Los Guantes Dorados de N.Y.

Yo no había observado "las finales" del programa de Los Guantes Dorados en Nueva York hacían dos o tres años. Por pura coincidencia tuve otros compromisos fuera de la capital del mundo, que me privaron de estar en probablemente el mejor programa de boxeo aficionado que existe en todo el planeta.

Auspiciado por el Daily News Charity por casi ocho décadas consecutivamente (76 años), al cual se le añadió P.C. Richards & Son en los últimos años, el programa de los Guantes Dorados del 2003 resultó ser, como de costumbre, una actividad de primera clase. Pero este año, la parte técnica-boxística -en ambos sexos- fue súper extraordinaria. Cada combate fue de calidad y más importante aún, competitivo. Más de un 95% de las peleas fueron tan cerradas que ningún fanático objetivo se quejó de ninguna de las decisiones que dieron los jueces, sin importarles por quien votaban, si por uno o por el otro. Y así fue. Ni uno de los combates resultó desigual.

Por otro lado, el Daily News comunicó a los medios noticiosos que aún con la reputación que otras áreas le quieren achacar a la juventud de Nueva York, la Capital del mundo examinó a 6,067 jóvenes boxeadores neoyorquinos en los últimos once años para ver si eran víctimas de la droga ilegal, y solamente setenta y nueve (79) dieron resultados positivos en los exámenes médicos, los cuales, por supuesto, fueron expulsados del torneo.

A pesar de que nadie se puede quejar del espectáculo que presentó el periódico neoyorquino, uno de los muchos boxeadores que más me impresionó fue el peso pluma Anthony LaPorte, 17, hijo de mi buen amigo y ex-campeón mundial, Juan LaPorte. Como la mayoría de los otros participantes, Anthony me pareció que con un poquitito de más experiencia le podía dar candela a un montón de pesos plumas en el mundo profesional, incluyendo a los diversos campeones. Así era el talento de la abrumadora mayoría de los 64 muchachos que llegaron a las finales de los Guantes Dorados del 2003 en Nueva York.

La fanaticada le ofrecía tremendo incentivo: no cabía un alma más en el Teatrito del Madison Square Garden en la calle 34 entre las Avenidas Séptima y Octava el jueves y viernes pasado por la noche en Nueva York. La emoción era perpetua, los gritos estruendosos.

Me pareció como si más jóvenes estuvieran aprendiendo más y más sobre la mecánica del pugilismo profesional. Noté que LaPorte usaba más carácter que fuerza física, más certeza en sus disparos, que disparos por disparar. De hecho, siete u ocho más entre los campeones parecían estar practicando tiempo, certeza y determinación. Algunos me informaron que querían reunirse conmigo para ver si yo tenía alguna técnica o estrategia para enseñarles sobre mi aplicación y método de donde apuntar y cuando halar el gatillo. Yo les expliqué que eran unas lecciones muy complicadas y que sería mejor enseñárselas a sus entrenadores que a ellos. Sin duda alguna, estos eran muchachos especiales que sinceramente querían aprender a ser boxeadores profesionales, querían saber que era lo que separaba al boxeador aficionado del profesional.

Mientras hablaba con algunos entrenadores, entró un señor maduro pero todavía con músculos y una actitud campeona.

"¿Sabe usted," me preguntó, "que yo gané los Guantes Dorados de Nueva York en abril del 1936?" Lo miré de arriba a abajo, se me encresparon los brazos, y me reí.

"¿Sabe lo más que me impresiona de esa pregunta?" Le dije instintivamente. Que me hizo sentir más joven y robusto. No es fácil conocer a una persona que venga donde uno, vivito y coleante, y le cuente que hizo algo muy importante el mismo mes y año en que esa persona nació. Yo nací en Mayo del '36."

"Es un honor," me contestó el señor, "el yo haber ganado tan importante galardón en el mismo mes y año que nació un verdadero héroe borincano."

JOSÉ 'CHEGÜÍ' TORRES fue ganador de la medalla de plata del peso mediano-ligero por los EE.UU. en los Juegos Olímpicos de 1956, posteriormente fue campeón mundial de los pesos semi completos. A su retiro, se convirtió en autor y periodista del boxeo con una gran experencia.

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domingo, 06 de abril