No sé por qué lo hago, pero mes tras mes no puedo evitar leer la nueva edición del ranking divisional publicado por el Consejo Mundial de Boxeo.

Como he escrito muchas veces antes, la clasificación tiene muy poco que ver con la realidad en el boxeo, y mucho con el mundo de fantasía del presidente de por vida, José Sulaimán, y su junta de títeres.

Durante el otoño pasado, escribí un blog exponiendo las locuras más evidentes del ranking. Meses han pasado, así que es hora de sacar a la luz el último absurdo de la clasificación que ha infectado mi bandeja de entrada el martes.

La única cosa buena que tengo que decir sobre esto es que, afortunadamente, Evander Holyfield no figura en la división del peso pesado. ¿Más allá de eso? Es malo. Echemos un vistazo a los aspectos más rancios.

•  En el peso pesado, Cristobal Arreola ocupa el puesto Nº 3, un lugar más adelante de Tomasz Adamek. ¿El problema? Adamek venció a Arreola cabeza a cabeza sin controversia hace menos de un año, y ambos han ganado dos peleas contra rivales de calibres similares desde entonces. Al parecer, haberle dado una golpiza a un hombre no tiene incidencia real en dónde te ubicas en la clasificación en relación con el hombre al que has golpeado.

•  También en el peso pesado, Ray Austin ha permanecido cerca de la cima de la clasificación, al parecer eternamente, sin realmente vencer a un oponente legítimo (y después de ser noqueado en dos asaltos por Wladimir Klitschko, quien defendía un cinturón de otra organización). Austin había ocupado fraudulentamente el número 1 antes de una derrota ante Odlanier Solís en una eliminatoria de diciembre. Pensé que por fin habían terminado sus chances de que siguiera amenazando en el primer lugar. Por desgracia, todavía ocupa el quinto lugar. ¿Sera que tiene fotos de alguien del CMB? Siendo realistas, es probable que ni siquiera pertenezca dentro del top 20.

•  El peso supermediano es un desastre tóxico. Kelly Pavlik, el ex campeón del peso mediano que no ha peleado desde que perdió su título en abril pasado (y recientemente ha pasado dos meses en un centro de rehabilitación por el consumo de alcohol) es, de repente, el retador No. 1 en las 168 libras. ¿Así que viene de una derrota y aún no ha peleado al nivel de un verdadero peso supermediano pero él es el contendiente Nº 1? Claro, lo que diga El Presidente.

•  Si el estatus de Nº 1 de Pavlik no te enferma lo suficiente, sólo mira el resto del ranking en las 168 libras. Uno de los más increíbles es Arthur Abraham en el puesto Nº 3. Esto es alucinante. Abraham, que era un buen campeón de peso mediano en otra organización, subió al peso supermediano y noqueó a otro inflado mediano, el ex campeón Jermain Taylor, en octubre de 2009 en el torneo Super Six. Desde entonces, Abraham ha sufrido dos derrotas en el torneo, ante Andre Dirrell y Carl Froch. Sin embargo y milagrosamente, ¿se ubica por delante de Glen Johnson, que está quinto y viene de un gran nocaut ante Allan Green en el Super Six?

•  En el peso mediano, Julio César Chávez Jr. es el retador Nº 1. En pocas palabras, es uno de los rankings más irrisorios de la historia del boxeo. Con sólo hojear el récord acolchado y protegido de Chávez por 10 segundos y te darás cuenta de lo que digo. Mientras tanto, Sergio Martínez, el verdadero campeón del peso mediano, fue despojado por el odioso CMB y llamado "campeón emérito", algo que no tiene ningún sentido porque está activo y peleará el 12 de marzo.

•  En el peso welter Jr., un niño sacando los nombres de un sombrero probablemente podría llegar a un mejor resultado que el CMB. Para empezar, Erik Morales, el desaparecido campeón en tres divisiones (122 libras, 126 y 130) es, de alguna manera, el contendiente Nº 1. Esto es lo más horrible que cualquier otra cosa en este ranking (incluso peor que el puesto de Chávez, de hecho). No es creíble en cualquier tamaño o forma. Por supuesto, la relación de larga data de Morales con El Presidente, y el hecho de que el CMB basado en la Ciudad de México siempre ha favorecido a los boxeadores mexicanos, no pueden pasarse por alto. Para tener una perspectiva más completa, ten en cuenta que Morales, quien ha ganado tres peleas de poca monta desde que puso fin a un retiro de dos años y medio (y sólo una en la división de las 140 libras), se sitúa por delante del recientemente depuesto titular, Devon Alexander (No. 2), Víctor Ortiz (N º 8) y Lamont Peterson (N º 21, que empató con Ortiz en diciembre).

•  ¿Quieres escuchar más demencias? En el peso gallo, Vic Darchinyan tiene una marca de 1-2. Viene de una derrota ante Abner Mares y también perdió ante Joseph Agbeko por el cinturón de otra organización en julio de 2009. Su única victoria en las 118 libras fue contra Eric Barcelona (él de 17 derrotas). Por ese récord mediocre, el CMB ubicó a Darchinyan en tercer lugar. ¿En el cuarto lugar? Nonito Donaire, quien es dueño de un terrible nocaut ante Darchinyan (está bien, en el peso mosca) y viene de un sensacional nocaut ante el muy respetado ex campeón, Wladimir Sidorenko. Simplemente no tiene sentido.

•  En el peso mediano Jr., Antonio Margarito, quien terminó con la cara destrozada en una derrota ante Manny Pacquiao en una pelea por el título noviembre que nunca mereció ni remotamente, en primer lugar, ocupa el quinto lugar. Esto a pesar del hecho de que fue torturado por Pacquiao y todavía no ha anotado una victoria sobresaliente en la división. Pacquiao ha notificado al CMB que no tiene planes de defender su cinturón en las 154 libras, por lo que el CMB no tuvo más remedio que dejar el puesto vacante el martes. Todo lo que puedo decir es que ablanda mi corazón el hecho de saber que El Presidente y su junta de títeres no participarán de la pelea del 7 de mayo entre Pacquiao y Shane Mosley y, por lo tanto, no recibirán dinero por la misma.

Mes tras mes, el ranking del CMB es una broma, lo cual es triste porque produce un impacto significativo en las peleas que vemos. Supongo que me sentiría un poco mejor si el CMB simplemente otorgara cinturones de plata, títulos provisionales y títulos eméritos a los fanáticos del boxeo en cualquier lado -- por un módico precio, por supuesto.