Actualizado: 1 de noviembre de 2009, 19:28 EST

De tormenta a sequía

River empezó como un diluvio y terminó sin mojar. Lanús fue concretó y le ganó

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Eugenio Martínez Ruhl Por Eugenio Martínez Ruhl
ESPNdeportes.com
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BUENOS AIRES -- Apenas River puso un pie en su cancha, un diluvio se desató. Venía amagando hacía tiempo la tormenta, pero esperó a que el local pisara el césped para caer con toda violencia. Fue un ratito a pura furia. Un puñado de minutos después amainó hasta transformarse en una simple llovizna. Y luego, simplemente desapareció.

Buscó un par de veces volver a ser, reapareció con poca fuerza, mojó un poquito a algunos, pero ya nunca recuperó el status de diluvio.

Fue una buena metáfora de lo que le ocurrió en el campo de juego al equipo anfitrión.

Lanús
Fotobaires Velázquez convirtió un verdadero golazo

DILUVIO
Porque ante Lanús, River salió con la potencia a pleno. Apenas sonó el pitazo inicial, se mostró con gran decisión de ataque. Con Marcelo Gallardo como eficaz conductor y creador, y Diego Buonanotte como incisivo media punta, utilizando su velocidad para aumentar la peligrosidad.

Con Gustavo Bou siempre como alternativa para el pase profundo y Matías Almeyda como recuperador en ataque, no en defensa.

Bajo este esquema, llegaron rápido las chances de gol. Ante un error de la abrumada defensa granate, Buonanotte se escapó por la derecha del área grande y disparó. Tapó bien el arquero Agustín Marchesín.

El rebote le quedó otra vez al equipo local, que se la hizo llegar a Matías Abelairas, quien entraba por izquierda y también probó. Otra vez sacó Marchesín, en lo que marcó el comienzo de una gran tarde del guardameta.

El Millonario no se resignó tan fácil y tuvo dos chances más, de pelota parada. Porque los defensores visitantes no se acomodaban a la cancha rápida y seguían intentando marcar fuerte en el pie a pie. Piso mojado y faltas a granel, para colmo cerca de su área.

Entonces, Gallardo tuvo sus chances. Pero su pie no estuvo sensible como ante Boca.

LLOVIZNA
Pasaron los 25 minutos iniciales y River, que no pudo aprovechar sus oportunidades, se desinfló. Tal y como la lluvia, que había pasado de tormenta a llovizna, poco a poco fue cediendo protagonismo, hasta que Lanús logró emparejar las acciones.

Eso se vio reflejado en la primera llegada en serio de la visita. Se escapó por la izquierda Sebastián Blanco, el que más intentaba en Lanús, y tiró un buscapie con comba. No llegó por centímetros Eduardo Salvio, que si la rozaba, abría el marcador.

Dos minutos más tarde, a los 31, llegó la jugada clave. Tiro libre para la visita a unos diez metros del área, un compañero se la tocó a Maximiliano Velázquez y el defensor le rompió el arco a Vega. Sacó un bombazo realmente inatajable y puso el 1-0.

SÓLO RELÁMPAGOS
El local sintió el golpe del tanto en contra, pero sacó del medio e intentó mantener la calma. Buscó volver a ser el del principio. Quiso tocar de primera, ser profundo.

Pero Gallardo ya no era el mismo. Empezó a perder ante la defensa visitante, que ya se había asentado y empezaba a mostrar solidez. Y Buonanotte comenzó a quedar muy aislado arriba, perdido entre los centrales granates.

Terminó el primer tiempo y empezó el segundo. Pero más allá de alguna jugada en el área rival, donde rebotes y carambolas favorecieron a la visita, River nunca se recuperó. Buscó e intentó -como en un remate de Gallardo desde afuera que Marchesín atajó de manera extraordinaria- pero no logró.

En algunos pasajes de la segunda etapa le metió presión a Lanús, pero más porque el Granate pareció conformarse con el 1-0 y se retrasó, que por propias virtudes. Y ese 1-0 fue inamovible.

La imagen final de River fue de impotencia. Intentó volver a ser, pero se quedó en meros chispazos. Como esos relámpagos que asustan pero no traen agua.


Eugenio Martínez Ruhl es editor de ESPNdeportes.com. Consulta su archivo de columnas.