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A-Rod pegó 3 bambinazos frente a Mellizos
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Alex Rodríguez cumple 40 años con mucho que celebrar, más allá de haber llegado a una edad redonda, que marca un antes y un después en la vida de la mayoría de las personas.

En primer lugar, A-Rod está en medio de una temporada que ha superado todas las expectativas.

Tras perderse todo el 2014 por una sanción, ni los más optimistas creyeron que A-Rod tendría un retorno como este y si acaso le auguraban .250 de average, 15 jonrones y 60 carreras impulsadas.

Sus números de .277 de average, 23 bambinazos y 58 remolques lo ponen a las puertas del premio Retorno del Año de la Liga Americana, con una proyección cercana a los 40 jonrones y las 100 empujadas.

Dos días antes de su cumpleaños, fue capaz de disparar tres vuelacercas, como en sus mejores tiempos, cuando era considerado uno de los peloteros más sobresalientes del mundo.

De hecho, sus números son únicos entre los latinos que han pasado por las Grandes Ligas y con dos años que aún le quedan de contrato, tiene tiempo suficiente para los 23 cuadrangulares que necesita para incluirse en el exclusivo club de los 700.

O los 38 que le faltan para superar a Babe Ruth y quedar en el tercer lugar de los jonroneros de todos los tiempos.

A sus 40 años, es el noveno pelotero más viejo en las Mayores y el tercero entre los jugadores de posición, sólo superado por el legendario japonés Ichiro Suzuki, a punto de cumplir 42, y por Torii Hunter, nueve días más viejo que Alex.

En segundo lugar, tiene que celebrar el haberse mantenido saludable, tras someterse a operaciones de la cadera.

Es cierto que ahora se desempeña como bateador designado de los Yankees de Nueva York, una posición con menos exigencias que la antesala.

Pero quienes conocen a Rodríguez saben que es uno de los peloteros más dedicados, que con más pasión se entrega a los entrenamientos y ahí, el cuerpo le ha respondido.

Y en tercer lugar, porque después de demandar a medio mundo, de dar patadas de ahogado tratando de evitar un castigo inevitable, ha logrado fumar la pipa de la paz con la franquicia y recibido el perdón de la exigente fanaticada neoyorquina.

Sin embargo, son hitos que el mundo del béisbol celebrará con cierto recelo, a media máquina.

Y es que la carrera de Rodríguez llevará por siempre el estigma de los esteroides.

El jugador de origen dominicano es uno de los peloteros más talentosos que haya existido, que posiblemente habría tenido una carrera digna del Salón de la Fama de Cooperstown sin necesidad de acudir a ayuda adicional.

Pero no nos engañemos. Sin el uso de esteroides no hubiera llegado hasta este punto.

La coordinación ojos-brazos para pegarle a la pelota es algo que le dio la vida y que nada tiene que ver con las sustancias prohibidas.

Pero esas mismas sustancias le amplían a quien las consume la capacidad de trabajo en el gimnasio y la más pronta recuperación de fatigas musculares, lo cual se traduce en más fuerza.

Sin los esteroides, posiblemente Alex Rodríguez ya habría emprendido el camino del retiro y sus cifras ofensivas serían un 25 por ciento menores que las actuales.

¿Cuándo se torció un camino que lucía brillante como pocos? Eso probablemente nunca lo sabremos. Él dice que fue en su estancia en Texas, cuando los Rangers le dieron aquel contrato de 252 millones de dólares que lo convirtieron en el deportista mejor pagado del mundo.

Pero quizás sus lazos con los esteroides vengan desde su etapa amateur, cuando jugaba para la Universidad de Miami. Entonces, toda su carrera profesional habría estado plagada de trampas y mentiras.

¿Quién sabe? A fin de cuentas, estamos hablando de un tipo tan lleno de contradicciones, que su credibilidad casi nula da espacio para cualquier cantidad de especulaciones.

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Los Orioles de Baltimore están metidos de lleno en la lucha por clasificar a la postemporada y el mexicano Miguel González es una pieza clave en las aspiraciones del conjunto.

González tuvo una actuación sobresaliente en los últimos siete días, en los que consiguió las dos únicas victorias de los Orioles entre el domingo 19 y el sábado 25 de julio.

El derecho de Guadalajara trabajó en total 12.2 episodios, en los que permitió 11 hits y tres carreras limpia, para un promedio de efectividad de 2.13.

González propinó nueve ponches, con apenas dos pasaportes, para ser el Latino de la Semana en la Liga Americana.

Destacado también resultó el jardinero dominicano Melky Cabrera, de los Medias Blancas de Chicago.

Cabrera se fue de 24-10, para average de .417, con cinco anotadas y nueve carreras impulsadas.

Entre sus hits, el quisqueyano despachó par de cuadrangulares y cuatro dobletes, para promedio de slugging de .833.

Muy bien anduvo también el cubanoamericano Nick Castellanos, de los Tigres de Detroit.

Castellanos disparó siete hits en 21 turnos, para average de .333, con cinco anotadas y ocho remolcadas.

Como extrabases, el antesalista de los Tigres ligó un biangular y tres vuelacercas, para slugging de .810.

Su compañero de equipo, el cubano José Iglesias, sigue sorprendiendo por su habilidad para batear hits.

"Candelita" disparó 11 cohetes en 24 oportunidades, para average de .458, con seis anotadas y una empujada.

Miguel GonzálezAP Photo/Matt MartonMiguel González consiguió las únicas dos victorias de los Orioles en la última semana
Seis de sus imparables fueron de dos bases y su promedio de slugging fue de .708.

El average de Iglesias subió hasta .323 y se mantiene en cuarto lugar de los bateadores de la Liga Americana.

Muy buena semana tuvo también el venezolano José Altuve, de los Astros de Houston.

El pequeño gigante de Houston se fue de 25-11 (.440), con siete carreras anotadas y tres remolques.

Como extrabases, Altuve pegó par de dobles y un vuelacercas, para promedio de slugging de .640.

Y muy difícil de ponerlo out result el cubanoamericano Eric Hosmer, de los Reales de Kansas City.

Hosmer conectó 13 hits en 24 oportunidades, para average de .542, con cuatro anotadas y tres impulsadas.

Sus hits fueron de todas las dimensiones posibles, con ocho sencillos, un doble, par de triples y un bambinazo, buenos para un promedio de slugging de .875.

Frío, frío

El venezolano Pablo Sandoval sigue siendo una decepción para los Medias Rojas de Boston.

El Kung Fu Panda estuvo frío, frío en los últimos siete días, al disparar apenas un par de hits en 22 turnos, para average de .091 y seis abanicados.

Pobre también anduvo el mexicano Yovani Gallardo, de los Vigilantes de Texas, castigado en dos aperturas en la semana.

En total, Gallardo sólo pudo mantenerse por ocho episodios combinados en la lomita, en los que aceptó 15 hits y diez carreras limpias, con seis bases por bolas y efectividad de 11.25.

Para esta selección se tomaron las estadísticas entre el domingo 19 y el sábado 25 de julio.

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Por segunda ocasión en la temporada, el zurdo dominicano Rubby De La Rosa, de los Diamondbacks de Arizona, es el Latino de la Semana de la Liga Nacional.

En la semana del domingo 19 y el sábado 25 de julio, De La Rosa tuvo dos aperturas en el Chase Field de Phoenix, en las que trabajó 15 episodios de manera combinada, con apenas nueve hits y una limpia.

El zurdo quisqueyano propinó siete ponches y salió con la victoria en ambas aperturas. La primera de ellas fue ante los Marlins de Miami, a los que dejó en una limpia y cinco imparables en siete capítulos.

Mejor aún le fue ante los Cerveceros de Milwaukee, con ocho innings en blanco, cuatro hits y seis abanicados.

Otro zurdo de gran semana fue el cubano Gio González, de los Nacionales de Washington.

En dos salidas, González trabajó 11 episodios, en los que toleró 11 hits y tres carreras limpias.

Propinó nueve ponches y su efectividad fue de 2.45. En ambas aperturas salió con la victoria a su cuenta personal.

Uno que tuvo buenos números, en medio de rumores de cambio, fue el venezolano Carlos González, de los Rockies de Colorado.

CarGo disparó siete cohetes en 17 turnos, para average de .412, con cinco anotadas e igual cantidad de impulsadas.

Como extrabases, el venezolano despachó tres cuadrangulares y su promedio de slugging fue de .941

Sobresaliente también estuvo el quisqueyano Starling Marte, de los Piratas de Pittsburgh, con 12 hits en 29 oportunidades, para average de .414, cuatro anotadas y par de remolques.

Rubby De La RosaAP Photo/Ross D. FranklinRubby De La Rosa tuvo par de salidas en la semana y sólo aceptó una carrera
Marte sumó un doblete y un triple como extrabases y su slugging fue de .517.

Su compatriota y compañero de equipo Pedro Álvarez también le dio duro a la pelota en los últimos siete días, con cinco imparables en 16 veces (.313), con cuatro anotadas y seis empujadas.

Alvarez botó dos pelotas sobre las cercas y su promedio de slugging fue de .688.

También de los Piratas, el venezolano Francisco Cervelli sigue demostrando que estaba hecho para ser un jugador de todos los días.

Cervelli se fue 19-7 (.368), con tres anotadas y dos remolcadas, un doblete y un cuadrangular como extrabases y promedio de slugging de .579.

También destacó el cátcher puertorriqueño Yadier Molina, de los Cardenales de San Luis.

Molina disparó 11 hits en 27 turnos, para average de .407, con una anotada y cinco impulsadas.

Como único exrabases, Yadier ligó un triple y su promedio de slugging fue de .481.

Frío, frío

El campocorto de los Cachorros de Chicago, el dominicano Starlin Castro, tuvo una semana para el olvido.

El 27 veces al bate apenas consiguió tres hits, para un anémico average de .111, con seis ponches recibidos.

Para esta selección se tomaron las estadísticas entre el domingo 19 y el sábado 25 de julio.

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El cubano Yoenis Céspedes tenía esperanzas de echar raíces en Detroit, a donde llegó en canje entre los Tigres y los Medias Rojas de Boston.

Pero una cosa es lo que uno quiere y otra lo que da la vida y al parecer, Céspedes ni siquiera completará una temporada en la Ciudad Motor.

El problema es que el cubano se convertirá en agente libre al final de la campaña y los estimados de su valor en el mercado superan los 100 millones de dólares.

Céspedes estaba dispuesto a firmar una extensión contractual con los Tigres, pero la oferta de la gerencia nunca llegó y ahora el jardinero ha sido puesto en el mercado, cuando se acerca el 31 de julio, fecha tope para canjes.

Detroit parece haber tirado la toalla, convencido de que no irá a ningún lado en el 2015 y el antillano es una buena pieza para obtener pitcheo joven a cambio.

Reales de Kansas City

Un equipo que recibiría con los brazos abiertos a Céspedes sería el de los Kansas City Royals, sobre todo después de la lesión de su jardinero izquierdo Alex Gordon.

Los Reales están en camino a la postemporada y el cubano aportaría muchísimo, tanto ofensiva, como defensivamente, junto a su compatriota Kendrys Morales, Eric Hosmer, Lorenzo Cain y Mike Moustakas.

Quizás Kansas City tendría que desprenderse de uno o dos de sus principales prospectos de pitcheo, como el zurdo Brandon Finnegan o el derecho Kyle Zimmer, para obtener a Céspedes.

Normalmente no es muy inteligente que un equipo ceda a un pelotero para reforzar a otro de la misma división, pero en este caso, los Tigres apostarían a que los Reales, financieramente pobres, no ofrezcan esa extensión multimillonaria a largo plazo al cubano.

Eso mismo estará pensando la gerencia de Kansas City: no es fácil desprenderse de valiosas piezas de futuro para rentar a un pelotero por tres meses.

Pero el mercado es veleidoso y no está exento de sorpresas, sobre todo si ese alquiler puede ser el empujón extra para ganar la Serie Mundial.

Los Angeles Angels

Arte Moreno ha gastado mucho dinero en los últimos años sin acercarse siquiera a los resultados esperados.

Pero en el 2015 parece estar cerca de lograr ver a los Angelinos en los playoffs, con el renacer de Albert Pujols y el crecimiento ilimitado de Mike Trout.

Yoenis Céspedes sería de una ayuda inestimable para el dúo Trout-Pujols y completaría un trío demoledor.

El problema es que el sistema de granja de los Angelinos no tiene tanta profundidad en el pitcheo y en el canje quizás tendrían que incluir al zurdo Andrew Heaney, ya afianzado en la rotación del equipo de Grandes Ligas.

Heaney fue considerado el prospecto número uno de los Miami Marlins, pero el equipo no le tuvo paciencia y lo envió a Anaheim, donde lleva 4-0 y efectividad de 1.57 en cinco aperturas.

New York Mets

Yoenis Céspedes nunca ha jugado en la Liga Nacional y el Citi Field de Nueva York podría ser el escenario ideal para esa primera vez.

Pitcheo joven y de calidad es lo que le sobra a los Mets, enfrascados en férrea lucha por la división Este con los superfavoritos Washington Nationals.

Y si algo le falta a la otra novena de Nueva York es ofensiva para ese salto hacia la postemporada.

La cosa es ver si los números de Céspedes seguirán siendo los mismos en Nueva York, donde la alineación parece un desierto, que en Detroit, donde existe protección mutua entre él y los demás toleteros, desde Miguel Cabrera hasta los Martínez, J.D. y Víctor.

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Si el jonrón con el que Alex Rodríguez llegó a 3,000 hits en su carrera lo hubiera pegado el día inaugural de la temporada, la pelota estuviera todavía en poder de Zach Hample, el fanático que la atrapó en las gradas del jardín derecho del Yankee Stadium.

En aquel momento, A-Rod era una piedra en el zapato de los Yankees de Nueva York, con una relación entre el jugador y el equipo completamente fracturada.

Hal Steinbrenner and Alex Rodriguez
Getty ImagesEl dueño de los Yankees Hal Steinbrenner ordenó que se consiguiera la pelota del hit 3000 de Alex Rodriguez.
Los Yankees no hubieran movido entonces un dedo para complacer el deseo de Alex de conservar una pelota que para bien o para mal, es histórica.

Rodríguez venía de cumplir un castigo de una campaña por su participación en el escándalo de la clínica Biogénesis y demandado a los Yankees, al Sindicato de Peloteros y hasta a su propia sombra en un intento desesperado por salvarse de la suspensión.

Para añadir más fuego a la polémica, la directiva de los Yankees anunció que buscaría a manera de evitar pagarle los $6 millones de bono a Alex cuando este superara los 660 cuadrangulares de Willie Mays.

Pero comenzó la campaña y Rodríguez sorprendió a propios y extraños con una actuación que lo tiene a punto de colarse en su decimoquinto Juego de las Estrellas.

El pelotero ha mostrado una ética de trabajo incuestionable, que se ha traducido en números extraordinarios, no ya para un hombre próximo a cumplir 40 años, sino para cualquier jugador.

Hasta este viernes, A-Rod bateaba para .280, con 15 jonrones y 45 carreras remolcadas, con una proyección que lo dejaría al final de la temporada con más de 30 vuelacercas y un centenar de empujadas.

A ello se une una actitud diferente, humilde, de quien siempre se comportó como diva, difícil en el trato con los medios.

El aporte del jugador ha sido fundamental para el no menos sorprendente papel registrado hasta ahora por el conjunto neoyorquino, por el que los analistas no apostaban mucho en los análisis pretemporada.

El cambio rindió sus dividendos y el equipo comenzó a ver nuevamente un filón comercial, mercadeable, en la nueva imagen de Rodríguez, a pesar de todo su historial que lo vincula con el uso de las sustancias prohibidas.

Ya es oficial que las partes han fumado la pipa de la paz. El propio Hal Steinbrenner ordenó negociar a como diera lugar con Hample para obtener la pelota del hit 3,000 y obsequiársela al pelotero.

Según el propio equipo, fueron tres semanas de intensas conversaciones, hasta que el fanático aceptó ceder el valioso souvenir, a cambio de 150 mil dólares que los Yankees aportarán a una entidad benéfica escogida por Hample.

El equipo entendió que Rodríguez merecía el apoyo en este momento y el jugador respondió de igual manera, al llegar a un acuerdo para destinar el polémico bono de seis millones a obras de caridad.

Las entidades sin fines de lucro que se beneficiarán son Special Operations Warrior Foundation, Boys & Girls Club de Tampa, Pitch In For Baseball y la Fundación MLB Urban Youth.

Bien por Alex y bien por los Yankees. Los dos se necesitan mutuamente, así que lo mejor es pasar la página y llevar la fiesta en paz.

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Martinez
AP Photo/Carlos Osorio
Si los Detroit Tigers no están hoy mejor ubicados en la tabla de posiciones de la división central de la Liga Americana, no ha sido por falta de bateo.

La ofensiva de los Tigres, con el venezolano Miguel Cabrera como líder indiscutible, ha hecho su trabajo, que los lanzadores del equipo no han sabido aprovechar.

Una de las más recientes adiciones al equipo fue el cubanoamericano J.D. Martínez, quien llegó a mitad de la campaña pasada, procedente de los Houston Astros.

Martínez ha sido una verdadera máquina de impulsar carreras para Detroit, como lo demostró entre el domingo 21 hasta el sábado 27 de junio, para ser el mejor latino de la Liga Americana.

En 21 turnos, el cubano bateó siete hits, para average de .333, con siete anotadas y 11 remolcadas.

De sus siete hits, seis se fueron más allá de los límites del terreno, para promedio de slugging de 1.190.

Con esos seis cuadrangulares en los últimos siete días, J.D. Martínez llegó a 19 en la temporada, para empatar en el segundo lugar del joven circuito con el dominicano Nelson Cruz (Seattle Mariners), Mike Trout (Los Ángeles Angels) y el venezolano Luis Valbuena (Houston Astros), sólo superados por el quisqueyano Albert Pujols.

Pero fue una semana inmensa no sólo para Martínez, sino para otros tres jugadores de Detroit: el venezolano Miguel Cabrera, su compatriota Víctor Martínez y el cubano Yoenis Céspedes.

Cabrera se fue de 20-10, para .500 de promedio, con lo que se ratificó como líder de los bateadores de la Liga Americana (.354).

El primera base de los Tigres anotó cuatro carreras e impulsó dos, con tres dobletes como extrabases y slugging de .650.

Su compatriota Víctor Martínez va recuperando poco a poco su forma habitual al bate y en los últimos siete días se fue de 27-10, para promedio de .370.

V-Mart anotó cinco carreras y empujó siete, con par de biangulares y un cuadrangular como extrabases, para slugging de .556.

Además, Céspedes sigue envuelto en una gran campaña, la última de su actual contrato antes de ingresar a la agencia libre. En la semana, el cubano conectó ocho imparables en 25 ocasiones, para un promedio de .320, con seis anotadas y siete remolques.

"La Potencia" tuvo hits de todas dimensiones, pues sumó cuatro sencillos, dos dobletes, un triple y un jonrón, para slugging de .600

Desde la lomita, el mexicano Yovani Gallardo, de los Texas Rangers, estuvo intransitable en dos aperturas. Trabajó en total 13.1 episodios en blanco, con ocho hits permitidos y siete abanicados. Ganó una de las salidas, mientras que en la otra se fue sin decisión.

Y el dominicano Jimmy Paredes, de los Baltimore Orioles, sigue inmerso en su mejor temporada. En la semana fue difícil de poner out, al irse de 19-10 (.526), con tres anotadas y cuatro impulsadas. Entre sus hits sumó dos dobletes y un bambinazo, para slugging de .789.

FRÍO, FRÍO

El dominicano Nelson Cruz ha ido bajando el desenfrenado ritmo ofensivo que estableció al comienzo de la campaña. Esta semana, Cruz se fue de 21-4 (.190), con cuatro abanicados.

Y el puertorriqueño Eddie Rosario, de los Minnesota Twins, también se enfrió en los últimos siete días, con apenas dos hits en 20 turnos (.100) y par de ponches.

Para esta selección se tomaron las estadísticas entre el domingo 21 hasta el sábado 27 de junio.

Etiquetas:

MLB, Beisbol, Detroit Tigers

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Con apenas 24 años de edad y en sólo su tercera temporada en Grandes Ligas, Nolan Arenado es ya el mejor antesalista de la Liga Nacional.

Defensor impecable de la tercera base, el cubanoboricua es además un sólido bateador que mejora cada día y de quien todavía no hemos visto lo mejor de él.

Entre el domingo 21 al sábado 27 de junio, Arenado fue simplemente demoledor con el madero y fue el mejor latino de la semana en el viejo circuito.

Arenado
Chris Humphreys/USA TODAY Sports

En los últimos siete días, el pelotero de los Colorado Rockies disparó nueve hits en 23 turnos, para average de .391, con nueve carreras anotadas y 12 impulsadas.

Como extrabases, Arenado se apuntó un doblete y seis cuadrangulares, para llegar a 22 en la campaña, cuarto entre todos los jonroneros de la Liga Nacional.

Su promedio de slugging fue de 1.217.

Otro antesalista con un futuro brillante que también tuvo una semana de ensueño fue el dominicano Maikel Franco, de los Philadelphia Phillies.

En 21 veces al bate, Franco pegó nueve cohetes, para average de .429, con seis anotadas y 11 remolcadas.

Entre sus hits, el quisqueyano sumó par de biangulares y tres vuelacercas, para slugging de .952.

Otros dominicanos con buena semana fueron Wilin Rosario y Pedro Alvarez. Rosario, de los Rockies, se fue de 16-9 en los últimos siete días, para promedio de .563, aunque no anotó carrera y remolcó una sola, con un doble como único extrabase y slugging de .625.

Por su parte, Álvarez, de los Pittsburgh Pirates, disparó siete imparables en 20 ocasiones, para average de .350, con tres anotadas y siete impulsadas, con par de dobletes y slugging de .450

Y el venezolano Gregor Blanco, de los campeones San Francisco Giants, ligó nueve hits en 19 oportunidades, para promedio de .474. Blanco pisó la goma tres veces y empujó seis carreras.

FRÍO, FRÍO

El dominicano Juan Lagares se enfrió al mismo ritmo de su equipo, los New York Mets, que perdió siete de sus últimos nueve partidos.

Lagares bateó un único hit en 17 turnos, para un anémico average de .059, con tres ponches.

Para esta selección se tomaron las estadísticas entre el domingo 21 hasta el sábado 27 de junio.

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Ryne Sandberg se cansó de perder y dio un paso al costado. El miembro del Salón de la Fama de Cooperstown renunció a seguir dirigiendo a unos Philadelphia Phillies que se hunden cada día más.

Sandberg, quien jugó con los Filis en 1981 los primeros 13 juegos de su carrera antes de ser canjeado a los Cachorros de Chicago y labrar un legado de lujo, justificó su decisión porque "odia perder". Así de simple.

Había llegado de manera interina a la dirección de Filadelfia en el 2013, cuando fue despedido Charlie Manuel. Al concluir la campaña, fue ratificado oficialmente en el puesto.

Sandberg fracasó en el intento de devolver al equipo a la senda victoriosa y se va con el quinto peor récord como manager de un inmortal de Cooperstown (119-159).

Su sustituto, al menos por ahora, será el coach de tercera base Peter Mackanin.

Entre el 2003 y el 2012, los Filis habían hilvanado una cadena de diez temporadas seguidas con récord positivo, con cinco visitas a la postemporada y dos a Series Mundiales, de las cuales ganaron una, en el 2008.

Pero el otrora estrella de los Cachorros heredó un equipo veterano, con más nombres que hombres, como Jimmy Rollins, Ryan Howard, Chase Utley, Carlos Ruiz o Cliff Lee, a quienes los años les pasó la cuenta.

Utley no es ni la sombra de aquel intermedista que fue seis Juegos de Estrellas, cinco de forma seguida entre el 2006 y el 2010.

Ryan Howard está lejos de aquel Novato del Año del 2005, capaz de impulsar más de 100 carreras seis veces en fila y liderar en dos campañas a los jonroneros de la Liga Nacional.

Lee ya no existe, como tampoco Roy Halladay; Rollins se fue a los Dodgers de Los Angeles para confirmar que está acabado y el panameño Ruiz ya casi no puede sacar corredores en intentos de robo de bases.

Encima de eso, Cole Hamels, la estrella del pitcheo, ha tenido que trabajar toda la campaña en medio de rumores de cambio, algo que también sucede con su cerrador Jonathan Papelbon.

Así es muy difícil dirigir, es cierto. Pero, abandonar el barco no parece ser la salida más inteligente.

Desde el punto de vista económico, al retirarse, libera al equipo de cualquier responsabilidad financiera, a diferencia de ser despedido, en que los Filis habrían tenido que pagarle hasta el último centavo de su contrato.

Sandberg odia perder -- ¿quién no? Pero perder es algo a lo que este caballero debía estar acostumbrado, tras pasar 15 de sus 16 temporadas en Grandes Ligas con los Cachorros, sempiternos perdedores.

Dirigir nunca será fácil, pues más allá de ordenar estrategias en el terreno, se trata de aunar caracteres disímiles en pos del común objetivo de la victoria.

Pero siempre es más fácil comandar un equipo sólido, con estrellas en cada posición y en los cinco puestos de la rotación abridora.

Sandberg no vio más allá del momento. No fue capaz de percatarse de que hombres como el dominicano Maikel Franco o el venezolano Odubel Herrera pueden marcar el comienzo de grandes cosas.

Un cambio de manager no va a resolver las cosas en Filadelfia, donde hace falta un nuevo gerente general.

Rubén Amaro heredó el buen trabajo de desarrollo de sus precedesores Ed Wade y Pat Gillick y no supo mantenerlo, al dejar que se envejeciera el equipo y se ahogara entre contratos que no se justificaron sobre el terreno.

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Hace dos años, nadie le hacía sombra a Robinson Canó como el mejor segunda base de todas las Grandes Ligas.

Hoy es un pelotero del montón, cuyo camino hacia el Salón de la Fama se ha descarrilado en las extensas praderas del Safeco Field de Seattle.

Robinson Cano
Denis Poroy/Getty ImagesCanó prefirió irse de los Yankees hacia la Costa Oeste, al único equipo de la Liga Americana que jamás ha estado en una Serie Mundial y que no llega a la postemporada desde el 2001.
Eso sí, el intermedista dominicano de los Marineros es un hombre enormemente rico, gracias a su contrato de 240 millones de dólares por diez temporadas, que ya la gerencia de Seattle debe estar arrepintiéndose de habérselo concedido.

En sus primeras nueve campañas con los New York Yankees, Canó era un bateador que promediaba .309 de average, 23 jonrones y 103 carreras impulsadas.

Dos Guantes de Oro y cinco Bates de Plata fueron algunos de los logros de Canó con el famoso uniforme de rayas, con el que se hizo un participante habitual en los Juegos de las Estrellas.

Hoy ni siquiera figura entre los cinco más votados de su posición y sus estadísticas de average, hits, anotadas, impulsadas, cuadrangulares y promedio de embasamiento lo ubican bien lejos de los mejores camareros de la Liga Americana.

Sólo en ponches recibidos (49) marcha entre los punteros del circuito, superado únicamente por Brian Dozier, de los Mellizos de Minnesota (60).

Los Yankees intentaron retenerlo después de la temporada del 2013, cuando decidió probar el mercado de la agencia libre y le ofrecieron unos 175 millones por siete campañas.

Pero Canó usó el mismo argumento ridículo que el pasado invierno esgrimió el venezolano Pablo Sandoval, cuando dejó a los Gigantes de San Francisco para firmar con los Medias Rojas de Boston.

Primero el dominicano y luego el venezolano dijeron que sus respectivos equipos les habían faltado el respeto con las ofertas que les hicieron para tratar de conservar sus servicios.

¿Una falta de respeto de 175 millones? ¿Una falta de respeto 25 millones por temporada?

Para después insultar la inteligencia de los mortales al decir que su decisión no se basó en el dinero. ¿Ah, no?

La oferta de los Yankees le daba más dinero por campaña que su contrato actual con los Marineros y le daba la oportunidad de convertirse en la cara de la franquicia emblemática del deporte estadounidense.

Siete años después, no lo duden, Nueva York le hubiese hecho una extensión contractual para que terminara su carrera en la Gran Manzana y se encaminara vestido de rayas hacia Cooperstown.

Pero prefirió irse al único equipo de la Liga Americana que jamás ha estado en una Serie Mundial y que no llega a la postemporada desde el 2001.

Optó por jugar la mitad de los partidos del año en un terreno inhóspito, donde batear jonrones es tan difícil como arar en el mar.

Sino, que le pregunte a su compatriota Nelson Cruz, segundo entre los jonroneros del joven circuito, con 19, de los cuales solamente cinco los ha conectado en el Safeco Field y 14 como visitante.

Y así, poco a poco, la imagen del segunda base más natural que muchos hayan visto sobre un terreno, se ha ido diluyendo de los grandes reflectores, escondido detrás de una montaña de 240 millones de dólares.

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Las escasas oportunidades de Pete Rose de entrar al Salón de la Fama de Cooperstown acaban de irse por el tragante.

Documentos conseguidos por el programa Outside The Lines (OTL) de la cadena ESPN dan fe de que el líder de hits de todos los tiempos apostó en partidos de béisbol no ya cuando dirigía a los Cincinnati Reds, sino desde la época en que todavía era jugador.

Varias voces se habían levantado en los últimos tiempos para pedir que se levantara el castigo que mantiene alejado de por vida a Rose de toda actividad relacionada con el béisbol.

Quienes abogaban por su perdón alegaban que 26 años ha sido suficiente tiempo de sanción y ya era hora de concederle el perdón.

Esa posibilidad tomó fuerza con el cambio de mando en la MLB, tras la salida de Bud Selig y la llegada de Rob Manfred como nuevo comisionado.

Pero la nueva revelación de OTL viene a esfumar esas esperanzas y a confirmar que "Charlie Hustle" es un mentiroso empedernido, que por años negó cualquier relación con las apuestas.

Un buen día en el 2004 aceptó haberlo hecho en su época de manager, aunque rechazó que hubiera apostado en contra del equipo que dirigía.

Ahora resulta que las apuestas vienen desde más atrás.

¿Por qué entonces creerle una sola palabra a alguien que le tomó 15 años reconocer un hecho? Rose era -- o es -- un jugador compulsivo, un ludópata. Las personas con esa adicción no tienen límites y son capaces de apostar a favor o en contra de lo que sea con tal de ganar.

Y él tenía el control sobre los juegos de Cincinnati. Perfectamente podía haber apostado en contra de su propio equipo y bastaba con retirar de la lomita a un pitcher que estuviera dominando al rival por considerar que había hecho demasiados lanzamientos, por poner un solo ejemplo.

Duele que alguien que se entregó como pelotero de la manera que lo hizo, que convirtió en un arte el acto de batear un hit, haya manchado así el deporte que le dio de comer.

Su caso, por otro lado, alimenta un debate sobre qué es peor, si involucrarse en apuestas ilegales o apelar al uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento atlético.

Al menos en una época, el consumo de esteroides no estaba prohibido, aunque a sus usuarios se les pueda acusar quizás de poca ética de trabajo.

Lo de Rose fue peor, porque, en primer lugar, ya existía el antecedente del escándalo de los Medias Negras de 1919.

Antes de perdonarlo, quizás merecen ser exonerados antes los ocho jugadores de los Chicago White Sox que vendieron la Serie Mundial de 1919.

Quienes han tratado de presentar una imagen más cándida de Joe "Shoeless" Jackson, Chick Gandil, Eddie Cicotte, Eddie Collins, Lefty Williams, Fred McMullin, Oscar "Happy" Flesch y Charles Risberg señalan que los ocho buscaban una compensación económica y una especie de venganza contra el dueño Charles Comiskey, quien explotaba su talento a cambio de salarios miserables.

Y aun así, nadie pide que Jackson, uno de los más exquisitos jugadores que ha pasado por las Grandes Ligas, sea perdonado post-mortem y exaltado a Cooperstown.

En segundo lugar, sus apuestas no respondían a una necesidad económica, como la que supuestamente impulsó a los peloteros de Chicago a arreglar los partidos. Pete Rose no es Nelson Mandela. Perdonarlo sobre la base del sentimentalismo y la condescendencia sería una bofetada en el rostro para quienes han defendido dentro y fuera del terreno la integridad de este gran deporte.
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Alex Rodríguez finalmente llegó a los tres mil hits, una cifra que solamente otros 28 peloteros de los miles que han pasado por las Grandes Ligas a lo largo de su historia han conseguido.

Es apenas el cuarto latino con tres mil imparables, junto al panameño Rod Carew (3,053), el cubano Rafael Palmeiro (3,020) y el inmortal puertorriqueño Roberto Clemente (3,000 exactos).

Y el segundo en llegar con el uniforme de los Yankees de Nueva York, aunque a diferencia de Derek Jeter (3,465), que vistió las emblemáticas rayas toda su carrera, Alex ha compartido sus hazañas también con los Marineros de Seattle y los Vigilantes de Texas.

Una semana antes, el pelotero de origen dominicano había llegado a las dos mil carreras impulsadas, una cantidad más exclusiva aún que los tres mil hits.

De hecho, algunos historiadores ubican a Rodríguez y a Hank Aaron (2,297) como los únicos miembros de ese club. Otros incluyen a Babe Ruth (2,214) y a Cap Anson (2075).

Y necesita menos de 50 carreras anotadas para incluirse en el club de las dos mil, que tiene sólo siete miembros.

A eso súmenle sus más de 660 cuadrangulares, con los que se ubica cuarto en la lista de todos los tiempos.

Estamos hablando, en lo que a estadísticas se refiere, del mejor pelotero latino que haya pisado jamás un terreno de béisbol.

Pero...

Siempre hay un "pero" y en el caso del jugador de los Yankees, el "pero" es más que evidente.

Su carrera está manchada por el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo y si de exclusividad se trata, Rodríguez cuenta en su currículum con la suspensión más larga que haya recibido un pelotero por esa razón.

No se trata de una sombra de sospecha. Es una mancha oscura, que el propio Alex ha admitido, aun cuando posiblemente nunca haya dado positivo en un control antidopaje.

Que Rodríguez haya conseguido tantos hitos en esta temporada y que las autoridades del béisbol no lo celebren con bombos y platillos puede tener una doble lectura.

Una es que esas autoridades están empeñadas en limpiar el juego y no creen que merezca homenajes quien apeló a la trampa para conseguir sus cifras.

Otra es que esas mismas autoridades actúan con hipocresía y cinismo ahora, cuando en su momento se beneficiaron de esas trampas para salvar el espectáculo en momentos de crisis profunda.

Parte y parte. En el caso de Alex Rodríguez, nadie en su sano juicio puede negar el talento que le permitió poner números de ensueño.

Los esteroides no enseñan a batear. La coordinación ojos-brazos para golpear una pelota que viene a más de 90 millas por hora no se adquiere mediante inyecciones, pastillas o cremas.

Pero las sustancias prohibidas lo ayudaron a resistir mejor las cargas de entrenamiento en el gimnasio, lo cual se tradujo en mayor fuerza.

Y también hicieron lo suyo para prolongar la carrera que se extiende ya a más de 20 temporadas y que sin ellas, quién sabe si ya Rodríguez no hubiera tenido que ceder ante las lesiones y hubiera emprendido el camino del retiro.

De todos modos, son números que impresionan: 3,000 hits, 2,000 remolcadas, más de 660 jonrones y casi 2,000 carreras anotadas no son estadísticas de todos los días, aunque por ahora, no le sirven para entrar al Salón de la Fama de Cooperstown... por ahora.

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