Actualizado: 30 de agosto de 2009, 10:52 EDT

Ocurrió en Cochabamba

A propósito de la insólita patada de Jáuregui a Leonardo Medina

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Washington Cucurto Por Washington Cucurto
ESPNdeportes.com
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Jáuregui v Medina
EFELa patada de Jáuregui contra Medina
BUENOS AIRES -- ¿Salvajismo? ¿Irresponsabilidad? ¿Licencia para matar? Sí, sí, sí, todo junto, todo puede ocurrir en el mundo del futbol. Pero alguien tiene que decir basta.

Francamente, queridos lectores, no se puede escribir esta nota sin bronca, sin una cara absoluta de sorpresa.

Indignación, parece ser la palabra que muchas veces nos falta a los periodistas, a los dirigentes y a la sociedad en general.

Tal parece que algunos energúmenos tienen derecho a lastimar a los demás porque se ponen una camiseta de fútbol.

¿El fútbol da para todo? En Bolivia o, mejor dicho en nuestros países, parece que sí. Pero ya lo dije antes: alguien tiene que terminar con la violencia en el fútbol.

Amparados ante la figura social del deportista, lesionemos, matemos, dejemos bobos a los demás; cometemos las peores injusticias, nos burlamos de la ley y tratamos a los demás como animales.

Está claro que algunos inadaptados hacen deportes para no andar peleándose en la calle.

Tal es el caso de Jáuregui, un irresponsible escondido bajo la camiseta del Blooming de Bolivia. Encima jugador profesional y capitán de una institución.

¿Hay más para agregar? ¿Cómo puedo calificar la patada salvaje que Jáuregui le propinó a Leonardo Medina, durante un partido entre el Blooming y Oriente Petrolero de la Liga Boliviana de Fútbol profesional?

Pero no se malinterprete, el incidente no ocurrió dentro del partido, como tantas patadas que se dan en una jugada preparada, un corner o un centro aislado.

No tenía nada que ver con el juego, ni con el deporte. Ocurrió cerca del túnel, cuando ambos futbolistas se iban expulsados. Jáuregui le pegó una patada asesina en la cabeza al jugador de Oriente Petrolero, como si fueran dos luchadores de catch.

Y si no estamos llorando una muerte por la violencia del fútbol es por pura casualidad.

Este hecho de vandalismo absoluto que merecería la suspensión de por vida de Jáuregui, y unos buenos meses de cárcel, ocurrió el fin de semana pasado.

Y aunque parezca mentira, lo más grave no es este hecho lamentable. Sino la actitud de los dirigentes deportivos de Bolivia que no hicieron nada para castigar a Jáuregui, que en este momento esta viajando hacia Montenvido para jugar contra el River Plate uruguayo, un partido internacional por la Copa Sudamericana.

Idiotas, inauditas e inaceptables desde cualquier punto de vista fueron las declaraciones del Presidente del Blooming, la Academia Cruceña, Carlos Bendeck, quien dijo que Jáuregui, es un jugador importante para el equipo y hasta que la justicia no llame o lo metan preso, seguirá siendo el titular indiscutido del mediocampo y el fondo del Blooming.

El caso Jáuregui, demuestra tristemente como ciertos dirigentes defienden a los violentos que no son solo los barrabravas. Blooming, tras esta actitud de su Presidente, debería quedar descalificado de la Copa Sudamericana, por aceptar las injusticias y las actitudes antideportivas. Y digo más, La Confederación Sudamericana de Fútbol debería tomar este caso como ejemplo y actuar con una dura sanción hacia el club.

Un comentario aparte que podría ilustrar el tema de la violencia y el deporte.

Recuerdo una pequeña anécdota que sucedió en los últimos Juegos Olímpicos y no vale como ejemplo, sino como simple comentario.

Ocurrió en el equipo de Kung Fu, o alguna otra arte marcial de la selección cubana; cuando el deportista cubano amateur le pegó una patada al referi en la cabeza, como respuesta a un fallo con el cual no estaba de acuerdo. Ese deportista fue separado del equipo y hasta temía volver a Cuba, en donde lo castigarían suspendiéndolo de por vida.

Recuerdo bien que fue una de las últimas apariciones de Fidel Castro, en donde con el dedo alzado decía: "¡Qué ni vuelva a la Isla! ¡qué lo vamos a encarcelar de por vida, por faltarle el respeto al deporte nacional!"

Entre el extremismo de Cuba y la ridiculez del presente, están las normas, las reglas y el espíritu amoroso de los deportistas.


Washington Cucurto es escritor y poeta. Aunque su nombre real es Santiago Vega, él prefiere que lo llamen simplemente \"Cucu\". Su obra siempre recurre a las minorías y a los marginales y entre sus publicaciones se destacan Cosa de negros (2003) y Las aventuras del señor maíz (2005). Además creó Eloisa Cartonera, una editorial que publica libros de autores inéditos latinoamericanos, realizados con cartón. Actualmente está terminando una biografía de Don Ramón, personaje del Chavo del 8. Consulta su archivo de columnas.