Directo al récord
Francisco Rodríguez es el espíritu ganador de los Angelinos en un año repleto de éxitos
Los Angelinos están corriendo dos carreras esta temporada. Primero, la del cuarto título en la División Oeste de la Liga Americana en cinco años. Esa carrera está prácticamente ganada, casi desde la fecha del Juego de Estrellas. Segundo, la marca de salvamentos en una temporada que Francisco Rodríguez busca quebrar. Esta carrera está entrando en su punto culminante, cargada de emoción ante cada aparición del relevista, que está cada vez más cerca de los 58 salvamentos. No es coincidencia que los Angelinos hayan ganado 46 partidos por dos o menos carreras, por mucho la mayor cantidad en las Grandes Ligas. Más allá de la alegre personalidad de Torii Hunter, o la fuerte presencia de Vladimir Guerrero, o el impacto de Mark Teixeira, las enfáticas celebraciones postpartido de K-Rod son un emblema del dominio del equipo. El taponero representa la historia de la temporada. Y en esta campaña todo se remite a las estadísticas.
| J | G | P | BB | K | SV | ERA |
| 63 | 2 | 2 | 29 | 65 | 52 | 2.51 |
Los taponeros estrellas Jonathan Papelbon, Joe Nathan y Brad Lidge todos miden al menos 1,95 metros y pesan al menos 97 kilogramos. Rodríguez, de apenas 1,86 metros, pesaba 79 kilogramos cuando debutó en la liga hace seis años y ahora está registrado con 88 kilogramos. Pero hay un aura intimidante a su alrededor, una fiereza que no se resume a su curva más venenosa. Dice el gerente general de los Angelinos, Tony Reagins: "Cada vez que toma la pelota, vuelve a ser el muchacho de ligas Pequeñas Ligas que replica: '¿Crees que no puedo hacer eso? Te mostraré'".
Mariano Rivera firmó un contrato de tres años con los Yankees en noviembre del año pasado por $45 millones. Rodríguez, quien tiene sólo 26 años, se convertirá en agente libre al final de esta temporada y entrará al mercado con más salvamentos que ningún otro lanzador desde 2005 y con el cuarto mejor porcentaje de ponches por cada nueve entradas (11.7) entre los relevistas en la historia (mínimo 300 partidos). K-Rod, quien salvó 48 partidos hasta el 21 de agosto, perdió un caso de arbitraje el invierno pasado (los Angelinos ofrecieron $10 millones; él pidió $12.5 millones), y luego de un par de negociaciones truncas para un contrato a largo plazo, él y el equipo han postergado las charlas hasta después de los playoffs. "Este es un momento importante para él", dice Mike Scioscia. "Es inevitable que se pregunte qué le deparará el futuro".
Rodríguez ha concretado sus siete oportunidades de salvamento ante Oakland este año, pero eso no impresiona a Jack Cust. "No creo que tenga demasiados admiradores en el vestidor", le dijo el bateador designado de los Atléticos al Los Angeles Times tras ver la rutina postsalvameno de K-Rod, en la que le da un puñetazo a su guante y levanta ambos brazos al cielo. Rodríguez le sopla un beso y murmura palabras de agradecimiento y amor a su abuelo, Juan Francisco, quien murió en 1999.

"Es una demostración genuina de emoción", dice Reagins. Y sí luce exultante cuando levanta sus brazos, revelando que ha dominado a su oponente. "A algunos muchachos les molesta, pero a una parte de mí realmente le gusta", dice el tercera base de los Medias Rojas, Mike Lowell. "Esta vez quizás te atrapa y levanta sus brazos y si, te duele un poco. Pero él también está contra las cuerdas. Y quizás la próxima vez tu lo agarres y él tenga que mantener sus brazos abajo y ahora deberá sentir lo que tu sientes".
La canción dice que el uno es el número más solitario, pero a medida que crece su cantidad de salvamentos y se acerca el mes de octubre, Rodríguez encuentra refugio en una especie de vestidor Zen.
Dice el entrenador de lanzadores de los Angelinos, Mike Butcher: "Hablamos de 'uno', como en 'una situación' -- un lanzamiento, un bateador, un out". En algún sentido, Barry Bonds no bateó 762 jonrones, le dio buena madera a la pelota 762 veces. "Realmente no creo que Frankie esté pensando en los salvamentos en este momento", agrega Butcher. "Está pensando en ponchar al bateador que tiene enfrente y luego hacer lo mismo con el próximo".
¿Cuán duro pueden empujar los Angelinos el talento de Rodríguez? La velocidad de su bola rápida ha caído (92 ó 93 millas por hora hoy vs. 95 hace un par de años atrás). Su promedio de ponches cada nueve entradas está un 18 por ciento debajo de su promedio histórico. Su promedio de pasaportes (4.9 cada nueve entradas) está en el nivel más alto de su carrera. Por eso naturalmente, su promedio de ponches por cada pasaporte (2) está en el nivel más bajo de su carrera. Aparte de los salvamentos, esta temporada no está ni cerca de ser la mejor de su carrera; Nathan, Papelbon, Rivera y Joakim Soria de los Reales tienen mejores números que él. Pero encaminados a la postemporada por quinta vez en siete años, los Angelinos saben que K-Rod ha sido un monstruo en esas instancias (cinco victorias, tres salvamentos, 2.76 de efectividad y 39 ponches).
Luego de su temporada de 57 salvamentos con los Medias Blancas en 1990, Bobby Thigpen apenas sumó otros 54 en los siguientes cuatro años, debido a una lesión en la espalda que descarriló su carrera. Y en 1995 se quedó fuera de la liga. Thigpen, quien tenía 27 años cuando estableció el récord, apareció en 77 partidos esa temporada, la marca más alta de su carrera. Rodríguez también va camino a establecer la marca más alta de partidos en su carrera. (Su promedio es de 65 y ya ha lanzado en 59 partidos con cinco semanas por jugar). Hay "alarmas, fuertes sonidos, luces de neón y bengalas para cualquier ejecutivo que sueña con arriesgar más de 10 millones de dólares en Rodríguez", como escribió Tim Marchman el 22 de julio en el The New York Sun.
Los bateadores no han notado un declive en el nivel de K-Rod. "Tiene ahora tres lanzamientos 'plus'", dice Lowell. "Sigue siendo devastador". Rodríguez entró a la liga lanzando una bola rápida con un corte natural -- un lanzamiento prácticamente imbateable que cae adentro sobre los bateadores zurdos. Ha agregado un slider desde una posición de brazo diferente y un cambio de velocidad que cae abajo y lejos de los zurdos.
"Ese cambio de dirección es sorprendente", dice el receptor de los Angelinos, Mike Napoli. "Y pensar que no lo venía usando hasta este año es increíble".
Los veteranos dicen que empiezas a pensar en tu cuerpo como un instrumento, los lanzamientos como herramientas. Dice el relevista medio Scot Shields, "Su velocidad ha disminuido, pero está ubicando la pelota, pensando en la selección y la secuencia. Se está convirtiendo en un lanzador".
Josh, de Santa Ana, viste un jersey blanco con el Nº 57 y está sentado detrás del plato en el Angel Stadium. Es un veterano del ejército que ha regresado de una estadía en Irak y recuerda cuando vio por primera vez a K-Rod, en una pequeña pantalla en Fort Knox, Ky. en 2002: "Estaba en mi entrenamiento básico. Los Angelinos estaban disputando la Serie Mundial contra los Gigantes, y él lucía tan fuerte y salvaje. La forma que lanzaba, como si algo hubiera explotado dentro de él. Fue amor a primera vista para mí".

Rodríguez levanta su pierna izquierda hasta su barbilla, luego patea hacia la tercera base. Envía un latigazo hacia el plato, una tormenta de codos y tobillos, antes de caer hacia el lado del primera base. "Parece saltarte encima", dice el infielder de los Dodgers, Casey Blake. K-Rod encontró su forma en Venezuela, jugando chapitas -- con chapitas de botellas como pelotas y palos de escoba como bates -- en las calles de tierra de Caracas. Tenía tres años y medio la primera vez que jugó. "Lanzar me surgió de manera natural", dice. "Mi cuerpo estaba hecho para hacerlo. Todo lo que tenía estaba hecho para eso. Todo mi ser".
Mientras levanta su jersey en el vestidor antes de un partido contra los Indios en el mes de julio, Rodríguez hace sus comentarios, uno atrás de otro. Se contradice, pero de alguna manera suena perfectamente consistente:
"Yo soy así. Nunca cambiaré. Jugaré duro hasta que no me quede más nada y luego diré adiós".
Y luego:
"Realizas ajustes si quieres permanecer en la liga. Quiero estar aquí un largo tiempo. Estoy trabajando en ello".
Es un pitcher en un punto de inflexión, entre lo que fue y lo que puede llegar a ser. Todavía está demostrándole a sus tíos que puede resistir, mientras aprende las limitaciones del hambre y el deseo y descubre las posibilidades de la paciencia y la estrategia. K-Rod ya no es el niño que destruyó a los Gigantes en la Serie Mundial de 2002, pero tampoco es alguien que esté perdiendo su ventaja. Es un gato interesante en las vísperas de saltar un récord increíble, camino a su segundo anillo y a punto de recibir una enorme cantidad de billetes. En el fondo, no es alguien a quien se deba subestimar todavía.
En casi seis temporadas, Rodríguez sólo ha pasado por la lista de lesionados una vez, por un esguince en su antebrazo. "Tiene un estilo alargado", dice el analista de lesiones de Baseball Prospectus, Will Carroll. "Es casi como el movimiento que hacen los jugadores de jai alai, poniendo mucha presión sobre su hombro. Parece que su brazo queda muy detrás de su cuerpo y debe volver a toda velocidad para alcanzarlo. Por eso es que lanza tan duro, pero también la razón por la que anticipé que explotaría hace un par de años".
En el momento que suelta la pelota, el pie de apoyo de K-Rod queda apuntando a tercera base, evidencia de que lanza cruzando su cuerpo con fuerza. Pero las palabras "suave" y "delicada" no son las claves para explicar una ejecución eficiente y repetible, ni tampoco son los indicadores de la resistencia. La ejecución de un lanzamiento es una cadena cinética, y a pesar de todo el ruido de críticas recibidas por su forma de lanzar, el ritmo de K-Rod en esa cadena es excelente.
"Hace todas las cosas correctas", dice Tom House, cofundador de la Asociación Nacional de Lanzador y ex entrenador de los Vigilantes. "Es violento para el ojo, pero la mecánica es bastante buena".





