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Dominio total de Santa Cruz

Leo Santa Cruz impuso su mejor distancia, su mejor físico, su plan de pelea y ganó la pelea que debía ganar. Abner Mares, no supo cortar la distancia, no encontró su plan A ni tampoco hubo plan B, fue desordenado atacando, fue desprolijo defendiendo y perdió la pelea que no podía perder. Eso resume lo esencial de la pelea de este sábado en el Staples Center de Los Ángeles.

La batalla cumplió con las expectativas, el público la vivió con entusiasmo y tanto ese innecesario cinturón de súper campeón que fuera entregado al ganador como el inexplicable empate en la tarjeta del juez Max DeLuca, fueron tal vez la nota discordante de un espectáculo digno de un a fanaticada que reclama emoción cuando hay dos mexicanos frente a frente.

En nuestras previsiones les habíamos adelantado que si Leo Santa Cruz marcaba el ritmo del combate con su mejor distancia y llevaba el combate a los doce asaltos, era imposible que perdiera. Y así ocurrió. Solo un golpe salvador de KO por parte de Mares, podía mudar la historia. Golpes hubo, la barbilla de Santa Cruz recibió, especialmente en los primeros asaltos, algunos impactos de poder. Sin embargo, Santa Cruz nos enseñó que también tiene buen poder de asimilación.

La batalla se sabía de antemano que sería una lucha de estrategias, entre dos rivales de físicos y estilos diferentes. Abner Mares intentó cumplir su libreto desde el arranque de la pelea y trató de arrollar a Santa Cruz a pura presión y golpeo en la corta distancia. Pero no lo consiguió. Santa Cruz rompió su esquema cada vez que lo intentó, con un paso atrás y la respuesta inmediata con combinaciones largas. Si el acoso ocurría contra las cuerdas, optaba por la salida lateral y el golpe curvo que castigaba a Mares por los costados y a veces en la cabeza.

Al cuarto asalto, Mares se quedó sin plan, puso más entusiasmo que efectividad y su desempeño se transformó en un cumulo de errores, que partían en la forma de atacar. Cada vez que iba a cortar la distancia, lo hacía con volados o ganchos largos por afuera que pocas veces llegaban a destino. Al mismo tiempo, a cada fallo quedaba totalmente expuesto a los golpes precisos de Santa Cruz que logró conectarlo en todos los asaltos. Siempre con combinaciones por el centro de la guardia.

Ese fue el guion de toda la pelea. Mares intentando sin discernimiento y Santa Cruz respondiendo en contragolpe, manteniendo la distancia variando el paso cuando fue necesario y conteniendo hábilmente a Mares cuando suplió la falta de ideas con la marrullería a cada abrazo contra las cuerdas.

En el tramo final de la pelea, la sangre en el rostro de Mares le dio mayor dramatismo al desarrollo del combate. La potencia de Leo, pese a que no alcanzó para noquear, pareció ser demasiada para su rival.

La batalla de antemano se presumía muy pareja, sin embargo a la hora de la verdad, las diferencias fueron claras a favor de Santa Cruz que en las apuestas era el claro favorito. ¿Pudo la historia acaso ser diferente? Esa es la pregunta habitual, cada vez que sucede lo imprevisible. Y que haya sido diferente , en este caso, no dependía de Leo Santa Cruz que solo cumplió su plan de pelea para llevarse la victoria. Es obvio que todo pasa por lo que debió hacer y no hizo Abner Mares.

En primer lugar, no pudo o no supo romper la distancia y llevar la pelea a los espacios reducidos. Quedó claro en el primer asalto que ese era plan A. Luego vimos que no había plan B, es decir, falló la esquina. Pero falló Mares, también, en aspectos demasiado elementales como para que pasaran desapercibidos. No insistió en ningún momento con el golpeo a la zona media. En las pocas oportunidades en que alcanzó a su oponente con algún gancho perdido a la zona del hígado, Santa Cruz acusó el impacto y mostró el dolor. Estaba claro que era su única zona vulnerable. En ataque otras de las opciones ante un hombre que se cierra tan bien como Santa Cruz, era moverse en ángulos y buscar sorprender con golpes desde esa posición. Algo que nunca sucedió.

Pero tampoco Mares, resolvió sus problemas defensivos. Regresó a su manía de las ultimas peleas de responder a un golpe duro, agachando el torso y tratando de abrazar de forma desesperada. O cada vez que lanzaba sus combinaciones abiertas demoraba una eternidad en cerrar su guardia. Por ello funcionó el contragolpe de Santa Cruz.

Al final del combate, hasta Leo Santa Cruz pudo noquear con alguno de los trallazos que fácilmente consiguió hacer llegar al rostro de Mares. Los últimos segundos fueron de intercambio abierto, como merece una pelea entre mexicanos y con toda la platea de pie aplaudiendo. Nadie dudaba que Santa Cruz había ganado, no obstante, la presentación de las tarjetas dotó a ese final de cierto dramatismo. Max DeLuca la vio 114-114, indudablemente “el vio otra pelea”, aunque se respeta su despiste. No todos vemos las batallas desde un mismo ángulo. Felizmente, los otros jueces – Steve Morrow y Jesse Reyes - vieron la pelea que todos vimos y dieron ganador a Santa Cruz por 117-111.

Leo Santa Cruz, como lo dijimos al comienzo, ganó la pelea que debía ganar y se posiciona en un lugar inmejorable entre los plumas, buscando ese tercer cinturón en tres divisiones diferentes. Me resisto a considerar como legal a la diadema de Súper Campeón que a la AMB se le ocurrió entregar al ganador. Fue un episodio poco feliz y que indudablemente, le hace mal a la seriedad que merece el boxeo.

Abner Mares, ahora, deberá evaluar su desempeño y volver al pizarrón de las estrategias. El mejoró en su actitud con respecto a peleas anteriores, mentalmente pareció recuperado, pero debe preocupar su falta de herramientas para cambiar el ritmo del combate. Ambos hablaron de revancha y es posible que la misma ocurra. Esa, tal vez, será la oportunidad de transformar su boxeo en otra cosa. Si así no lo hace, la historia se repetirá y Santa Cruz será el que salga con la mano en alto. Una vez más.