Rafa MárquezGettyRafa Márquez apenas jugó en 17 de los 34 partidos que disputaron los Red Bulls en la MLS 2012

LOS ÁNGELES -- Dice el dramaturgo Alejandro Jodorowsky que "de los infiernos sólo se regresa una vez, porque ningún infierno es igual a otro infierno. Tu llegada y tu ida los cambia".

Rafael Márquez abandona al equipo Red Bulls de Nueva York de la MLS, un infierno que no pudo cambiar. Un infierno al que nunca le encontró siquiera la ruta de escape, de alivio, la escalerilla de emergencia hacia el Purgatorio.

Para un jugador que dejó capítulos memorables con el Mónaco de Francia y el Barcelona de España, descender al inframundo del futbol debe ser doloroso: no todos saben, no todos pueden, no todos quieren hacerlo, aunque deban, cuando lo aceptan.

Rafa Márquez rompió ese cordón umbilical perverso que le unía al Red Bulls de Nueva York. Fue un rompimiento amargo. El club y la MLS suspiraron y respiraron cuando lo liberaron de todo nexo. El zamorano debió sentir lo mismo.

Fue una relación que comenzó ante los altares festivos de la llegada de un referente en Europa, a una tierra inhóspita, porque si a algún jugador mexicano le hierve la sangre cuando encara a EE.UU., es a él.

Para Márquez siempre ha sido guerras. El problema es que siempre las ha perdido, porque perdió la cabeza. Tal vez la imagen más poderosamente impactante de esa confrontación extremadamente hormonal en Rafa, es aquel caballazo brutal sobre otro gladiador perverso de esas lides como Cobi Jones, en aquella derrota dolorosamente imborrable para los mexicanos en el Mundial 2002.

Y el jugador incubado en el Atlas se metía en la MLS a la boca del lobo. Se metía a las fauces de la bestia que siempre había desafiado en la cancha.

Rafa Márquez es ahora exiliado de la MLS y hay una estela de azufre que le acompaña: es reconocido, penosa y gravosamente como el peor jugador insignia de un club de la MLS.

Los números lo condenan tanto como sus acciones. No olvidemos aquel balonazo infantil, señoritero casi, que lanza a Landon Donovan y desata la gresca contra el Galaxy.

No olvidemos que se quejó de que su rendimiento no era excepcional porque se encontraba rodeado de puro patarato. "Es que mis compañeros no están a mi nivel".

Dejemos de lado el amargo y timorato pasaje de la cartita escrita para defender a los castigados en el Tri que origina la salida de Néstor de la Torre, y que le escribe, con afanes de tinterillo, un tundeteclas casi analfabeto, para meternos en las estadísticas recientes, esas que colman el vaso.

De 34 juegos posibles en la reciente temporada 2012 de la MLS, Rafa Márquez apenas jugó 17 encuentros. Totalizó 1,107 minutos, menos de la mitad de otro veteranazo que llegó como compañero de misión y aventura, Thierry Henry: 2,288. Incluso Márquez jugó casi una tercera parte de los 2,970 de uno de esos a los que culpa que no estaban a su nivel de calidad: Markus Holgersson.

Con 11.9 millones de dólares recolectados en su pasaje por la MLS, el defensa central mexicano abandona el club con una tertulia de amargos mensajes en las redes sociales ligadas a Red Bulls.

Hans Backe, su DT en Nueva York, poco antes de los playoffs de la MLS, al lesionarse el mexicano dijo que "no me sorprende, ha sido algo recurrente con en él en el equipo. No me extraña absolutamente", explicó.

Una relación arruinada en todos los perfiles.

Llega Márquez a un escenario complejo en el León, su destino aparentemente inminente en México.

El entrenador Gustavo Matosas ha dicho que él no lo solicitó. Ni a él ni a Nery Castillo. Indica de hecho el uruguayo que él prefería enfocarse en jugadores que ha observado en La Piedad de la Liga de Ascenso, a los que, explica, sabe cómo sacarles provecho, como lo demostró con el equipo agradable del León en el reciente Apertura 2012.

Márquez rechazó la mejor oferta que ha hecho el Atlas, su cuna futbolística, a cualquier jugador en la historia del club. El zaguero dijo no. Eligió, con los Esmeraldas, un horizonte financiero y deportivo más sólido.

¿Dónde acomodará el León a Márquez? Si Matosas se ve convencido a hacerlo, seguramente lo hará como cabeza de área, y hay que reconocer que los cambios de juego y la salida vertical de Márquez, siguen intactos. Su visión de campo está vigente, además de que su juego aéreo sigue respetable.

Lo cierto es que Rafa Márquez encara otro Infierno. Con el halo intocable de ser el segundo futbolista mexicano con mejor presencia en Europa, después sólo de Hugo Sánchez, la afición a veces parece olvidar esa alcurnia inalterable.

El defensa central mexicano tiene todo en contra al llegar al León.

Sin embargo, en sus pies, pero especialmente en su inteligencia para adaptarse, está el poder convertir, lo que parece un segundo Infierno en su carrera, en un plácido Paraíso, para su retiro exitoso y juicioso.

En medio de todo, Márquez cumplirá 34 años en febrero, sus cuidados profesionales son casi intachables, y si entra en las bendiciones, exigencias y ritmos de una nueva pretemporada correcta, y completa, puede imponer su liderazgo en el futbol mexicano.

Por eso la sentencia relatada por Jodorowsky encaja perfectamente para Rafa Márquez: "de los infiernos sólo se regresa una vez, porque ningún infierno es igual a otro infierno. Tu llegada y tu ida los cambia".

La primera y la última palabra la tiene el propio jugador, aunque también puede ampararse en la cínica reflexión del poeta inglés John Milton: "más vale reinar en el Infierno, que servir en el Cielo".