Historia de los Juegos - Amberes 1920

La 6a. edición de los Juegos Olímpicos llegó tras el parate por la Primera Guerra

Actualizado el 17 de mayo de 2012
Eduardo Alperín Por Eduardo Alperín
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Charles PaddockAPEl norteamericano Charles Paddock ganó la carrera de 100m en los Juegos de Amberes 1920
BUENOS AIRES -- Recordemos. En la Era Antigua, los Juegos Olímpicos constituían una etapa de tregua de las guerras para hacer posible la participación de los guerreros. En la Primera Guerra Mundial no fue posible cumplir con ese ideal, como tampoco fue posible hacerlo en la Segunda Guerra Mundial.

Berlín, designada para organizar los Juegos de 1916, inauguró el estadio de Grunewald un mes antes del 28 de junio de 1914, cuando el asesinato de los archiduques de Austria, en Sarajevo, constituyó la chispa que encendió el conflicto.

Alemania nunca renunció a realizarlos. El 10 de abril de 1915, Pierre de Fredy trasladó la sede de COI de París a Lausana, Suiza, ciudad que se convirtió en su residencia definitiva. No admitió expulsar de la entidad a Alemania y sus aliados. "La política no debe interferir dentro del Movimiento Olímpico", expresó. Así es, aunque el tiempo demostró que exteriormente tuvo y tiene su influencia.

AMBERES SE IMPONE A BUDAPEST
Cuando los cañones callaron definitivamente, Courbertin, a los 54 años, que había dejado el COI por haberse alistado en el ejercito francés, se reincorporó y comenzó a trabajar intensamente en procura de poner en movimiento los Juegos que debían efectuarse en 1920.

Faltaba apenas un año y, a pesar de estar Bélgica destruída, se ofreció su organización a Amberes en vez de a Budapest, la otra candidata, porque está ultima ciudad era la capital de Hungría, uno de los países derrotados en la contienda. Esa es la versión más firme, aunque el COI menciona a la ciudad francesa de Lyon como la otra candidata y no datos sobre la postulación de Budapest.

La propuesta fue aceptada con gran simpatía por el rey Alberto I, pues le entusiasmaba la idea de celebrar la liberación y la victoria con el esplendor de los Juegos.

Amberes estaba destruída, con restos de trincheras y alambradas. Bélgica económicamente se hallaba en quiebra. Todo fue modesto. Un estadio con dos tribunas de madera y techo de chapa para 30.000 personas, con una pista de atletismo de 400 metros.

La natación se hizo en uno de los fosos de las fortificaciones que se llenó con agua, cuya transparencia distaba de ser la ideal. No hubo derroches.

LOS PAÍSES DERROTADOS
En plena organización se presentó un grave problema. Las heridas de las batallas estaban aún sangrantes y varios países se negaron a participar si los hacían los derrotados. El COI no podía impedirlo de acuerdo con sus principios.

Otra vez , Coubertin estaba acorralado entre la realidad y su ideal de la convivencia universal, pero la solución la encontró él mismo: según la fórmula empleada desde 1896, el Comité Organizador de cada Olimpiada era el que formulaba las invitaciones. Y el de Amberes no invitó a Alemania, Austria, Bulgaria, Turquía, Rumania y Polonia.

A estas siete ausencias se sumó la de Rusia, envuelta en su famosa guerra civil que la alejó de los Juegos durante muchos años.

¿LA EDICIÓN VII Ó VI DE LOS JUEGOS?
"Una Olimpiada puede no celebrarse, pero su período le pertenece y en la historia debe figurar como cancelado". La definición del barón de Coubertin deja en claro porque se denominaron a los de Amberes VII Juegos Olímpicos en lugar de VI que figuran como los de Berlín, cancelados por la guerra.

La sombra de la guerra flotó sobre los Juegos. Muchos fueron los atletas muertos y los participantes que en ella se presentaron a competir lo hicierno con la terrible visión de lo sucedido.

En la Catedral de Amberes se ofició un solemne Tedeum previo a la inauguración, con la lectura de una larga lista de deportistas fallecidos, entre los que figuraba el atleta francés Jean Bouin, medalla de plata de los 5000 metros en 1912.

Amberes 1920
Getty ImagesLa fiesta de apertura de los Juegos de Amberes 1920

DEBUT DE BANDERA, HIMNO Y JURAMENTO

La ceremonia de apertura fue presidida por rey Alberto I, la reina Elizabeth y el cardenal Mercier. Ante ellos desfiló por primera vez la bandera olímpica creada por Coubertin en 1914 y confeccionada en los almacenes Bon Marché de París.

Los cinco anillos: azul, amarillo, amarillo, verde y negro, entrelazados sobre fondo representan a los cinco continentes unidos y, a la vez, a todos los colores de las banderas nacionales del mundo.

Además, por primera vez se pronunció el juramento. Ese honor perteneció al esgrimista y waterpolista belga Víctor Boin, que con el tiempo sería presidente de la Asociación Internacional de la Prensa Deportiva:
"Juramos que nos presentamos en los Juegos Olímpicos como participantes leales, respetuosos de los reglamentos que lo rigen y deseosos de participar en ellos con espíritu caballeresco, por el honor de nuestros países y la gloria del deporte".

Al término del juramento, una orquesta ejecutó, también por primera vez el himno olímpico, mientras 2000 palomas cubrían el cielo, como un símbolo del retorno a la paz.

DESLUMBRA FINLANDIA
Después de tanto luchar, Finlandia consiguió su independencia y, al fin, pudo desfilar con su bandera y no detrás de la de Rusia como lo había hecho hasta entonces. Tal vez incentivados por esa circunstancia, sus deportistas deslumbraron.

Obtuvieron 30 medallas (13 de oro, nueve de plata y ocho de bronce). Una cosecha impresionante para una delegación compuesta por apenas 60 integrantes, que participaron en atletismo (15), lucha libre (4) y grecorromana (7), natación (2) y tiro (2).

La base de esa hazaña estuvo, como se puede apreciar, en el atletismo (ocho de oro, cinco de plata y dos de bronce), divididas las de mayor valor entre las pruebas de campo (triple, bala, disco y jabalina) y las de fondo, en ésta última a través de un veterano famoso y un desconocido llamado a brillar en el firmamento atlético mundial.

REGRESO TRIUNFAL
La guerra había influido en la vida del finlandés Hannes Kolehmaisen, uno de los héroes de Estocolmo. Ante la inactividad se retiró y se fue a vivir a Nueva York. Allí lo fueron a buscar y el notable fondista, a los 31 años, aceptó y decidió retornar a la actividad en la más dura de las competencias: la maratón.

Se preparó con fervor. Superó la exhaustiva revisión médica impuesta tras la trágica experiencia de la anterior carrera en 1912. Ahí estaba con su andar característico, de elegante estilo, detrás de sus jóvenes rivales, dejando que ellos impusieran el ritmo.

A los 30km, se ubicó al frente y se fue alejando para convertirse en un solitario participante. Hacia el final mermó su paso, producto de su prolongada ausencia. Se le acercó el estoniano Lossman, a quien superó por 13s al cruzar la meta. Después, tuvo cuatro minutos para festejar y esperar en la llegada a quien iba a ser tercero. Así, plena de gloria, fue su despedida atlética.

PAAVO NURMI, LOS NADI Y OTROS
Uno se va y otro viene. A un jovencito que nació en Turku, al sudoeste de Finlandia, le impactaron los triunfos de Kolehmaisen en los Juegos de Estocolmo y se convirtió en un apasionado fondista dispuesto a mantener vigente la estirpe fondista de los finlandeses.

No se equivocó. Paavo Johannes Nurmi, de 23 años, 1m72 de estatura, de piernas cortas, surgió en Amberes. Fue una de las figuras con tres medallas de oro (10.000 metros, 10km cross country y en la posta de 10km cross country) y una de plata (5000 metros). Era la tarjeta de presentación de un pequeño gigante. No detenemos aquí, porque en Paris 1924 se iba a convertir en la superestrella.

Los hermanos Nadi obtuvieron en esgrima ocho de las 15 medallas de oro de Italia. Nedo consiguió cinco (florete, sable, florete por equipos, sable por equipos y espada por equipos). Aldo se hizo dueño de tres (florete, sable y espada por equipos) y una de plata (sable). Una historia sin igual.

En natación, el príncipe hawaiano Duke Paoa Kahanamoku lleva el récord mundial de los 100 metros a 1m00s4, la norteamericana Ethelda Blebtrey bate los récords mundiales de 100 y 300 metros, y con la posta 4 por 100.

El más viejo y la más joven. El tirador sueco Oscar Swahn, a los 72 años, medalla de oro de tiro al ciervo en 1908 y 1912, logra de plata en esa misma especialidad por equipos y se convierte en el medallista de mayor edad de todos los tiempos, mientras la norteamericana Aileen Rigen, a los 13 años, triunfa desde trampolín en saltos ornamentales y de transforma en la vencedora más joven de los Juegos.

PROHIBICIÓN, VENGANZA Y FURIA ESPAÑOLA
El remero estadounidense John B. Kelly obtuvo dos medallas de oro en Amberes 1920 y una en París 1924. Esto no tendría una característica muy especial, a no ser por dos situaciones, una previa y otra posterior a los Juegos.

La posterior carece de valor deportivo. Podríamos ubicarla como una simple anécdota. John B. fue el padre de Grace Kelly, la hermosa y elegante actriz de Hollywood de los años 50, se casó con el príncipe Reinero, se convirtió en la princesa de Mónaco y murió trágicamente en un accidente automovilístico en 1982, a los 52 años.

La otra historia, la anterior, pinta la manera de pensar de una época. Juan B. Kelly era un inmigrante irlandés que llegó a los Estados Unidos sin un céntimo. Con su trabajo y enormes esfuerzos se labró un brillante porvenir, sin dejar de lado la actividad física, demostrando ser un buen remero.

En 1912, antes de Estocolmo, quiso participar en las Reales Regatas de Henley en Gran Bretaña y con tal fin envió su inscripción. Después de ganar en Holanda, se presentó y reparó que su nombre no figuraba entre los participantes. Preguntó por la causa y le informaron que había sido rechazado por ser trabajador manual y los reglamentos de Henley no permitían competir a los obreros con los gentlemen".

Ocho años después de aquella absurda prohibición, John B. Kelly se vengó al vencer en la final de single scull al inglés Jack Beresford y en la de doble scull, con Paul Costello, con quien también se impuso en Paris 1924.

En el torneo de fútbol, con 14 equipos, pasó de todo y al final, España, que participaba por primera vez, se quedó con la medalla de plata. El conjunto español estaba integrado por 13 vascos, 4 catalanes y 5 gallegos, con total olvido de castellanos, asturianos y andaluces.

También se puede decir con 5 jugadores de Real Sociedad; 4 de Barcelona, Athletic Bilbao y Real Celta, y 2 de Arenas de Guecho y de la Real Unión de Irún.

En la clasificación enfrentó a Dinamarca. España se puso 1-0 y después no pasó de la mitad de la cancha. Sólo la notable actuación del arquero Ricardo Zamora, de 19 años, mantuvo el resultado y la prensa lo mencionó como el "goalkeeper maravilloso".

El tiempo iba a demostrar que era un guardavalla excepcional en los arcos de Barcelona y Real Madrid para quedar en la memoria del fútbol español y mundial como el Divino Zamora.

Ya en el torneo consolación, nació la llamada "furia española". Fue frente a Suecia. El gol de los suecos cerca de la terminación del primer tiempo enfureció a los españoles. El partido se transformó en un típico encuentro callejero.

Patada va, patada viene, al comenzar la segunda etapa se escuchó el grito de guerra: "A mí el pelotón que los arrollo". Belauste cumplió con su promesa, se llevó por delante con el cuerpo a varios rivales, cabeceó y empató.

Poco después, España se puso en ventaja. La batalla era intensa en lo que respecta a las patadas y culminó en el caos de trompadas cuando Sarmitier felicitó a un contrario por haber fallado un tiro penal.

No lejos de este lamentable espectáculo estuvo la final del Torneo Consolación, previo a la definición de la medalla de oro. España, con nueve jugadores, venció a Italia por 2 a 1.

Pero si de escándalos se habla, todavía falta más. En el match decisivo se encontraron la fuerza de Bélgica y la técnica de Checoslovaquia. Los belgas vencían por 2 a 0, el clima estaba enrarecido, a los 40 minutos del primer tiempo expulsaron a un checoslovaco y su equipo se retiró.

El COI decidió no entregarle a Checoslovaquia la medalla de plata y dispuso que los perdedores de las semifinales, Francia y Holanda, jugasen por el segundo y tercer puesto. Francia se negó, España ocupó su lugar por ser el ganador del Torneo Consuelo, triunfó por 3 a 1 y como dice el refrán: "A caballo regalado no se le miran los dientes".


Eduardo Alperín es periodista deportivo desde 1958. Fue prosecretario de deportes del diario La Nación de Buenos Aires y cubrió los Juegos Olímpicos de Montreal 76, Moscú 80, Los Angeles 84, Seúl 88, Barcelona 92, Atlanta 96, Sydney 2000 y Atenas 2004. Fue jefe de prensa del Comité Olímpico Argentino entre 1995 y 2002. Actualmente, cubre el área de prensa de ESPN Sur y es columnista de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.