Actualizado: 31 de julio de 2009, 23:29 EDT

Yadier Molina marca el ritmo

No es Pujols, pero el receptor estrella de los Cardenales es el hombre detrás del plato

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Por Lindsay Berra
ESPN The Magazine

Este artículo aparece en la edición del 8 de junio de ESPN The Magazine.

La gente alrededor de Albert Pujols, aquel del dulce swing, se ha transformado en una multitud. Uno pensaría que el primera base de los Cardenales está repartiendo televisores plasma gratuitos en lugar de hablar. Los camarógrafos se posicionan, los periodistas se chocan los codos para lograr una mejor posición para sus grabadoras, y los muy bien peinados reporteros televisivos se acercan con sus micrófonos. Pujols es uno de 33 titulares del Equipo de las Estrellas de la Liga Nacional que se pone a disponibilidad de los medios en el Hyatt Regency del centro de San Luis, pero es innegablemente el mejor jugador del béisbol actualmente y fue el anfitrión no oficial del 80° Clásico del Verano, por lo cual los demás jugadores sólo atinan a maravillarse ante la multitud.

Inmediatamente a la izquierda de Pujols, el receptor de los Cardenales Yadier Molina, el del cañón en el brazo, se sienta solo. Está enviándole un texto a su hermano José, que está en camino a ver a Yadier transformarse en el primero de los tres receptores Molina en jugar un Juego de las Estrellas. A Yadi no le importa ser ninguneado: a él no le gusta mucho hablar de sí mismo, de cualquier modo. "Albert es un gran compañero de equipo y un gran jugador", dice. "Yo simplemente estoy feliz de estar aquí".

Pero si Pujols es El Hombre, el dominicano sucesor de la leyenda de los Cardenales -- Stan "The Man" Musial--, Molina es el pegamento que mantiene unido al equipo. De hecho, es el único receptor en el deporte que puede cambiar el destino de un partido, porque juega en su posición como nadie. Sí, Joe Mauer ganó dos títulos de bateo, Jorge Posada tiene cuatro anillos de Serie Mundial, y Matt Wieters puede ser el Próximo Gran Jugador. Pero los receptores de todo el deporte saben quién marca el ritmo detrás del plato.

Dice Posada, "el mejor receptor defensivo del béisbol es Yadier Molina".

Dice Brian McCann de Atlanta, "Yadi es el mejor receptor defensivo del béisbol".

Dice Víctor Martínez de Cleveland, "Yadier es el mejor detrás del plato".

Yadier MolinaMichael MullerYadier Molina es el verdadero receptor que puede cambiar un partido

Molina es un jugador al estilo del pasado, un receptor en el más aguerrido sentido de la palabra. Es un maestro en un arte sometido a la oscuridad en medio de la atención desmedida por los jonrones. A comienzos de la década de 1980, cuando la ofensiva explotó y los jonrones se pusieron de moda, muchos clubes comenzaron a firmar receptores por su habilidad en el plato en lugar de su capacidad detrás de él. En los años de la década de 1990, Mike Piazza se transformó en el receptor símbolo, y las sutilezas de la posición comenzaron a desaparecer. Pero ningún receptor puede anotar tantas carreras como puede evitar. Los estudiosos de las estadísticas todavía tienen que elaborar nuevas métricas de fildeo pare medir lo haceun buen receptor, por lo cual la habilidad defensiva de Molina es más anecdótica que otra cosa, pero su tasa de atrapadas y robos evitados es reveladora. Todo comenzó en el 2002, cuando por su propio relato sacó a 26 corredores fuera de sus bases en Peoria, en Clase A (el equipo no seguía esa estadística). En el 2007, su cuarta temporada en Grandes Ligas, él eliminó un sorprendente 50% de corredores intentando robar bases (el promedio de la liga era 22%). Pero no fue sino hasta la pasada temporada, cuando bateó su mejor promedio de carrera con .304 y su ofensiva atrajo atención hacia su defensa, que finalmente ganó un Guante de Oro.

Los fanáticos casuales del béisbol pueden conocer mejor a Molina, de 27 años, por un jonrón en especial (uno de los apenas 36 que ha bateado en toda su carrera). En la parte alta de la novena entrada del séptimo juego de la Serie de Campeonato de la Nacional en el 2006 ante los Mets, Molina, quien había bateado apenas .216 durante la temporada regular, llegó al plato con un jugador en base y un out, y el juego empatado 1-1. Ahí, le conectó al primer lanzamiento de Aaron Heilman impulsándolo sobre la pared del jardín izquierdo del Shea Stadium, dándole a los Cardenales una ventaja de 3-1 y reduciendo a la categoría de historieta la espectacular atrapada de Endy Chávez sobre la pared ante un batazo de Scott Rolen en la sexta entrada. Pero fue en la parte baja de la novena que se reveló la esencia de Molina. Con dos outs, las bases llenas y el asesino de Cardenales Carlos Beltrán en el plato, el receptor hizo señales para pedir una curva con conteo de 0-2 al taponero Adam Wainwright. En una situación en la que un lanzamiento alto en lazona o hasta un tiro salvaje hubiese terminado en catástrofe, el diestro novato, sin dudarlo, lanzó una dura pelota que terminó con fuerza en el rincón inferior interno. La bola dejó congelado a Beltrán en un embarazoso tercer out y le dio a los Cardenales el banderín de la Nacional. "Uno no tiene siquiera que preocuparse por rebotar una bola en el piso ante Yadier", dice Wainwright, hoy abridor con San Luis. "Es una aspiradora humana detrás del plato. Lo único que uno tiene que tener en la mente es lanzar, porque uno sabe que Yadi va a atrapar lo que uno le mande".

Ese tipo de confianza en un receptor no puede ser sobreestimada. "No creo que nadie en las Grandes Ligas haga un mejor trabajo", dijo el piloto Tony La Russa. "Yadi es maravilloso".

Yadier MolinaMichael MullerCon Molina al mando, los corredores están obligados a mantenerse en alerta

En los comienzos del béisbol, el receptor era reverenciado. Con los cuentos heroicos de la Guerra Civil de Estados Unidos relegados en la memoria, el campo de béisbol pasó a ser el campo de batalla, y los receptores establecían los estándares de coraje y fortaleza. Ellos se ponían detrás del plato casi sin equipos, ni siquiera un guante, protegidos de bates y bolas solamente con su coraje. Recibían rectas en la palma de su mano, aguantaban una tormenta de bolas de foul y otras pelotas peligrosas sin inmutarse. Eran juzgados por el número de juegos que podían sobrevivir sin terminar lesionados (las manos o quijadas rotas eran comunes, así como las contusiones cerebrales). Aquellos que no aguantaban duraban apenas unas pocas entradas, los más duros duraban más de cien juegos.

Eventualmente, los receptores comenzaron a usar máscaras y guantes, canilleras y protectores pectorales. Pero mientras el prototipo del receptor ha cambiado (desde Mickey Cochrane y Bill Dickey, pasando por Roy Campanella y Yogi Berra, hasta Johnny Bench y Carlton Fisk) las características esenciales del receptor no han cambiado. Molina se toca el logotipo del pájaro rojo en su pecho. "Si eres débil de corazón no vas a durar mucho", dice. Se apunta con dos dedos a la frente. "Si eres débil aquí, en la mente, tampoco durarás. Y coraje. Tienes que tener coraje".

Para darte cuenta de todo eso tienes que mirar muy bien. Mientras que Molina se para en frente de su locker después de la victoria del 19 de mayo ante los Cachorros, sin su gorra o la máscara de receptor, lo primero que notas es su Mohawk, y sus mahones cortos y las zapatillas de lona Ed Hardy lo hacen parecer más bien un skater punk que un hombre que ayudó en la ingeniería de una blanqueada de Joel Piñeiro. El pitcher había perdido tres juegos difíciles al comienzo del mes, en medio de una debacle con foja de 4-10 para los Cardenales, y esta noche comenzó con un desempeño un tanto flojo al ceder un sencillo inicial ante Alfonso Soriano. Pero cinco lanzamientos más tarde, Molina se hizo cargo de Soriano y Piñeiro sólo permitió dos hits más durante el resto del partido. "Hace que sea más fácil trabajar relajadamente", dice Piñeiro refiriéndose a su compañero. "En algún momento tendrás dificultades, son esos los momentos en los que Yadi es tan importante".

Piñeiro dice que Molina es el receptor más atlético de la liga. Cuando crecía en Puerto Rico, Yadi era un jugador delgado del cuadro hasta que cumplió los 16 años, momento en el que comenzó a desarrollar el físico característico de su familia. Tanto él como Bengie, el receptor titular de 35 años que juega con los Gigantes, miden 5 pies 11 pulgadas y pesan 230 libras; el reserva de los Yankees, José, quien tiene 34 años, es tres pulgadas más alto y cinco libras más pesado. "Tenemos huesos fuertes", dice Yadier. "Somos grandotes". Crecieron en una pequeña casa amarilla en Vega Alta, coincidentemente apodada Pueblo de los Ñangotaos, haciendo referencia a la posición de los cortadores de la caña de azúcar que esperaban por el tren. Benjamin Molina Sr., quien era entrenador de béisbol cuando no trabajaba en una fábrica de cadenas de montaje, les enseñaba a sus hijos a jugar en el diamante y a respetar este deporte. "Cuando era niño, me encantaba observar a mis hermanos y aprender", dice Yadier. "Jugaban como yo quería jugar, con agresividad y confianza".

Siguen aprendiendo uno del otro, por televisión, por teléfono o por mensaje de texto, porque están ligados no sólo por la sangre sino también por un sentimiento común de orgullo hacia la profesión que tienen. Creen que la responsabilidad del receptor es trabajar en beneficio de su pitcher. "¿Sabes cuántas cosas nos importan?", pregunta Bengie. "Tu objetivo no puede ser solamente ganar un juego. El pitcher tendrá una familia y sus hijos tendrán hijos. Los relevistas, los cerradores, todos ellos. Tienes la oportunidad de hacer que les paguen para que puedan tener una linda vida. Nos importan más allá del béisbol en sí".

En este deporte es la primera vez que vemos algo como los hermanos Molina, y ahora Yadi parece estar decidido a dar el gran golpe. The Fielding Bible, una publicación que ha intentando ensamblar los números y los matices de los receptores, catalogó a Yadi como el mejor receptor defensivo del béisbol en 2008; José quedó No. 2 y Bengie, No. 5. "No entraré en el Salón de la Fama, y tampoco creo que José entre algún día", dice Bengie, dos veces ganador del Guante de Oro. "Pero Yadier tiene chances". Su habilidad de bloquear las bolas en el polvo no tiene comparación, más que nada porque conoce bien a sus pitchers y puede anticipar las movidas. Y si un pitcher no está lanzando como lo hace generalmente, Molina cambia su cuerpo, no sólo su guante, para que la bola caiga exactamente en donde él quiere. En un buen día, dice, es capaz de robarse 10 ó 12 ponches a favor de su pitcher.

Joel Piñeiro y Yadier Molina
Getty ImagesMolina ha ayudado a Piñeiro a dar el máximo

Durante la mayoría de los días, Molina es el único que se roba algo. Para jugar en las mayores, un catcher debe hacer el tiro a segunda base en menos de dos segundos. La mayoría está en los 1,9 segundos; algunos de los mejores, incluyendo a Bengie y José, lo hacen en los 1,8. Yadier, por lo general, lo hace en 1,7 segundos, y en ocasiones en 1,6 segundos. Combina lo anterior con la regla de La Russa de que ningún pitcher al que le lleve más de 1,4 segundos poder lanzar la bola hacia el plato entrará en su rotación, y necesitas mucha velocidad y un ego elevado para siquiera intentar correr las bases en San Luis. Durante su carrera, Molina ha sacado al 42,1% de los corredores que intentaban robar bases, quedando segundo detrás de Iván Rodríguez entre los receptores activos. Solamente 26 corredores han intentado robar bases ante Molina esta temporada. En comparación, 71 corredores han tenido éxito ante el receptor de los Medias Rojas, Jason Varitek.

Con Molina detrás del plato, la mayoría de los corredores de base simplemente intentan mantenerse en el juego. Desde 2004, ha atrapado a 31 corredores saliendo de la primera base, casi dos veces más que cualquier otro receptor durante ese período. El 11 de julio, ante los Cachorros, Molina giró hacia su derecha, cayó de rodillas para dar una puñalada de revés a un lanzamiento, y con un solo movimiento saltó alrededor del bateador zurdo, Micah Hoffpauir y disparó contra un desconcertado Ryan Theriot. La mayoría de los receptores sólo lanzan cuando tienen una línea clara hacia la primera base, pero a Molina le encanta salir detrás de un bateador zurdo usándolo como camuflaje. "Soy escurridizo", dice. Cuando Fox transmitió la repetición de la jugada durante el Juego de las Estrellas tres días después, el coomentarista Tim McCarver, dos veces receptor estrella, dijo que esa era una de las mejores jugadas que había visto.

"Lo que separa a Yadi del resto es su capacidad mental", dice el primera base de los Astros, Lance Berkman, quien sufrió las jugadas de Molina la temporada pasada. "Hace una jugada increíble y piensa, tal vez puedo hacer algo más con esta pelota". Molina supera a sus oponentes. Si uno de ellos es lo suficientemente atrevido como para dar el paso extra que toma un corredor una vez que el pitcher se compromete con el plato, la bola estará allí, esperando en el guante de Pujols, cuando el jugador quiera regresar. "El brazo de Molina corta la ventaja secundaria", dice el entrenador de primera base de los Reales, Rusty Kuntz. "Si por lo general consigues dos pasos, bajas a uno. Si por lo general consigues tres, tomas dos. Pero a veces los jugadores tienen que verlo para creerlo y esos son los jugadores que él ha eliminado".

La mayoría nunca lo ve venir. Si Pujols está aguantando al corredor, hará una seña para tirar, pero si está posicionado detrás de la bolsa, depende de Molina. "Debo estar atento pensando que lanzará todas las veces, aunque no lo haga en todo el partido", dice Pujols.

"LO QUE SEPARA A YADI DEL RESTO ES SU CAPACIDAD MENTAL. HACE UNA JUGADA INCREÍBLE Y PIENSA, TAL VEZ PUEDO HACER ALGO MÁS CON ESTA PELOTA."

Molina y Pujols trabajan en conjunto de manera maravillosa, pero el receptor se concentra en sus pitchers. Detrás de cada presentación increíble en el montículo está la sabiduría de un receptor. Don Larsen dice que no rechazó un solo lanzamiento pedido por Berra durante su juego perfecto en la Serie Mundial de1956. Cuando Dennis Martínez lanzó su perfecto, en 1991, el as del Expos dijo que Ron Hassey, el único hombre que ha recibido dos juegos perfectos, leía su mente. Molina tiene la misma habilidad natural para cantar un partido detrás del plato. Y Duncan, el único entrenador de pitcheo actual de las mayores que fue receptor, tiene una teoría según la cual los receptores de Puerto Rico como los Molina -- y Benito Santiago y Sandy Alomar Jr. antes de ellos -- son adeptos al pedir lanzamientos porque lo han hecho así desde pequeños. En los Estados Unidos, los entrenadores de los colegios y las universidades, obsesionados con ganar, les han quitado esas funciones a los receptores. Como resultado, cuando se convierten en profesionales trabajan sobre la siguiente lógica: Piden jugadas que ellos mismos no pueden pegar en vez de trabajar con la habilidad de sus pitchers y la debilidad del bateador. "Pienso de lanzamiento en lanzamiento junto con Yadi, y creo que mi manera de pensar es muy predecible y la suya es innovadora", dice Duncan. "Me sorprende a mí y a los bateadores". Molina incluso ha sido reconocido por lanzar a la fortaleza de un bateador para después, con el partido ya avanzado, dejar en evidencia sus fallas. "El año pasado, zafé de Yadi sólo cuatro veces", dice el abridor de los Cardenales, Kyle Lohse. "Y cedí tres hits".

La experiencia de Molina detrás del plato lo ha ayudado como bateador. Después de batear para .304 el año pasado, en esta temporada está camino a lograr un récord de carrera en cuanto a jonrones. Además, es uno de los bateadores más difíciles de ponchar. En la segunda entrada del Juego de las Estrellas, llegó al plato con corredores en primera y segunda, y rápidamente quedó abajo con conteo de 0-2 ante el as de los Azulejos, Roy Halladay. Pero Molina acortó su swing y empujó una carrera con un sencillo al jardín central. "Él pone la bola en juego", dice Pujols, quien se ha convertido en el entrenador de bateo de de facto para Molina. "Pero lo que realmente admiro de Yadier es que no importa si en cuatro turnos suma cero hits, o si en cinco suma cinco, siempre tiene la misma actitud detrás del plato. Lo que más le importa es su defensa porque de esa manera es como puede ayudar a ganar. De todas maneras, sumará un imparable cuando más se necesite".

Después del Juego de las Estrellas, el mejor receptor defensivo entretuvo a un numeroso público cerca de su locker, hablando de su carrera remolcada. No importó que los reporteros estuviesen esperando que Pujols, quien tiene su locker al lado, saliera de la ducha. Molina siempre sabe qué decir. "¿Es ese un souvenir de tu primer Juego de Estrellas?", le preguntó un periodista haciendo referencia a la bola que Molina tenía en las manos. "No", respondió. "Es para mi familia. Está firmada por Albert Pujols".