Mañón, la fiera que "devoró" al VIH

En el 2005, el dominicano Leocadio Mañón fue derribado por toda la cuenta antes de subir al ring, cuando dio positivo VIH y le retiraron su licencia de boxeador de por vida

Actualizado el 3 de diciembre de 2008
Por YOEL ADAMES F.
ESPNdeportes.com

Leocadio MañónVíctor Ml PérezLeocadio Mañón continúa librando una batalla contra el VIH a puño limpio
El suicidio le parecía un deber, pero luego de que sus manejadores le hicieron reflexionar tras dar positivo VHI en el 2005 en un examen previo a su desvanecido debut en los Estados Unidos, Leocadio Mañón sabía que enfrentaría al peor rival durante toda su vida y hasta el momento, le está ganando la pelea por decisión unánime del destino.

SANTO DOMINGO -- En el mejor momento de su carrera Leocadio Mañón fue derribado por toda la cuenta antes de subir al ring, cuando su examen sanguíneo dio positivo VIH.

Su licencia de boxeador fue cancelada de por vida y produjo un regreso abrupto a la República Dominicana al ser deportado de los Estados Unidos. Pensó que el mundo se había acabado.

Mañón no visita ninguna iglesia ni se ha aislado hacia las montañas, tampoco ha dejado su costumbre de ejercitarse y de tener una alimentación lo más sana posible, lo que su cuerpo ha aprovechado para aumentar unas 20 libras adicional a cuando era un peso mosca (112 libras/51 kilos).

"Mi esfuerzo me llevó a ser campeón de mi país, mostré que podía ser un monarca con estampa internacional, por ello me dieron ese contrato para combatir en Texas cuando derroté a (Domingo) el Cachorrito Guillén. Llegué legal a Estados Unidos, con trabajo seguro, de inmediato me pusieron como antesalista de una pelea de título mundial y con una bolsa de diez mil dólares que no se la pagan a todo el mundo en su primera pelea. De repente, todo fue como un sueño...

"Cuando me diagnosticaron VIH pensé suicidarme... De repente sucedió lo que nadie podía imaginarse y yo pensé en ese momento que debía tirarme desde el piso del hotel y finalizar todo ahí; pero Dios me dio la fuerza, yo no voy a ninguna iglesia ni nada de eso, sino que siempre he creído y ahora esa creencia me da la vida", recuerda.

El ex campeón dominicano de peso mosca no ha encontrado una mano amiga que lo sustente o por lo menos le brinde la oportunidad de ganarse el pan diario de sus hijos, teniendo que vivir de la caridad de los pocos amigos que le visitan y de su padre.

Leocadio se confiesa ante ESPNdeportes.com y afirma que ya no le pregunta a Dios ¿por qué? Ahora sólo pide una oportunidad para reintegrarse a la sociedad y echar la última pelea de su vida para permitirles a sus hijos una alimentación y una educación digna.

"Ahora como nunca comprendo que vivo por ellos, a mi me toca una gran esperanza y la estoy viviendo cada día haciendo todo lo que puedo por ellos", dice con firmeza. "El VIH, el Sida, todas esas cosas podrían estar en mi sangre, pero no en mi mente, sigo haciendo mi vida normal, con mucha responsabilidad, pero la sociedad me niega sobrevivir".

Dice que aquel día sus sueños y su carrera acabaron al instante: su licencia de boxeador fue cancelada de inmediato y deportado brutalmente; pero quedó el ser humano.

Mañón recuerda aquel momento, el cual fue el más sublime de su vida porque sin darse cuenta estaba en los Estados Unidos, era el semiestelarista de la pelea entre el campeón Marco Antonio Barrera y el desafiante Mzonke Fana en Texas, y aunque no era el favorito para derrotar al mexicano Abner Mares, guardaba una sorpresa en sus puños como ya lo había hecho en Santo Domingo ante Fausto del Rosario (Chimán), Andrés Martínez (La Salsa), Domingo 'El Cachorrito" Guillén y otros.

"Ya me habían anunciado en ese show que era televisado al mundo e incluso decían que si ganaba iba de línea a una pelea de título mundial porque mi estilo le gustó; además, yo iba a ganar la mejor bolsa para un boxeador de ese peso debutando en los Estados Unidos, me iban a pagar 10 mil dólares por mi primera pelea, que no se lo pagan a nadie en el peso de las 112 libras.

"Estaba en el hotel, había almorzado muy bien, descansé mucho, había pensado en la importancia de este chance que me habían dado, en mi familia que iba a mejorar, pensé en muchas cosas grandes; pero vi que estaba subiendo la hora y no me avisaban para vestirme para la pelea.

"Al rato subió Omara (la esposa de uno de sus manejadores) al cuarto del hotel, estaba llorando inconsolable; también entró Pedro Valerio su esposo, él no estaba llorando pero, me miró y no pudo hablar& Más atrás entró Alexis Divison, otro boxeador dominicano de la cuadra.

"Cuando me dijeron lo que sucedió, eso de que yo tenía Sida, golpeé duro la cama sin darme cuenta, grité fuerte no sé que cosa y corrí rápido a la ventana, estábamos en el piso 18 del hotel, pensé en lanzarme y acabar inmediatamente con la historia. Ellos me leyeron el pensamiento y me agarraron, lloraron, oraron y me hicieron reflexionar.

"El momento más grande de mi vida se convirtió en un segundo en una condena a muerte", resume.

A Mañón, de 31 años y con un físico impresionante que no hace pensar al más cauto en que es portador del mortal virus, el tiempo no le ha alcanzado para buscar las causas de su enfermedad, mejor se ha dedicado a proteger la familia y a avanzar todo lo posible alrededor del futuro de sus tres hijos sanos.

"Cuando supimos que los exámenes dieron positivos, Justo Melo le hizo un examen a mi esposa, dio no reactivo, luego volvimos a hacérselo en un tiempo prudente y en un laboratorio de más jerarquía, y dio positivo", reveló Mañón.
Leocadio Mañón
Víctor Ml PérezMañón sobrevive con el VIH desde el 2005

Afirma que el tema no es prioridad entre él y su pareja y que se han aferrado a la fe en Dios, no ahora por la enfermedad, si no a la que siempre ha tenido y piden misericordia para levantar sus hijos.

"A mi me toca una gran esperanza y la estoy viviendo cada día", se reconforma Mañón, quien ganó las últimas 10 peleas de su carrera.

"Mis hijos, gracias a Dios están sanos, pero temo que en la escuela no lo respeten por nuestra enfermedad o que alguien por ignorancia quiera sacarlos y negarle la gracias de la educación".

Dijo que a pesar de que actúa y piensa normalmente aún no ha sentido los efectos de la enfermedad que se le descubrió en julio del 2005, pero en cambio, ha sufrido la depresión de cómo ha cambiado la sociedad para él.

"Justo Melo, uno de mis manejadores, ha sido como un padre para mi, es un hermano que no me abandona nunca, pero ya no soy boxeador, no le dejo beneficios y no puedo abusar de él ni exigirle nada, tampoco esperar que nadie me mantenga. Estoy aquí, lo que sabía hacer mejor era boxear y ya no puedo.

Mañón tiene que pagar una vivienda y sostener a su esposa y tres hijos, pero por su condición no puede presentarse a buscar trabajo y mucho menos volver al ring.

"Ya no puedo dar triunfos deportivos, no puedo llevar esa alegría de cuando ganaba un combate, ya no tengo los mismos sueños. Ahora, quisiera conseguir una casa modesta para mis hijos y poder educarlos para que ellos no pasen por lo que yo estoy sufriendo ahora.

"Usted sabe que yo empecé desde pequeñito a boxear, me iba escondido al gimnasio y mi padre se dio cuenta ya cuando yo estaba peleando de profesional y desde entonces me apoyó.

"No quisiera morir como Felito Peña, quien fue mi entrenador aficionado, hasta ahora no hay quien lo supere a nivel de su trabajo de enseñar jóvenes, el que más campeones mundiales ha hecho en el país (Héctor Acero Sánchez, Julio César Green, Agapito Sánchez y muchos otros), y este hombre muere en un hospital y hubo que coger un ataúd fiao (a crédito) para sacarlo de un hospital, eso es increíble& y oiga de quien se está hablando de Felito Peña, una de las personas que más han contribuido al boxeo; no quisiera cerrar así mi historia", compara.

Leocadio Mañón (17-5, 8 KOs.) entiende que no fue campeón del mundo, tampoco uno de los mejores boxeadores dominicanos de todos los tiempos, quizás por su triste e inesperado final.

"Siempre trabajé desde muy pequeño, a los ocho años ya yo trabajaba, trabajé en mercado, en botellería, en colmado, he sabido ganarme mi comida con honestidad.

"Cuando se supo la noticia aquí (en República Dominicana) me hicieron mucho daño, autoridades del boxeo, dijeron cosas que no debieron; pero yo perdono todo eso.

"He tratado de conversar con el secretario de Deportes, Felipe Payano, quien siempre ha tenido mucho aprecio a mi persona cuando era atleta y me mandó a decir varias veces que quería verme.

"Ahora trato de verlo pero es imposible, quizás no porque él no quiera recibirme, sino por las gentes que tiene a su lado que no le dicen nada, yo he dado treinta viaje a ahí y nada, ya no voy", afirma.

Dice sentir vergüenza de estar atrás de las autoridades del boxeo y el deporte en general porque su papá le enseñó a trabajar para que nunca pidiera, pero que por la ignorancia de la sociedad sobre como se maneja esta enfermedad no consigue trabajo.

"Lo que yo estoy pidiendo yo me lo gané, si no hubiese sido en este país yo no estuviera rogándole a nadie para que me den la oportunidad de ser útil a la sociedad. Si no puedo trabajar que me pensionen como vieja gloria, quizás dirán que no tengo los méritos, pero deben tomar en cuenta mi condición", considera.

La fortaleza física y mental de Mañón es su gran aliado junto a su fe, ya que sabe que tiene de frente a su mayor rival.

"Yo realmente no pienso en eso, para mi no tengo VIH aunque los exámenes siempre sean positivo, sigo con mi mente igual, me ejercito como si fuera a pelear, ahora tengo como 20 libras más porque no tengo que hacer el peso; pero le agradezco a Dios todo y no sé si me sacó del boxeo para evitar quizás que muriera en el ring, uno no sabe por qué ocurren las cosas, pero Dios si sabe por qué". concluye.

Leocadio luce una contextura física envidiable como en sus días de monarca mosca, que muchos decían que tenía una anatomía de un peso pluma.

Su historia se une a la de muchos hombres del ring internacional y local que han padecido la enfermedad.

Uno de los primeros seres humanos en morir del Sida fue el ex campeón mundial de peso ligero Esteban de Jesús en una cárcel de Puerto Rico.

También el desafiante de peso super ligero Stephan Johnson, seguido por el caso del ex monarca de peso completo Tommy Morrison, quien finalmente ha controlado el virus hasta lo imperceptible en los microscopios, al igual que el astro del baloncesto Magic Johnson.

"Si uno se mantiene al día con sus medicamentos y una buena dieta alimenticia puede sobrevivir y dominar la enfermedad al punto de que no sale en los análisis, aunque el virus sigue siempre en el cuerpo", revela el ex monarca dominicano de las 112 libras, quien está colaborando y en comunicación permanente con Copresida, la entidad que combate este mal en República Dominicana.

En la República Dominicana han fallecido de esta enfermedad varios atletas, entre los que se cuentan los boxeadores Alexis Ureña (El Montrico) y José Parra, así como el baloncestista Ismael Tapia.