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Dos en Base: Las nuevas reglas en las Grandes Ligas
Tags: mlb, xbox 360
El comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, está preocupado y con razón.

Los juegos de pelota están demorándose demasiado y han perdido el paso que lograron en el 2015, cuando el promedio de duración estuvo alrededor de las dos horas y 53 minutos.

Eso significó una baja de ocho minutos y medio en comparación con el 2014, pero este año nuevamente andamos sobre las tres horas y Manfred quiere buscar la manera de agilizar los partidos nuevamente.

El problema es que la solución que propone el comisionado puede terminar por convertir los encuentros en algo interminable.

Dice el comisionado que para el 2017 se estudiará, entre otras cosas, eliminar la obligatoriedad de hacer cuatro lanzamientos para concederle la base por bolas intencional a un bateador.

Bastará con una seña para enviar a la primera base al hombre en turno, como se hace en softbol amateur, con lo que posiblemente, el trámite del pasaporte de libre tránsito tomaría si acaso medio minuto para completarse.

No está mal la propuesta, aunque el ahorro en tiempo no sería significativo. ¿Por qué? Porque en la mayoría de los juegos nunca vemos un boleto intencional.

Hasta los juegos del miércoles 25 de mayo, se habían otorgado 4,689 bases por bolas y sólo 256 habían sido de carácter intencional.

Pero vale el esfuerzo por ahorrar tiempo donde quiera que se pueda.

El problema es que Manfred también estudia reducir la zona de strikes y ahí es cuando los juegos se harán interminables.

El primer lugar, porque crecerá el número de boletos no intencionales, que son los que en realizar demoran la acción.

Y en segundo lugar, porque al achicar la zona de strikes, los pitchers se verán obligados a lanzar más al medio, donde serán aprovechados por los bateadores y los encuentros se volverán mucho más ofensivos, con mayor cantidad de carreras y por consiguiente, más largos aún.

Ahí el que se ponchó fue el comisionado, quien debería buscar otras formas de recortar tiempo.

Algo que está demorando en exceso los partidos es todo el proceso alrededor de la apelación de jugadas en video.

Los managers que quieran reclamar cierta acción deberían decidirlo en el acto y no como ocurre ahora, que primero pasa por un funcionario del equipo encargado de revisar el video y decidir si se apela o no la jugada.

Y una vez que deciden hacerlo, el panel de jueces que analiza los diferentes ángulos de la jugada tendría que tener un tiempo límite para emitir un veredicto.

Ahora mismo, en ocasiones la demora es de hasta cinco minutos en jugadas que no hace falta mirar con lupa para ratificar o rechazar la decisión inicial de los umpires en el terreno.

Hay que obligar a los serpentineros a tomar menos tiempo entre envío y envío o limitar las conferencias entre pitcher y cátcher, innecesarias muchas veces, sobre todo en aquellos equipos donde las órdenes sobre qué lanzamiento hacer se dan desde el banco y no es el receptor quien tiene la autoridad para pedir tal o más cual pitcheo.

También podría reducirse el tiempo entre innings, pero eso no lo van a hacer, porque serían menos comerciales que pasarían por televisión, con la consiguiente pérdida de dinero.

De que hay que aligerar el paso, sin dudas hay que hacerlo, pero de la forma correcta, no vaya a resultar el remedio peor que la enfermedad.
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Beisbol, MLB

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Sin contar los 25 millones de esta temporada, a Albert Pujols todavía le faltan por cobrar 140 millones de dólares de su contrato, aun cuando ya no es ni la sombra del pelotero que ya tiene suficientes números para entrar caminando al Salón de la Fama de Cooperstown.

Lo de Pujols se veía venir. Cuando los Angelinos de Los Angeles lo firmaron por 240 millones y diez campañas en el 2012, el toletero dominicano ya tenía 32 años de edad y era una utopía pensar que rendiría a su máximo nivel hasta los 42.

De hecho, sus números habían comenzado a decrecer paulatinamente en sus años finales con los Cardenales de San Luis, aunque todavía eran cifras envidiadas por la mayoría de los mortales.

Eso no lo vio Arte Moreno, dueño de los Angelinos, cuando le dio el megacontrato que cuando se aproxima a la mitad de su término, ya se ve como uno de los peores de la historia.

Giancarlo Stanton
Mike Carlson/Getty ImagesEn sus últimos 11 partidos, Stanton, cuarto bate de Miami, ha tenido muy poco que aportar, con cuatro hits en 37 turnos y 16 chocolates.
De todos modos, Pujols sigue aportando ganancias y en el 2015 fue el decimoctavo pelotero que más camisas vendió en todas las Grandes Ligas, aun cuando su desempeño con el madero depare flashazos de su grandeza de antaño.

Pero duele pagar tanto dinero por alguien cada vez menos efectivo, con todo y su nicho garantizado en el Templo de los Inmortales.

Y si bien Moreno debe estar lamentándose por la fallida inversión, el que tiene que estar halándose los pelos es Jeffrey Loria, el propietario de los Miami Marlins: si lo de Pujols fue un error, lo de Giancarlo Stanton es un fraude.

Con bombos y platillos, Loria anunció en el invierno del 2014 el pacto que convertía a Stanton en el deportista mejor pagado de la historia: 325 millones.

Desde el comienzo, muchos dudaron si el jardinero derecho de los Marlins merecía tanto dinero, pues si bien es cierto que es uno de los bateadores de mayor fuerza que hayan pisado un terreno de béisbol, sus deficiencias en la caja de bateo lo hacen demasiado vulnerable y lo llevan por ratos al grado de la mediocridad extrema.

Las últimas semanas han sido catastróficas para Stanton, quien en la reciente subserie de tres juegos ante los increíbles Filis de Filadelfia se fue de 10-0 con nueve ponches.

En los últimos 11 partidos, el cuarto bate de Miami ha tenido muy poco que aportar, con cuatro hits en 37 turnos y 16 chocolates.

No es sólo la cantidad de abanicados, sino la manera en que luce, con swings ridículamente descoordinados.

De sus 11 jonrones, seis han sido con las bases limpias, mientras que con hombres en posición anotadora y dos outs, lleva de 15-0 y ocho ponches.

Es cierto que cuando le pega a la pelota, la envía más lejos que nadie, pero como dijo en su momento Ozzie Guillén cuando dirigió a los Marlins, lo importante no es que dé jonrones largos, sino que lo haga muchas veces.

En lo que va de temporada, ha abanicado 48 veces en 132 turnos al bate, o lo que es igual: se poncha en el 36.3 por ciento de sus visitas al plato.

A eso súmenle su propensión a las lesiones, que le dan un promedio de sólo 106 juegos por temporada.

Es cierto que el contrato está estructurado de una manera en la que Stanton cobrará un tercio aproximado del dinero en la mitad del tiempo del acuerdo y le da la posibilidad de salirse en el séptimo año para buscar un nuevo pacto en la agencia libre.

Tal como van las cosas, Loria debe estar rezando y encendiendo velas porque el jugador opte por romper el contrato, aunque a este paso es difícil que algún otro equipo se aventure a morder el anzuelo llegado ese momento.

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Yasiel Puig tiene el talento y el potencial para ser el mejor pelotero del mundo. De hecho, en su año de debut, en el 2013, su nombre se mencionaba en la misma oración que el de Mike Trout.

Pero por diferentes razones, el jardinero cubano de los Dodgers de Los Angeles se ha quedado corto en el camino hacia ese plano superior reservado sólo a unos pocos elegidos.

La mayoría de esas razones tienen que ver directamente con Puig, un muchacho del campo cubano que a los 22 años se vio atrapado en una vorágine de dinero y fama que no supo controlar.

Yasiel Puig
Jayne Kamin-Oncea/USA TODAY SportsEn los primeros 32 juegos de la campaña, el cubano ha pasado por seis diferentes turnos en la alineación.
Lo cierto es que tanto para bien, como para mal, el jugador de los Dodgers es desde entonces uno de los peloteros más seguidos, a quienes los medios no les pierden ni pie, ni pisada, a la espera del próximo capítulo de su accidentada carrera.

En el 2016, en su cuarta campaña en las Mayores, Puig necesitaba un salto que lo pusiera al nivel que de él se espera y lo ayudara a superar el retroceso que tuvo en sus números en el 2015, año en el que además estuvo limitado por lesiones.

En su ayuda vino el cambio de manager, de Don Mattingly, con quien nunca logró consolidar una buena relación, a Dave Roberts, con el cual ha reconocido estar muy a gusto.

El muchacho parece haber tomado conciencia de las cosas que hizo mal en el pasado y comenzó la temporada a todo tren, enfocado en borrar la imagen de chico indisciplinado, con malos tratos con sus compañeros de equipo.

Tuvo un muy buen arranque y hasta bien avanzado el mes de abril exhibía average por encima de .300, un promedio de embasamiento (OBP) de .371 y una sólida defensa en la que combinaba su habitual juego agresivo con un mejor sentido común de hacia dónde dirigir sus tiros y cuándo usar toda la potencia de su brazo.

Pero poco a poco los números ofensivos fueron cayendo y el fantasma de otra temporada mediocre comenzó a rondar sobre la cabeza del cubano, quien, sin embargo, casi a diario nos regala una atrapada de lujo o un certero disparo que hace titulares en Sportscenter.

Cuando Mattingly dirigía a los Dodgers, se decía que tenía poca o ninguna capacidad de decisión sobre la alineación que presentaba en cada juego.

Al llegar al estadio, los sabermétricos de la oficina, esos cerebritos que han pasado toda su vida detrás de una computadora y nunca pusieron un pie en un terreno de béisbol, le entregaban el line-up diario, basados en no se sabe qué proyecciones, que sólo aportaban inestabilidad en el orden al bate y violaban una regla no escrita de los fundamentos del juego: alineación ganadora no se cambia.

Con Roberts las cosas no parecen haber cambiado y en defensa de Puig hay que decir que es muy difícil tener un rendimiento sobresaliente cuando no se sabe que función dentro del orden al bate le depara cada día.

En los primeros 32 juegos de la campaña, el cubano ha pasado por seis diferentes turnos en la alineación. Ha sido primero, segundo, tercero, quinto, séptimo y octavo.

Cada lugar en el line-up tiene su labor específica y es difícil encontrar a algún pelotero que sea capaz de hacer las cosas bien en cada uno de los turnos.

Enrique Hernandez
Kelvin Kuo/USA TODAY SportsLos cambios de la alineación han enfriado a Enrique Hernández, con apenas un hit en sus últimos 24 turnos.
Pero no es sólo Puig la víctima de tantos cambios. El versátil puertorriqueño Enrique Hernández también ha sufrido en carne propia el sube y baja que después de un inicio sólido, en el que se había convertido en una pieza fundamental del conjunto angelino, se ha enfriado, con apenas un hit en sus últimos 24 turnos.

Kike también ha pasado por seis diferentes puestos en el orden al bate, desde primero y segundo, hasta sexto, séptimo, octavo y noveno.

Más turnos aún ha ocupado Joc Pederson, el jardinero central que en el 2015 inició con un paso digno de Novato del Año, pero luego se perdió en la segunda mitad de la contienda.

Menos segundo y tercero, Pederson ha alineado en el resto de los turnos del orden al bate.

¿Qué mensaje se le está enviando al jugador, que de pronto pasa de ser una de las piezas fundamentales a convertirse en uno de los menos importantes en el line-up?

Ojalá que a los sesudos de los Dodgers no les dé por improvisar de esta misma manera con el pitcheo, pues entonces veríamos a Kenley Jansen y a Pedro Báez abriendo juegos y a Clayton Kershaw venir a lanzar desde el bullpen.

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Pasado el primer mes de la temporada, varios managers están sentados en una silla caliente, tras el arranque desastroso de sus respectivos equipos.

Las gerencias lo primero que hacen es cortarle la cabeza a los directores, en busca de revertir el mal comienzo y desde ya hay suenan dos candidatos principales a quedar sin trabajo en las próximas semanas: Joe Girardi (Yankees de Nueva York) y Fredi González (Bravos de Atlanta).

La pregunta es quién se irá primero.

Fredi Gonzalez
Daniel Shirey/USA TODAY SportsLos Bravos de Fredi González tienen la peor ofensiva de todas las Grandes Ligas, con promedio colectivo de .224, 83 carreras producidas en 27 partidos.
Los Bravos, con el peor récord de todas las Grandes Ligas (7-20 hasta los juegos del miércoles 4 de mayo), parecen los más desesperados y ya se habla de Bud Black, ex manager de los Padres de San Diego, como posible sustituto del cubano González.

Atlanta tiene la peor ofensiva de todas las Grandes Ligas, con average colectivo de .224, 83 carreras producidas en 27 partidos y apenas seis cuadrangulares, único equipo con menos de diez bambinazos.

El pitcheo no anda mucho mejor y figura en el lugar 26 entre los 30 conjuntos de las Mayores, con efectividad combinada de 4.84.

Pero los Bravos no fueron construidos este año para competir, sino simplemente para completar un calendario de 162 juegos, pues la franquicia está en modo de austeridad, a la espera de inaugurar su nuevo estadio la próxima temporada.

Con las piezas que tiene, González no puede hacer mucho más y en su caso, no sería justo mandarlo a la calle después de hacer el "trabajo sucio" de soportar estoicamente los golpes, cuando la gerencia decidió no reforzar la capacidad competitiva del equipo.

Simplemente, las cosas le están saliendo a los Bravos de la manera que se esperaba, de la forma en que se planificaron y cualquier otra exigencia sería pedirle peras al olmo.

La cuestión cambia en el caso de Girardi.

Luego de llevar a los Yankees a la postemporada en el 2015, las expectativas eran mucho más altas, aun cuando eran conocidas las lagunas de un equipo envejecido, atado a contratos disparatados que impiden a la gerencia gastar a manos llenas como en los tiempos del difunto George Steinbrenner.

Joe Girardi
Raj Mehta/USA TODAY SportsLos Yankees de Joe Girardi están haciendo acopio de paciencia hasta que puedan salir de tantos veteranos sobrepagados.
Los veteranos tienen un año más y el tiempo les está pasando factura. La producción de carreras es la penúltima de todo el béisbol, sólo mejor que la de los Bravos.

Alex Rodríguez es su máximo jonronero e impulsador, con cinco y 12, respectivamente, pero bateaba para un anémico average de .194 antes de irse a la lista de lesionados por 15 días.

Mark Teixeira, Chase Headley y Didi Gregorius son outs casi seguros cada vez que van a batear y el peso ofensivo está recayendo principalmente en Brian McCann y el dominicano Starlin Castro, uno de los pocos refuerzos que tomó el equipo en el invierno.

Pero peor ha sido su pitcheo, ya que tiene efectividad de 4.54.

Con la sorpresiva adquisición del cubano Aroldis Chapman, los Yankees tienen al que puede ser el trío de relevistas más dominante de la historia, junto al dominicano Dellin Betances y Andrew Miller.

Chapman regresa de una suspensión el 9 de mayo, pero para que él, Miller y Betances puedan hacer su trabajo, necesitan tomar el juego con ventaja, algo que los abridores no han podido hacer casi nunca.

Solamente C.C. Sabathia tiene más de un triunfo en todo el staff de lanzadores y el japonés Masahiro Tanaka exhibe un buen promedio de 2.87.

Los otros tres abridores (Nathan Eovaldi y los dominicanos Michael Pineda y Luis Severino) trabajan de manera combinada para 6.04, con 55 limpias en 82.1 innings.

Como mismo Atlanta está en un compás de espera, hasta que tenga listo su nuevo estadio, los Yankees están haciendo acopio de paciencia hasta que puedan salir de tantos veteranos sobrepagados, antes de volver a abrir la billetera y conformar un equipo joven y competitivo.

Pero si el viejo Jefe estuviera vivo, con ese balance de 9-16 y en el sótano divisional, posiblemente ya Girardi estaría aplicando para beneficios por desempleo.

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Definitivamente, los tiempos han cambiado para mal y los verdaderos héroes son una especie en peligro de extinción.

Mientras el gran Roberto Clemente pasó a la inmortalidad entregando su vida por el prójimo, las estrellas multimillonarias de hoy están tan enfermas de egocentrismo y alejadas del resto del mundo que en su mayoría son incapaces de mover un dedo por sus semejantes menos favorecidos.

La inminente cancelación de la serie entre los Piratas de Pittsburgh y los Marlins de Miami en San Juan por el miedo al contagio con el virus del zika es una bofetada al recuerdo de Clemente.

Estadio Hiram Bithorn  Serie del Caribe
AP Photos
Mientras las Grandes Ligas aún no han tomado una decisión definitiva sobre la serie en el Hiram Bithorn de San Juan, el equipo de la Capital del Sol ya fijó su posición al respecto. Los jugadores de los Marlins realizaron una votación secreta sobre el viaje, previsto para los días 30 y 31 de mayo, aunque los resultados no se darán a conocer hasta el fin de semana.

Así lo hizo saber el lanzador derecho Tom Koehler, representante del sindicato de jugadores dentro del equipo surfloridano.

Koehler dijo que durante la reciente serie en Milwaukee, recibieron una información alarmante de Grandes Ligas y del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades sobre el zika y sus consecuencias.

El serpentinero señaló que entre las recomendaciones recibidas por las autoridades sanitarias, en caso de viajar a San Juan, estaban quedarse dentro de la habitación, viajar del hotel al estadio, usar mangas largas y sobre todo, no incluir en la delegación a ninguna esposa embarazada.

Según el diario El Nuevo Herald, que cita informes de la prensa local de Pittsburgh, los jugadores de los Piratas quieren mover la serie al Marlins Park de Miami, a pesar de ser uno de los equipos más populares en la Isla del Encanto, precisamente por Clemente.

Existen maneras de evitar la picada del mosquito Aedes Aegypti, transmisor de la enfermedad, como el uso de ropa adecuada y aplicación de repelentes, aunque ningún método sea seguro 100 por ciento.

Pero los héroes corren riesgos, como los enfrentaron los médicos de varios países que fueron hasta Africa a combatir la reciente epidemia de ébola.

Ir a jugar a San Juan, en momentos en que Puerto Rico está devastado por un terremoto financiero y su gente necesita aunque sea un soplo de esperanza, sería el mejor tributo al noble boricua que murió llevando ayuda humanitaria a la Nicaragua destruida por el sismo de 1972.

Los peloteros tienen el derecho de decidir y nadie puede obligarlos, pero sería justo entonces que ningún jugador de los Piratas o los Marlins sea elegible al premio Roberto Clemente, al menos no en este año.

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Bryce Harper, Mike Trout
Getty ImagesA juicio de muchos, Bryce Harper y Mike Trout son los dos mejores jugadores en MLB en la actualidad... y ninguno de ellos llega a los 25 años.
Las Grandes Ligas están viviendo un cambio generacional con la inyección de jóvenes talentosísimos cuyas edades no rebasan más allá de los 25 años.

Esta nueva ola que domina el béisbol en la actualidad puede atribuirse a varios factores.

Uno de ellos es fortuito y tiene que ver con la coincidencia en tiempo de muchos peloteros de primer nivel, algo tan normal como que en otros momentos la camada de jugadores no siempre sea tan buena.

Pero a mi modo de ver, el dominio actual que van imponiendo los más jóvenes es consecuencia directa de la lucha contra el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo.

Si bien es una guerra que nunca terminará, el interés de MLB para atacar a los tramposos ha dado resultados y cada vez son menos -- al parecer -- los que acuden al engaño para sobresalir.

Y parte de ese engaño era la extensión de las carreras deportivas a edades inusuales, donde lo normal es que comience un declive natural.

Así vimos a Barry Bonds disparar sospechosamente 73 jonrones en una temporada a los 37 años de edad, por sólo citar un ejemplo de muchos que abundaron en la era de los esteroides.

En esta época post-esteroides, el béisbol le pertenece a los jóvenes, aquellos con más reflejos para reaccionar a envíos que llegan a casi 100 millas por hora en fracciones de segundos hasta el plato.

Ojo, no quiere decir que no hayan excepciones, pero solamente unos pocos elegidos por los dioses del béisbol pueden seguir derrochando su talento cuando la mayoría de sus compañeros de generación ya vieron pasar sus mejores momentos y muchos se fueron al retiro.

Pero no todos los días salen los Ichiro Suzuki, David Ortiz o Adrián Beltré, que consiguen competir con la sangre fresca que viene como un tsunami a reclamar los puestos cimeros del mejor béisbol del mundo.

Lo cierto es que estamos siendo testigos del nacimiento de una generación brillante, que tiene posiblemente en Bryce Harper y Mike Trout a sus dos principales exponentes.

Hasta los juegos del miércoles 20 de abril, los bateadores de 25 o menos años habían acumulado el 30 por ciento de los 411 jonrones registrados en la joven temporada. Esa cifra supera en un cinco por ciento la registrada en el 2015 y es mucho mayor que la del 2010, cuando los jovenzuelos consiguieron en 18 por ciento de los bambinazos.

Jugadores de 25 o menos lideran los principales departamentos ofensivos de las Mayores.

El dominicano Manny Machado, de los Orioles de Baltimore, tiene el average más alto (.407) y acumula más hits que nadie (24).

Carlos Correa and Manny Machado
Getty ImagesCarlos Correa y Manny Machado representan la sangre latina joven dentro del béisbol de Grandes Ligas.
Harper, de los Nacionales de Washington, es el máximo remolcador de carreras (22) y va empatado en cuadrangulares (8) con el novato Trevor Story, de los Rockies de Colorado. Nolan Arenado, también de los Rockies, los secunda con seis vuelacercas y 16 remolques.

El jardinero de los Nacionales es dueño también del promedio de slugging más alto (.849), delante de Machado (.780) y Story (.758).

Y el venezolano Jose Altuve, de los Astros de Houston, es el máximo robador de bases (7).

Entre las estrellas que dominan los titulares beisboleros en la actualidad, la lista de jovencitos es larguísima, más allá de los ya mencionados.

¿Dónde dejamos a Kris Bryant y Addison Russell, de los Cachorros de Chicago? ¿O los boricuas Carlos Correa y Francisco Lindor, de Houston y Indios de Cleveland, respectivamente?

Aunque hemos estado oyendo de él desde el 2013, es ahora que el cubano Yasiel Puig acaba de llegar a los 25 años.

Igual pasa con el venezolano Salvador Perez, uno de los mejores catchers de todo el béisbol, que a sus 25 años ya acumula tres Guantes de Oro con los Kansas City Royals.

La cosa es ver cuántos de ellos son capaces de mantenerse en la élite más allá de sus años picos, para convertirse en los Big Papis, Ichiros o Beltrés del futuro.

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Muchas veces los héroes nacen de la casualidad. Si el dominicano José Reyes no estuviera envuelto en problemas legales que lo han mantenido fuera de los diamantes, quizás nunca hubiéramos disfrutado de la historia más excitante de esta primera semana de la temporada.

Trevor Story es el primer jugador en más de 100 años de béisbol en disparar seis jonrones en sus cuatro primeros partidos de Grandes Ligas.

Aún es prematuro, pero la historia de Story recuerda aquella del novato Lou Gehrig, prospecto de los Yankees de Nueva York que un día sustituyó a Wally Pipp, titular de la primera base y se quedó por los siguientes 2,130 juegos.

Trevor Story
AP Photo/David ZalubowskiTrevor Story pasa por la primera base y festeja con el coach Eric Young tras dar cuadrangular ante los Padres.
Lo curioso es que este muchacho texano de 23 años no era siquiera considerado el principal prospecto de los Rockies de Colorado.

Diferentes listados, desde Baseball America hasta Fangraphs.com, pasando por la propia estructura de ligas menores de los Rockies, lo situaban entre los lugares siete y 11 entre las promesas de la organización.

Los reportes lo señalaban como un bateador de poder ocasional que podría llegar a ser un pelotero ''decente''. Nada más.

Pero se ganó su espacio en los entrenamientos primaverales, en los que conectó seis jonrones y remolcó 13 carreras en 20 partidos. Con 18 hits en 53 turnos, su average fue de .340 y su promedio de embasamiento (OBP) de .407.

Fangraphs.com, considerada la biblia de la sabermetría, le proyectaba, a lo sumo, 18 bambinazos, asumiendo que abriría como titular en ausencia de Reyes.

Pero los números no miden el hambre de un jovenzuelo ansioso por aprovechar las oportunidades que les pone delante la vida, a sabiendas de que no todos los días se presentan esos chances.

Story parece haber llegado para quedarse y ahora mismo, tras sus seis vuelacercas en los primeros cuatro juegos de su carrera, la proyección matemática es nada menos que de ¡243 jonrones en la temporada!

Eso triplicaría el récord de Barry Bonds (73 en el 2001) y todavía le sobrarían 33 bambinazos más.

Obviamente, es imposible mantener ese paso y eventualmente, posiblemente tan pronto como en el siguiente juego, verá cortada su impresionante racha.

Pero teniendo en cuenta las condiciones del Coors Field de Colorado, donde jugará la mitad de sus partidos, perfectamente podría superar la treintena de cuadrangulares al concluir la campaña.

Semejante irrupción en las Mayores debe tener ahora mismo a los ejecutivos del equipo rompiéndose la cabeza y tratando de encontrar un destino para su campocorto titular, cuya suerte aún está en manos del comisionado Rob Manfred.

Al menos, ya el quisqueyano libró de la responsabilidad penal, cuando su caso por violencia doméstica se desestimó por los tribunales de Hawaii.

Pero se espera una suspensión por parte de Manfred, como ocurrió con el cubano Aroldis Chapman, cerrador de los Yankees.

El problema para Dick Monfort, dueño de los Rockies, es dónde encontrar a quien decida asumir todos y parte de los 44 millones que se le adeudan a Reyes de su contrato hasta el 2017, apostando a que el equipo no ejercerá opción sobre el jugador en el 2018 y le pagará otros cuatro millones para dejarlo en libertad.

Ya Monfort, deslumbrado como el resto del mundo del béisbol por el explosivo debut de Story, parece estar ''armándole la cama'' al dominicano, con declaraciones como que ''si hizo algo malo, que pague'' y ''habría que ver las reacciones de los fanáticos'' ante alguien involucrado en un incidente de violencia doméstica.

Pero esa es la parte oscura de esta historia.

Los reflectores están sobre Story, quien ha puesto en ridículo cualquier proyección sobre su carrera, incluso las más optimismas.

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Le tomó apenas tres juegos a la nueva regla de deslizamientos en segunda base para que fuera aplicada y provocara uno de los finales de partido más extraños de la historia.

La llamada 'regla Chase Utley' fue decretada en el tercer encuentro de la temporada entre los Azulejos de Toronto y los Rays de Tampa Bay en el Tropicana Field y justo para el out 27.

Los Rays ganaban 3-2 en el noveno, cuando los Azulejos llenaron las bases con un solo out y en turno venía el cuarto bate Edwin Encarnación.

El dominicano bateó una rola por tercera y el antesalista Evan Longoria buscó la doble matanza por la vía 5-4-1. José Bautista, quien corría de primera a segunda, se deslizó en la intermedia, aunque el tiro llegó con tiempo para ponerlo fuera.

Pero en el deslizamiento buscó con su mano izquierda la pierna derecha del camarero Logan Forsythe, lo cual le hizo tirar mal a primera.

La pelota se escapó y entraron dos corredores que pusieron la pizarra 4-3 favorable a los visitantes.

Pero el manager de Tampa Bay, Kevin Cash, reclamó la jugada y tras revisar el video, los árbitros decretaron out a Encarnación por interferencia de Bautista, a tenor de la regla 6.01, emitida tras la brutal entrada a segunda de Chase Utley sobre el campocorto panameño Ruben Tejada en los playoffs del 2015.

La interferencia fue clara, clarísima, intencional o no, podría haber sido decretada incluso si no existiera la regla Utley, que busca proteger a los defensores de la intermedia de entradas grotescas para romper dobles matanzas.

Pero el director de Toronto, John Gibbons, no lo vio así.

"Es una vergüenza. Entiendo la intención de la regla, pero eso es cuando un corredor busca intencionalmente a un fildeador para dañarlo. Esto es béisbol y no sé qué es lo que realmente quieren".

Ahora bien. ¿Qué hubiera pasado si en vez de Bautista agarrar por el tobillo a Forsythe con la mano, lo derribaba con el impacto del deslizamiento dentro del rango de tres pies de ancho alrededor de la almohadilla?

Utley se salió de su camino unos cuantos pies en busca de las piernas de Tejada, pero ¿cuál sería la decisión arbitral si el choque entre corredor y defensor se produce justo sobre la base y eso le impide el tiro a primera para completar una doble matanza?

Ahí no habría interferencia, por mucho que le haya dolido el golpe al jugador a la defensa.

Esto apenas comienza y ya veremos unas cuantas decisiones polémicas en torno a la intermedia, de la misma manera que ocurrió en su momento con la regla 7.13 y los bloqueos del plato por los receptores, que entró en vigor de manera experimental en el 2014.

Por cierto, ¿alguien se enteró cuando esa regla dejó de ser experimental y pasó a definitiva? ¿O es que siguen experimentando?

Mientras tanto, Bryce Harper sigue abogando en su campaña de hacer divertido el béisbol nuevamente.

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MIAMI -- El derecho Jose Fernandez le envió un claro mensaje al nuevo manager de los Marlins de Miami, Don Mattingly.

En cuatro entradas propinó siete ponches y aceptó apenas dos hits en cuatro episodios a los encumbrados Yankees de Nueva York en choque de exhibición en el Marlins Park y puso en tela de juicio la decisión de Mattingly de no designarlo abridor en el Juego Inaugural de la temporada 2016.

José Fernández
AP Photo/Rob FoldyEl cubano José Fernández, que jamás ha perdido un juego en su carrera en el Marlins Park, lució ante Yankees.
Fernández, que un día después de anunciarse al taiwanés Wei-Yin Chen como sorpresivo abridor del primer día de la campaña había lanzado cinco innings sin hits, volvió a demostrar que era él, por muchas razones el indicado para iniciar la temporada.

Las razones que se han barajado para semejante decisión son muchas, pero que a la larga demuestran cuán fracturada podría estar la relación entre el jugador y la gerencia de la franquicia.

Cuando el cubano lanza en el Marlins Park, donde jamás ha perdido un juego en su carrera, la asistencia sube considerablemente.

Hay quien alega como razón para dejarlo para el segundo partido el hecho de que la noche inaugural siempre atrae público, ávido de béisbol después de tantos meses de inactividad, sin importar quien se sube a la lomita.

Fernández detrás de Chen garantizaría dos juegos seguidos de asistencia copiosa, aunque eso es bastante especulativo y está por verse.

Lo cierto es que el cubano solamente tuvo un desliz, al soportar un jonrón de Brett Gardner, uno de los dos únicos hits que permitió.

Abanicó a siete bateadores y tuvo un control impecable sobre sus envíos que marcaron hasta 98 millas por hora, sin regalar pasaportes.

Gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, Fernández es la cara de la franquicia, con todo y que Giancarlo Stanton es dueño del mayor contrato en la historia del deporte y posee un poder descomunal, quizás único, a la hora de pegarle a la pelota.

Pero el carisma, el liderazgo y la conexión con la comunidad miamense que tiene el lanzador no la consigue Stanton por mucho que se esfuerce.

''Ese juego (inaugural) lo quiere abrir hasta A.J. Ramos'', dijo en su momento Fernández, refiriéndose al cerrador del equipo, para resaltar la importancia simbólica de primer juego de temporada.

En definitiva, el juego de exhibición, primero de dos antes de arrancar las acciones oficiales el próximo martes 5, fue victoria para los Yankees, 3-2.

Con pizarra 2-1 favorable a los anfitriones en el principio del noveno, Lane Adams le botó la pelota con un hombre en base al cerrador de los peces para poner números definitivos en la pizarra.

Entretanto, sólo queda esperar a ver qué pasa el día inaugural y si la decisión de Mattingly valió realmente la pena.

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Bryce Harper
Mitchell Layton/Getty ImagesBryce Harper ha sido el principal promotor de romper la regla de no celebrar los vuelacercas.
El béisbol es un juego de diez reglas esenciales y un entramado de más de 200 subdivisiones, acápites y enmiendas que lo convierten en un deporte de difícil comprensión para muchas personas. A eso súmenle una serie de veintitantas "reglas no escritas", que dictan el comportamiento que deben tener sobre el terreno y para sus rivales los jugadores, de respeto al juego y cuya violación lleva implícita una represalia en forma de pelotazo a las costillas.

Nunca busque romper un juego sin hits con un toque de bola; jamás intente robar una base con gran ventaja en la pizarra y no pase sobre el montículo camino hacia el dugout, después de haber sido puesto out.

Estas son apenas algunas de muchas otras normas éticas que pueden llegar a desatar la tercera Guerra Mundial si no se cumplen al pie de la letra.

Algunas de ellas son lógicas; otras, discutibles. Y en mi manera de ver las cosas, al menos una de ella, inaceptable.

¿Por qué un bateador no puede celebrar cuando dispara un cuadrangular?

El jonrón es la expresión suprema del béisbol, el clímax del juego, el acto de gloria extrema, como lo es el gol en el fútbol, el touchdown en el fútbol americano o una canasta de tres puntos en el último segundo de un partido de baloncesto.

En casi todos los deportes, el acto de anotar, de llevar puntos a la pizarra, llámese como se llame, es motivo de una celebración merecida, en ocasiones repleta de aspavientos y gesticulaciones exageradas.

Los futbolistas cuando marcan un gol casi que hacen un striptease, camiseta afuera, mientras que un touchdown se traduce en saltos y bailes que rayan con la ridiculez.

Una clavada en el aro, frente a la cara de un contrario, viene acompañada de expresiones de fuerza, donde los autores muestran sus músculos en señal de poder.

E incluso en el béisbol, cuando un lanzador poncha, digamos, al poderoso cuarto bate del conjunto rival, en situación de bases llenas, los gestos y gritos no se hacen esperar.

Entonces, ¿qué hace distintos a los bateadores, que los ata a ciertos códigos que les prohíbe celebrar sus éxitos?

En las últimas semanas Bryce Harper, Jugador Más Valioso de la Liga Nacional en el 2015, ha sido objeto de severas críticas por defender el derecho a la celebración de los bateadores cuando conectan un jonrón.

Harper, los dominicanos Carlos Gomez, José Bautista y David Ortiz o el cubano Yasiel Puig son una suerte de especie en extinción, cuyos festejos por sus batazos de cuatro esquinas son mal vistos por quienes se han erigido en defensores de la moral de los pitchers.

Incluso lanzadores que tienen el raro don de batear han sido víctimas de estos moralistas.

En su último turno al bate del 2013, en que ganó el premio de Novato del Año del viejo circuito, el cubano José Fernández, de los Marlins de Miami , sacó la pelota de jonrón, primero que conectaba en su carrera.

Por dos segundos se quedó en el plato admirando su obra antes de echar a andar las bases y al llegar al home, el entonces cátcher de los Bravos de Atlanta, Brian McCann, le echó en cara ese tiempo que demoró viendo el recorrido de la pelota.

Lo peor fue que el propio manager de los Marlins en aquel momento, Mike Redmond, tiró a su joven estrella a los leones, obligándolo a disculparse públicamente en una rueda de prensa.

No se trata de ir ahora al otro extremo y que los bateadores hagan señas ofensivas a los serpentineros tras batearle un bambinazo.

No hablamos de pasar el dedo por la garganta como un cuchillo, gesto que todos entienden como una amenaza de muerte.

Pero celebrar un jonrón no debería molestar a nadie, ni debería ser objeto de un acto de represalia en el próximo turno. Mucho menos tendría el siguiente bateador que pagar los platos rotos con un bolazo en las costillas.

¿Quiere venganza? Ponche en la próxima oportunidad al mismo que ahora le botó la pelota. Esa sería la verdadera revancha.

Que vivan las celebraciones de los jonrones. A fin de cuentas, no hay nada más difícil en el mundo del deporte que reaccionar en fracciones de segundo para pegarle a una pelota que viene a 95 millas por hora.

Eso hay que festejarlo. Es un derecho de quienes lo consiguen.

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El vetusto estadio Latinoamericano, próximo a cumplir 70 años en el mes de octubre, fue escenario de un acontecimiento histórico y extraordinario.

En presencia del presidente estadounidense, Barack Obama, y del gobernante cubano Raúl Castro, los Rays de Tampa Bay se fueron a La Habana a celebrar un partido de exhibición frente a la selección cubana.

Lo de menos fue el resultado del partido, que ganaron los visitantes 4-1.

Lo trascendental de la jornada fueron las lecciones que dejó, de cara a un futuro que se ve inmediato e inevitable.

Cuando el camagüeyano Dayron Varona se paró a batear en el plato como primer hombre en la tanda de los Rays, se convirtió en el primer pelotero desertor en volver a jugar en la isla.

Dayron Varona
Joe Raedle/Getty ImagesDayron Varona se convirtió en el primer pelotero desertor en volver a jugar en la isla en un uniforme de Grandes Ligas.
Hizo bien el alto mando de Tampa Bay en incluirlo en su embajada, a pesar de ser el único de los asistentes que no pertenece al roster de 40.

Su participación sentó un precedente de algo a lo que las intransigentes autoridades cubanas deberán empezar a acostumbrarse, por muy amargo que les resulte el trago.

Ver a Luis Tiant lanzando la primera pelota, junto a Pedro Luis Lazo, fue algo extraordinario también, porque desmontó el muro que el gobierno cubano estableció en torno a sus peloteros profesionales, de quienes estuvo prohibida cualquier mención en casi seis décadas.

Seamos honestos. Varios artículos en la prensa cubana han tratado de reescribir la historia y presentar a la isla como víctima, achacándole a la política de Estados Unidos la culpa de la desaparición de una relación beisbolera fluida y natural entre ambos países.

Obama
AP Photo/Pablo Martinez MonsivaisEn un hecho sin precedentes, los presidentes de EEUU y Cuba, Barack Obama y Raúl Castro, se sentaron juntos a disfrutar del partido en el Estadio Latinoamericano.
Para nada mencionan que fue Fidel Castro quien eliminó el profesionalismo en el deporte y desterró a los jugadores rentados de la memoria nacional, para poder alinearse al estilo sociopolítico de la Unión Soviética en el contexto histórico de la Guerra Fría.

Beisboleramente hablando, el juego reveló el bajo nivel actual de la selección cubana, incapaz de descifrar los envíos de Matt Moore.

No estamos hablando de Clayton Kershaw, Dallas Keuchel o Madison Bumgarner, quienes conforman la élite del pitcheo zurdo de Grandes Ligas.

Derek Jeter and U.S. President Barack Obama
Olivier Douliery/Sipa USAObama se detuvo a saludar al ex capitán de los Yankees, Derek Jeter, quien viajó a Cuba como parte de la delegación de MLB.
Moore es un pitcher por encima del promedio, que intenta regresar a su mejor forma tras pasar por el quirófano y a quien el equipo Cuba que enfrentó en 1999 a los Orioles de Baltimore posiblemente hubiera masacrado.

Si las autoridades de La Habana no acaban de entender que los peloteros cubanos que están en las Grandes Ligas son tan cubanos como los que juegan en la isla, podemos desde ya pronosticar un fracaso estrepitoso en el IV Clásico Mundial del 2017, que podría incluso obligar a la otrora selección nacional a tener que buscar su boleto para la quinta edición de este certamen en un torneo clasificatorio como los que han celebrado este año en Australia, México y Panamá.

El convocar a Kendrys Morales, a Yasiel Puig, a José Abreu y compañía NO depende de un acuerdo previo con MLB, ni del maltrecho y casi inexistente ya embargo comercial, sempiterna excusa para justificar cualquier cosa que pase en Cuba.

Depende de que alguien allá acepte de una buena vez y por todas que el béisbol es parte de la cultura y la identidad nacional y no una bandera política, ni propiedad de una persona o un grupo específicos.
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