MexsportDiego Reyes, de América, y Héctor Herrera, de Pachuca, irán a Europa en 6 meses
LOS ÁNGELES -- Decía Gandhi que "hablar del futuro encadenado al pasado es como echar a volar mariposas disecadas: terminarán rotas y tú frustrado".

El futbol mexicano vive tiempos de bonanza, ciertamente inesperada. Le columpian en el pescuezo, abrazados con deleite y delirio, un Oro Olímpico, un Oro Sub 17 y un Bronce Sub 20.

El eterno adolescente del futbol mundial, el balompié mexicano, parece que pasa del enanismo funcional al desarrollo opcional. Ya no maldice su pasado, bendice su presente.

Y esto provoca revoluciones súbitas.

Diego Reyes y Héctor Herrera emigran al Porto. No es el mejor equipo del mundo, pero es la mejor agencia de colocaciones del mundo.

Lo afortunado es que lo hacen en tiempos de plenitud física y competitiva. A los 20 y 22 años han saboreado un currículum supremo que ningún mexicano antes de emigrar a Europa: el oro olímpico.

Emigran bien cobijados: tendrán seis meses antes de incorporarse al Porto, y sus instituciones, América y Pachuca, no los soltarán sin antes ayudarlos a entender el cambio y sus desafíos.

Los antecedentes de futbolistas mexicanos emigrando a esa edad no son agradables. Giovani no cabe en ese capítulo, porque él fue creciendo al amparo de la Masía sin jugar nunca en México.

Pero casos como los de Carlos Vela, Pablo Barrera y Efraín Juárez tienen un particular desenlace dramático. Vela ha vivido un largo Purgatorio pero paulatinamente ha respondido con goles en España, mientras que los otros dos regresaron a México a sufrir lamentablemente graves lesiones.

Chicharito Hernández es la excepción, pero evidentemente llegó con otro respaldo cultural y vivencial que le ha permitido ir de una temporada magnífica a una de mediocre rendimiento, hasta recuperarse en un presente más generosos, especialmente después de un fantástico mes de noviembre.

Surgen voces que creen que se está enviando al matadero a Reyes y a Herrera. Y se revisan las listas de supuestos portentos europeos con quienes deberán disputar el puesto en el Porto.

Insisto en la reflexión de Gandhi: los grilletes del pasado enajenan.

Diego Reyes tiene seis meses de padrinazgo con un notable defensa central, con experiencia fallida en España, como Aquivaldo Mosquera, que ha resurgido con la solvencia de Pachuca, al margen de que en este espacio, hagamos sorna ¡dolosa! con él llamándole Tronquivaldo.

Herrera, por su parte, tendrá un respaldo similar, tal vez más didáctico, y en el que hay una persona valiosísima que tiene una increíble fe en el jugador mexicano como el holandés Hans Westerhof.

Es decir: América y Pachuca han dejado en claro que no se trata de vender al jugador, sino de ayudarlo al proceso migratorio de una Liga MuyEquis, a una Liga y un equipo donde han surgido campeones de Europa y que ha servido de trampolín a jugadores como Hulk, Falcao, Lucho González, Ferreira, Quaresma, Deco, Guarín, entre otros.

Es decir, nadie puede cuestionar la eficiencia de los ojos clínicos de los buscadores de talentos del Porto.

Y obvio, el cuadro portugués no quiere que los jugadores hagan huesos viejos en su plantel, sino que traigan nuevos dineros.

Entre la compra de prospectos y la venta de realidades, el Porto ha generado ingresos por casi 400 millones de dólares, según revelan diversas páginas en Internet, dedicadas a auscultar el mercado de futbolistas.

¿Tendrán acceso a ese éxito Reyes y Herrera? Tienen seis meses para seguir aprendiendo en canchas mexicanas y fuera de ellas, para llegar mejor preparados, y de hecho el primer paso lógico lo han dado: estudiar portugués, a pesar de la similitud que tiene con el español.

Es un punto de partida sin duda. Y no es necesario regresar al ejemplo magnífico de las mariposas disecadas de Gandhi.