Paul AguilarMexsportA pesar de jugar con nueve en cancha, América se vio más fuerte que Tijuana
LOS ÁNGELES -- El humo de las ruinas, los vapores de la victoria y las burbujas del festejo se evaporan en 48 horas. Ni el carnaval más magnífico ni el funeral más doliente pueden ni deben, aunque quieran, vivir más de eso.

Y mientras el Piojo Herrera asegura que es el momento de preocuparse por Necaxa en la Copa MuyEquis, y luego por Toluca en la Liga Muy Equis, todavía hay vestigios saludables tras el triunfo sobre los Xolos de Tijuana.

Partamos de un principio: seguramente había, entre el americanismo, esperanzas, pero muy anémicas, famélicas, de que América ganara en Tijuana, que llegaba de un soberbio juego ante Tigres.

Seguramente las posibilidades de las Águilas, absolutamente para todos, se estreñían y constreñían más al cargar con dos expulsiones antes de 38 minutos.

Ya en el blog del sábado por la noche hablábamos de los auspíciables méritos de las Águilas que aún no garantizan nada- y de las deficiencias de Xolos que aún no corrompen nada-, porque en el torneo mexicano el campeón está obligado a hacer pagos cada jornada, especialmente en la Liguilla.

Nadie puede descarapelar el triunfo del América y es absurdo que pretenda castigarse a Xolos despiadadamente por el desenlace.

Escuché de todo. Desde un, por ejemplo, "es más fácil jugar con nueve", es decir sin una quinta parte casi- de su potencial natural. Yo le replicaba que entonces él sería un triunfador si perdiera uno, cualquiera, de sus cinco sentidos. Total.

Ubiquemos a Xolos: un trabajo notable, jugadores devotos y comprometidos, bien arengados por un tipo como Antonio Mohamed, que polariza de manera fascinante y justa los momentos del futbol, y que además juega bien, con talento, pero que le quedó claro que tiene un plantel corto en cuanto personajes maduros, y que hizo evidente el peso de la ausencia del Chango Moreno.

América se sustentó en cinco momentos perfectos.

1.- Lo explicaba Miguel Herrera el sábado: el peso de Raúl Jiménez en ese despliegue físico extra en la cancha que realiza siempre, pero esta vez específicamente sobre Pellerano, el hombre que nunca encontró tiempo, respiro ni perfil para su aporte natural.

2.- El gol de Paul Aguilar es un reflejo de trabajo. Una embestida de 70 metros en una jugada vertiginosa que termina de manera letal. Hay quienes culpan a Cirilo Saucedo. Lo cierto es que nadie puede invadirte tu cancha en un recorrido de 70 metros y permanecer impasible. Tan culpables como Cirilo, fueron los otros diez.

3.- El ingreso de Miguel Layún, el peor tratado pro americanismo. Terminó por pulir la labor de estorbo en su último tercio, para convertirse en recuperador, y de nuevo, con fuelle impresionante para colocarse en posición de gol para el posible 3-1, que desperdició... a lo Layún. Insisto: realmente, en condiciones preocupantes de gol, América estuvo más cerca del tercero que Xolos del segundo, a excepción de esa atajada magistral de Moisés Muñoz en la agonía del juego.

4.- Algo ocurre positivo- en el vestidor del América. Hemos visto equipos con nueve en la cancha que se asustan, resignados, casi implorando conmiseración, piedad. Las Águilas mostraron testosterona, algo que este equipo había perdido desde que, con otros métodos, lo manejaba Carlos Reinoso. Y parece que ese cambio de actitud congracia de manera íntima al equipo con la tribuna.

5.- Hemos citado ejemplos de las bondades del arbitraje con el americanismo. Este mismo torneo es un catálogo de ellas. Decimos lo mismo siempre ¿es dolo, torpeza, miedo, corrupción, confabulación, accidente, casualidad, incapacidad de los silbantes? Si el América estuviera consciente o convencido o seguro de que el arbitraje juega con su uniforme, y que es un superhéroe de rescate oportuno, se habría sentado a esperar el penoso fenómeno de compensación de los árbitros y que empezara a botar a jugadores de Xolos, como lo hizo correctamente con Aquivaldo y Sambueza. No ocurrió ni lo uno ni lo otro. Ni las Águilas esperaron esa retribución ni el árbitro se las dio.

Que América puede ser un candidato al título, no queda duda. Que perdió con el Atlas, es cierto, pero los Rojinegros han evolucionado, y las Águilas desperdiciaron de manera asombrosa.

¿Qué cuestionar ahora? Bueno, los inquisidores perpetuos del América seguramente aguardarán el juego contra Tigres, para saber de qué están hechos. Habrá que arrimarles un buen sillón: se miden hasta la fecha 17, en el Estadio Azteca, cuando todo esté resuelto para la Liguilla, y en duda tal vez para el super liderato.

Y mientras tanto, pasarán los incidentes y accidentes propios de la Liga Muy Equis: Tigres perderá lo invicto, América volverá a caer, los Xolos retomarán su orden y poderío, y el suspenso y el misterio seguirán escoltando esta lucha, con el Alas como agradable pasajero agregado a la discordia.