Agrandaditos
El Boca juvenil borró de la cancha al campeón de América, LDU: 4-0 en La Bombonera
BUENOS AIRES -- Fue hace menos de tres meses, pero qué lejos quedó esa vuelta olímpica histórica en el Maracaná. La Liga de Quito se ganó un lugar entre los grandes de América, se ganó un respeto, pero este martes no lo hizo valer.
Es cierto, visitaba la mítica Bombonera, donde los cánticos de La Doce retumban e intimidan rivales. Enfrente estaba Boca, el gran líder continental. Sin embargo, el de esta noche en particular, no era el Boca "campeón de copas", era apenas un Boca novato, lleno de debutantes y jugadores con apenas un puñado de partidos en Primera.
Y el marco no era intimidante, porque así como Carlos Ischia decidió que la prioridad hoy por hoy es el torneo Apertura, mucha gente eligió seguir el partido por televisión. Y los que fueron a la cancha nunca se mostraron realmente hostiles hacia el equipo ecuatoriano. Los cánticos primero fueron para el próximo rival local (Newell's, este jueves) y después, aliento para "los pibes".
Así planteadas las cosas, hasta podría considerarse que la Liga era el favorito, o al menos, un empate hubiera parecido un resultado lógico.
SE AGRANDAN Y SE ACHICAN
Hambre, ganas de mostrarse, actitud, cien por ciento actitud. Así fue Boca desde el minuto cero. Y el atrevimiento de los chicos enseguida contrastó con un rival muy apocado.

El partido iba de arco a arco, con juego fluído y muchos espacios, y el medio quedó como una zona liberada, donde la pelota o se regalaba o seguía derecho a campo contrario casi sin oposición. ¿La diferencia entre uno y otro? Hacia el área del joven Javier García (que se aburrió de lo lindo, pero reaccionó con precisión las dos veces que lo exigieron), la Liga dependía de un manso y solitario Damián Manso y Boca "se ponía serio" en tres cuartos, donde se cerraba y no dejaba avanzar al equipo crema más allá.
En la dirección contraria, la Liga defendía muy al filo del área y cualquier error iba a terminar en gol. Por consiguiente, Boca era más profundo, el que situaciones más claras había generado y el que más merecía estar en ventaja, al momento del primer tanto.
Pero el mérito no fue sólo de los chicos, hubo un "grande" que les sirvió de guía: Leandro Gracián. El ex jugador de Vélez fue, probablemente, el mejor de la cancha. No se le dio el gol, pero tuvo dos situaciones clarísimas (una reventó el travesaño y otra salvó José Cevallos) y fue clave en el armado de tres anotaciones. Pero lo más importante es que, como no suele pasarle cuando juega entre los "verdaderos" titulares, esta vez estuvo presente los 90 minutos.
Además, contó con un buen apoyo de Pablo Mouche, Cristian Chávez y Neri Cardozo, aunque ellos sí fueron más interminentes.
Y siguiendo con la tendencia del partido, el primer gol fue de arco a arco. En uno de los pocos momentos en los que la Liga logró generar cierta inquietud en el área xeneize con un contragolpe de Luis Bolaños, Juan Forlín lo frenó con un gran quite abajo. Y en la acción siguiente, el mismo Forlín sacó un cabezazo limpio para poner el 1-0.
Cinco minutos después llegó el 2-0 con un gol en contra de Christian Suárez, que se llevó por delante un rebote, tras el disparo de Jonatan Philipe. Y fue el golpe mortal para el equipo de Quito, que en realidad nunca dio verdaderas señales de vida.
Para los chicos de Boca, los goles sumaron confianza y empezó un bombardeo sin piedad contra el arco de José Cevallos.
Los brazos en la cintura de Manso, tras otra pelota regalada en el medio cuando, pese al 0-2, quedaban más de 50 minutos de juego, es la imagen que mejor pinta el momento de la Liga. También el regreso a la cancha, luego del entretiempo; caminando, con un paso cansino, sin alma...
La segunda parte se pareció a la primera por el dominio de Boca, aunque los chicos sacaron el pie del acelerador y el juego se diluyó un poco. Para colmo, el 3-0 llegó bien rápido - a los cuatro minutos, por intermedio de Mouche - y liquidó cualquier esperanza ecuatoriana.

Y cuando quiso, Boca fue en busca de más, para viajar a Quito con mayor tranquilidad. En cuanto se propuso hacer el cuarto, lo hizo. Un buen desborde por la izquierda de Gracián, la pared entre el Tano y Cardozo, para dejar mano a mano a Nicolás Gaitán (ingresó por Mouche), quien definió con gran frialdad ante la salida de Cevallos.
Fueron cuatro goles, pudieron ser cinco, seis, siete...quién sabe cuántos más. Fue un baile. ¿Por qué no fueron más, entonces? Primero que nada, por Cevallos, el arquero salvó cuanto error defensivo pudo, pero tampoco es un pulpo. Y después porque los "chicos" a veces pecaron de apresurados y/o novatos.
Boca no fue perfecto, pero funcionó como equipo y contagió a un público que llegó pensando en el partido contra Newell's; mientras que del lado de enfrente no apareció ni el equipo ni las individualidades, ni la mística copera, ni nada.
Es díficil creer que, con un diferencia de 0-4 y la paupérrima imagen que dio en La Bombonera, la Liga pueda avanzar a los cuartos de final en la Copa Sudamericana. Esto es fútbol y todo es posible, lo único que sí se puede asegurar es que para que "el milagro" ocurra, el equipo ecuatoriano deberá dar un giro de 180º, de lo contrario, el pasaje será de Boca.
Magdalena Kairuz es editora de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.



