Historia de los Juegos - París 1900
La segunda edición de los Juegos de la Era Moderna encontró varios contratiempos
Getty ImagesLos Juegos de Paris en 1900 duraron más de 5 meses: fueron los más largos de la historiaPierre de Fredy, barón de Coubertin caminaba por las calles de la Ciudad Lluz, aquel 9 de junio de 1899. Se sentía terriblemente humillado. La brisa del templado día primaveral no era capaz de ocultar el río de transpiración que nacía debajo del sombrero y cubría su rostro, mientras analizaba: "El gobierno de mi patria ignoró por completo el proyecto. Creamos un comité privado en procura de conseguir los recursos para hacer frente a los gastos. Una a una las conspiraciones dieron por tierra esa posibilidad. Después de tres años de incomprensión y obstáculos, ¿qué otra cosa puedo hacer para salvarlos?"
La conciencia le remordía. Se había entregado con las manos atadas a sus enemigos y aceptado sus condiciones. La Exposición Universal de París 1900 era la dueña de los II Juegos Olímpicos de la Era Moderna. No era para menos su estado de ánimo, a tal punto que en los libros del Comité Olímpico Internacional figura este texto: "Muchos atletas murieron sin saber que habían participado en las Olimpiadas".
CONCESIONES VARIAS, PERO JUEGOS AL FIN
Aceptados por los propietarios más que nada con el fin de atraer y entretener al público, Coubertin debió admitir que los Juegos durasen tanto como la misma Exposición. Es decir, desde el 20 de mayo hasta el 28 de octubre. ¡Un poco más de cinco meses! Indudablemente, los Juegos más prolongados de la historia.
Al margen de lo absurdo de la duración de las competiciones, Pierre de Fredy debió admitir también un programa de lo más peregrino y alocado. Todo resultaba bueno para provocar el interés en la Exposición.
Hubo, por ejemplo, concurso de pesca, carreras de embolsados y el juego de romper la olla. Por suerte, estos no formaron parte del calendario olímpico. En cambio, sí debió incluir en atletismo la prueba de tirar la cuerda por dos equipos ubicados en cada uno de sus extremos; en natación, la asombrosa carrera de 60 metros bajo el agua y la divertida prueba de 200 metros con obstáculos, consistente en barriles que se debían sortear pasando por debajo de ellos.
En tiro hubo 25 modalidades, siendo el deporte con mayores especialidades, desplazando nada menos que al atletismo. Y hubo otro llamativo detalle: la esgrima contó con competencias reservadas para profesionales y otras en que se enfrentaron amateurs con rentados. Algo inaudito para la mentalidad reinante en el deporte de esos años.
SIN CEREMONIAS NI MEDALLAS
Nadie pronunció las históricas palabras: "Proclamo abiertos los segundos Juegos Olímpicos de la Era Moderna". Simplemente porque no hubo ceremonia de apertura, como tampoco hubo una de clausura. Las medallas no existieron. En su lugar había premios a escoger. Al vencedor le correspondía un objeto de arte, cuyo valor no debía superar los 2.000 francos.
Pero, a la hora de verdad, ni con eso se cumplió. En general se ofrecían boquillas, juegos de pipa, billeteras y otras pertenencias personales aportadas por particulares. Algo verdaderamente ridículo en la historia olímpica y que muchos triunfadores se negaron a aceptar.
POSITIVO, PESE A TODO
A pesar de todos los inconvenientes organizativos, los Juegos de París fueron positivos para el deporte. Desde la inclusión de la mujer hasta las notables actuaciones individuales, con el aporte de nuevos métodos de un alto valor en el plano evolutivo.
Por ejemplo, se incluyó el fútbol, el remo y el waterpolo, junto con otros deportes de conjunto que en la actualidad no figuran en el programa oficial: el polo, rugby, golf, críquet, croquet y pelota vasca.
Pero los de mayor gravitación técnica sucedieron en el atletismo, cuyo escenario fue la pista de césped, cortada lo más al ras posible, del Racing Club de París. Primero, "el invento" del general norteamericano E. H. Sherrill para las salidas de las pruebas de velocidad, de reemplazar la posición de parado por la de agachado, sistema que fue adoptado por todos los participantes.
A esta novedad se sumaron otros dos sucesos de enorme importancia. Alvin C. Kraenztein, un norteamericano de origen alemán, sorprendió cuando atacó las vallas con una sola pierna extendida hacia delante, pasándolas más que saltarlas.
Y en salto en alto, el también norteamericano Irving K. Baxter revolucionó el estilo tijera, al pasar la varilla, primero con la cabeza y los brazos, en vez de hacerlo con las piernas como indicaban los entendidos de esa época. Causó tanta conmoción como cuando Richard Fosbury empezó a saltar de espaldas en los Juegos Olímpicos de México 1968.

Aunque no se entregaron medallas, en las estadísticas figuran como si los participantes las hubiesen recibido. Por lo tanto, debemos decir que Kraenzlein ganó cuatro medallas doradas en tres días y fue la figura de los Juegos.
Triunfó en 110m con vallas (15,4s), en 200m con vallas (23s), en 60m (7s) y en salto en largo (7,18m), prueba en la que mantuvo el récord mundial de 7,61m durante más de 20 años.
La hazaña de Kraenzlein en el atletismo de los Juegos Olímpicos sólo fue igualada por Jesse Owens en Berlín 1936 y Carl Lewis en Los Angeles 1984, aunque en ambos casos una de esas medallas fue obtenida como relevo de la posta 4 por 100 metros.
Otra notable figura fue Ray Ewry, apodado el "Hombre de Goma". Por esos años, las pruebas de salto sin impulso eran sumamente atractivas. Ewery venció en las tres especialidades realizadas en un mismo día. En alto, saltó 1m65; en largo, 3m21, y en triple, 10m58.
Por otra parte, en la maratón pasó de todo. A última hora se dejó de lado el recorrido Versalles-París y se realizó en los bulevares sobre 40km200, aunque este dato oficial es de escasa veracidad, pues todo indica que alguien corrió un poco menos y algunos bastante más.
La temperatura de 38° determinó varias ausencias en el momento de la partida. La señalización era escasa y el puntero, el norteamericano Newton, tomó un camino equivocado cuando faltaban 10km y totalmente embarrado llegó sexto. Poco antes del desvío de Newton, el líder era su compatriota Dick Grant, pero lo atropelló la caravana de bicicletas que acompañaba la carrera y quedó fuera de competencia.
El ganador fue el francés Michel Theato, un aprendiz de panadero de 23 años, que se dedicaba al cuidado de las plantas del Racing Club de París. Debido a ello, Theato conocía a la perfección los Bosques de Bolonia y en los tramos finales corrió por atajos vecinales de tierra, evitando de esa manera los incómodos caminos empedrados. Así de fácil.
UNA PILETA EN EL SENA Y FÚTBOL
Concluidas las pruebas de atletismo, se debió esperar un mes para presenciar las competencias de natación. En Asmiéres, una pequeña población, el río Sena tenía un recodo donde se aquietaban las aguas. En ese lugar, barcas, boyas y cuerdas, conformaron una supuesta pileta flotante de 100 metros de largo.
Allí hizo su presentación el waterpolo. Lo más curioso fueron los arcos: ¡dos barcazas!, en las que la pelota debía pegar para convertir un tanto. Participaron cuatro equipos y en la final Gran Bretaña venció a Bélgica por 7 aciertos a 2.
Por otra parte, se consagró el primer campeón en fútbol. Gran Bretaña, Francia y un combinado Bélgica-Gran Bretaña fueron los protagonistas. Se dispuso por sorteo que Bélgica-Gran Bretaña y Francia se eliminasen entre sí y Gran Bretaña fuese directamente a la final.
En un intenso partido, los franceses se impusieron por 7-4, tras cierta paridad en el primer período, pero nada pudieron hacer ante el poderoso plantel británico, que dominó permanentemente el juego y ganó por 4-0 para convertirse en el primer campeón olímpico del más popular de los deportes.
FIN DE LA ODISEA
Hubo numerosos hechos deportivos salientes en París, como la presencia de Cuba. La ausencia de Grecia entre los 24 países presentes. El triunfo de un latinoamericano en esgrima. La primera campeona femenina, la tenista británica Charlotte Cooper, propietaria de viñedos que venció en singles y en doble mixtos.
La última competencia fue un partido de rugby, el 28 de octubre. Francia venció a Alemania por 27-8. En julio tuvo lugar el atletismo; en agosto, la natación y en septiembre, el ciclismo. Los 1225 participantes, 1206 varones y 19 mujeres, nunca estuvieron juntos. Más aún, se hospedaron en diferentes lugares. El ideal olímpico había pagado un caro tributo para continuar existiendo.
Las luces del Campo de Marte, con el fondo de la Torre Eiffel, se apagaron. La Exposición Universal París 1900 se convirtió en un recuerdo junto con los segundos Juegos Olímpicos de la Era Moderna.
Dice el refrán que "nadie es profeta en su tierra". Coubertin suspiró y pensó: "Ni siquiera pude reunir al Comité Olímpico Internacional, pero los Juegos se realizaron. En 1904, en los Estados Unidos, los Juegos serán diferentes". ¡Pobre iluso!. No sabía que lo esperaba una nueva odisea...
UN CUBANO, MEDALLA DE ORO Y PLATA
Cuba fue el primer país latinoamericano que participó en los Juegos Olímpicos. Sucedió en París 1900 y lo hizo con bombos y platillos. Su único representante, el esgrimista Ramón Fonst, encabeza la nómina de las medallas de oro que luce su país y, por ende, Latinoamérica, en el historial olímpico. Y no sólo eso, también lo hace en el de las medallas de plata.
Fonst venció en espada y perdió ante su profesor, el francés Ayat, en la final de espada para profesionales y amateurs. Contaba con apenas 16 años y causó asombró la notable habilidad y destreza de ese adolescente zurdo, muy alto, con gran alcance de brazos, poseedor de una fuerza y resistencia extraordinarias.
Nadie dudó que estuvieran frente a un virtuoso de la esgrima mundial. Lo refirmó luego en el Campeonato Internacional de París en 1904 y con las medallas doradas de florete, espada y florete por equipos en los Juegos de Saint Louis 1904, e inclusive en los de París 1924, a los 40 años, cuando fue eliminado en la semifinal tras una dudosa decisión de los jueces.
En 1905 ganó nada menos que 64 competencias, 44 de tiro y las restantes en esgrima y ciclismo. Un fenómeno. En 1915, en la Feria Internacional de San Francisco, California, Fonts triunfó invicto en florete, espada y sable frente a 100 adversarios. Por esa brillante actuación fue proclamado "tirador amateur fuera de serie".
Una anécdota pinta a la perfección el respeto a su talento. Se cuenta que durante la filmación de una escena de la película "El Capitán Blood" rodada en 1935, el actor Errol Flynn, un gran admirador de su estilo, sostenía un duelo a muerte con el villano personificado por Basil Rathbone, cuando éste falló lastimosamente en una de las estocadas. Al ver lo sucedido, Flynn, riendo, le dijo: "Si haces eso contra Ramón Fonst eres un hombre muerto".
Cuando apareció en París 1900, no eran muchos los que sabían de la existencia de Cuba, o dónde quedaba, ya que por entonces era una ex colonia de España en poder de Estados Unidos. Pero a Ramón Fonst nunca se le ocurrió competir por Francia, pese a que su formación educativa y deportiva era totalmente gala. Sentía el orgullo de ser cubano de estirpe y toda la gloria se la dio a su patria. Falleció en La Habana en 1959, siendo presidente del Comité Olímpico Cubano.
Su nombre no se perdió en el tiempo y un estadio polivalente de la capital cubana lleva su nombre y surge como permanente ejemplo.
Eduardo Alperín es periodista deportivo desde 1958. Fue prosecretario de deportes del diario La Nación de Buenos Aires y cubrió los Juegos Olímpicos de Montreal 76, Moscú 80, Los Angeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96, Sydney 2000 y Atenas 2004. Fue jefe de prensa del Comité Olímpico Argentino entre 1995 y 2002. Actualmente, cubre el área de prensa de ESPN Sur y es columnista de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.
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