Actualizado: 1 de noviembre de 2009, 1:13 EDT

¡Gracias, Lothar!

Luego del desprecio de Matthäus, Racing se enojó y ganó por primera vez en 12 fechas

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Nicolás Baier Por Nicolás Baier
ESPNdeportes.com
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BUENOS AIRES -- Se venden hamburguesas y salchichas, pero no de Frankfurt. Por obvias razones, la cerveza no reemplaza a las gaseosas. En el entretiempo suena rock argentino, no Scorpions ni Rammstein. Wagner, el jugador de Racing, es Martín y no Richard. Y al palco no llega ninguna modelo ucraniana de 22 años.

Fotobaires.comEn el banco estuvo Barbas, no Matthäus
Acreditación en mano, llegamos hasta Avellaneda para cubrir la No-Noticia. Es decir, la llamativa, excéntrica, comentada, riesgosa y finalmente frustrada llegada de Lothar Matthäus a Racing. El técnico alemán que se arrepintió de trabajar en Argentina, a tres horas de tomar el avión.

Lo que sí es novedad, es que luego de una semana en la que fueron el hazme reír del fútbol argentino, jugadores e hinchas de Racing festejaron por primera vez en el Apertura.

No fue un triunfo más. Se goleó a Atlético Tucumán, un rival directo en la lucha por evitar el descenso. Y con personalidad, actitud, yendo al frente, dejando todo. Y claro, ligando todo. Fue una noche en la que salieron todas.

Algunos mal pensados atribuyen el diluvio que cayó sobre Buenos Aires al 4-0 de la Academia. Vale aclarar que la lluvia empezó más temprano. Pero nobleza obliga, motivos sobran: primer triunfo en 12 fechas, 6 goles en 11 partidos y 4 en uno solo, 1º grito en casi siete meses del cada día más aclamado Lugüercio. Creer o reventar.

Otra teoría carente de seriedad sostiene que el plantazo de Matthäus fortaleció al equipo. Si el vestuario es sagrado, ¿los jugadores habrán pinchado allí las fotos del alemán? ¿Lo habrán tomado como enemigo tras su negativa a hacerse cargo del plantel? Caballero se pareció al mejor Miroslav Klose, metió uno y estuvo cerca de anotar otros. De Olivera cerró el arco como lo hacía Oliver Kahn. Y el resto también tuvo una sólida actuación.

El primer tiempo terminó 3-0. ¿Era justo? Sí, porque el conjunto por ahora dirigido por Barbas le sacó la pelota a su rival y fue profundo en cada ataque. Los plateístas se pinchaban, se frotaban los ojos. No parecía cierto. Y cuando llegó el final del primer tiempo, se rompían las manos al aplaudir.

El complemento estuvo prácticamente de más. Porque los tucumanos recuperaron la posesión pero, pese a contar con tres puntas, casi no exigieron a De Olivera. Y en una contra, Lugüercio hizo un jugadón por izquierda, dejó desairado a su marcador, tiró el centro y Aveldaño (sí, el defensor central) empujó a la red.

Entrada la noche la gran mayoría ya se había olvidado de Matthäus. Se dejó de pensar si no aceptó porque realmente faltaban avales bancarios, porque había visto por Internet el flojo andar del equipo y la calidad del plantel, o porque a su bella novia no le habían garantizado trabajo en las pasarelas y producciones fotográficas.

A priori su nombre parecía atractivo, en la idea de reposicionar la marca Racing en el mundo. Eso sí, su elección era completamente inoportuna por los tiempos y las urgencias deportivas del club. Digamos que en un plazo de tres o cuatro partidos, Lothar podían ser merecedor de una estatua si lograba victorias, o sencillamente ser extraditado si ocurría lo contrario. En síntesis, un riesgo totalmente innecesario.

El tiempo dirá. Quizás Matthäus haya tomado una sabia decisión y para Racing haya sido preferible recibir el cachetazo ahora y no después de pocas semanas de trabajo del cinco veces mundialista, como le ocurrió a Atlético Paranaense.

Es un buen momento para brindar por Alemania. ¿Por Matthäus? Naaaa. En unos días, el 9 de noviembre, se cumple el 20º aniversario de la caída del Muro de Berlín.

Eso sí vale la pena festejarse.


Nicolás Baier es redactor de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.