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ESPN Deportes: martes, 19 de octubre de 2010
Hablar de Federer

BUENOS AIRES -- Hace un par de días, Roger Federer aseguró que no le importa la diferencia entre estar 2, 3 o 4 en el ránking Mundial, porque él quiere ocupar el número uno. Hace unos meses, sostuvo que su objetivo era llegar a los 20 Grand Slams antes de retirarse. Hace unas semanas, despejó su calendario para prepararse con todo de cara al torneo de Shanghai. Viajó sin su familia. Se entrenó duro para quedarse con el título. Llegó a la final, y jugó por momentos un tenis de altísimo nivel. Como ya saben, perdió en la definición ante Andy Murray.

La pregunta que surge de estas exigencias autoimpuestas es la siguiente: ¿no será mucho?

Siempre es difícil hablar de Federer. El suizo es un dotado técnico, un genio del deporte, un animal, un valioso, un ídolo de muchos. Hacer predicciones es un peligro. De repente pega tres raquetazos y nos tapa la boca. La tentación es pensar que los altibajos de su juego siempre están controlados únicamente por su cabeza (una teoría alimentada por su obstinación en no transpirar ni desarrollar músculos ostentosos) y que, cuando se decide a ganar, gana.

Pero de pronto aparecen semanas como esta última. Federer metido a pleno en un torneo, generando condiciones en contra de su vida cotidiana (viajar sin su esposa y sin sus hijas) para llevar al máximo la concentración y el desgaste al mínimo, jugando en buen nivel, sin Nadal en su camino, y sin ganar el título.

Entonces se vuelve imposible no interrogarse: ¿el objetivo que él mismo se plantea, no será demasiado?

Pongamos algunas cosas en perspectiva. Por ejemplo, que este año Federer ganó un Grand Slam y un Masters 1000, además de alcanzar otras cuatro finales (tres en torneos de mucha jerarquía). Si quieren digamos también que es la menor cantidad de títulos en un año para el suizo desde 2001 (aunque todavía puede ganar alguno más), y que no estaría nada mal para otro jugador. Pero Federer es Federer. Es más: Federer no sólo es Federer, sino que -y aquí está la cuestión más interesante- según parece, se siente Federer.

Y lo que transmite su discurso es que no se siente como el Federer de hoy, un tenista maravilloso que comparte la elite mundial con algunos otros. No. No se mide con esa vara. Si fuera así no podría plantearse unas metas tan complicadas. Según mi punto de vista, Federer sigue viéndose a sí mismo a través de una potencialidad: lo que puede llegar a ser en base a lo que fue. Toma como punto de partida su pasado de gloria y piensa: "Sí, yo puedo. Veinte Grand Slams, número uno".

Hace, digamos, cuatro o cinco años nadie podía dudar de él: cuando se decidía a ganar, ganaba. Potencialmente, era campeón cuando se ponía a ello. Existían excepciones, está claro. Las canchas lentas, por ejemplo, y algunos otros factores que podían hacer dudar de su triunfo. Pero en general ésa era la norma. El Federer ganador fue casi siempre la norma. No estaba entre la elite, era la elite.

Resulta difícil escapar a la costumbre de esa valoración para juzgarse a uno mismo. El propio Roger marca un destino difícil en exceso. Es, en algún punto, como esos escritores que, tras crear algunas novelas formidables, llegan a su obra cumbre. Después siguen publicando buenos libros, pero no se conforman porque comparan la novedad con lo mejor que llegaron a hacer. Y la novedad sale perdiendo.

La lógica indicaría que el hombre de Basilea ya pasó el tiempo de su obra cumbre. Pero eso no le debería impedir seguir escribiendo. La cuestión es buscar una variedad, porque es casi imposible que vuelva a escribir lo mismo.

El suizo debe saber que no está jugando al máximo de sus posibilidades. El tema es: ¿cuál es el máximo de sus posibilidades hoy? Digo, con hijas en casa, con algunos años más y rivales que crecen, ¿podría mantener una hegemonía similar a la que consiguió en otro momento, incluso llegando a ese techo?

Más aún, ¿cómo haría Federer, si no logra semejante hegemonía, para ganar otros tres Grand Slams antes de su retiro? ¿Cómo haría para volver al número uno del mundo, para descontar a Nadal los puntos que le lleva y defender todos los que ganó?

Federer parece encerrarse solo en un problema difícil de resolver. Ser número dos es muy valioso. Está bien, Roger se acostumbró a ser uno, y quiere llegar allí otra vez, lo que habla de su grandeza y de su ambición. Pero despreciar el número dos, tres o cuatro porque difiere del uno es una equivocación. Resulta la negación de un disfrute, casi un capricho.

Sería más sano llegar a conclusiones realistas desde una evaluación presente. ¿Alguien puede discutir que Federer es un gran tenista al que todavía le quedan ases debajo de la manga?. Nadie. Pero no puede ganar todas las manos. Al menos, ya no. Reconocerlo es el primer paso para una planificación adecuada. Para maximizar su rendimiento y apostar fuerte en las manos que, ciertamente, todavía puede ganar.




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