y el compromiso es una palabra que encierra sus rutina de lucha, sacrificio y ambición.

A Gustavo Matosas le cuentan y le cuestionan la cantidad de objetos que dicen ha roto a patadas. Parece que el entrenador uruguayo ha encontrado en despedazar objetos modestos o suntuarios, la forma de encauzar su irritabilidad.

Lo cierto es que el entrenador de la fiera logra mantener atención y tensión sobre él mismo, como pararrayos del equipo.

Es decir, si el entrenador hace esos disparates inocuos, anticipándose a su propio jugador, éste entiende que ya no debe entrar en beligerancia con árbitros y rivales, ya hay un asignado para ello, y esa es una liberación emocional para ellos.

Es irónico, por cierto, que Gustavo Matosas tenga un paladar opuesto al de su padre Roberto Matosas, un estelar del Toluca y un histórico intocable en la historia de River Plate.

Matosas padre gustaba de amarrar a sus equipos, pero Matosas hijo le da aire a las camisetas y los pone a jugar en quinta velocidad, un privilegio que pocos equipos en Primera División se atreven a hacer, y de hecho, actualmente, Chivas, Atlante, Pumas y Atlas, se olvidaron de ello.

Esto nos lleva a reiterar que el único equipo que reembolsa cada centavo por su boleto, es el León.

Yendo a lo extra futbolístico, tras hablar de la lamentable Multipropiedad, León termina convirtiéndose en un arriesgado y temerario epicentro, donde sólo queda reconocer la osadía.

Es el primer equipo que desafía las componendas de Televisa y TV Azteca para transmitir los juegos a su antojo en el futbol mexicano.

Pero el León, no sólo elige un rumbo distinto, en un acto de rebeldía inesperada totalmente, sino que además desafía a las televisoras aliándose con el poderoso enemigo comercial, que era objeto de ataques y conflictos: Carlos Slim.

De entrada, y en el primer semestre de la zacapela financiera, Slim retiró más de 200 millones de dólares de convenios a Tv Azteca y Televisa, desatando una guerra abierta por el control de la telefonía en México.

León juega dos cartas que parecían suicidas: por las transmisiones en una mesa, y en la otra, por la afrenta pública al asociarse con Slim, aunque no necesariamente debe creerse que hay pureza total en los negocios del hombre más rico del mundo. Quede claro, dar un mal servicio, como ocurre con sus telefónicas, es, por definición, un acto de corrupción.

Así, el León ha higienizado en la cancha, todo ese entorno.

El paso del León es la mejor profilaxis posible para limpiar lo percudido en otras áreas.

Y lo importante: el ejemplo. Los clubes que ascienden, como Xolos y León, no deben ser, necesariamente, víctimas propiciatorias, resignadas al fracaso. No deben aceptar que se les catalogue como agonizantes para descender al año siguiente.