Javier AguirreEFE Javier Aguirre tiene en su foja marca excepcional en el torneo español
LOS ÁNGELES -- El Espanyol de Barcelona es un fiambre. Hiede más a formol que a esperanza. Atufa más a incienso que a esencia de vida.

El Espanyol de Barcelona es más un desafío para un taxidermista que para un curandero. Reclama más atención de un embalsamador que de un rescatista. Implora más la eutanasia que la histeria de un paramédico.

Es decir, es un trabajo perfecto para un técnico sin chamba, aunque no necesariamente para un técnico chambista.

Ahí llega Javier Aguirre. Especialista en casos desesperados. De hecho, exitoso en casos desesperados.

Sin duda, sus hazañas como hombre-medicina, tienen dos versiones rescatadas de la tumba: las selecciones mexicanas que recibió en estado catatónico de Enrique Meza de cara al Mundial 2002, y la que recibió de Sven Goran Eriksson para el Mundial 2010.

Que después, ya en las competencias, metió la pata como versión futbolera de Pedro Picapiedra al manejar al TRI-ncomóvil, es historia e histeria aparte, sin dejar de reconocer esa final en la Copa América de Colombia 2001, donde con toda razón culpa de hurto y saqueo al arbitraje, bajo la falaz y abyecta conspiración de Eduardo De Luca y Julio Grondona, habida cuenta que Nicolás Leoz ya era un ornato momificado de dudoso buen gusto.

Pero en España, Javier Aguirre también ha demostrado dotes de virtuoso para regresar a los muertos a la vida.

Sus dotes para lograr que sus eventuales Lázaros bíblicos se levantaran y anduvieran, son innegables.

Aguirre lo hizo con Osasuna y al final de esa relación lo metió en competencias europeas. Al Zaragoza también logró rescatarlo, aunque después volvió a postrarlo en cama y en coma.

El Atlético de Madrid fue un pasaje aparte, pero con el mérito de meterlo de nuevo en competencias europeas, un Paraíso que le había sido vetado reiteradamente.

Hoy con el Espanyol, decide sumar a Alfredo Tena, técnico que ha sido campeón en México, pero que sobre todo, tiene experiencia en catalizar vestuarios.

Lo de Espanyol, insisto, sufre de todas las enfermedades que aniquilan a un equipo, incluyendo caries en el vestidor.

Cualquiera pensaría que los Periquitos pueden empezar a vestirse de cuervos para su propio funeral.

Han ganado nueve puntos de 39 posibles. Están en el club de los más humillados con ocho derrotas, al igual que el Osasuna y Granada.

Sin embargo, Espanyol tiene varias esperanzas.

1.- Entre él y sus eventuales salvaciones, no hay muchos puntos de diferencia: Osasuna tiene 10; Granada y Deportivo, 11; Mallorca, 12, y hasta podemos enlistar al Celta con 14, y con 15 unidades al Zaragoza y al Bilbao. Sí, ya lo vio usted: en su urgencia por salvarse, Aguirre puede sentenciar a dos de sus ex equipos en España: Osasuna y Zaragoza.

2.- El plantel está conformado a la medida de las posibilidades de un equipo en bancarrota, cuyo mayor privilegio suntuario es su estadio, que pretendería hipotecar para irse de compras en invierno.

3.- Ojo: la nómina no es una legión de desahuciados picapiedras o pataduras. Hay que recordar que el club lo armó, con pretensiones de rescatarlo, Mauricio Pochettino, un entrenador en verdad enamorado de este equipo, y cómo no si lo respaldan 480 partidos, 319 de jugador y 161 como entrenador.

4.- La crisis en el Espanyol es explicada como agotamiento mental y físico. Crisis de confianza y una tendencia casi suicida a resignarse a su infortunio. Es decir, un diagnóstico de agonía en los que es experto Javier Aguirre.

5.- Una de las apuestas de Pochettino es lo que puede ayudar a rescatar a este equipo: apostó por la cantera, e incluso en su momento fueron destacables los conflictos con jugadores como Luis García y De la Peña, pero es indudable que necesita un hombre gol, pues la responsabilidad recae en el media punta dentro de la estructura como es Verdú.

Claro, que ya en este momento circulen sin control las versiones sobre la llegada del mexicano Oribe Peralta, parecen una locuacidad y una locura, aunque hay promotores que hacen milagros,

¿Puede sanar y resanar Aguirre a semejante achacoso moribundo?

Aguirre tiene el don de la palabra. Tiene la capacidad de discurso y la arenga, auspiciada por el trabajo en cancha, para restañar heridas.

Lo sabe el Vasco, ahora en asignación catalana, el restablecimiento del doliente comienza en el diván y prosigue en la cancha. Cada inicio de semana hay que sacudir las neuronas y las hormonas, y después el músculo.

Es además, una asignación de vida y muerte deportiva para ambos.

Si Javier Aguirre quiere mantenerse vigente en Europa, no puede fracasar y necesita resucitar a este Espanyol que ha dejado de ser Real al dañar su heráldica, que deja de ser Club, que perdió el tono Deportivo, y que no encaja con el presente actual de lo que futbolísticamente representa a nivel mundial la ciudad de Barcelona.