Más de lo que creían...

Vivimos el 4° puesto de Rosso y Suárez en el doble par junto a Ábalo, Kraljev y Best

Actualizado el 2 de agosto de 2012
Pablo Cheb Terrab Por Pablo Cheb Terrab
ESPNdeportes.com
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RemoTélamUn cuarto puesto con sabor agridulce para Rosso y Suárez

LONDRES -- "Es espectacular lo que estos chicos acaban de hacer", sentencia María Gabriela Best. Ni siquiera deja espacio para la decepción momentánea por el podio que no fue, ni contempla a esos muchachos que representan al remo argentino y se lamentan tdoavía dentro de su bote por la escasa distancia que lo separó de la medalla olímpica.

Cristian Rosso y Ariel Suárez, que hace instantes finalizaron cuartos en el doble par de remo en Londres 2012, entregaron la mejor actuación para el país en lo que va de los Juegos. Se llevaron un diploma, pero no pudieron disfrutarlo: por cómo se dio la carrera, esperaban algo más.

Pero a Best no le importa. "Hicieron una carrera impresionante en una prueba dificilísima entre los mejores del mundo", sostiene. Laura Ábalo, que estuvo sentada y callada durante casi toda la prueba, demuestra empatía describiendo un esfuerzo físico que no tiene que ver con el esfuerzo de competencia, sino con el nervio: "Me duele todo, estoy toda dura, no me puedo mover". Junto a ellas, Milka Kraljev aplaudía, sacaba de la tribuna la bandera argenitna que había colgado antes de comenzar el evento y agregaba una frase laudatoria: "Buen trabajo".

Las remeras nacionales vieron competir a sus compañeros con un estilo distintivo. Best no pudo evitar lanzar comentarios técnicos a medida que avanzaban las embarcaciones ("Hasta que no lleguen al tramo final es imposible saber que va a pasar", "La pista no está para repetir la regata del otro día", "Hay algunos botes que cuentan con un arranque espectacular, como los neocelandeses", "Los chicos tienen unos muy buenos segundos 500 metros); Ábalo en cambio, lo vivió callada e intentando enfocar a través de su cámara la única y lejana pantalla gigante alrededor de esta enorme sede de Eton, al oeste de la ciudad.

Es que, por ubicación geográfica y distancia recorrida, la única manera de seguir la prueba completa fue a través de la transmisión. Cuando los botes finalmente aparecieron en el horizonte de los espectadores, explotó un confuso coro de alientos cruzados que incluyó el de las deportistas argentinas, que usaron sus manos como megáfonos para gritar una arenga intraducible. "Preparen las gargantas", había advertido Best. Fue fácil entender a qué se refería.

Sobre el final de la prueba, los argentinos corrían desde atrás a sus rivales de Italia, Nueva Zelanda y Eslovenia. Parecía que era algo más. Lo esperaba un país que sigue vacante de medallas y que estaba listo para desempolvar el recuerdo de los nombres célebres que arrojaron gloria en el río: Capozzo, Guerrero, Demiddi. Al final fue lo que fue, que no fue poco. Pero no alcanzó.

"Hubiera sido mejor una medalla", desliza Suárez una vez que se enfría un poco y se dirige a los micrófonos de prensa. "Estoy contento, pero con bronca", agrega Suárez. Ellos saben que su performance podría haber merecido un premio mayor. Tuvieron un excelente comienzo y pasaron la marca de 500 metros en primer lugar. Llegaron segundos a la mitad de la prueba. No pudieron aguantar el ritmo.

"El objetivo igualmente está cumplido", reconoce Suárez. Después de todo, ni siquiera el más optimista podría haber instalado a los argentinos en la final de una prueba que suele ser la vedette del remo olímpico, con equipos consolidados que llevan años de trabajo conjunto. "Fue especial entrar a correr una final como candidatos, por la cancha del medio, habiendo ganado a campeones olímpicos, mundiales, de todo. No hay nada pendiente", explica Rosso.

También habla de esa sensación general de la grada: que hasta ellos se sorprendieron con su propio nivel. "Quizá el primer día no esperábamos andar tan bien, pero repetir esa actuación nos hizo ir tomando confianza y hoy salimos a agarrar la punta. Creo que estuvimos a la altura de lo que fue la final".

Vaya que lo estuvieron. Después de dos años trabajando seriamente en el proyecto olímpico, se llevaron un diploma que casi es metálico. "Estábamos para más de lo que creíamos- finaliza Rosso-. Alcanzamos nuestro pico de rendimiento en medio de la competencia".

Para Suárez, lo mejor está por venir. Quizá en Río 2016. "Todavía estamos experimentando sensaciones, ganando experiencia. Tenemos que pensar en el futuro y trabajar para lo que venga de acá en adelante", comenta. Y da un ejemplo que ayuda a comprender su falta de roce en grandes escenarios: "No sé cómo hacen los futbolistas para manejar semejante presión todas las semana. Nosotros no estamos acostumbrados a competir con tribunas así. Se siente muchísimo el aliento, los gritos, la gente".

A partir de ahora deberán acostumbrarse a esos ojos que miran. Se ganaron por derecho propio la atención de un público que suele ignorar al remo. Fallaron, por muy poco, en conseguir esa medalla que en principio ni siquiera esperaban.


Pablo Cheb Terrab fue redactor de la sección Deportes del Diario Perfil y co-director de la revista Un Caño. Actualmente es redactor y editor de ESPNdeportes.com, medio para el que cubrió los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Consulta su archivo de columnas.