Actualizado: 18 de agosto de 2008, 3:21 EDT

Loco por Yelena

Uno de los conversadores quedó impactado por la sonrisa de Yelena Isinbayeva

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Guillermo Piro Por Guillermo Piro
ESPNdeportes.com
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Isinbayeva
Getty ImagesLa rusa realiza actividades sociales en la actualidad
BUENOS AIRES -- Casi dan ganas de reír.
-¿Qué está viendo?
-Ahora nada, lo vi ayer.
-¿Qué vio?
-La clasificación a la final de salto con garrocha.
-¿Y desde cuándo le interesa el salto con garrocha?
-No me interesó jamás, lo que pasa es que adoro a Yelena Isinbayeva.
-Rusa, me imagino.
-Es rusa, sí, pero además es un encanto.
-¿Por qué?
-Porque como se la pasa ganando, tiene una sonrisa eterna dibujada en los labios.
-¡Qué poético!
-No, nada de poético. Creo que el día que la vea llorar no voy a poder contenerme y voy a ponerme a llorar con ella.
-Ahora exagera.
-Para nada. Estoy habituado a ver la sonrisa franca y exquisita de la modista rusa que me arregla los trajes, pero la de Yelena no es una sonrisa agradable porque intenta caer bien y ser, digamos, gentil: ella sonríe de felicidad cada vez que salta, y yo tengo debilidad por las sonrisas de las mujeres.
-No me haga reír, lo he visto muchas veces mirando esas revistas llenas de mujeres desnudas...
-Y deportistas desnudas...
-Sí, y a pocas de ellas las vi sonriendo.
-Es cierto. Hay en ellas una expresión diabólica, que no sé por qué parece ligada a la sexualidad. Pero créame: prefiero a una mujer poco sexy sonriente que a una que lo es y mira como si estuviera a punto de morderme.
-Nadie va a morderlo desde una fotografía...
-Es un modo de decir. Estoy tratando de explicarle y explicarme qué tiene de especial la sonrisa de Yelena.
-¿Qué tiene?
Isinbayeva
EFEMientras sus rivales saltaban, Yelena tomaba una siesta
-Eso, lo que ya le dije: Yelena sonríe porque es feliz. No trata de parecer sexy. Simplemente se siente feliz.
-Y ayer la vio sonreír.
-Sí, y también dormir.
-¿Cómo?
-Sí, la vi dormir.
-¿Dónde?
-En el Nido del Pájaro.
-¿De qué me está hablando?
-Del estadio de Beijing, se llama así.
-Ah. Pero no entiendo.¿Fue a competir por una clasificación y se puso a dormir?
-Sí.
-¿Me está tomando el pelo?
-No. Y tampoco Yelena pretendía tomarle el pelo a nadie. Simplemente fue una de las últimas atletas en saltar, mientras sus rivales hacían esfuerzos increíbles por superar el obstáculo. Cuando alcanzaron 4.50 metros, se despertó, tomó la garrocha y saltó los 4.60. En segundo y tercer lugar quedaron la china Shuying Gao y la rusa Svetlana Feofanova.
-¿Y usted dice que mientras sus rivales saltaban ella dormía?
-Como un ángel.
-¿Se despertó y saltó?
-Sí, así como lo oye. Había precalentado con los demás cuando llegó al Nido del Pájaro. Pero después se puso a dormir y se despertó, tomó la garrocha y saltó. Y después sonrío, naturalmente.
-Yo a eso llamo tener todo bajo control.
-Yo a eso llamo ir a buscar algo y saber que se lo va a conseguir.
-Bueno, todas las atletas olímpicas fueron a conseguir algo a Beijing.
-Puede ser. Pero ninguna sonríe como Yelena Isinbayeva.


Guillermo Piro es escritor, periodista y traductor. Publicó los siguientes libros: La Golosina Caníbal, Las Nubes, Estudio de Manos, Correspondencia, Saint Jean-David (poesía) y Versiones del Niágara (novela, obtuvo el Segundo Premio Nacional de literatura). Integra la antología Monstruos realizada por el poeta Arturo Carrera. Sus artículos, críticas, entrevistas y crónicas de viaje han aparecido en Clarín, La Nación, Perfil, Página/12, First, 3 Puntos, La Stampa y Los Inrockuptibles. Integra el consejo de redacción del Diario de Poesía y el consejo de dirección de la revista Confines. Además, mantiene su blog, denominado Wimbledon. Consulta su archivo de columnas.