LOS ÁNGELES -- Uno lo mira ahí, con ese ominoso traje de gala que seguro se lo diseñó en acto punitivo de venganza el sastre perverso de Cristiano Ronaldo.

Y es tal cual es. Transmite su momento: indefenso, desconcertado, incómodo, sin saber qué hacer con ese pesado balón que no le sirve para nada, porque no puede patearlo, y en su mundo, el fútbol, pelota que no sirve para amagar, regatear, gambetear y vestirla de novia efímera en la red y eterna en el marcador, no sirve para un carajo.

Y encima, en el estrado de la gloria, ya no sabe qué hacer con esa sonrisa nerviosa de bisutería, mientras en la sala de gala universal de la FIFA, le saltan vasallos extasiados que le invisten de leyenda y le embisten con aplausos.

¡Dios!, si él ama el anonimato, excepto por esos 90 minutos en el Teatro Magnífico del fútbol.

Arrulla el Balón de Oro, pero lo acuna con nostalgia, porque en ese nicho perfecto e impenetrable que forman los brazos de cada padre, sólo cabe la figura irremplazable del hijo, de Thiago.

Y ante la estampa del futbolista más venerado del mundo, llega en estampida e inequívoca la voz de Jimi Hendrix en Little Wing: "Camina entre las nubes, con un circo alrededor de su cabeza, con mariposas y cebras, y rayos de luna y cuentos de hadas; en lo único que piensa, es en cabalgar con el viento".

Messi está fuera de lugar. Como su atuendo de mago de kermesse. Pasea la mirada por el auditorio. Caras amigas, caras no tan amigas, caras generosas, caras advenedizas. Pero él prefiere el escrutinio de la cancha, de los 90 minutos.

Puede encarar 11 sinodales en el campo y 100 mil en la tribuna, pero le inquieta, le perturba, esa comparecencia innecesaria para que en una tertulia mundial, le digan que es el mejor del mundo. No lo necesita. "En lo único que piensa, es en cabalgar con el viento", susurra Jimi Hendrix.

Parece no entender que con él, por él, para él y ante él, han sido invitados los mejores del mundo.

Sí: muchos los llamados, pocos los elegidos, en un oficio simplón como el fútbol, que él y los otros convierten en magia, y que se cataliza en el elíxir, el bálsamo, el analgésico, el desestresante, la panacea, de millones de mortales que guardan parte del pan que se ganan cada día con el sudor de su frente, para pagar el derecho de deleitarse viendo a otro ganarse la gloria con el sudor de su frente.

La ovación se prolonga en la Gala de la FIFA. El alborozo se convierte en suplicio. Seguro el magnífico enano con cara de zarigüeya histérica, cambiaba esos segundos de pleitesía, por 90 minutos con Pepe resoplándole como Minotauro en la nuca.

Y él mimetiza su rostro. No gesticula. Ese gigantesco y ridículo moño negro tiene más mímica que su dueño. Es la Esfinge de la resignación con sonrisa de Mona Lisa. Seguro esas neuronas vertiginosas gritaban por dentro: "Ya pítale árbitro".

Su cuarto Balón de Oro. Y él no se acostumbra a la veneración masiva por su genio, por su ingenio, y hasta por su mal genio como cuando le puso soberana gritoniza a David Villa, con las descompensaciones del "padre embarazado".

Pero ahí está: resistiendo. Dicen sus críticos que ganó menos que Cristiano Ronaldo y que Andrés Iniesta. Dicen que será su cuarto Balón de Oro inmerecido. Dicen que es una perversa confabulación para elegirlo el mejor del mundo.

Lo cierto es que no lo han elegido improvisados, ni ignorantes, ni mercenarios, ni oportunistas. El voto viene principalmente de entrenadores y jugadores. Compañeros de armas pues, que valoran mejor que nadie la riqueza de sus virtudes, de sus instintos y de sus momentos.

Por eso reitero dos juicios vertidos en Twitter.

1.- Todavía hay quienes cuestionan que reciba su cuarto Balón de Oro, cuando él ya hace méritos para ganar el quinto.

2.- Cristiano Ronaldo es el atleta perfecto; Iniesta el ingenio, él, el genio. Los tres, de diferente manera, están al servicio de un mismo amo: el fútbol. Y a disfrutarlos.

Pero, lo más cierto de todo es que, bajo el veredicto de la voz de Jimi Hendrix, estrictamente, él, el Tetramesías "camina entre las nubes, con un circo alrededor de su cabeza, con mariposas y cebras, y rayos de luna y cuentos de hadas; en lo único que piensa, es en cabalgar con el viento".

Perdón: no mencioné su nombre en todo el artículo. No debe hacer falta. Por si acaso, por si le interesa comprarle ese atuendo de valet de Beverly Hills, ese que llaman el mejor del mundo, sigue siendo el mismo de los últimos cuatro años: Lionel Messi.