Rumble in the Jungle
Muhammad Ali y George Foreman marcaron un gran capítulo en la historia hace 35 años
La historia de la que quizás sea la pelea más ilustre del siglo XX comienza como toda gran aventura: un personaje emprendedor con una idea alocada sale a buscar financistas en los lugares más inverosímiles. Guarden los escépticos sus sonrisas condescendientes. Ese mismo párrafo podría usarse para definir el inicio de lo que luego fue descubrimiento de América (un plebeyo italiano desafiando tres milenios de sabiduría geográfica y astrológica, y buscando dinero en la corte española) y aún así la mención de esa gesta despierta aún hoy una reverencia digna de mejor causa. Compenso este pedido de seriedad admitiendo sin mayores reparos que Don King no es Cristóbal Colón, pero la audacia de ambos tiene muchos puntos en común. Y ahí no se detienen las comparaciones. En este caso, el redescubrimiento de todo un continente estaba también a punto de revelarse ante el mundo.
Saliendo todavía de un brutal período de dominio colonial, el continente africano de mediados del siglo XX reclamaba un lugar de mayor respeto para un espacio tan rico en recursos naturales como humanos. Algunos países lo hacían a través de la lucha pacífica, otros a través de la lucha armada, y otros simplemente derrochaban sus riquezas en dar muestras de opulencia desmedidas. Uno de esos países era el ex Congo Belga, que pasó a llamarse Zaire en su nueva etapa como país independiente (hoy llamado República Democrática del Congo). El brutal dictador Mobutu Sese Seko reinaba supremo, y Zaire se erguía tempranamente como una potencia continental gracias al oro, petróleo y otras riquezas. Del otro lado del océano, el promotor musical Don King daba sus primeros pasos en el mundo del boxeo, en el que se había abierto paso contratando músicos primero y luego buscándoles trabajo. En ese mismo plan, King firmó un contrato con Muhammad Alí y el campeón George Foreman garantizándoles la por entonces extraordinaria suma de cinco millones de dólares a cada uno por un eventual choque entre ambos. Lo único que faltaba ahora, pensó King, era conseguir el dinero. King y Mobutu tenían algo que el otro deseaba. El trato estaba hecho antes de comenzar las negociaciones. El dictador de Zaire garantizó la suma a cobrar por ambos púgiles, en quienes veía a dos pilares de la africanidad regresando finalmente a su tierra para dar ímpetu al nuevo despertar del África ante el mundo al disputar nada menos que el campeonato de peso pesado, el epítome del enfrentamiento deportivo. No hay manifestación más pura y cabal de dominio deportivo reconocido mundialmente que una pelea de campeonato de peso pesado, y esta vez, los protagonistas combatían ante su gente en un escenario único e histórico. Pero eso no era suficiente. Un combate transmitido a todo el mundo desde el corazón de la selva africana requería un esfuerzo extraordinario. King echó mano a todos sus recursos. Aceptó que una compañía (de la que era socio accionario) filme el evento en exclusividad a cambio de la producción de un largometraje sobre el combate. En lugar de armar una cartelera previa con peleas de menor valía, armó un festival musical al que invitó a muchos de los músicos que había contratado en sus años de promotor. Y se transformó en fallido emprendedor turístico al vender paquetes de pasajes y estadías para presenciar un combate que, según se ilusionaba King, sería visto por miles de millones de personas en todo el mundo. En su momento, pocas de estas ambiciones se cumplieron. Pero en los años venideros, todas esas predicciones quedaron chicas.La película en cuestión (When we were kings; Cuando éramos reyes en español), terminó ganando un Oscar luego de descansar en un cajón durante más de dos décadas. El festival musical previo al combate (denominado "Zaire '74") pasó a conocerse como "el Woodstock negro", por la acumulación de estrellas musicales de color provenientes de todo el planeta en un show multitudinario en el corazón del continente del que eran oriundos. Y la repetición del combate fue vista una y otra vez por miles y miles de fanáticos fascinados por el trasfondo histórico y el valor deportivo del combate. Pero eso ni siquiera alcanza para ilustrar el carácter épico de una de las peleas más extraordinarias de la historia del boxeo.
UN VERDE AMANECER EN LA JUNGLAEl festival musical de tres días concluyó. Por el escenario pasaron The Crusaders, James Brown, Celia Cruz y las Fania All-Stars, B.B. King, Miriam Makeba, The Spinners, Bill Withers, y Manu Dibango, entre muchos otros. Un numeroso grupo de bailarines tribales congoleses pobló el campo de juego del estadio Mai 20 de Kinshasa para una electrizante demostración de danzas tradicionales minutos antes del combate estelar. En el ringside, un grupo de intelectuales y escritores incluía a Norman Mailer (quien produjo un libro íntegramente dedicado a esta pelea), George Plimpton, y hasta a David Frost como comentarista invitado junto a Joe Frazier, rival en común de Alí y Foreman. Los rincones de ambos peleadores estaban conducidos por verdaderas leyendas. Angelo Dundee lideraba la esquina de Alí, mientras que Foreman contaba en la suya con los consejos del genial Archie Moore. Un extraordinario estratega en la esquina de Alí, y el mayor noqueador de la historia en el rincón de Foreman. El destino tiene a menudo maneras sutiles de presagiar el futuro, pero son pocos los que pueden leer esos velados designios.


Diego Morilla es periodista y columnista de boxeo desde 1992. Ha realizado entrevistas, análisis y coberturas de peleas por títulos mundiales para medios especializados (Latino Boxing, MaxBoxing.com, Lo Mejor del Boxeo, PSN.com, etc.) y periódicos (El Mundo, Primera Hora, El Vocero, etc.) en EEUU, Puerto Rico y Argentina. Actualmente es editor, redactor y traductor de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.






