Actualizado: 18 de agosto de 2009, 21:09 EDT

Quemó los últimos puentes

Tras firmar con Vikings, Brett Favre rompió cualquier relación con fans de los Packers

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Gene Wojciechowski Por Gene Wojciechowski
ESPN.com
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EDEN PRAIRIE -- Lunes por la noche. Cinco de octubre. Una fecha que pasará a la infamia en el fútbol americano.

Brett Favre
APFavre sabe que nada será igual respecto de GB

Se trata de la noche en que los Green Bay Packers enfrenten a los Minnesota Vikings en la capital mundial de la pérdida de la audición: el Metrodome. Es la noche en que Brett Favre cometerá su acto de traición a los cabezas de queso.

Favre obtuvo lo que quería. Llegó al equipo al que deseaba, con un salario aceptable, y en la NFC Norte, una división que conoce como la palma de su mano. Pero ese nanosegundo en el que firmó ese contrato de entre 10 y 12 millones de dólares con los Vikings fue el nanosegundo en que quemó los últimos puentes de madera que quedaban entre él y los aficionados de los Packers. Se convirtió en Fredo Corleone de "El Padrino: Parte II", el que traiciona a la familia. Los fanáticos de los Packers se convirtieron en Michael Corleone, quien le dice a su hermano: "Fredo, eres nada para mí ahora".

Fredo fue aniquilado en una lancha de pesca en medio de Lake Tahoe. Favre podría ser aniquilado en horario estelar en medio del Metrodome. O podría liderar al equipo con el mejor corredor de la liga y una de las mejores líneas defensivas hasta el Super Bowl XLIV.

De cualquier modo, es un Viking ahora, que es lo que siempre quiso Favre. De hecho, es no es cierto. Quería ser un Packer, pero ¿recuerdan toda esa charla de la gerencia de Green Bay sobre cruzar el Río Rubicon y proteger el legado de Favre? Fue tan sincera como el primer anuncio de retiro de Favre.

El punto final es que los Packers no querían a Favre como su mariscal de campo, e igualmente importante, no querían a Favre como mariscal de campo de los Vikings. Por eso es que insertaron una cláusula sobre el asunto en el acuerdo de canje, y es por eso que Favre terminó en otra conferencia y con los New York Jets la temporada pasada.

Tengo cero problemas con Favre saliendo del retiro de nuevo. Es su carrera, su cuerpo, su legado. Sin importar lo que le suceda vestido de púrpura, Favre terminará en Canton.

Amo cuando los Michael Irvins del mundo digan que Favre debiera quedarse en casa, como si Irvin no hubiera jugado más tiempo de haber podido. Favre puede, y lo hará. Y lo hará con un brazo de lanzar que funciona, esta vez, a diferencia del tendón desgarrado con el cual jugó la última parte del '08.

También tengo cero problemas con que Favre firme con los Vikings. Quizás sí sea personal --estoy seguro de que le gustaría burlarse de la gerencia de los Packers--, pero también se trata de negocios. Si fueras Favre, ¿no jugarías para este equipo, en esa Ofensiva de la Costa Oeste, para ese entrenador, en esa división, por todo ese dinero? No será el que sostenga la tabla de jugadas. Iniciará para un equipo que era favorecido a llegar lejos mucho antes de que él firmara.

Favre tiene 39 años de edad. Cumple 40 cinco días después del partido de lunes por la noche ante los Packers. Habrá veces en que luzca tal y como se espera que luzca un jugador de 39/40 años. Pero el entrenador en jefe de los Vikings, Brad Childress, quien no es ningún tonto, debe pensar que Favre a sus 40 es mejor que Sage Rosenfels y Tarvaris Jackson a cualquier edad. Si no funciona, todo lo que le costará a los Vikings es dinero. Aún tendrán el Plan Sage o el Plan Tarvaris para recargarse. Y la franquicia se embolsará cualquier porcentaje que resulte de las ventas de jerseys de Favre.

Se trata de una situación ganar-ganar. Ganan los Vikings: obtienen a un experimentado mariscal de campo de Salón de la Fama, quien tiene familiaridad con la división y es íntimamente familiar con su ex franquicia, que resulta juega en la misma división. Gana Favre: llega a un equipo con calibre de playoffs, con un potencial corredor del Salón de la Fama (Adrian Peterson), una excelente línea ofensiva, un sistema ofensivo que se sabe de memoria, un veloz factor-X en Percy Harvin, un estadio techado en lo más duro del invierno y otra oportunidad para jugar. Es una derrota para los Packers, quienes esperaban que Favre simplemente regresara a Mississippi y se quedara allí.

Por supuesto, nada de esto garantiza que el matrimonio entre Favre y los Vikings viva felizmente para siempre. Algunos jugadores de los Vikings podrían estar molestos de que Favre despreció al equipo hace tres semanas, y ahora se aparece una vez terminado el campamento de entrenamiento. ¿Y qué pasa si tiene problemas al principio, o surge una controversia de mariscal, o si Favre decide que cometió un error? ¿Y qué pasa si no puede vencer a los Packers? ¿O a los Chicago Bears? ¿O incluso a los Detroit Lions?

La carrera de Favre ha sido una larga serie de riesgos. Así es como jugó el juego. Por eso se retiró, salió del retiro, se retiró, y volvió a salir del retiro. Concedámosle esto: nunca ha temido al éxito o fracaso, o los halagos o críticas.

Los aficionados de los Vikings van a amarlo. O amar la idea de él. Para ellos, es lo mejor de dos mundos. Obtienen una mejoría en la posición de mariscal de campo (aunque la mejoría esté algo desgastada), y tienen la posibilidad de ver a Favre derrotar a sus archirivales Packers el 5 de octubre, y quizás otra vez en el Lambeau el 1° de noviembre.

Así que piensen en esto como el tercer y final acto de la carrera de Favre. Estuvo la gloriosa etapa con los Packers, la poco gloriosa etapa con los Jets, y la aún indeterminada etapa con los Vikings. Cualquier moneda de cambio de buena fe que conservaba con los fieles de los Packers se ha gastado. No habrá muchos sentimientos encontrados cuando vuelva al Lambeau; querrán verlo pasar todo el día de espaldas.

Favre sabe esto. Sabe que hay cabezas de queso que nunca le perdonarán portar un uniforme de los Vikings. Lo único peor sería verlo en el azul marino de los Bears. Y si Minnesota de algún modo barre la serie de temporada frente a los Packers, o le cuesta a Green Bay un pase a los playoffs, bueno, entonces probablemente pueda olvidarse de cualquier ceremonia de retiro de número de jersey.

Favre obtuvo lo que quería. Podría haber una recompensa, pero definitivamente habrá un costo. Es el precio que se paga por ser Fredo.


Gene Wojciechowski trabaja desde 1992 con ESPN, comenzando como reportero de fútbol americano universitario. Actualmente es columnista de ESPN.com y de ESPN The Magazine. Consulta su archivo de columnas.