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Renuncia Ryne Sandberg a los Filis
Ryne Sandberg se cansó de perder y dio un paso al costado. El miembro del Salón de la Fama de Cooperstown renunció a seguir dirigiendo a unos Philadelphia Phillies que se hunden cada día más.

Sandberg, quien jugó con los Filis en 1981 los primeros 13 juegos de su carrera antes de ser canjeado a los Cachorros de Chicago y labrar un legado de lujo, justificó su decisión porque "odia perder". Así de simple.

Había llegado de manera interina a la dirección de Filadelfia en el 2013, cuando fue despedido Charlie Manuel. Al concluir la campaña, fue ratificado oficialmente en el puesto.

Sandberg fracasó en el intento de devolver al equipo a la senda victoriosa y se va con el quinto peor récord como manager de un inmortal de Cooperstown (119-159).

Su sustituto, al menos por ahora, será el coach de tercera base Peter Mackanin.

Entre el 2003 y el 2012, los Filis habían hilvanado una cadena de diez temporadas seguidas con récord positivo, con cinco visitas a la postemporada y dos a Series Mundiales, de las cuales ganaron una, en el 2008.

Pero el otrora estrella de los Cachorros heredó un equipo veterano, con más nombres que hombres, como Jimmy Rollins, Ryan Howard, Chase Utley, Carlos Ruiz o Cliff Lee, a quienes los años les pasó la cuenta.

Utley no es ni la sombra de aquel intermedista que fue seis Juegos de Estrellas, cinco de forma seguida entre el 2006 y el 2010.

Ryan Howard está lejos de aquel Novato del Año del 2005, capaz de impulsar más de 100 carreras seis veces en fila y liderar en dos campañas a los jonroneros de la Liga Nacional.

Lee ya no existe, como tampoco Roy Halladay; Rollins se fue a los Dodgers de Los Angeles para confirmar que está acabado y el panameño Ruiz ya casi no puede sacar corredores en intentos de robo de bases.

Encima de eso, Cole Hamels, la estrella del pitcheo, ha tenido que trabajar toda la campaña en medio de rumores de cambio, algo que también sucede con su cerrador Jonathan Papelbon.

Así es muy difícil dirigir, es cierto. Pero, abandonar el barco no parece ser la salida más inteligente.

Desde el punto de vista económico, al retirarse, libera al equipo de cualquier responsabilidad financiera, a diferencia de ser despedido, en que los Filis habrían tenido que pagarle hasta el último centavo de su contrato.

Sandberg odia perder -- ¿quién no? Pero perder es algo a lo que este caballero debía estar acostumbrado, tras pasar 15 de sus 16 temporadas en Grandes Ligas con los Cachorros, sempiternos perdedores.

Dirigir nunca será fácil, pues más allá de ordenar estrategias en el terreno, se trata de aunar caracteres disímiles en pos del común objetivo de la victoria.

Pero siempre es más fácil comandar un equipo sólido, con estrellas en cada posición y en los cinco puestos de la rotación abridora.

Sandberg no vio más allá del momento. No fue capaz de percatarse de que hombres como el dominicano Maikel Franco o el venezolano Odubel Herrera pueden marcar el comienzo de grandes cosas.

Un cambio de manager no va a resolver las cosas en Filadelfia, donde hace falta un nuevo gerente general.

Rubén Amaro heredó el buen trabajo de desarrollo de sus precedesores Ed Wade y Pat Gillick y no supo mantenerlo, al dejar que se envejeciera el equipo y se ahogara entre contratos que no se justificaron sobre el terreno.

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Hace dos años, nadie le hacía sombra a Robinson Canó como el mejor segunda base de todas las Grandes Ligas.

Hoy es un pelotero del montón, cuyo camino hacia el Salón de la Fama se ha descarrilado en las extensas praderas del Safeco Field de Seattle.

Robinson Cano
Denis Poroy/Getty ImagesCanó prefirió irse de los Yankees hacia la Costa Oeste, al único equipo de la Liga Americana que jamás ha estado en una Serie Mundial y que no llega a la postemporada desde el 2001.
Eso sí, el intermedista dominicano de los Marineros es un hombre enormemente rico, gracias a su contrato de 240 millones de dólares por diez temporadas, que ya la gerencia de Seattle debe estar arrepintiéndose de habérselo concedido.

En sus primeras nueve campañas con los New York Yankees, Canó era un bateador que promediaba .309 de average, 23 jonrones y 103 carreras impulsadas.

Dos Guantes de Oro y cinco Bates de Plata fueron algunos de los logros de Canó con el famoso uniforme de rayas, con el que se hizo un participante habitual en los Juegos de las Estrellas.

Hoy ni siquiera figura entre los cinco más votados de su posición y sus estadísticas de average, hits, anotadas, impulsadas, cuadrangulares y promedio de embasamiento lo ubican bien lejos de los mejores camareros de la Liga Americana.

Sólo en ponches recibidos (49) marcha entre los punteros del circuito, superado únicamente por Brian Dozier, de los Mellizos de Minnesota (60).

Los Yankees intentaron retenerlo después de la temporada del 2013, cuando decidió probar el mercado de la agencia libre y le ofrecieron unos 175 millones por siete campañas.

Pero Canó usó el mismo argumento ridículo que el pasado invierno esgrimió el venezolano Pablo Sandoval, cuando dejó a los Gigantes de San Francisco para firmar con los Medias Rojas de Boston.

Primero el dominicano y luego el venezolano dijeron que sus respectivos equipos les habían faltado el respeto con las ofertas que les hicieron para tratar de conservar sus servicios.

¿Una falta de respeto de 175 millones? ¿Una falta de respeto 25 millones por temporada?

Para después insultar la inteligencia de los mortales al decir que su decisión no se basó en el dinero. ¿Ah, no?

La oferta de los Yankees le daba más dinero por campaña que su contrato actual con los Marineros y le daba la oportunidad de convertirse en la cara de la franquicia emblemática del deporte estadounidense.

Siete años después, no lo duden, Nueva York le hubiese hecho una extensión contractual para que terminara su carrera en la Gran Manzana y se encaminara vestido de rayas hacia Cooperstown.

Pero prefirió irse al único equipo de la Liga Americana que jamás ha estado en una Serie Mundial y que no llega a la postemporada desde el 2001.

Optó por jugar la mitad de los partidos del año en un terreno inhóspito, donde batear jonrones es tan difícil como arar en el mar.

Sino, que le pregunte a su compatriota Nelson Cruz, segundo entre los jonroneros del joven circuito, con 19, de los cuales solamente cinco los ha conectado en el Safeco Field y 14 como visitante.

Y así, poco a poco, la imagen del segunda base más natural que muchos hayan visto sobre un terreno, se ha ido diluyendo de los grandes reflectores, escondido detrás de una montaña de 240 millones de dólares.

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Las escasas oportunidades de Pete Rose de entrar al Salón de la Fama de Cooperstown acaban de irse por el tragante.

Documentos conseguidos por el programa Outside The Lines (OTL) de la cadena ESPN dan fe de que el líder de hits de todos los tiempos apostó en partidos de béisbol no ya cuando dirigía a los Cincinnati Reds, sino desde la época en que todavía era jugador.

Varias voces se habían levantado en los últimos tiempos para pedir que se levantara el castigo que mantiene alejado de por vida a Rose de toda actividad relacionada con el béisbol.

Quienes abogaban por su perdón alegaban que 26 años ha sido suficiente tiempo de sanción y ya era hora de concederle el perdón.

Esa posibilidad tomó fuerza con el cambio de mando en la MLB, tras la salida de Bud Selig y la llegada de Rob Manfred como nuevo comisionado.

Pero la nueva revelación de OTL viene a esfumar esas esperanzas y a confirmar que "Charlie Hustle" es un mentiroso empedernido, que por años negó cualquier relación con las apuestas.

Un buen día en el 2004 aceptó haberlo hecho en su época de manager, aunque rechazó que hubiera apostado en contra del equipo que dirigía.

Ahora resulta que las apuestas vienen desde más atrás.

¿Por qué entonces creerle una sola palabra a alguien que le tomó 15 años reconocer un hecho? Rose era -- o es -- un jugador compulsivo, un ludópata. Las personas con esa adicción no tienen límites y son capaces de apostar a favor o en contra de lo que sea con tal de ganar.

Y él tenía el control sobre los juegos de Cincinnati. Perfectamente podía haber apostado en contra de su propio equipo y bastaba con retirar de la lomita a un pitcher que estuviera dominando al rival por considerar que había hecho demasiados lanzamientos, por poner un solo ejemplo.

Duele que alguien que se entregó como pelotero de la manera que lo hizo, que convirtió en un arte el acto de batear un hit, haya manchado así el deporte que le dio de comer.

Su caso, por otro lado, alimenta un debate sobre qué es peor, si involucrarse en apuestas ilegales o apelar al uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento atlético.

Al menos en una época, el consumo de esteroides no estaba prohibido, aunque a sus usuarios se les pueda acusar quizás de poca ética de trabajo.

Lo de Rose fue peor, porque, en primer lugar, ya existía el antecedente del escándalo de los Medias Negras de 1919.

Antes de perdonarlo, quizás merecen ser exonerados antes los ocho jugadores de los Chicago White Sox que vendieron la Serie Mundial de 1919.

Quienes han tratado de presentar una imagen más cándida de Joe "Shoeless" Jackson, Chick Gandil, Eddie Cicotte, Eddie Collins, Lefty Williams, Fred McMullin, Oscar "Happy" Flesch y Charles Risberg señalan que los ocho buscaban una compensación económica y una especie de venganza contra el dueño Charles Comiskey, quien explotaba su talento a cambio de salarios miserables.

Y aun así, nadie pide que Jackson, uno de los más exquisitos jugadores que ha pasado por las Grandes Ligas, sea perdonado post-mortem y exaltado a Cooperstown.

En segundo lugar, sus apuestas no respondían a una necesidad económica, como la que supuestamente impulsó a los peloteros de Chicago a arreglar los partidos. Pete Rose no es Nelson Mandela. Perdonarlo sobre la base del sentimentalismo y la condescendencia sería una bofetada en el rostro para quienes han defendido dentro y fuera del terreno la integridad de este gran deporte.
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Alex Rodríguez finalmente llegó a los tres mil hits, una cifra que solamente otros 28 peloteros de los miles que han pasado por las Grandes Ligas a lo largo de su historia han conseguido.

Es apenas el cuarto latino con tres mil imparables, junto al panameño Rod Carew (3,053), el cubano Rafael Palmeiro (3,020) y el inmortal puertorriqueño Roberto Clemente (3,000 exactos).

Y el segundo en llegar con el uniforme de los Yankees de Nueva York, aunque a diferencia de Derek Jeter (3,465), que vistió las emblemáticas rayas toda su carrera, Alex ha compartido sus hazañas también con los Marineros de Seattle y los Vigilantes de Texas.

Una semana antes, el pelotero de origen dominicano había llegado a las dos mil carreras impulsadas, una cantidad más exclusiva aún que los tres mil hits.

De hecho, algunos historiadores ubican a Rodríguez y a Hank Aaron (2,297) como los únicos miembros de ese club. Otros incluyen a Babe Ruth (2,214) y a Cap Anson (2075).

Y necesita menos de 50 carreras anotadas para incluirse en el club de las dos mil, que tiene sólo siete miembros.

A eso súmenle sus más de 660 cuadrangulares, con los que se ubica cuarto en la lista de todos los tiempos.

Estamos hablando, en lo que a estadísticas se refiere, del mejor pelotero latino que haya pisado jamás un terreno de béisbol.

Pero...

Siempre hay un "pero" y en el caso del jugador de los Yankees, el "pero" es más que evidente.

Su carrera está manchada por el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo y si de exclusividad se trata, Rodríguez cuenta en su currículum con la suspensión más larga que haya recibido un pelotero por esa razón.

No se trata de una sombra de sospecha. Es una mancha oscura, que el propio Alex ha admitido, aun cuando posiblemente nunca haya dado positivo en un control antidopaje.

Que Rodríguez haya conseguido tantos hitos en esta temporada y que las autoridades del béisbol no lo celebren con bombos y platillos puede tener una doble lectura.

Una es que esas autoridades están empeñadas en limpiar el juego y no creen que merezca homenajes quien apeló a la trampa para conseguir sus cifras.

Otra es que esas mismas autoridades actúan con hipocresía y cinismo ahora, cuando en su momento se beneficiaron de esas trampas para salvar el espectáculo en momentos de crisis profunda.

Parte y parte. En el caso de Alex Rodríguez, nadie en su sano juicio puede negar el talento que le permitió poner números de ensueño.

Los esteroides no enseñan a batear. La coordinación ojos-brazos para golpear una pelota que viene a más de 90 millas por hora no se adquiere mediante inyecciones, pastillas o cremas.

Pero las sustancias prohibidas lo ayudaron a resistir mejor las cargas de entrenamiento en el gimnasio, lo cual se tradujo en mayor fuerza.

Y también hicieron lo suyo para prolongar la carrera que se extiende ya a más de 20 temporadas y que sin ellas, quién sabe si ya Rodríguez no hubiera tenido que ceder ante las lesiones y hubiera emprendido el camino del retiro.

De todos modos, son números que impresionan: 3,000 hits, 2,000 remolcadas, más de 660 jonrones y casi 2,000 carreras anotadas no son estadísticas de todos los días, aunque por ahora, no le sirven para entrar al Salón de la Fama de Cooperstown... por ahora.

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Omar Infante podría pasar a la historia como el pelotero con más bajo rendimiento que asista a un Juego de las Estrellas.

Y peor aún, que lo haga como abridor titular en su posición de segunda base, con su average de .221, ningún jonrón y promedio de embasamiento de 229.

Está bien que a los fanáticos de los Reales de Kansas City todavía les dure la euforia por el viaje a la pasada Serie Mundial, después de una sequía de 30 años.

Pero colocar a fuerza de votos a Infante y casi todos los demás como titulares en el equipo de la Liga Americana del próximo Juego de las Estrellas es una muestra más de que el sistema que se aplica es disparatado.

Más bien, podría ser la gota que derrame la copa y provoque los necesarios cambios en el sistema de selección.

Sí, ya sé lo que dirán en Kansas City: "nosotros votamos por nuestros jugadores, les dimos nuestro apoyo y ustedes no lo hicieron con los suyos, así que no se quejen".

Eso no lo discute nadie. Pero lo que se veía desde hace años es que el sistema está quebrado y en algún momento tenía que explotar la bomba.

¿Cómo hacer entonces, de manera que los fanáticos sigan con cierto poder de llevar a sus jugadores preferidos al Juego de Estrellas, pero sin llegar a este punto de lo absurdo?

Aquí les presento mi idea, una que considero bastante sencilla de implementar: Como cada franquicia debe tener un representante en el clásico de mitad de temporada, los aficionados podrían votar por un solo jugador de cada equipo.

Las planillas, en lugar de estar diseñadas por posiciones, deberían tener la lista de los equipos y que los fanáticos voten por un pelotero de cada uno de los 30 conjuntos.

El que más votos consiga de cada franquicia estará presente en el encuentro.

Así, por ejemplo, los fanáticos de los Reales podrán poner por su deseo a un jugador solamente.

Quedaría en manos de managers y coaches la selección del grueso de los jugadores y les tocaría ponerse de acuerdo sobre qué bases establecer los criterios de escogencia, con un punto intermedio entre las estadísticas tradicionales y la sabermetría.

Con esto, estaríamos haciendo que los demás que asistan al Clásico de mitad de temporada se lo ganen por su actuación en el terreno, por su rendimiento en los primeros meses de la contienda, para que vayan con justicia los que más estén brillando en ese momento.

Porque es inconcebible que Eric Hosmer esté por delante de Miguel Cabrera o Prince Fielder, e incluso Mark Teixeira en la primera base.

Que Infante defienda la intermedia primero que José Altuve o Jason Kipnis y haga combinación con Alcides Escobar, por delante de José 'Candelita' Iglesias o Xander Bogaerts.

Ni hablar de los jardines, donde sólo Mike Trout no vestirá el uniforme azul de los Reales en la alineación abridora el 14 de julio en el Great American Ball Park de Cincinnati.

Si los fanáticos sólo votaran por un jugador por cada equipo, entonces el venezolano Salvador Pérez sería el único representante de Kansas City por elección popular, mientras que el antesalista Mike Moustakas posiblemente sería llamado por su buen desempeño.

Entonces sería de verdad un Juego de Estrellas. Pero al paso que van las cosas, el espectáculo se limitará al Derby de Jonrones, un día antes del partido.

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MIAMI -- Alex Rodríguez invitó a unas 100 personas al Marlins Park para la serie de dos partidos que los Yankees de Nueva York jugará en la Capital del Sol.

"Son unos 50 chamacos del Boys and Girls Club, donde aprendí a jugar béisbol, más amigos de mi dos high school, Columbus y Westmister Christian, familiares, en fin. Siempre me da mucha alegría estar de vuelta en casa y ver este bello parque de pelota", dijo Rodríguez en un encuentro con la prensa.

Lo curioso es que posiblemente tantos fanáticos se queden con las ganas de ver a su ídolo sobre el terreno, pues en estadio de la Liga Nacional no hay bateador designado, función que ha cumplido A-Rod casi toda la temporada.

"Estaré listo en el banco para cuando me necesite el equipo, cuando me necesite Joe (Girardi)", expresó el pelotero, quien el lunes no aparecía en la alineación abridora.

Rodríguez atribuye el buen paso de los Yankees a una sola palabra: salud.

"Este año nos hemos mantenido saludables la mayoría de los peloteros y ahí está la clave. Cuando los Yankees están saludables y juegan la peplota que saben jugar los Yankees, hay que contar con nosotros siempre".

En ese sentido coincidió el coach Tony Peña, quien no escondió su sorpresa con el desempeño de Rodríguez.

"Yo lo conozco, sé que es un tipo que no se sienta en una mecedora a esperar que pasen las cosas. Él siempre ha sido un tipo que se prepara como pocos, pero de todos modos, con todo lo que ha pasado en los últimos meses, no deja de ser una sorpresa. Me alegro mucho por él y por lo que está aportando al equipo".

Uno de los pilares de estos Yankees ha sido Dellín Betances, otro pelotero de origen dominicano, al igual que Rodríguez.

Betances pasó ocho años en Ligas Menores e incluso llegó a pensar en dejar el béisbol.

"Betances ha sido increíble. Hace tres años atrás tenía serios problemas de control, pero ha trabajado duro en su mecánica y se ha convertido en un fenómeno", señaló Peña.

"No fue fácil, pero he aprendido mucho de los veteranos y desde hace dos años encontré lo mejor de mí", manifestó por su parte el derecho, cuyos números de la pasada campaña le ganaron comparaciones con el panameño Mariano Rivera.

"Mariano es el mejor relevista que ha habido en este juego y un gran líder. Siempre tuve gran apoyo de su parte cuando coincidimos en el equipo y cada vez que tiene una oportunidad me da buenos consejos", explicó el diestro de 6.9 de estatura.

Entre las cosas que dice haber aprendido del gran Mariano es tener siempre la confianza en cada salida, ser consistente en la mecánica y estar listo cada vez que el equipo lo necesite.

Los Yankees inician una serie de cuatro partidos consecutivos con los Marlins, los dos primeros en Miami y los dos finales en la Gran Manzana.

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Para bien o para mal, gústele a quien le guste y duélale a quien le duela, Alex Rodríguez está en una temporada histórica.

Luego de perderse toda la campaña del 2014 por la suspensión más larga que haya recibido pelotero alguno por dopaje, pocos creían que A-Rod sería capaz de regresar en la forma en que lo ha hecho, teniendo en cuenta su edad (cumplirá 40 años el 27 de julio) y tan prolongada ausencia.

Alex Rodriguez
Al Bello/Getty ImagesAlex Rodríguez está en la que puede ser para él una temporada histórica al conseguir varias marcas
Se esperaba una gran controversia desde su llegada a los campos de entrenamientos primaverales, motivada por diversas razones, desde el polémico bono de seis millones de dólares cuando consiguiera superar los 660 cuadrangulares de Willie Mays hasta sus funciones dentro del equipo, limitadas al papel de bateador designado.

De hecho, varios colegas, entre los que me incluyo, llegamos a sugerir que a los Yankees de Nueva York le convendría más pagarle todo el dinero restante de su contrato y enviarlo para la casa para evitar distracciones innecesarias en un equipo en proceso de reconstrucción.

Pero a veces nosotros, los periodistas, buscamos más de lo que en realidad hay y lo cierto es que un Rodríguez diferente se ha ajustado a las circunstancias sin tanto ego o protagonismo.

La exigente afición del Yankee Stadium lo recibió con ovaciones, porque a los fanáticos, por encima de todo, les interesa ver a su equipo ganar.

Y el pelotero de origen dominicano ha contribuido notoriamente a complacer a la fanaticada, con ese inesperado primer lugar de los Yankees en la División Este de la Liga Americana.

Lo primero que duele --y me imagino que a Alex más que a nadie-- es el ver que con su innegable talento no necesitaba ayuda adicional para ser considerado uno de los mejores jugadores de todos los tiempos.

A-Rod se convertirá en los próximos días en el único pelotero que llegue en una misma temporada a los 10 mil turnos al bate, 3,000 hits, 2,000 carreras impulsadas y 2,000 anotadas, además de 1,300 bases por bolas.

Necesita ocho cohetes para los tres millares y dos remolcadas para las dos mil.

Asimismo, le faltan 47 carreras para las dos mil anotadas, una cifra un poco más distante, aunque lleva una proyección de 93 para fines de la campaña.

Ya superó este año los 10 mil turnos al bate y se acerca además a las 1,300 bases por bolas (le faltan 31).

A eso súmenle que ya pasó a Mays en jonrones y podría terminar cerca de los 670, además de 550 dobletes.

Muchos dirán que sus cifras están infladas y hasta cierto punto tienen razón, pero los esteroides no tienen ninguna influencia en la coordinación ojos-brazos y de nada vale inyectarse cuanta sustancia haya, si no hay talento deportivo.

La mejor muestra de ello la aportaron los hermanos Canseco, José y Ozzie, gemelos idénticos por demás, el primero un gran bateador que sumó 462 bambinazos, el segundo un mediocre que jamás logró sacar una pelota de cuadrangular en tres temporadas en las Mayores.

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Yulieski Gourriel AJPS/AFLO SPORT/Icon SportswireGourriel tenía contrato para volver a Japón, pero el contrato fue cancelado por ausencia.
Mi colega y amigo Enrique Rojas podría ver cumplido su sueño de ver en las Grandes Ligas a su pelotero cubano preferido: Yulieski Gourriel.

Posiblemente el jugador más completo de la isla en los últimos diez o 15 años, Gourriel es una especie de Alex Rodriguez sin esteroides, dotado de un talento natural para hacer casi todo a la perfección dentro de un terreno de pelota.

Sin embargo, ha estado envuelto en una turbia nebulosa en los últimos meses, que ha dado a pie a numerosas especulaciones sobre su futuro.

El año pasado, las autoridades cubanas le permitieron ir a jugar profesionalmente a la liga japonesa con el equipo DeNa Baystars, experiencia que repetiría esta temporada por una suma de alrededor de tres millones de dólares.

Pero una supuesta lesión retrasó su incorporación al club nipón y a pesar de que sus directivos viajaron hasta La Habana, Gourriel nunca apareció, por lo que su contrato fue cancelado, al igual que el de su hermano menor, Lourdes Junior, de 21 años, quien debutaría esta campaña en Japón.

¿Qué pasó en realidad? Eso nadie lo sabe a ciencia cierta, dado el secretismo habitual con que las autoridades cubanas manejan cualquier asunto.

¿Qué pudo haber pasado? En mi opinión, todo tiene que ver con dos hechos específicos.

En primer lugar, el giro de los acontecimientos políticos a partir del 17 de diciembre del 2014, cuando el presidente Barack Obama y el gobernante Raúl Castro anunciaron simultáneamente la decisión de restablecer relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Las Grandes Ligas reaccionaron inmediatamente a ese anuncio y se declararon en alerta ante las posibilidades que se abrían en un mercado histórico como es Cuba.

El segundo hecho concreto no tuvo que ver directamente con la política o el propio Gourriel, sino con otro pelotero, Héctor Olivera, contratado por Los Angeles Dodgers por 62.5 millones de dólares.

En la pasada Serie del Caribe, lamentábamos entre los colegas que cubríamos el evento en San Juan, Puerto Rico, que Gourriel no se hubiera probado en las Mayores y existía el consenso de que a los 30 años de edad, ya se le había ido el tren.

Enriquito Rojas insistía en que todavía "El Yuli", como le llama, enamoraba a los cazatalentos, a pesar de que el 9 de junio cumplirá 31 años.

Pero de pronto se bajan los Dodgers con su dineral para Olivera, también de 30 años, lo cual habría hecho a Cuba y a Gourriel poner un freno a la aventura japonesa y repensarse las cosas.

Si la novena angelina le dio 62.5 millones a un pelotero de 30 años, entonces Yulieski Gourriel todavía podría conseguir un megapacto entre 80 y 100 millones.

Ante esa cifra, no hay nada que hacer con los tres millones de los DeNa Baystars.

Las especulaciones crecieron más aún en las últimas semanas, luego de que Gourriel no se presentara a los entrenamientos de la selección nacional que se prepara para los Juegos Panamericanos de Toronto.

Y lo que vino a ponerle la tapa al pomo fue que Yulieski y su hermanito menor solicitaran la baja de los Industriales, equipo con el cual jugaban hasta ahora en las Series Nacionales.

El martes en la noche, el manager de la selección cubana, Roger Machado, compareció en el programa Deportivamente, de la emisora Radio Rebelde, donde respondió más de 60 preguntas de los periodistas y los fanáticos.

Lo curioso es que en ninguna ocasión se mencionaron a los Gourriel, como si hubieran sido borrados del mapa, como si nunca hubieran existido.

Fuentes confidenciales desde La Habana me aseguraron que ese mismo día, el propio gobernante Raúl Castro se reunió con Yulieski para definir el futuro del pelotero, aunque nada se ha filtrado hasta el momento.

Una opción es que Castro le haya tirado de las orejas y tras un regaño lo veamos reincorporándose a la preselección nacional y a los Industriales.

Otra es que el gobernante le haya dado luz verde para salir de la isla y buscar residencia en un tercer país, para poder firmar un contrato como agente libre, en tanto sigan las negociaciones para normalizar relaciones entre Washington y La Habana.

Sería una "deserción" autorizada. Todavía podría faltar un buen tiempo para que MLB pueda negociar directamente con peloteros en Cuba, pues para ello sería necesario desmontar todo el entramado legal sobre el cual se asienta el embargo comercial.

Y tiempo no es precisamente lo que le sobra a Gourriel. Talento y calidad sí, pero tiempo no.
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Los Marlins de Miami se han convertido en el hazmerreír de la Liga Nacional, por no decir de todas las Grandes Ligas.

Un equipo armado para competir por la supremacía de la División Este del viejo circuito, hoy luce incapaz de ganar ni un mísero juego.

Aficionado de Marlins
Jorge MorejónUn aficionado de los Marlins sostiene un cartel pidiendo el regreso de Mike Redmond al timón del equipo
Cuando restan aún más de 110 partidos de la temporada, las apuestas en torno a estos Marlins completamente desinflados se enfocan en cuántas derrotas sufrirán, con la mira puesta en el récord de 108 fracasos de la campaña de 1998.

El cambio de manager tras el despido de Mike Redmond el pasado domingo sólo sirvió para añadir más miserias a la novena, con récord de 0-5 bajo la batuta del nuevo "director", Dan Jennings.

Tan mal ha lucido el equipo bajo las órdenes de Jennings que ya comenzaron a aparecer en las gradas del Marlins Park carteles de reclamo para que reintegren a Redmond en el puesto de mando.

El nuevo "manager" (las comillas son a propósito, con toda la ironía del mundo), que antes de su nombramiento el lunes pasado se desempeñaba como gerente general de la franquicia, ha venido a echarle más sal a la herida.

Jennings al parecer sigue pensando como gerente e insiste en mantener a un improductivo Christian Yelich como titular del jardín izquierdo, por encima del legendario japonés Ichiro Suzuki.

El equipo le extendió contrato a Yelich en el invierno por casi 50 millones de dólares, mientras que el veterano Ichiro firmó por apenas dos millones.

Todo indica que el negocio se impone sobre el deporte, aunque los resultados en el terreno hablen por sí solos: en los juegos en que Yelich ha iniciado como titular, los Marlins tienen récord de 3-20. Cuando es el japonés quien comienza en la pradera izquierda mejoran las cosas a marca de 13-7.

Y si Jennings o el dueño Loria quieren regirse por la parte del negocio, entonces aprovechen quizás lo único rescatable que podría tener en ese sentido el equipo: Ichiro en pos de los 3,000 imparables.

Solamente le faltan 127 y los podría conseguir este mismo año, si recibe mayores oportunidades de juego.

Caso similar en el joven Justin Bourn. En las pocas veces que le han permitido jugar lo ha hecho muy bien, tanto defensiva, como ofensivamente, proyectándose como el cuarto bate que protegería a Giancarlo Stanton.

Pero hay 16 millones que pagarle a Michael Morse y no van a tenerlo en la banca, porque una vez más "billetera mata galán", aunque el equipo se hunda cada vez más en el pantano de los fracasos.

Nadie se explica tampoco la insistencia en llamar desde el bullpen a Steve Cishek, responsable de varias derrotas.

Cishek ya perdió el puesto de cerrador tras desperdiciar cuatro oportunidades de salvamentos y ahora se le trae para tratar de contener rebeliones rivales como relevista intermedio, papel desempeñado con la misma inefectividad, como si intentara apagar un fuego con gasolina.

Para rematar, Mat Latos y el venezolano Henderson Álvarez fueron colocados en la lista de lesionados tras el inicio de la serie del fin de semana ante los Orioles de Baltimore.

¿Qué les queda a los fanáticos del equipo, esos que se han mantenido fieles contra viento y marea a lo largo de una historia plagada de traiciones?

Quizás esperar por el regreso de José Fernández, el energético serpentinero que metía más gente en el estadio por el espectáculo de verlo lanzar.

Pero Fernández se llama José, no Salvador. Y este equipo parece incapaz de levantarse ni con un batido de ciertas pastillitas azules.

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Entre los muchos disparates que ha cometido Jeffrey Loria como dueño de los Marlins de Miami, este, posiblemente, sea el mayor de todos.

Dan Jennings, gerente general del equipo, fue nombrado este lunes nuevo manager, en sustitución del despedido Mike Redmond.

La experiencia de Jennings como director se limita al equipo de la secundaria Davidson de Alabama, allá por los años 80.

Aclaremos esto: Jennings es un hombre de béisbol, con gran experiencia y olfato para detectar talentos escondidos en Ligas Menores o la pelota colegial.

También tiene un vasto historial en funciones directivas y gerenciales, además de contar con lo que llaman "don de gente" o capacidad para lidiar con personal en los mejores términos.

Pero al nombrarlo manager, Loria vuelve a faltarle el respeto a la fanaticada y a las propias Grandes Ligas, al desvalorizar un equipo, como en los tiempos en que salían al campo jugadores de escasa categoría para jugar en las Mayores.

Cuando el dueño nombró a Mike Redmond en el 2013, en sustitución del experimentado y polémico Ozzie Guillén, al menos el ex receptor ya había dirigido con éxito en las Menores a dos equipos afiliados a los Azulejos de Toronto, aunque su designación fue vista como la de alguien a quien Loria pudiera manejar a su antojo.

Jennings podría ser más de lo mismo, un títere de Loria, sin el poder de réplica de Guillén o de antecesores como Joe Girardi o Fredi González.

Pero encima de eso, con menos capacidad táctica que Redmond, que ya eso es mucho decir.

Algunos dirán que no es culpa de Jennings que lo hayan designado mentor. Y en parte no lo es. La responsabilidad principal recae en quien lo nombra.

Pero también deberá asumir Jennings los errores que cometa por aceptar un trabajo para el cual son pocos los que creen que está capacitado.

Así que no se queje cuando el dueño lo eche por inepto y pase a integrar el club de los despedidos, junto a Jeff Torborg, Girardi, González y Guillén.

Una vez más Loria se burla de la gente, justo cuando el público había comenzado a retornar poco a poco al parque de pelota y la asistencia, aunque sigue siendo la tercera más baja de todas las Grandes Ligas, ya superaba los 20 mil 300 como promedio.

¿Cuál es el próximo paso? ¿Desmantelar el equipo, una vez más? ¿Forzar a Giancarlo Stanton a salirse de su contrato cuando cumpla 30 años para no tener que pagar el grueso de los 325 millones?

Y eso que creíamos que ya lo habíamos visto todo con este señor.

Para Jennings, buena suerte. Démosle el beneficio de la duda, no vaya a ser que por esas cosas de la vida, nos sorprenda.

Para Loria, simplemente levantar la guardia como boxeadores y prepararse a recibir el próximo golpe bajo.

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Se le agotó la paciencia a Jeffrey Loria y echó a Mike Redmond, quien desde ahora pasa a engrosar la lista de managers despedidos por el dueño de los Miami Marlins.

Jeff Torborg, Joe Girardi, Fredi González y Ozzie Guillén habían pasado antes por eso, mientras que Edwin Rodríguez renunció antes de que lo botaran.

No quiero hacer ahora leña del árbol caído, pero Redmond era, a juicio de muchos, el manager menos capacitado en todas las Grandes Ligas y en gran medida el responsable del mal camino del equipo.

Los Marlins se armaron durante el invierno lo suficientemente bien como para dar pelea en la división Este de la Liga Nacional, pero casi dos meses después figuran en el penúltimo lugar.

A un manager pueden salirle bien o mal las estrategias, porque eso es parte del béisbol, pero dirigir contra toda lógica en situaciones absolutamente lógicas o en otros casos aferrarse a los clásico por temor a equivocarse eran el pan de cada día de Redmond.

Ya a principios de temporada estuvo en la silla caliente, luego de un mal arranque, pero en ese momento, Loria le tiró un salvavidas. De pronto aparecieron los triunfos, porque los equipos nunca son tan malos como lucen en las derrotas, ni tan buenos como lucen en las victorias.

Coincidentemente, la racha de victorias ocurrió en el tiempo en que Christian Yelich estuvo en la lista de lesionados y el veterano Ichiro Suzuki ocupó su puesto en el jardín izquierdo.

Pasó el tiempo y Yelich regresó y con él, las derrotas. Ojo, no estoy culpando al ganador del Guante de Oro del 2014 de los fracasos del equipo.

Pero quiero ponerlo de ejemplo de una regla no escrita del béisbol: alineación ganadora NO se cambia.

Ichiro, a pesar de su edad, lo estaba haciendo como nos ha acostumbrado a lo largo de su carrera y su presencia en la alineación era un estímulo para los más jóvenes, privilegiados de poder jugar con una leyenda.

El japonés le saca .100 puntos de average a Yelich, pero cuando el joven regresó, le devolvió su puesto titular, como si se tratara de un jugador consagrado.

Otro caso de mal manejo de los hombres, pero a la inversa, ocurrió con Justin Bourn y Michael Morse.

Cada vez que el zurdo inicialista recibió una oportunidad la supo aprovechar, mientras que Morse, con toda su experiencia, ha quedado a deber.

Y no estamos hablando de una super estrella como Ichiro, que esté pasando por un mal momento. Morse ha sido un jugador del montón, con destellos por ratos.

Pero a Redmond le tembló la mano, como no le tembló en el caso de los catchers J.T. Realmuto y Jarrod Saltalamacchia.

Ejemplos para descalificar el trabajo del ahora ex manager son muchos y lo raro es que hubiera llegado hasta ahora y no le hubiera agotado la paciencia a Loria en el mismo arranque de campaña.

En esa oportunidad se manejó el nombre de Wally Backman, manager del equipo de Triple A de los Mets, como posible sustituto.

Consumado el despido, sólo nos queda esperar hasta el lunes para saber quién asumirá la dirección de los peces.

Y en este caso, no cabe para nada el refrán de que vale más malo conocido, que bueno por conocer.

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