El secreto de las drogas
Andre Agassi desenmascaró un problema que va mucho más allá del deporte

Sin ir mas lejos, quizás esto no venga a colación de nada. Pero ayer, pasé por la Plaza Once y vi a nenitos de 8 años drogándose con poxipol. ¡Estaban debajo del Monumento a Rivadavia, entre los gatos! ¡Donde antes había gatos ahora hay niños drogándose!
Ustedes verán; nos quejamos de las tristes letras escritas por Andre Agassi en su libro de memorias.
En más de una ocasión hemos mirado al Burrito Ortega, con sorna, con cierta gracia que alimenta el desprecio por el simple hecho de que, el Burrito, todavía no es capaz de vencer su propia enfermedad.
Todavía tildamos a Diego Maradona de drogón; todavía tenemos un juicio moral para ensartale en alguna de sus mejillas. Es un tema pendiente que la sociedad no es capaz de enfrentar. No estamos preparados para conocer la verdad de las drogas.
Un director de cine me dijo una vez que "Carlos Monzón era un borracho fenomenal".
Ante tales pensamientos que alimentan la moral burguesa e hipócrita de nuestra sociedad, es tonto de mi parte tirar una pregunta. ¿El mundo de los deportes es el espacio ideal para alimentar todo tipo de excesos?
¿El fútbol, el tenis o el boxeo, son los espejismos de nuestra sociedad? ¿Si los más grandes se drogan, por qué no irían a drogarse la mayoría de las personas?
Condenamos desde las instituciones y la moral deportiva a Andre Agassi, al Burrito Ortega, a Diego Maradona y es un gran error. Creemos que los que se destacan en algo deben ser ejemplos, seres intocables y es otro gran error. El ejemplo tenemos que ser todos, cada una de las personas que lee esta crónica, por ejemplo.
"Consumió drogas; utilizó pelucas; fue snob y materialista en exceso", dirán.
Fue un excelente tenista, quizás uno de los tres o cuatro mejores en la historia de este deporte. ¡Muy bien! Ganó todos los torneos, se casó con una mujer bella y ganadora. Fue y es un grande. ¡Excelente!
No obstante, la mayoría de sus colegas, aquellos que lo admiran profundamente y, de seguro, le deben algo sentimental o por lo menos, simbólico, también salieron a matarlo porque el tipo en cuestión, se drogó, porque jugó frente a otros rivales drogado y se burló de ellos, sacándole ventajas con el secreto mejor guardado de su vida; el secreto de las drogas.
Porque las drogas o la moral que se esconde con el uso de drogas, le niegan su talento, ensucian su espíritu deportivo o su fama de buena persona, gran tipo y mejor compañero. Pero si tomó drogas, se le acaban todos los atributos, es un indeseable, "un manchado".
Las drogas son una porquería, definitivamente sería mejor no usarlas. Pero no hay que alimentar el consumo de drogas con la estúpida moral del que acusa al "drogón", como si fuese un asesino a sueldo.
Unos diez años después de sus momentos de máxima gloria, Andre Agassi nos acaba de dar un ejemplo rotundo. Hizo algo que nos golpea en lo más profundo, atacó el centro de la hipocresía del deporte mundial.
¡Salió a decir que tomó drogas! Y nuestra hipocresía, nos hace pegar un grito en el cielo, nos hace ¡otra vez!; juzgarlo con la vara de la moral burguesa.
Creo que Andre Agassi nos acaba de ganar el partido más duro. El partido que durante años nos invisibilizó el problema de las drogas, el problema de las enfermedades de todo tipo; el problemón de tratar a los deportistas como si fueran máquinas de facturar y a los no deportistas como carne de cañón del sistema.
Nos costará años entender que Agassi nos mandó un mensaje único. Y esto está relacionado con el primer renglón de este comentario, cuando hablé de chaturas y de heroísmos. Queda bien claro de qué lado está Agassi.
Andre Agassi parece decirnos: "A las drogas hay que enfrentarlas, declararlas vivas en nuestra sociedad para poder combatirlas".
El mensaje subliminal de Agassi es éste: "¿Acaso usted o su vecino, o tal vez un familiar cercano, no ha consumido drogas una vez, aunque sea marihuana o cualquier sustancia, no se ha emborrachado en exceso, no acudió a los placeres carnales de una prostituta?". El que no haya incurrido en falta que lance la primera piedra.
Recordemos que Agassi, al fin de cuentas, es un hombre de nuestra época, vive en una sociedad como la nuestra o peor; lo aquejan los mismos dramas e incertidumbres que a muchos hombres de su generación. Entonces, ¿por qué debería estar exento a cualquier tipo de miedos y terrores?
Washington Cucurto es escritor y poeta. Aunque su nombre real es Santiago Vega, él prefiere que lo llamen simplemente \"Cucu\". Su obra siempre recurre a las minorías y a los marginales y entre sus publicaciones se destacan Cosa de negros (2003) y Las aventuras del señor maíz (2005). Además creó Eloisa Cartonera, una editorial que publica libros de autores inéditos latinoamericanos, realizados con cartón. Actualmente está terminando una biografía de Don Ramón, personaje del Chavo del 8. Consulta su archivo de columnas.


