BRISTOL -- El repechaje que juegan Uruguay y Costa Rica no solo es cosa de Ticos y Charrúas. Sobre esta serie tienen sus ojos puestos todos en América porque es el tema de la principal discusión de los últimos años, en cuanto al nivel que existe entre Conmebol y Concacaf.
Para los dirigidos por Simoes el asunto primordialmente es clasificarse a Sudáfrica, pero ciertamente detrás está el deseo de salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, panameños y todos lo que hacen vida en Concacaf. En los últimos tiempos se ha dicho con insistencia casi frenética que exceptuando a Brasil y Argentina cualquier selección de Sudamérica puede perder contra cualquiera de Concacaf. Esto último es cierto, si el contexto es únicamente el de un solo partido de fútbol y como el balón es redondo cualquier cosa siempre puede suceder, sin que ello sea vinculante a las realidades.
Naide puede ocultar que en Sudamérica están una buena parte de las selecciones élite, esas que han alzado la Copa FIFA. También es público y notorio que en la mayoría de los casos la tradición de los miembros de Conmebol supera a la mayoría en Concacaf. Otro punto importante es las estructuras organizativas que existen desde clubes, estadios, semilleros y hasta cobertura periodística. Apartando a México y Estados Unidos, el resto en Concacaf pelea con menos herramientas y de esa forma el camino siempre es mas difícil.
Del lado de Centroamérica existe la necesidad de demostrar que todo lo que siempre se ha dicho del sur y su fútbol no es mas que un mito. Pero eso no es algo que se pueda decir de boca hacia fuera. Es algo que se debe ganar con esfuerzo y buenos resultados con relativa constancia. Todo quedó demostrado la noche del sábado, cuando Uruguay salía victorioso en el Saprissa. Los de Tabarez ganaron en una cancha sintética en malas condiciones. El ímpetu de los locales se fue ahogando en medio de la experiencia y jerarquía para manejar resultados. Lecciones que se aprenden cuando se juega en Conmebol y por chico que sea el rival siempre es un partido complicado.
No es lo mismo y con todo el respeto jugar contra Belice o Surinam, que enfrentarse a Bolivia en La Paz. Existen distancias que para superarse se requiere de otro nivel de roce. Definitivamente eso si existe en Conmebol, porque cada selección, por pequeña que se vea, tiene un nivel que complica a los grandes. No es casualidad que en Sudamérica, hasta la última fecha, hubo hasta cinco selecciones con posibilidades de alcanzar el cuarto puesto directo al Mundial. Si la eliminatoria sudamericana la juegan diez países significa que la mitad estaban con posibilidades de ir a Sudáfrica.
En Concacaf es un verdadero problema ir a la cancha del Azteca por el tema de la altura que ciertamente es fuerte por sus 2.200 metros. En Sudamérica se juega en Bogotá a 2.600 metros, Quito a 2.800 y La Paz a 3.650 metros sobre el nivel del mar. Si es un reto en Concacaf salir vivo del Azteca, entonces ir al Hernando Siles es un caso perdido.
Escenarios como el Cuscatlán, con el sector conocido como "Vietnam", ciertamente intimida al rival y hace sentir localía. También el diseño del Saprissa en San José hace sentir que se derrumba la tribuna justo encima del vestuario visitante cuando la gente comienza a botar esperando el arranque del partido.
En Conmebol hay que visitar estadios en que hasta sus piedras huelen a glorias pasadas. Caminar por el Centenario y sentir la presión que viene desde la Amsterdam o la Colombes o pasearse ante lo imponente de la Torre de los Homenajes y escuchar el impecable audio interno del estadio en los altavoces de concreto que se usaron en 1930... Llegar al Monumetal de Buenos Aires, con la fuerza que proyectan los cantos desde la tribuna que amedrentan de verdad y hacen que al mas fuerte también se le doblen las piernas antes de jugar.
Escuchar el himno del país visitante en estadios como el Defensores del Chaco, El Nacional de Lima o el de Santiago, mientras miles lo abuchean con fuerza es para aterrarse, aunque no sea lo mas correcto para un partido internacional se consigue el objetivo de meterle miedo al visitante. Las elevadas temperatura también tiene un papel importante en Sudamérica, porque se juega con el calor inhumano de Barranquilla o Puerto La Cruz.
A todo esto hay que sumarle la experiencia y madurez de los muchos argentinos, uruguayos, brasileños o colombianos que juegan en europa y tienen un desarrollo fundamental para manejar los partidos desde el inicio. No es que en Concacaf no tengan jugadores en el viejo continente, pero ciertamente son muy pocos comparados con los sudamericanos.
Nada de lo que describo aquí tiene que ser argumento para decir que Uruguay ya está en el 2010. Sin duda son solo parte de los ingredientes contra los que debe luchar la selección de Simoes para ir al Mundial. Afortunadamente el fútbol está lleno de sorpresas y esas aparecen en cualquier momento. Costa Rica puede salirle un gran partido el miércoles y voltear la eliminatoria. Estas cosas nunca se saben con anticipación y afortunadamente en este deporte no hay nada escrito para futuro.
Una vez en 2005 conversando en Luque con Nicólás Leoz, le pregunté si Conmebol se había reunido alguna vez con Concacaf para unirse y hacer una gran confederación al estilo UEFA. Su respuesta en medio de un sorbo de tereré fue sencilla: "Esa ha sido nuestra idea, pero hay quienes se oponen". Este miércoles Costa Rica estará no solo buscando hacer la heróica faena de ganar en el Centenario. También estarán buscando tumbar lo que ellos sienten que es un mito y que del otro lado del continente siguen viendo como una realidad palpable y argumentada.