Si un equipo pierde antes del Juego de Estrellas a cuatro de sus cinco miembros de la rotación abridora, en el 99 por ciento de los casos se hundiría hasta el fondo de la tabla de posiciones, sin más consuelo que comenzar a pensar desde ya en la próxima temporada.

Al menos, eso es lo que la lógica indica. Pero en el béisbol no hay lógica y mucho menos si se trata de los Yankees de Nueva York, que vieron partir por lesiones primero a los dominicanos Iván Nova y Michael Pineda, luego a su as zurdo C.C. Sabathia y por último, a su nueva joya, el japonés Masahiro Tanaka, en momentos en que este lideraba la Liga Americana en victorias.

Lee/Danks
USA TODAY SportsCliff Lee y John Danks podrían ser los siguientes objetivos de los Yankees.
Sin embargo, contra viento y marea, los Yankees se han mantenido en la pelea, con altibajos obvios, que todavía los mantienen en la carrera por entrar a la postemporada, a pesar de contar solamente con el nipón Hiroki Kuroda como único sobreviviente de la rotación inicial.

Y para que no queden dudas de que Nueva York se niega a tirar la toalla, acaba de adquirir, vía canje, al antesalista Chase Headley, procedente de los Padres de San Diego, un hombre al que en los últimos años siempre han rondado rumores de cambios que nunca se concretaban.

Headley es un bateador ambidextro que aporta poder en una de las esquinas del cuadro y un sólido defensor, que viene a llenar uno de los tantos huecos del equipo.

Parecía que el venezolano Yangervis Solarte era el futuro de la organización, ya en la antesala, ya en el campocorto, su posición natural.

Sin embargo, tras dos buenos meses iniciales, su rendimiento cayó estrepitosamente y terminó siendo una de las fichas de cambio en la operación por Headley.

Pero todo indica que este no es la única adición que viene en camino y el gerente general Brian Cashman podría enfocarse ahora en reconstruir la maltrecha rotación.

En la mira está John Danks, un zurdo de 29 años que ha jugado con los Medias Blancas de Chicago desde su debut en Grandes Ligas en el 2007.

No se trata de una estrella, sino de un eventual cuarto o quinto abridor que ha padecido de inconsistencia y todavía no ha conseguido enderezar su carrera tras perderse por lesión casi todo el 2012.

Pero el objetivo hacia el cual debería dirigir todos sus esfuerzos Cashman es en el también zurdo Cliff Lee, un hombre ya probado en postemporadas.

Varias veces los Yankees han merodeado a Lee, pero esta parece ser la ocasión más propicia y los Filis de Filadelfia quieren deshacerse de los más de 52 millones que aún le adeudan al veterano zurdo.

Lee (4-5, 3.67) regresó esta semana a la lomita tras dos meses de ausencia por lesión y fue castigado por los San Francisco Padres, lo cual, a los ojos de una inminente transacción, habría bajado sus acciones en el mercado de cambios y despertado dudas sobre cuán recuperado está el lanzador.

Todavía debe quedarle antes del 31 de julio, fecha límite para los canjes, una apertura más, que podría definir dónde Lee terminará la temporada, si es que se va de Filadelfia.

Se vienen ahora diez días intensos y los Yankees estarán entre los equipos más activos, en busca de no perderse los playoffs por segundo año consecutivo.

Sería una buena manera de despedir al Capitán Derek Jeter, un hombre cuya estatura se ha agigantado cuando llega la postemporada.

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Trout/JeterAP Photo/Tomasso DeRosaDerek Jeter y Mike Trout guardan algunas similitudes, pero el el peso del equipo cuenta mucho.
Mike Trout es el pelotero más completo de la actualidad, pero al menos por ahora, no será el relevo de Derek Jeter en cuanto a imagen de las Grandes Ligas.

Puede que la oficina del comisionado insista en promover al joven jardinero de los Angelinos de Los Ángeles como tal, pero Trout está lejos de igualar a Jeter como la cara del mejor béisbol del mundo.

Porque eso no se impone. Eso se gana.

Más allá de los propios Jeter o Trout, hay factores que influyen en esa imagen que nos deja el número dos de los Yankees que de momento conspiran en contra del jugador de los Angelinos.

No es lo mismo jugar para los Yankees bajo los refulgentes reflectores de la Gran Manzana, que para el segundo equipo de Los Ángeles.

Porque, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, el equipo de Los Ángeles son los Dodgers.

Es algo así como los Mets, que son "el otro equipo" de Nueva York.

Además, desde su primera campaña completa, en 1996, cuando Jeter se llevó el premio de Novato del Año en la Liga Americana, mostró un liderazgo inusual para un chico de apenas 21 años y una capacidad para engrandecerse en los momentos más cruciales, entiéndase la postemporada, cuando los hombres se separan de los niños.

Jeter fue clave en los cinco títulos que los Yankees obtuvieron en los últimos 20 años y me atrevo a asegurar que sin él en las paradas cortas habría sido difícil, sino imposible, semejantes logros.

Sí, ya sé, él no lo hizo todo solo. Fue el esfuerzo conjunto de Bernie Williams, Jorge Posada, Andy Pettitte, Mariano Rivera, Orlando 'El Duue' Hernández, David Wells, Tino Martínez, Roger Clemens y Paul O'Neill, entre otros pilares de aquella dinastía.

Pero todos ellos tuvieron a Jeter como su Capitán, como el hombre al que todos miraban cuando la candela se ponía brava, del que todos esperaban la acción salvadora.

El respeto que ha ido forjándose desde el principio el pelotero de Nueva York es algo que no se impone de un golpe, sino algo que se cultiva día a día.

No va a ser un decreto de Bud Selig el que coloque a Trout como relevo natural de uno de los más grandes peloteros de la historia, que nos deja una carrera con visos de leyenda.

Es muy probable que de seguir su carrera a este ritmo, Mike Trout termine junto a Jeter en el Salón de la Fama de Cooperstown, pero todo eso está por verse.

Todavía no sabemos cómo responderá el jugador de Los Ángeles ante la presión de unos playoffs, pues jamás ha visto un pitcheo en postemporadas. Lo lógico es que brille tal como lo hace día a día en campañas regulares, pero en el béisbol no existe lógica y si no, pregúntenle a Alex Rodríguez, en su momento considerado el mejor pelotero del mundo entre abril y septiembre, pero uno de los peores a partir de octubre.

El relevo de Jeter, en cuanto a imagen, a carisma, a respeto, saldrá en algún momento de manera natural, sin imposiciones, de la misma forma en que aquel flaquito con cara de niño se apareció un día y nos deslumbró desde el campocorto del Yankee Stadium.

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Emotiva despedida a Jeter en Juego de Estrellas
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Salvo por la oportunidad de ver reunida en un mismo lugar a la crema y nata del béisbol, los Juegos de las Estrellas se han convertido en algo aburrido, con el único incentivo de determinar dónde comenzará la Serie Mundial tres meses después.

En el 2013 las mayores expectativas rondaban en torno a la última participación del panameño Mariano Rivera y en esta ocasión el clímax del encuentro fue el homenaje a Derek Jeter, quien se retira al concluir la temporada.

Pero no todos los años dicen adiós leyendas como Mariano y el Capitán, así que al parecer, estamos condenados a seguir viendo partidos sosos, donde el constante cambio de jugadores, por aquello de que todos quieren y deben jugar, desluce el espectáculo.

Encima de esto, las lesiones continúan apareciendo como nunca antes en las Grandes Ligas, lo cual provoca lamentables ausencias y sustituciones por jugadores que no siempre merecen el verdadero calificativo de estrellas.

De hecho, lo mejor de las festividades en torno al clásico de mitad de temporada acontece un día antes del partido, con la competencia de cuadrangulares, en la que incluso, no van todos los que deberían.

Bien valdría la pena incorporar al Derby de Jonrones otras pruebas de habilidades, como las carreras de home a primera, la vuelta al cuadro, los tiros al plato desde los jardines o los disparos de los catchers a la intermedia.

Aunque el duelo entre los rompecercas siga siendo el plato fuerte entre las pruebas de habilidades, las otras añadirían lustre a las festividades, tal como ocurre en la NBA, donde junto a la competencia de las clavadas hay otras como la de los disparos de tres puntos.

Pero volviendo al Juego de las Estrellas en sí, quizás sea hora de cambiar el método de elección de los titulares por votación popular y la obligatoriedad de que cada equipo tenga al menos un representante.

Cuando son los fanáticos quienes deciden quienes van y quienes no, tienen ventaja aquellos peloteros que militan en franquicias de grandes mercados, aunque no siempre su rendimiento sea merecedor del honor de estar en el clásico.

Asimismo, se producen dolorosas omisiones con muchos que atraviesan quizás los mejores momentos de sus carreras y que tal vez nunca tengan la oportunidad de lucirse en el choque estelar.

Por sólo citar un ejemplo, el antesalista de los Marlins de Miami, Casey McGehee, tiene mejores números que Aramis Ramírez, de los Cerveceros de Milwaukee, quien recibió el favor de los votantes e inició en la tercera base del equipo de la Liga Nacional.

No obstante, McGehee debió conformarse con ver la fiesta por televisión.

A lo mejor ha llegado el momento de cambiar de formato y en vez de enfrentar a las estrellas de ambos circuitos, sería más atractivo un duelo entre peloteros de Estados Unidos contra un equipo del resto del mundo, como ocurre con el partido de las futuras estrellas.

A mí particularmente no me gusta por razones que se salen de lo deportivo y me resultan perniciosas para la armonía del béisbol, pero quién sabe si ahí estaría la salvación de un evento que amenaza con matarnos de aburrimiento.

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El sueño de cada gerente general es firmar por poco dinero a un jugador que exceda las expectativas y su rendimiento sobrepase las proyecciones que se hicieron al momento de contratarlo.

A veces se trata de ver más allá de lo que puedan arrojar las estadísticas. En otras ocasiones es simplemente suerte, algo así como ganarse la lotería.

Pero cada año se dan estos casos de sorpresas muy agradables, en los que con muy poca inversión se reciben grandes dividendos, algo en lo que Billy Beane, gerente de los Atléticos de Oakland, es un maestro.

Kazmir
Kazmir
De hecho, una de las gangas del pasado invierno se la llevó Beane, al contratar al zurdo Scott Kazmir, un hombre que en su momento era una de las mayores promesas del pitcheo en todo el béisbol y un intocable en los Rays de Tampa Bay.

En sus primeras cinco campañas completas con los Rays, Kazmir ganó 55 juegos, con una efectividad de 3.92 y 874 ponches en 834 innings.

Pero su carrera entró en barrena a partir del 2009, cuando fue canjeado a los Angelinos de Los Angeles, hasta perderse las campañas del 2001 y el 2012.

Tuvo un mediocre regreso el pasado año con los Indios de Cleveland y Beane, con su olfato de comprador de pulgueros, lo firmó por dos años y 18 millones de dólares.

Sí, se arriesgó al darle nueve millones por temporada, pero limitó el pacto a sólo dos campañas e incluso, no dividió el dinero a partes iguales, sino que en esta primera campaña, digamos que de prueba, le pagará siete millones, mientras que para el 2015 le daría los otros 11, si es que no lo cambia antes.

Al menos en la primera, el zurdo ha justificado su salario con un renacer inesperado de su carrera, con nueve triunfos y tres derrotas en 16 aperturas y una excelente efectividad de 2.66.

Morneau
Morneau
Más barato le salió a los Rockies de Colorado encontrarle reemplazo a la figura más emblemática en la historia de la franquicia.

Por 12.5 millones para los próximos dos años, los Rockies firmaron al canadiense Justin Morneau para ocupar el lugar de Todd Helton, líder de por vida del equipo en prácticcamente todas las categorías ofensivas.

Morneau, Jugador Más Valioso de la Liga Americana en el 2006, cuando militaba en los Mellizos de Minnesota, entró en un vertiginoso declive a partir del 2010, cuando las lesiones comenzaron a limitar su tiempo de juego.

En Colorado, paraíso de bateadores, su carrera se ha reoxigenado, con 13 bambinazos, 57 carreras impulsadas y average de .304, en lo que podría ser su primera campaña con 30 o más jonrones y 100 remolcadas desde el 2009.

McGehee
McGehee
Pero la mayor ganga la consiguieron los Marlins de Miami, cuando firmaron a Casey McGehee para que defendiera la antesala.

McGehee fue un prometedor novato que tras una efímera estancia con los Cachorros de Chicago en el 2008, pasó sus mejores tiempos, entre el 2009 y el 2011 con los Cerveceros de Milwaukee.

El 2012 lo dividió entre los Piratas de Pittsburgh y los Yankees de Nueva York y ante la ausencia de ofertas en el 2013, optó por probar fortuna en el béisbol japonés.

Pero problemas familiares lo trajeron de vuelta a Estados Unidos, pues su hijo Mack, de siete años, fue diagnosticado con parálisis cerebral a los 15 meses de nacido.

En Japón le fue imposible encontrar la terapia adecuada para el pequeño y regresó a tocar puertas en busca de un empleo.

Los Marlins le ofrecieron casi el mínimo, apenas un millón 100 mil dólares, una miseria para quien recibió encima de eso la responsabilidad de batear cuarto en la alineación y proteger a Giancarlo Stanton.

A pesar de no ser el clásico slugger, McGeheen ha sido una maquinaria de remolcar carreras y sobre todo, hacerlo en los momentos en que más lo necesita la novena.

Para que se tenga una idea de cuán productivo ha sido el antesalista de los Marlins, cabe señalar que con 47 impulsadas va quinto en la Liga Nacional, a pesar de tener por delante en la alineación a Stanton, líder del circuito con 58 remolques.

Y todo, por un puñado de dólares.
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Los cubanos están de moda en las Grandes Ligas y cada año, los equipos esperan descubrir la próxima estrella entre los que cada vez más frecuentemente escapan de la isla en busca de sus sueños.

Pues comiencen a preparar sus chequeras los interesados, pues uno de los más renombrados prospectos acaba de fugarse, presumiblemente a través de Haití y ya estaría en República Dominicana, donde iniciará los trámites para ser declarado agente libre.

Se trata de Yasmani Tomás, un jardinero que jugaba para el equipo Industriales de la capital cubana y que ya mostró sus credenciales en el III Clásico Mundial disputado el pasado año.

Tomás, con 23 años solamente, tiene características físicas similares a sus compatriotas Yoenis Cespedes, de los Atléticos de Oakland, o Yasiel Puig, de Dodgers de Los Angeles.

Con seis pies y una pulgada de estatura y 230 libras de peso, el habanero es un atleta fornido, con un extraordinario poder al bate y un brazo respetable para sus disparos desde las praderas.

Debutó con 18 años en el 2008 y bateó para 297. En la pasada Serie Nacional, concluida el pasado abril, promedió para 275 (388-107), con 25 dobles, 10 jonrones y 59 carreras impulsadas.

Pero no vayamos tan rápido. A diferencia de Céspedes y José Abreu, que no pasaron ni un día en las Menores, Tomás debe cumplir algún tiempo puliéndose antes de llegar al máximo nivel, pues tiene deficiencias en su swing que debe eliminar o corregir para establecerse de acuerdo con sus potencialidades.

Es un diamante bastante pulido, pero que necesita retoques antes de brillar en todo su esplendor y dados los antecedentes establecidos por sus compatriotas en años recientes, podría beneficiarse de un jugosísimo contrato.

Y es que así ha sido en las últimas temporadas: Céspedes se benefició de lo que hizo Aroldis Chapman, Puig firmó por 42 millones gracias a la labor de Céspedes. Abreu pactó por 68 millones avalado por el trabajo de Puig.

Así podría pasar con el habanero, quien al tener ya 23 años y haber jugado cinco campañas en Cuba, puede firmar como agente libre sin restricciones salariales.

Ya oiremos de él en los próximos días, semanas o meses y veremos quién se lleva la nueva joya de la mayor de Las Antillas.
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Ha muerto Tony Gwynn, miembro del Salón de la Fama y uno de los bateadores más finos que han pasado por el béisbol en todos los tiempos.

Gwynn falleció este lunes, víctima de un cáncer que venía padeciendo desde el 2010 y que finalmente logro vencerlo, a los 54 años de edad.

Posiblemente no haya habido en la ciudad de San Diego un deportista más querido y emblemático.

Las 20 temporadas que jugó en Grandes Ligas lo hizo para los Padres, con los que ganó ocho coronas de bateo, cifra sólo superada por el también legendario Ty Cobb.

En 9,288 turnos al bate disparó 3,141 imparables, para un average de por vida de .338.

Estuvo 15 veces en Juegos de las Estrellas, ganó siete Bates de Plata y a pesar de un físico que lo favorecía poco, fue capaz de capturar cuatro Guantes de Oro en el jardín derecho.

Gwynn, de constitución gruesa y obeso en los finales de su carrera, fue la esperanza para miles de niños que batallan contra el sobrepeso, pues les demostró que el béisbol también estaba hecho para ellos, a pesar de que la modernidad del mundo prefiere atléticos Adonis.

El gordito de San Diego, el 'Señor Padre', con su sonrisa permanente, fue además ejemplo de sencillez entre tantas "divas" que se pavonean por los terrenos de las Grandes Ligas.

En 1998, cuando los Marlins de la Florida desmantelaron el equipo que acababa de ganar la Serie Mundial un año antes y llenaron la plantilla con jugadores de Doble A, fue llamado a filas un entonces imberbe Mark Kotsay, nacido en la ciudad californiana de Whittier, admirador desde niño de Gwynn y al igual que su ídolo, defensor de la pradera derecha.

La primera vez que Padres y Marlins se enfrentaron y Kotsay se vio con Gwynn en un mismo terreno, se le acercó con timidez a expresarle su admiración y respeto.

Contaba el joven de los Marlins, sin salir de su asombro, la sorpresa que se llevó cuando Gwynn lo saludo por su nombre y le señaló ciertos defectos en su swing que debería corregir para mejorar su ofensiva.

¡Resulta que Gwynn, un grande del béisbol, conocía y sabía quién era un novato desconocido para la casi totalidad del béisbol! Y encima, tuvo la amabilidad de compartir sus vastos conocimientos con un pelotero rival.

Pero, las cosas del destino: cuando Gwynn se retiró tras la temporada del 2001, fue Kotsay quien ocupó su lugar en el jardín derecho de los Padres, equipo con el cual pasó tres campañas hasta el 2003 y al cual regresó para terminar su carrera en el 2012 y 2013.

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Se acerca el 5 de junio y los 30 equipos esperan encontrar en el draft amateur a la próxima estrella de las Grandes Ligas.

¿Estarán en la nueva camada de jugadores que llegan cargados de sueños los próximos Mike Trout o Clayton Kershaw?

¿Cuántos de los escogidos este año ingresarán dentro de aproximadamente dos décadas a Salón de la Fama de Cooperstown?

¿Habrá en este grupo de cientos de muchachos el nuevo Derek Jeter?

Parafraseando a Forrest Gump, el draft es como una caja de bombones, nunca sabes qué te va a tocar.

No faltan los que entraron como primera elección y se quedaron en el camino, mientras que otros, escogidos en rondas más tardías, fomentaron carreras dignas contra todo pronóstico de los entendidos.

Quizás el peor de todos haya sido Danny Goodwin, pues el único que ha sido primera selección en dos años diferentes.

En 1971 los Medias Blancas de Chicago lo escogieron como número uno, pero Goodwin optó por seguir jugando béisbol colegial.

En 1975 finalmente se decidió a emprender su carrera profesional y fue escogido nuevamente como número uno por los Angelinos de California.

¿Y? No pasó de ser un bateador mediocre, mediocrísimo, que a duras penas se mantuvo siete campañas en las Mayores como jugador de reserva, con 707 turnos, 13 jonrones, 81 carreras impulsadas y average de .236.

En el 2004, los Padres de San Diego eligieron al campocorto Matt Bush por delante del lanzador derecho Justin Verlander, con la esperanza de construir el futuro del equipo en torno a este jugador.

Imposible. Bush jamás logró subir a Grandes Ligas, pues fue incapaz de batear en las Menores y fue pésimo con el guante en una posición eminentemente defensiva: su promedio de fildeo fue de .929. Tal vez Verlander lo hubiera hecho mejor si lo hubieran colocado en el campocorto.

Otro escogido como primera selección que jamás pisó un terreno de Grandes Ligas fue el lanzador zurdo Brien Taylor.

Los Yankees lo seleccionaron en 1991, con la esperanza de que fuera el próximo Whitey Ford, pero Taylor nunca pudo llegar siquiera a Triple A y se fue del mundo del béisbol con marca de 22-30 y efectividad de 5.12 en siete campañas, seis de ellas en Clase A y una sola en Doble A.

Desafortunada también fue la elección de Bryan Bullington por los Piratas de Pittsburgh en el 2002.

El derecho Bullington estaba llamado a ser el líder del staff de pitcheo de los Piratas y tras acumular excelente récord de 47-22 en tres campañas en las Menores, finalmente fue subido al equipo grande en el 2005.

Desastre total: no fue hasta el 2010, cinco años después de debutar, que logró su primera -y única- victoria en Grandes Ligas.

Bullington se diluyó en el 2010, dejando tras de sí un balance de 1-9 y efectividad de 5.62.

La lista de fracasos es más larga y podría incluir al jardinero Shawn Abner, firmado por los Yankees de Nueva York en 1984, o Al Chambers, escogido por los Marineros de Seattle en 1979.

Los Mets se dieron cuenta pronto de su error y enviaron a Abner a los Padres de San Diego, donde debutó en 1987 y pasó cuatro años y medio de los seis que estuvo en las Mayores.

El proyectado rompecercas apenas bateó 11 cuadrangulares y su average global fue de sólo .227.

Peor fue Chambers. Su paso por Grandes Ligas se limitó a 120 turnos en tres temporadas, average de .208 y par de bambinazos.

Un último detalle: desde que en 1965 comenzó a realizarse el draft amateur, ninguno de los escogidos como número uno ha logrado entrar al Salón de la Fama.

Esa sequía debería romperse el año próximo, cuando sea elegible Ken Griffey, primera selección del draft por Seattle en 1987.

Así que no debemos dejarnos llevar por el entusiasmo demasiado temprano. Paciencia, que ya el tiempo dirá a quiénes les tocaron los mejores bombones de la caja.

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Tal vez el cubano Kendrys Morales no tenga que esperar al 5 de junio para regresar a las Grandes Ligas.

Dice un refrán que a río revuelto, ganancia de pescadores. Y la lesión en el cuello que ha dejado fuera por el resto de la temporada a Prince Fielder, podría abrirle a Morales las puertas de los Vigilantes de Texas.

Morales
Otto Greule Jr/Getty ImagesMorales podría ser una adición valiosa a los alicaídos Vigilantes, quienes han sufrido el embate de las lesiones.
El cubano es el único agente libre que recibió oferta calificatoria al terminar la pasada campaña y que aún no ha encontrado trabajo, luego de que a principios de esta semana, los Medias Rojas de Boston recontrataran al campocorto Stephen Drew.

Morales sería una adición valiosa a los alicaídos Vigilantes, principalmente desde el punto de vista ofensivo, al tiempo que podría alternar con Mitch Moreland en la defensa del primer cojín.

Bateador ambidextro, el cubano podría aportar mucho a un equipo que contra todos los pronósticos, es undécimo entre toda la Liga Americana en carreras producidas y penúltimo en cuadrangulares, con sólo 31, a pesar de la presencia en su róster de bateadores poderosos como el propio Fielder, el dominicano Adrián Beltré y el puertorriqueño Alex Ríos.

Sin embargo, a esta altura habría que preguntarse si a Morales le conviene firmar con Texas, en caso de que el equipo lo llame, o sería preferible ya esperar a que pase el draft amateur del 5 de junio.

¿Por qué? Pues porque de firmar ahora mismo, estaría sujeto nuevamente al concluir la temporada a la posibilidad de una nueva oferta calificatoria, que ya sabemos cuán negativas consecuencias tuvo para él.

Sin embargo, de recibir una oferta después del 5 de junio, aún cuando queme la liga en el tiempo que trabaje este 2014, el equipo que lo firme no podrá hacerle la oferta y Morales se convertiría en agente libre sin restricciones, lo que le permitiría firmar con el mejor postor, sin que la franquicia que lo contrate tenga que perderse un turno en el draft del 2015.

Ahora mismo, Texas necesita con urgencia un bate sólido que ayude a carburar a su apagada ofensiva y el cubano podría ser una buena opción.

Pero dado el calibre ofensivo de Kendrys, no será raro que varios equipos se lo disputen después del 5 de junio, sobre todo aquellos que estén en carrera hacia los playoffs, así que ofertas no deberán faltarle.

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Se acerca el fin del segundo mes de la temporada y aunque todavía hay tiempo para recuperación, empieza a perfilarse desde ya el panorama para la postemporada, el octubre próximo.

Y con la misma pasión de los batazos, pitcheos y atrapadas defensivas, los gerentes generales comienzan a jugar su ajedrez con mayor intensidad, en busca de las piezas que puedan garantizarle victorias inmediatas, en unos casos, o solvencia económica con miras al futuro, en otros.

Price
Price
Un hombre que finalmente podría hacer sus maletas a un nuevo destino es el zurdo David Price, a quien los Rays de Tampa Bay han mantenido contra viento y marea en sus filas, a pesar de la pobreza de la franquicia.

Desde hace dos o tres temporadas, su nombre siempre ha sonado en los posibles canjes, pero al final, el equipo ha decidido mantenerlo por cuanto se ha visto envuelto en la lucha por el campeonato.

Pero este año, los Rays andan de sotaneros y podrían finalmente deshacerse de Price, siempre y cuando reciban the right price, el precio justo por uno de los mejores serpentineros zurdos del béisbol.

Lee
Lee
Otro lanzador zurdo que podría enfrentar potencialmente un canje es el veterano Cliff Lee, cuyos Filis de Filadelfia no parecen ir a ningún lado.

Sin embargo, un cambio de aires estaría en dependencia de cómo evolucione la molestia en el codo que lo tiene en la lista de lesionados por 15 días. ¿O será que Lee será un nuevo caso en la epidemia de las Tommy John?

Pitcheo, pitcheo y más pitcheo será lo más demandado en el mercado de cambios y uno que pudiera parar allí es el derecho Jeff Samardzija.

Samardzija
Samardzija
Eso sería lo mejor que podría pasarle a Samardzija, quien al paso que va, podría recibir el premio Cy Young sin ganar un solo partido.

El derecho de los Cachorros de Chicago exhibe el mejor promedio de efectividad de todas las Grandes Ligas, con 1.46, pero en diez aperturas en lo que va de campaña archiva cuatro derrotas sin victorias, a pesar de que en cuatro de ellas no ha permitido carreras a sus rivales.

Pero los Cachorros, más allá de su sequía centenaria de títulos, es la viva estampa de la miseria, con el peor récord de las Mayores (16-28).

Cabrera
Cabrera
También envuelto desde hace años en rumores de mudanza está el campocorto venezolano Asdrúbal Cabrera, de los Indios de Cleveland, un bateador más que decente para su posición y sólido defensor de su posición.

Con los Indios en el sótano de la División Central de la Liga Americana y en el último año de su contrato, no será raro verlo terminar el 2014 con otro uniforme.

Y en la medida en que el cubano Yasiel Puig continúa estableciéndose como uno de los mejores jugadores de la actualidad, alguien va sobrando en los jardines de Dodgers de Los Angeles.

¿Andre Ethier? ¿Carl Crawford? ¿Matt Kemp? A Crawford le quedan tres años más de contrato, con 62,250,000 por cobrar.

Kemp
Kemp
Crawford
Crawford
Ethier
Ethier
Ethier está firmado hasta el 2018, con 71 millones pendientes, mientras que el pacto de Kemp es hasta un año después, con 107 millones restantes.

Y no se tienen hombres con semejantes contratos para que estén sentados en el banco y sean usados ocasionalmente, como reemplazos.

La pregunta es qué equipo estaría tan desesperado por uno de ellos que asuma o todo gran parte de su salario, sobre todo teniendo en cuenta que sus respectivos rendimientos en el terreno hace unos años que no van a la par de tanto dinero que cobran.
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MIAMI -- Vuelvo sobre el tema de la epidemia de lesiones que azotan a los lanzadores de Grandes Ligas y de la operación Tommy John prácticamente como única opción para solucionar los problemas del codo.

Un estudio realizado en el 2013 arrojó que el 25 por ciento de los lanzadores de las Mayores y el 15 por ciento en las Menores fueron sometidos al procedimiento quirúrgico.

Y estas cifras sólo se refieren a los serpentineros que regresaron después de la cirugía. En el estudio no se incluyen aquellos pitchers que nunca más pudieron volver a lanzar una pelota.

A raíz de la lesión del derecho cubano José Fernández, de los Marlins de Miami, el entrenador Orlando Chinea, quien lo formó como lanzador desde su llegada de Cuba en el 2008, pidió un voto de confianza y aseguró que rehabilitaría a su pupilo en un lapso de seis a ocho semanas, sin necesidad de pasar por el quirófano.

Algunos colegas, en un alarde de superficialidad, prefirieron burlarse de la propuesta de Chinea, hasta el extremo de catalogarlo de curandero, sin analizar a fondo la opción, ni revisar los antecedentes profesionales del preparador, radicado en Tampa.

Pero resulta que el currículum del entrenador incluyen años de trabajo en Japón, donde, curiosamente, los pitchers no sufren de la epidemia de lesiones en los codos que terminan en Tommy John.

Desde que el doctor Frank Jobe ideó la técnica para salvarle el brazo precisamente al zurdo Tommy John en 1974, más dos centenares de serpentineros pasaron por los salones de operaciones para reparar codos dañados, incluido, por ejemplo, Jarrod Parker, de los Atléticos de Oakland, quien ya lleva dos visitas al quirófano.

Desde que Masaharu Mitsui se sometió a la operación en 1979 y se convirtió en el primero en hacerlo en Japón, apenas 33 lanzadores, de ellos cuatro extranjeros, han pasado por el complicado procedimiento, que lleva entre 12 y 18 meses de recuperación, la cual no está 100 por ciento garantizada.

En 35 años sólo 33 operaciones Tommy John, a menos de una por temporada como promedio, hablan a las claras de cuán diferentes se hacen las cosas en Japón y en Estados Unidos.

Evidentemente, los japoneses encontraron métodos de rehabilitación alternativos y sólo acuden al bisturí en casos extremos.

Quizás haya que dejar a un lado la prepotencia y aceptar que, aunque en las Grandes Ligas se juega el mejor béisbol del mundo, no todas las cosas a su alrededor tienen que ser por ende perfectas.

Chinea afirmaba que por la edad de Fernández, sus células tienen la capacidad de regenerarse mejor, sin necesidad de llegar al salón de operaciones.

Los equipos nipones tienen rotaciones de seis abridores, en lugar de cinco, como en las Grandes Ligas, al tiempo que no tienen un control tan estricto de la cantidad de pitcheos por apertura.

Quizás ahí esté el quid de la cosa: menos aperturas por campaña, aunque no haya límite en el esfuerzo de cada salida.

Es cierto que en la mayoría de los equipos, el quinto abridor es un pitcher de menor categoría y son muy pocas las novenas que pueden darse el lujo de tener una rotación robusta en cada uno de sus puestos.

Así que imagínense buscar un sexto abridor para cada uno de los 30 equipos. Por razones obvias, aquí saldrían ganando los bateadores.

Pero algo hay que hacer y debería comenzar por revisarse el método de preparación física de los serpentineros, que antes no se lesionaban con esta frecuencia.

El comisionado Bud Selig reconoció esta semana que cada mañana abre con miedo el periódico en su casa, pues teme encontrarse siempre con la noticia de una nueva lesión.

Mensaje al señor Selig: deje el miedo a un lado y tome acciones, que para eso le pagan... y mucho.
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MIAMI -- La lesión que podría dejar al cubano José Fernández fuera de acción por el resto de la temporada es el último grito de alarma.

Algo están haciendo mal las Grandes Ligas, pues las lastimaduras en los brazos de los lanzadores han pasado de ser casos esporádicos a una verdadera epidemia que amenaza cada día más la calidad del juego y el espectáculo.

Fernández
Fernández
Sin ser un experto en materia médica, tengo la impresión que la generación actual de pitchers hace demasiado énfasis en el trabajo con pesas en el gimnasio, lo cual hace crecer la masa muscular a niveles tan exagerados que los tendones y ligamentos no pueden soportar.

Se busca la fuerza bruta, la recta devastadora, cercana a las 100 millas por hora, una velocidad para la cual el brazo no está diseñado de manera natural, como si el arte del pitcheo fuera lanzar duro. Si no, pregúntenle a Greg Maddux.

En el caso específico de Fernández, podría llegar pronto al quirófano para la temida operación Tommy John, cuyos resultados son una verdadera lotería.

Algunos regresan incluso en mejor forma que antes de la lesión, como el propio Tommy John o John Smoltz, mientras otros nunca más vuelven a recuperar su nivel previo.

Pero ya el procedimiento se ha vuelto tan común que en muchas ocasiones los equipos y los doctores van directo al grano, sin evaluar otras opciones de recuperación que podrían ser iual o más efectivas, sin necesidad de una práctica invasiva.

El colega Jorge Ebro, del diario miamense El Nuevo Herald y comentarista radial de ESPN Deportes, habló con el entrenador cubano Orlando Chinea, el hombre que mejor conoce al lanzador de los Marlins, porque fue quien lo formó desde su etapa escolar y lo convirtió en el fenómeno que ha sido hasta hoy.

Chinea aseguró no sentirse sorprendido por la lesión de su pupilo, a quien le había advertido sobre esa posibilidad, debido al poco tiempo que dedicó a su preparación durante el invierno, tal vez por compromisos extradeportivos que el muchacho tuvo que cumplir.

El avezado preparador le contó a Ebro que esta vez, Fernández sólo estuvo 17 días a su lado preparándose, en lugar de los habituales dos meses que necesitaba para llegar en su mejor forma física.

En su diálogo con El Nuevo Herald, Chinea dijo estar en total desacuerdo con la Tommy John, pues según él, se practica en serie y es casi un negocio.

El entrenador responsabilizó a los Marlins de lo que pueda pasar si lo operan, al pronosticar que no será el mismo y perderá gran parte de su valor.

"En su caso la cirugía sería un craso error'', le dijo Chinea a Ebro, a quien le reveló que cuenta con un plan de rehabilitación de entre seis y ocho semanas que podría devolverlo como nuevo.

"Yo he formado a José, lo conozco mejor que nadie. Puedo recuperarlo y devolverlo a su mejor forma, porque este que veo ahora no es el pitcher que yo preparé cuando llegó de Cuba''.

¿Qué se perdería con intentarlo? Chinea merece un voto de confianza, aunque no faltarán quienes se opongan a su propuesta, sobre todo, si como él dice, lo de las cirugías se ha convertido en un negocio, pero ya eso sería material para los amantes de las teorías conspirativas.

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