Actualizado: 25 de octubre de 2009, 21:00 EDT

Tan clásico... como los de antes

River jugaba mejor y ganaba, pero se metió atrás y Boca lo empató, en el Monumental

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Magdalena Kairuz Por Magdalena Kairuz
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River y Boca igualaron en el clásico

BUENOS AIRES -- Este domingo, River volvió a sentirse River. Volvió a sentirse grande. Volvió sentirse ganador. Y también, volvió a sentirse perdedor...

Y Boca... Boca nunca terminó de reconocerse a sí mismo. Aunque los festejos de su hinchada al final, lo deben haber retrotraído a la década del '90.

Se fue el Superclásico 325 y fue tan clásico... para bien y para mal (depende quién cuente el cuento).

Un partido cerrado de entrada, un partido aparte, considerando las circunstancias en las que llegaban ambos. Un Monumental a pleno, fiesta, color. Emociones, polémicas, dos héroes también bien clásicos (Gallardo y Palermo). Un combo interesante, con un final que dejó un gustito conocido para ambos lados: "Podríamos haberlo ganado", para los de River. "Martín, siempre Martín", para los de Boca.

Pero vamos por partes.

EN EL REINO DEL REVÉS
Después de superar los primeros minutos de estudio, donde Boca se mostró mejor plantado en el mediocampo y defensa, y River, aún sin un delantero de área, en ofensiva. Los dos muy ordenados, marcas bien ajustadas, juego bastante cortado y sin arcos, es más, sin áreas. Excepto por un gol casi hecho que se perdió Nicolás Domingo a los 6 minutos, pintaba para 0-0. Hasta que uno se animó.

Gallardo
DYNGallardo abrió la cuenta de tiro libre
¿Boca? ¿El que venía de tres triunfos en fila? ¿El que toda la semana tuvo clara su formación? ¿El que siempre ostenta su paternidad sobre su archirrival? No, definitivamente, no. Alfio Basile pasó los días previos sin mayores incógnitas, pero fue Leonardo Astrada el que tuvo bien claro qué quería en el momento del partido.

El DT millonario hizo muchas pruebas, pero finalmente apeló a la misma fórmula que usó contra Huracán. Buonanotte, Gallardo y Ortega como sus cartas de gol y juego. Y los tres estuvieron enchufados, aunque no tan finos y, otra vez, el Muñeco fue el mejor. Al "tridente", le aportaron mucha voluntad Nicolás Domingo y Matías Abelairas. Los dos fueron imprecisos (ambos tuvieron una chance neta de gol), pero en el global, sumaron más de lo que restaron.

El debut de Saúl Laverni
LaverniEl árbitro fue muy permisivo en algunos casos, tuvo fallos desacertados, pero, finalmente, no influyó en el resultado del partido.
Aquí tres ejemplos:
1) - Paletta recibió su 1ª amarilla a los 45', cuando antes había cometido el penal y la falta que derivó en gol, entre otras infracciones. Villagra, en cambio, a los 40 fue amonestado y al minuto del 2º tiempo, fue expulsado.
2) - Cáceres fue bienexpulsado, pero Ortega debió ser amonestado, porque fingió el golpe.
3) - Abbondanzieri debió ser amonestado, por tironear de la camiseta a Buonanotte, quien quiso seguir una jugada anulada.
Boca fue todo lo contrario. Igual que Astrada, Basile optó por repetir la fórmula, pero el único que estuvo cerca de cumplir fue el juvenil Nicolás Gaitán, por su movilidad y porque, en el segundo tiempo, cuando River perdió un lateral, resultó clave para cambiar un partido adverso. Los otros dos que se salvan son Martín Palermo por el gol, ni más ni menos. Y Juan Román Riquelme porque, aunque estuvo ausente todo el primer tiempo -en parte por la buena marca de Matías Almeyda y, en parte, por las deficiencias de su equipo en ataque-, en el segundo, cada vez que la agarraba tenía a los hinchas locales con el corazón en la boca.

El resto, flojo, bastante flojo. Ni Fabián Monzón ni Hugo Ibarra (con notorios problemas físicos) se lanzaron por las bandas. Sebastián Battaglia (también lesionado) estuvo muy por debajo de su nivel y se lo notó incómodo jugando por el costado derecho. Federico Insúa ni apareció. El debutante en el Superclásico, Ariel Rosada, arrancó firme pero rápido perdió el mediocampo, lo que River aprovechó para inclinar la cancha.

Los centrales alternaron buenas y malas pero, en definitiva, sus acciones afectaron negativamente al equipo. Primero, Gabriel Paletta: el ex Banfield y Liverpool no supo controlar a Diego Buonanotte y lo quiso frenar a las patadas. Eso le costó un penal, y Roberto Abbondanzieri salvó el 0-1, al detenerle el tiro, nada menos, que al gran ídolo riverplatense, Ariel Ortega.

Pero la segunda fue la vencida: otra falta de Paletta sobre Buonanotte en la puerta del área y, Gallardo, como en el último clásico en La Bombonera, le dio la parábola perfecta al tiro libre, para que la pelota pase por encima de la barrera y baje justo para colarse en el ángulo superior derecho del arco del Pato.

Merecido triunfo de River a esa altura y estaba para más, porque Boca no respondió. Y, tal vez, nunca hubiera despertado si el propio Astrada no lo hubiera llamado.

DE MALAS DECISIONES
River jugaba mejor, tenía mayor vocación ofensiva, Daniel Vega ni la tocó en el primer tiempo. Pero la ventaja era mínima. Entonces no había lugar para euforia porque, por pasado, River sabe de remontadas xeneizes "sin merecerlas" y, por presente, este equipo le ha fallado tantas veces, que la gente no da nada por ganado hasta el final. Y lo bien que hacen...

Villagra
DYNMomento bisagra: la expulsión de Villagra, de River
En cinco minutos por reloj, el partido cambió. No fue porque Boca volvió con otro ímpetu del vestuario. Todo parecía seguir igual, hasta que Cristian Villagra le entró fuerte a Gaitán, se ganó la segunda amarilla y el viaje anticipado a las duchas. Rugido desde la Centenario alta, donde se ubicaron los cuatro mil hinchas xeneizes. ¡Ahora sí!, indicaba el festejo. Pero no. Porque Julio Cáceres (el otro central) cayó en la trampa de Ortega, reaccionó mal en un lateral y tiró el manotazo, pero sin tocarlo; aunque el Burrito se tiró al suelo tomándose la cara. Y el árbitro cayó también y echó al paraguayo. Y en cuatro minutos el defensor de la Albirroja despilfarró la ventaja numérica de su equipo.

No obstante, River sufrió más su expulsión que Boca. Gaitán aprovechó la ausencia de Villagra, empezó a pinchar por el lateral derecho y el local comenzó a retroceder. Se despabiló Riquelme y asumió el rol de armador. Sin generar peligro real, el conjunto de Basile estaba jugando en campo rival. Y a Astrada le dio mala espina y tomó una decisión: sacrificó a su mejor hombre, Gallardo, para recuperar la línea de cuatro con Maximiliano Coronel, que más allá de sus flojos rendimientos, es central. De poco sirvió. Es más, por su costado llegó el empate. Otra vez Gaitán, la metió en el área, taco de Román y ¿quién entró solo? Palermo. El delantero anotó el empate -también como en el último clásico- y quedó a sólo ocho goles del récord histórico del club.

Palermo y Riquelme
DYN Sociedad clásica: toque de Román, gol de Martín
¿Merecido? Sí. Boca nunca llegó a ser el equipo que saber ser. La igualdad y las chances llegaron por individualidades y situaciones circunstanciales, y no como consecuencia de un juego colectivo. En comparación, River fue mejor en el primer tiempo de lo que fue su rival en el segundo. Pero tan cierto como eso es que, Astrada decidió meter al equipo atrás (después sacó a Ortega por Fabbiani y Buonanotte por Mauro Díaz), le cedió el protagonismo al de enfrente y, casi por decantación, llegó el 1-1. Una simple cuestión de calidad vs. cantidad.

Finalmente, Boca equiparó a River en situaciones creadas y convertidas. Tan simple como eso. A tres cuartas partes (y más) del estadio Monumental le quedó la sensación de que River mereció más. Y el otro cuarto (el de azul y oro) disfrutó que su equipo zafara en una tarde adversa y embolsó gustoso un puntito que, al fin de cuentas, suma para la causa Libertadora mucho más que para su rival.

Un final tan clásico... como los de antes.


Magdalena Kairuz es editora de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.