2013, el año de las lesiones

domingo, 19 de mayo de 2013
19 may
17:14
PM ET
por Jorge Morejón

Andy PettitteAl Bello/Getty ImagesAndy Pettitte es uno de muchos jugadores de los Yankees en la lista de lesionados
El veterano zurdo Andy Pettitte recién se acaba de sumar a la mejor lista de lesionados de todas las Grandes Ligas.

Derek Jeter, Mark Teixeira, Alex Rodríguez, Curtis Granderson, Francisco Cervelli, Michael Pineda, Iván Nova, Joba Chamberlain, Eduardo Núñez y Kevin Youkilis son sólo algunos de los jugadores de los Yankees de Nueva York que están o han estado inhabilitados en algún momento de esta temporada.

Pero no sólo los Yankees se han visto afectados en extremo por molestias y lesiones.

Si 1998 fue el Año de la Carrera de los Jonrones entre Sammy Sosa y Mark McGwire, 1994 el Año de la Huelga o el 2012 el Año del pitcheo (se propinaron siete juegos sin hit, ni carrera), este 2013 puede desde ya considerarse el Año de las Lesiones.

Contra viento y marea, los Yankees se han mantenido a flote y aparecen como líderes sorpresivos de la división Este de la Liga Americana, tal vez como prueba indiscutible de que algunas de esas grandes estrellas lesionadas mejor se quedan donde están, pues no hacen tanta falta.

A otros, las ausencias prolongadas de sus principales peloteros les ha costado carísimo en lo que a ubicación en la tabla de posiciones de refiere.

Si no, pregúntenle a los Dodgers de Los Angeles, con una de las nóminas más elevadas de todas las Mayores y ocupantes del sótano en el Oeste de la Liga Nacional.

Chad Billingsley, Ted Lilly, Josh Beckett, Mark Ellis, Jerry Hairston Jr. y Hanley Ramírez, este útimo en dos ocasiones, son algunos que han perdido varios o muchos juegos debido a las lesiones.

O los Azulejos de Toronto, que se armaron en el invierno con la intención de dominar el Este de la Americana y hoy andan más fríos que un hielo en el sótano divisional.

Jose Reyes
AP Photo/Kathy WillensJosé Reyes está fuera con los Azulejos por una lesión
Josh Johnson, José Reyes y Emilio Bonifacio, que llegaron a Toronto procedentes de Marlins de Miami, son algunos con estancias más o menos prolongadas en la listade lesionados.

El cubano Yunel Escobar, que pasó tres campañas en Toronto, había advertido en una entrevista antes del inicio de esta temporada que hombres como Reyes y Bonifacio, que basan su juego en la velocidad, se verían limitados por las características del terreno sintético del Rogers Center, que provoca dolencias frencuentes en las piernas.

La relación de estelares que han pasado o están ahora mismo en la fatídica lista de inhabilitados es casi interminable.

Por ejemplo, los Vigilantes de Texas tienen a cuatro lanzadores que debían conformar la rotación abridora: Neftalí Feliz, Alexi Ogando, Matt Harrison y Colby Lewis, además de su catcher titular A.J. Pierzynski.

El taiwanés Wei-Yin Chen y el mexicano Miguel González, dos de los principales abridores de los Orioles de Baltimore, también están lastimados y fuera de acción.

Prácticamente no hay equipo que pueda vanagloriarse de tener a todos sus jugadores en excelente estado, listos para el combate.

Y ni hablar del derecho Roy Halladay, de los Filis de Filadelfia, cuyo rendimiento bajó ostensiblemente y dejaba entrever que algo andaba muy mal, como en efecto sucedió.

Ahora le toca a Halladay recuperarse de una reciente operación en el brazo de lanzar para intentar retornar a la forma que lo llevó a ganar dos premios Cy Young, uno en la Liga Americana con Toronto en el 2003 y otro en la Nacional con los Filis en el 2010.

Y viendo la manera en que se presentó el problema de Halladay, quien pasó de pronto de ser uno de los serpentineros más dominantes de todas las Grandes Ligas a tener una efectividad superior a las ocho limpias por cada nueve entradas, cabe preguntarse si otro de los mejores lanzadores de los últimos años no estará atravesando un problema similar.

Justin Verlander ha perdido sus dos últimas salidas con los Tigres de Detroit y no se trata de eso precisamente, sino de la manera en que las ha perdido.

Hombre de excelente control, en esos dos partidos frente a Indios de Cleveland y Texas Verlander regaló tres boletos con las bases llenas, lo cual podría ser un síntoma inequívoco de que su brazo no anda como debe ser para poner la pelota donde desee.

Además, luego de permitir ocho carreras limpias en sus primeras siete aperturas, ha tolerado 11 en las dos salidas más recientes, incluida la última, en la que apenas duró dos innings y dos tercios en el montículo y admitió ocho. ¿Será Verlander el próximo en la lista de lesionados?

  • Compartir

Un extraterrestre en Yankee Stadium

jueves, 16 de mayo de 2013
16 may
13:44
PM ET
por Jorge Morejón
Get ADOBE® FLASH® PLAYER
Sportscience: Secreto de Mariano Rivera
Tags: beisbol
Si no fuera porque uno lo ha visto reírse y bromear con sus compañeros antes de los juegos o porque se sabe de su labor altruista en la comunidad, podría pensarse que el panameño Mariano Rivera no es humano.

O tal vez hay dos Marianos. Uno, el tipo amable, sonriente fuera del terreno. Y el otro, frío, intimidante, la máquina con instinto asesino que se sube a la lomita para poner en ridículo a los bateadores rivales.

Mariano Rivera
Debby Wong/US PresswireNadie duda que Mariano Rivera terminará inmortalizado en el Salón de la Fama.
El mejor relevista de todos los tiempos, líder absoluto con 624 salvamentos, se burla del tiempo con su cutter cada vez más imbateable.

Ya no es el lanzador que combinaba su envío cortado con rectazos de 97 millas por hora.

Su velocidad ha perdido unas cuentas millas, pero más que un pitcher, Mariano parece un prestidigitador, un mago cuyos trucos siguen encantando a la audiencia.

Los bateadores acuden al plato como ovejas al matadero, a sabiendas de lo que les espera: un cutter detrás de otro, bate partido y out. Apaga y vámonos.

Quien vio la lesión que Rivera sufrió en el 2012, ya con 42 años en sus costillas, difícilmente imaginó que 12 meses después el panameño estuviera de regreso en la forma en que se presenta en cada salida al montículo.

Pero el panameño, que tenía previsto retirarse después de la pasada temporada, dejó en claro que la última imagen que dejaría en los fanáticos no sería aquella de él llevado en andas por sus compañeros tras romperse los ligamentos de la rodilla derecha en el Kauffman Stadium de Kansas City.

¡Volveré! Esa fue la promesa de Rivera a sus consternados seguidores y a sus propios compañeros de los Yankees.

Y volvió. Regresó más monstruo aún. Más temible e intimidante.

Habría que preguntarle a un bateador visitante que se siente al escuchar en el Yankee Stadium los acordes de Enter Sandman, de Metallica, que anuncian la entrada de Mariano Rivera al juego.

Quizás ese hombre podría darnos una de las descripciones más cercanas del concepto miedo. A fallar, a quedar en ridículo.

En el 2013, Mariano ha vuelto a sus orígenes de perfección, como cuando pasó seis temporadas entre 1996 y el 2001 sin desperdiciar una sola oportunidad de salvamento.

Hasta el momento, ha rescatado 16 partidos en igual cantidad de ocasiones y de mantener ese paso, llegaría a 65 salvamentos en la campaña, tres más de los 62 que consiguió Francisco Rodriguez en el 2008, récord para una temporada.

Por lo pronto, se encamina hacia el premio Retorno del Año de la Liga Americana, a pesar de que incluso dentro de los Yankees hay otro candidato de peso como Vernon Wells, quien ha relanzado su carrera tras haber sido descartado por los Angelinos de Los Angeles.

Nadie duda que Mariano Rivera terminará inmortalizado en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Pero la pregunta que muchos se hacen es si el panameño dirá adiós después de esta temporada o si debe, dado el dominio que continúa ejerciendo sobre los rivales, exprimir su talento hasta el máximo y llevar aún más lejos el récord absoluto de juegos salvados, hasta un límite inalcanzable para los mortales comunes.

  • Compartir

¿Quién se va primero: Scioscia o Mattingly?

sábado, 11 de mayo de 2013
11 may
20:23
PM ET
por Jorge Morejón
Mike Scioscia, Don MattinglyUS PresswireMike Scioscia y Don Mattingly podrían ser sustituidos debido al mal rendimiento de sus equipos
Se suponía que Los Angeles fuera uno de los mejores escenarios beisboleros del 2013.

Los Dodgers, bajo nueva administración, fueron reconstruidos a golpe de billetes con un objetivo claro y preciso: ganar la Serie Mundial por primera vez desde 1988.

Con la multimillonaria inversión que los nuevos propietarios de Guggenheim Baseball Management, el grupo encabezado por Earvin "Magic" Johnson, la única opción permitida era la corona.

Demasiado dinero para conformarse con llegar a la postemporada y caer eliminados en la primera ronda, en las series divisionales, las batallas por el campeonato de la liga o el clásico de octubre. Los Dodgers se convirtieron en los nuevos Yankees y quisieron comprar títulos con la fuerza del dinero.

Sin embargo, después de un mes y diez días de iniciada la campaña, el equipo angelino ocupa el frío sótano de la división Oeste del viejo circuito, con un mediocre balance de 13-31 hasta los juegos del viernes 10 de mayo.

Muchas cosas han salido mal. Matt Kemp no acaba de encontrar su paso habitual en el plato y apenas acumula un cuadrangular y 14 carreras empujadas.

El dominicano Hanley Ramírez se perdió casi todo el primer mes de la contienda y tras reaparecer por cuatro juegos volvió a la lista de lesionados.

El mexicano Luis Cruz, que parecía dueño de la antesala tras despegar el pasado año, ha demostrado tener las habilidades ofensivas de un pitcher, a juzgar por su casi inexistente average de .090.

La producción de carreras es la vigésimonovena peor de todas las Grandes Ligas, sólo mejor que la de los Marlins de Miami.

Y del pitcheo, ni hablar: el número 23 entre los 30 equipos de las Mayores, con un Josh Beckett es quizás hoy el peor abridor de todo el béisbol en el 2013.

Beckett está sin victorias en siete aperturas y con un elevadísimo promedio de más de cinco limpias por cada nueve innings.

Zack Greinke tiró un pelotazo intencional o no- que resultó sumamente doloroso, con fractura de clavícula incluida, mientras que Ted Lilly, otro de los puntales de la rotación, también se fue a la lista de lesionados.

Tan mal arranque tiene al manager Don Mattingly sentado sobre un volcán, más allá de la mala fortuna de tantos jugadores claves lesionados.

Pero esa no es excusa. No existe un equipo con mejor lista de lesionados que los Yankees, quienes contra viento y marea aparecen en el primer lugar de su división.

Mattingly está en su tercer año como mentor de los Dodgers y aunque su récord histórico es positivo, no había recibido en los dos años anteriores tanto material para ganar, por lo que un fracaso pondrá a prueba la paciencia de Magic Johnson y compañía.

A menos de 30 millas al sureste del Dodger Stadium se vive otra tormenta parecida, en cuyo ojo aparece Mike Scioscia, el manager de los Angelinos de Los Angeles.

En su decimocuarta campaña al frente del único equipo que ha dirigido en toda su carrera, Scioscia ya ni siquiera ha logrado meter a los Angelinos en los playoffs desde hace tres años y todo indica que este será el cuarto año seguido de ausencia en la postemporada.

Los males de Scioscia vienen en realidad desde el 2012, cuando el equipo abrió la billetera y le dio un exagerado contrato de 240 millones al dominicano Albert Pujols, quien era considerado entonces uno de los mejores, sino el mejor, jugador del momento en las Mayores. Pero "La Máquina" no empezó a carburar hasta mediados de mayo y aunque terminó con 30 jonrones y 105 impulsadas, números de lujo para la mayoría de los mortales, fue sin dudas la peor temporada de su ilustre carrera, dejando a entrever el posible inicio de un declive gradual lógico.

El 2013 parece copia al calco, con un arranque lento de Pujols, cuya salud empieza a hacer mella en su rendimiento.

Encima de eso, la megafirma del invierno, Josh Hamilton, no ha sido ni la sombra del superpelotero que deslumbró al mundo durante su estancia en los cinco años precedentes con los Rangers de Texas.

Y para colmo, Mike Trout, el sensacional joven que tuvo en el 2012 una de las mejores campañas que se recuerden para un novato, no se ha acercado a las cifras que ya acumulaba el año pasado en sus primeros 35 juegos.

Pero donde se ha hundido por completo el equipo es en el pitcheo, que ocupa el antepenúltimo lugar en efectividad.

Jered Weaver lesionado y Joe Blanton como una suerte de Josh Beckett de Anaheim, sin victorias en siete aperturas y efectividad por las nubes: estos son apenas dos de los problemas de los serpentineros angelinos, mientras el zurdo Jason Vargas no ha justificado hasta ahora el valor de canje que lo trajo al equipo a cambio del cubano Kendrys Morales, ahora con los Marineros de Seattle.

Si los Angelinos no están en el último lugar del Oeste en la Liga Americana, no es por mérito propio, sino por la presencia en la misma división de los Astros de Houston, el equipo con peor récord en todas las Grandes Ligas.

Lejos de lo que se esperaba, Los Angeles es hoy uno de los peores donde peor béisbol se está jugando y de alguna manera la culpa siempre recae en los managers.

Entonces, ¿quién se va primero?¿Mattingly o Scioscia?

Etiquetas:

Beisbol, MLB (Generic)

  • Compartir

Marcell Ozuna pone a soñar a Miami

miércoles, 8 de mayo de 2013
08 may
14:37
PM ET
por Jorge Morejón
Marcell OzunaAP Photo/Lynne SladkyOzuna ha deslumbrado por su presencia que lo hace lucir como un pelotero consagrado.
MIAMI - Los Marlins de Miami le apuntan fuerte a su récord de 108 derrotas de 1998, con un equipo que a duras penas atrae 18 mil fanáticos a cada partido en el bello estadio de la Pequeña Habana.

Su balance de 10-24 (hasta los juegos del martes) era el más bajo de la Liga Nacional y el segundo peor de todas las Mayores, detrás del 9-24 de los Astros de Houston.

No vale la pena repetir la historia reciente de miserias de esta franquicia, que esperaba renacer con el estreno del Marlins Park en el 2012.

Tras el fracaso del pasado año, las estrellas fueron cambiadas a otros equipos y sólo Giancarlo Stanton, uno de los nueve integrantes de la alineación abridora del 2012, estaba en el mismo lugar al comenzar la actual campaña.

Las vacantes se llenaron con algunos veteranos, ya descartados por la mayoría del resto de las novenas, así como con jóvenes inexpertos, muchos de ellos adquiridos en los canjes que se llevaron a otras tierras a los José Reyes, Josh Johnson, Mark Buehrle y compañía.

Y aunque los reportes de los cazatalentos aseguraban que muchos de estos muchachos eran diamantes en bruto, es muy difícil convencer de ello a una afición que ya ha recibido demasiados golpes bajos, ya del dueño actual Jeffrey Loria, ya del primer propietario Wayne Huizenga.

Pero nunca llovió tanto que no escampara y los imberbes desconocidos empiezan a mostrar sus talentos que le permiten soñar, al menos a los 18 mil fieles aficionados que llegan cada noche al Marlins Park.

El nombre que más se ha mencionado en las últimas dos semanas en el entorno de los Marlins es el del dominicano Marcell Ozuna.

Ozuna, con apenas 22 años, fue firmado por la franquicia cuando tenía 17, en el 2008, como agente libre.

Su experiencia previa antes de debutar con el equipo grande el 30 de abril pasado se limitaba a cinco años en Clase A y ligas de novatos, más 14 juegos en Doble A en el 2013.

Sin embargo, ante la lesión de Stanton, fue llamado para hacerse cargo de la pradera derecha y aunque aún es demasiado prematuro para hacer doblar las campanas al vuelo, todo parece indicar que llegó para quedarse.

En sus primeros 31 turnos ya cosechó 13 hits, para average de .419, con cinco dobletes y un cuadrangular, cinco carreras impulsadas y cuatro anotadas.

Su promedio de embasamiento anda por los .455 y su slugging es de .677, mientras su OPS es de 1,132.

El joven ha deslumbrado además por su presencia que lo hace lucir como un pelotero consagrado, sin nervios, preparado para empeños mayores y hay quienes ven en él una suerte de repetición de aquel jovencito Miguel Cabrera que tan pronto llegó en el 2003 con 19 años tuvo un impacto inmediato en los Marlins.

¿Qué va a pasar cuando regrese Stanton? Un equipo como los Marlins, que hasta el martes era el único que aún no había llegado a 100 carreras, que es penúltimo en todas las Grandes Ligas en average colectivo (.226), jonrones (19) y extrabases (70), no puede darse el lujo de prescindir de quien esté rindiendo por encima del resto, ya sea temporalmente o porque tiene el potencial de establecerse como una futura estrella.

Lo lógico es pasarlo al jardín izquierdo por el veterano Juan Pierre, cada vez más alejado de su mejor nivel debido al inevitable paso de los años.

Otros más pesimistas ven en la llegada de Ozuna el boleto de salida de Stanton hacia Texas, franquicia que lo ha pretendido desde hace tiempo, aunque financieramente aún no representa mucho gasto para el equipo de Miami.

Pero con los Marlins, cualquier cosa es posible, aunque parezca ilógica.

Etiquetas:

Beisbol, MLB (Generic)

  • Compartir

¿Son bateadores peores hoy que hace 10 años?

lunes, 6 de mayo de 2013
06 may
21:11
PM ET
por Jorge Morejón

Chris DavisThearon W. Henderson/Getty Images
Uno de los principios básicos que se le enseña a un niño cuando comienza a jugar béisbol es que en cuenta de dos strikes hay que hacerle swing a los envíos que vengan por zona buena.

Poncharse sin tirarle es casi siempre un regalo que el bateador le hace al serpentinero y que lamentablemente se ve con demasiada frecuencia en las Grandes Ligas.

Cada vez es mayor la tendencia entre la mayoría de los bateadores a prepararse para un solo envío, a tratar de adivinarle el pensamiento al pitcher, mientras dejan pasar cualquier otro lanzamiento, aunque venga por el mismo medio del plato.

No hacer swing y dejarse cantar el tercer strike es como entregar un examen en blanco, sin intentar al menos responder las preguntas.

¿Es esto un signo de que los bateadores actuales son peores que hace diez, 12 años atrás?

Para algunos, el ponche es simplemente una manera más de ser out, pero es también una posibilidad menos de poner la bola en juego, de obligar a los defensores a ejecutar a la perfección la mecánica para no cometer un error que deje con vida al bateador.

Estas cifras son elocuentes: la frecuencia de ponches por cada nueve innings ha ido subiendo escandalosamente, sobre todo a partir del 2008.

En el 2000, esa frecuencia fue de 6.53 y se mantuvo alrededor de ese rango por las siguientes siete campañas.

Pero en el 2008 llegó a 6.83, subió a 6.98 en el 2009, fue de 7.13 en el 2010 y 2011, creció aún más en el 2012 hasta 7.56 y en lo que va de la temporada del 2013 ya alcanza los 7.68.

Por otro lado, mientras que en el 2000 sólo 58 bateadores se tragaron 100 o más ponches, alrededor de 85 peloteros por año llegaron o superaron esa cifra negativa como promedio entre el 2009 y el 2011.

En la pasada campaña, fueron 111 los bateadores con más de un centenar de chocolates.

No se trata sólo de los clásicos sluggers, a quienes se les perdona de alguna manera una elevada frecuencia de ponches por la naturaleza de su swing poderoso en busca de las cercas.

No. En la lista hay unos cuantos de los supuestos chocadores de pelota, de los encargados de poner la bola en juego, quienes, evidentemente, fallaron muchas veces en hacer su trabajo.

Y esto no tiene que ver con el aumento de los controles para perseguir el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento.

A la lucha contra los esteroides se le puede atribuir la disminución de los cuadrangulares, que en el 2000 eran 190 por equipo como promedio y en el 2012 fueron 164.

O la baja en más de 20 puntos del average colectivo en los últimos años, que en el 2000 andaba por los .270 y ahora ronda los .250.

El poncharse o no sólo depende de la coordinación ojos-brazos, de la capacidad para discriminar los pitcheos, que no se mejora con ningún esteroide.

Etiquetas:

Beisbol, MLB (Generic)

  • Compartir

Beckett y Halladay: dos estrellas que se apagan

viernes, 3 de mayo de 2013
03 may
10:46
AM ET
por Jorge Morejón
Cuando los entonces Marlins de Florida (hoy Marlins de Miami) escogieron a Josh Beckett como su primera selección del draft en 1999, el lanzador derecho de entonces 19 años dijo una frase que sonó demasiado arrogante, pero que fue tomada como un acto de inmadurez del aún adolescente.

Beckett
Beckett
"Los Marlins acaban de elegir a un futuro miembro del Salón de la Fama".

Luego de 14 años, Beckett ha entrado en franco declive y aunque ha sido un buen pitcher, bastante por encima del promedio, sus números lo dejan bien lejos de Cooperstown.

Su monstruosa actuación en el partido final de la Serie Mundial del 2003 que le dio a los Marlins la corona frente a los superfavoritos New York Yankees de Nueva York fue el punto de despegue en la carrera del serpentinero, que en el 2006 se afianzaría como uno de los mejores de todas las Grandes Ligas a su paso a los Medias Rojas de Boston.

Allí alcanzaría su segundo anillo de campeón en el 2007, meses después de participar por primera vez en el Juego de Estrellas.

En Boston sumaría 89 de las 132 victorias que acumula en su carrera.

Su clímax llegó precisamente en el 2007, cuando encabezó la Liga Americana en triunfos, con 20, única vez que logró esa cifra en toda su trayectoria.

Pero a partir del 2010 empezó a padecer de lesiones recurrentes que limitaron su labor, que se combinaron con conocidos problemas de actitud que minaron la química dentro del vestidor de los Medias Rojas.

A mitad del 2012 fue transferido a los Dodgers de Los Angeles y entre la pasada temporada y lo que va de esta acumula balance de siete victorias y 18 derrotas, junto a un decepcionante promedio de efectividad de 4.74 carreras limpias permitidas por cada nueve innings de actuación.

El 2013 no ha podido ser peor para el derecho, quien aún espera para inaugurar la casilla de victorias en la temporada, en tanto ya suma cuatro fracasos en seis salidas.

La una vez radiante estrella de Josh Beckett luce cada vez más opaca y a los 32 años de edad parece haberse quedado sin gasolina para continuar su anunciado camino hacia Cooperstown.

Halladay
Halladay
Y otro que aparenta haber entrado en su curva descendente y que en su momento fue el lanzador más dominante de las Mayores es el derecho Roy Halladay.

A sus 35 años de edad, Halladay ha perdido varias millas en su bola rápida y su efectividad se ha disparado a sus niveles más altos desde el 2000.

En sus primeras seis aperturas del 2013 presenta balance de 2-3 y promedio de limpias de 6.75 en 32 innings de labor, en los que ha tolerado ocho cuadrangulares.

Asimismo, como señal de alarma están las 13 bases por bolas concedidas, más de un tercio de todas las que otorgó en el 2012.

El dos veces ganador del premio Cy Young (2003 con los Azulejos de Toronto y 2010 con los Filis de Filadelfia), tiene un récord personal de 201 triunfos y 103 derrotas.

Desde que se estableció en el 2002 como un abridor estelar en las Mayores y hasta el año pasado, promedió 16.5 victorias por campaña y en un momento se pensó que tenía grandes posibilidades de convertirse en un ganador de 300 partidos, algo que le abriría de par en par las puertas del Salón de la Fama.

Sin embargo, al igual que en el caso de Beckett, todo indica que estamos asistiendo al principio del fin de estos dos estelares del montículo que se quedarán sin alcanzar la inmortalidad en Cooperstown.

Etiquetas:

Beisbol, MLB (Generic)

  • Compartir

Sorpresas y decepciones que nos deja abril

martes, 30 de abril de 2013
30 abr
16:13
PM ET
por Jorge Morejón
Más rápido que una recta de Aroldis Chapman se nos fue ya el primer mes de la temporada del 2013, marcado por sorpresivas actuaciones de algunos jugadores y decepciones de otros de quienes mucho se esperaba.

Buck
Buck
Ni con una bola de cristal hubiera podido predecirse el comienzo de campaña de John Buck, ahora catcher de los Mets de Nueva York, tras pasar en el invierno de los Marlins de Miami brevemente a los Azulejos de Toronto antes de llegar a la Gran Manzana.

Nueve jonrones y 25 carreras impulsadas en 87 turnos son demasiados para un bateador mediocre, que apenas promedia 12.7 cuadrangulares y 44 remolques por campaña durante nueve años en las Mayores.

Upton
Upton
Poderoso también ha sido el arranque de Justin Upton, el menor de los hermanos, independientemente de que siempre ha sido considerado un jugador talentoso.

Ahora con los Bravos de Atlanta tras pasar seis años con los Diamondbacks de Arizona, ya suma 12 bambinazos en 92 visitas al plato, muchos para quien promedia 17 palos de vuelta entera por temporada a lo largo de su carrera.

¿Y qué decir de Chris Davis, quien podría estar en su campaña consagratoria?

Davis
Davis
Si la temporada terminara ahora mismo, el primera base de los Orioles de Baltimore se llevaba el premio al Jugador Más Valioso, pues anda coqueteado con la Triple Corona, al encabezar la Liga Americana en jonrones (9) y empujadas (28), en tanto figura tercero en average (.352) y puntero en slugging (.750).

Además, aparece entre los diez primeros del joven circuito en dobletes (8), boletos recibidos (15), anotadas (17) y promedio de embasamiento (.444).

Y si Davis es el JMV de abril en la Americana, el Cy Young mensual nadie se lo discute a Matt Moore.

Moore
Moore
Harvey
Harvey
Ha salido victorioso en sus cinco aperturas, con apenas cuatro limpias permitidas en 32 episodios y efectividad de 1.13, con 38 ponches propinados.

Aplausos especiales para el novato de los Mets Matt Harvey, invicto en la campaña, con cuatro triunfos y efectividad de 1.56, segundo en ambos departamentos en el viejo circuito, al tiempo que va tercero en ponches propinados (46), dos menos que el líder A.J. Burnett.

Un fuerte candidato al Regreso del Año será sin dudas el panameño Mariano Rivera.

Rivera
Rivera
El cerrador de los Yankees de Nueva York se ha burlado por completo del paso del tiempo y ya suma nueve rescates, para elevar a 617 el récord absoluto de salvamentos en Grandes Ligas.

La frase "apaga y vámonos" sigue ajustándose al panameño como anillo al dedo, pues hasta el momento ha convertido cada oportunidad de rescate en la temporada.

Las grandes decepciones hay que buscarlas principalmente en la costa Oeste y Canadá.

Reyes
Reyes
Encarnación
Encarnación
Bautista
Bautista
Se esperaba que los Dodgers y los Angelinos de Los Angeles, allá en California, protagonizaran las acciones en sus respectivas ligas, mientras que los Azulejos, reforzados con un abultado contingente dominicano, se hunden en la mediocridad de la tabla de posiciones, con todo y la armada dominicana que incluye a José Bautista, Edwin Encarnación, José Reyes, Melky Cabrera y Emilio Bonifacio y el trío de pitchers que conforman R.A. Dickey, Josh Johnson y Mark Buehrle.

Y desde el punto de vista individual, nadie le disputa el dudoso "premio" del más decepcionante a Josh Hamilton, flamante contratación de los Angelinos durante el invierno.

Hamilton
Hamilton
Hamilton, quien llegó a Los Angeles con un megacontrato de $133 millones por los próximos cinco años, le ha robado el dinero a mano armada hasta el momento al equipo.

Su promedio de .202, con apenas dos jonrones, un triple y dos dobletes en 104 turnos, con nueve impulsadas y 32 abanicados, lo igualan, por ejemplo, a un jugador de tan pobre historial como Justin Ruggiano, jardinero de los patéticos Marlins, que tuvo un esperanzador repunte el pasado año para volver en el 2013 a sus niveles normales.

Sólo que esos números se aceptan en alguien que cobra 495 mil dólares, como Ruggiano, no en quien se está embolsillando $17 millones.

Etiquetas:

Beisbol, MLB (Generic)

  • Compartir

Noche para el olvido en Yankee Stadium

jueves, 25 de abril de 2013
25 abr
00:16
AM ET
por Jorge Morejón

Después de tantos años viendo béisbol, uno piensa que ya no habrá nada nuevo que lo sorprenda.

Pero siempre hay algo, ya sea para bien y para mal, que nos deja con la boca abierta.

Josh Gibbons, Jeff Kelloggs
Jim McIsaac/Getty Images El manager John Gibbons es expulsado por el umpire Jeff Kelloggs tras reclamar jugada de Ben Francisco
El jueves en Yankee Stadium, el equipo de árbitros se equivocó varias veces en una misma jugada, que pudo haber cambiado el resultado del partido.

Ganaban los Yankees de Nueva York 5-3 en la parte baja del séptimo episodio, cuando Ben Francisco, desesperado por un hit que le permitiera salir de tan profundo slump, tocó la pelota por tercera base.

El antesalista de los Toronto blue Jays, Brett Lawrie, la capturó a mano limpia y lanzó a primera base, donde se produjo una jugada cerrada, cerradísima, que el umpire Chad Fairchild decretó out.

Todo sucedió en fracciones de segundo e incluso en cámara lenta es difícil determinar si Fairchild se equivocó en su decisión.

Y aquí es donde viene lo increíble: el árbitro de home, Paul Schrieber, se reunió con el jefe del grupo, Jeff Kellogg y con el oficial de tercera base, Chris Conroy y determinan revertir la jugada, dejando con vida a Francisco en la inicial.

¿Whaaaaaaaaaaaaaat? Así como lo oye (o como lo lee). Los umpires dieron marcha atrás a una jugada de apreciación, en franca violación de las reglas.

Peor aún: no hubo siquiera una apelación inicial de los Yankees que provocara el cambio de decisión arbitral, ni los jueces chequearon el video para determinar si Fairchild se equivocó o no. Fue algo así como de oficio.

Por supuesto que el manager de Toronto, John Gibbons, armó tremenda perreta, con gorra tirada al suelo y todo, por lo que Kellog lo expulsó.

Los Yankees finalmente no anotaron carreras en ese episodio y así como estaba el marcador terminó el partido, con victoria para Nueva York 5-3.

Pero, ¿qué tal si ese corredor hubiera anotado la carrera decisiva del partido? ¿Qué habría pasado si Toronto decide jugar bajo protesta y su queja prospera?

Hubo una infracción de reglas, desde el momento en que se revierte una jugada de apreciación, que para nada tuvo la claridad, por ejemplo, de aquel juego perfecto-imperfecto de Armando Galarraga.

Habría que repetir el partido, pues la victoria de los Yankees no habría sido válida.

Pero donde veo peor la decisión arbitral es que ni siquiera se consultó el video. Es cierto que hasta el momento, el uso de la cámara lenta sólo está autorizado para determinar cuadrangulares dudosos.

Pero las leyes de hacen a partir de precedentes. De hecho, en 1999 no estaba permitido consultar el video en jonrones dudosos y se hizo con un batazo de Cliff Floyd en el entonces Pro Player Stadium (hoy Sun Life) de los Marlins de Florida (ahora de Miami).

Los umpires se reunieron y tras examinar la repetición del vuelacercas de Floyd frente a los Cardenales de San Luis, apreciaron que la pelota no se había ido y enviaron al bateador a segunda base con un doblete.

Pero hacer lo que hicieron este jueves los jueces en Yankee Stadium, más que arbitraje, fue arbitrario.

A Gibbons lo expulsaron por protestarle al umpire, pero fue una mala actuación arbitral la que provocó la justificada ira del mentor de Toronto.

Fue, definitivamente, una noche para el olvido para el equipo de Kellogg, Schrieber, Conroy y Fairchild.

¿Y qué le vamos a hacer? A fin de cuentas, los umpires son un mal necesario.

  • Compartir

¿Qué hacer con el bateador designado?

lunes, 22 de abril de 2013
22 abr
21:17
PM ET
por Jorge Morejón
Albert PujolsKelvin Kuo/US PresswireAlbert Pujols es muy a menudo utilizado como bateador desigando en lugar de primera base
Regla 1.01: El béisbol es un juego entre dos equipos con nueve jugadores cada uno, bajo la dirección de un director, para ser jugado en un terreno cerrado de acuerdo con estas reglas, bajo la jurisdicción de uno o más árbitros.

Así dice la regla primera del béisbol, a partir de la cual se derivan todas las otras que conforman el reglamento completo de este deporte.

Si se toma al pie de la letra, para los puristas más extremos, los fundamentalistas del béisbol, entonces la Liga Americana viola el reglamento por el uso del bateador designado.

En ese caso, el béisbol sería un juego entre dos equipos con DIEZ jugadores.

Para estos puristas, el béisbol sólo se juega en la Liga Nacional, donde el pitcher también consume sus turnos a la ofensiva.

Y sin dudas que el uso o no del designado implica diferencias sustanciales en cuanto a táctica y estrategia del juego.

Dada la poca calidad ofensiva que caracteriza a la mayoría de los serpentineros, los convierte principalmente en tocadores de bola cuya función con el bate es avanzar a corredores que estén en circulación.

Pero si un pitcher se sacrifica tres veces en un juego está regalando tres outs, o lo que es igual, le está cediendo al pitcher contrario un inning completo de trabajo.

Entonces, los managers se ven obligados a mover más su banca, según las circunstancias del partido, convirtiendo al béisbol de la Nacional en un juego más mental.

El designado en la Americana ha convertido a esa liga en mucho más ofensiva, donde se juega más al batazo y se apela menos al toque de pelota.

Pero la creación de la figura del designado ha venido a alargarle la carrera deportiva a muchos buenos jugadores que ya habían perdido sus facultades defensivas.

Por sólo citar un ejemplo, si en el viejo circuito hubiera existido el bateador designado, quizás Tony Gwynn podría haberle dedicado dos o tres años más a los Padres de San Diego.

Pudo haber optado por irse a continuar su carrera en algún equipo de la Americana, pero prefirió retirarse con el equipo para el cual jugó por 20 campañas en toda su trayectoria.

Más aún, hay equipos que no tienen un BD puro, sino que rotan el puesto entre sus titulares, para poder darles descanso a cada uno.

Desde hace unos años se establecieron los juegos interligas, que en algunos momentos aislados del calendario enfrentaban a equipos de un circuito con los del otro sin necesidad de llegar a la Serie Mundial.

Esta temporada, con el paso de los Astros de Houston de la Nacional a la Americana, los juegos interligas se convirtieron en permanentes a lo largo de todo el cronograma, por aquello del pareo de 15 equipos por cada liga.

Entonces, más que nunca hace falta un acuerdo que iguale ambos circuitos no sólo en cantidad de equipos.

O la Liga Nacional adopta el bateador designado, lo cual parece más factible, o la Americana regresa a los orígenes y hace que los lanzadores ocupen su turno en la alineación, algo que dudo mucho que ocurra.

Pero se necesita con urgencia una unificación de criterios, ya sea uno o el otro, aunque ello conlleve modificar la regla 1.01.

Etiquetas:

Beisbol, MLB (Generic)

  • Compartir

Antes de que llegara Jackie Robinson

lunes, 15 de abril de 2013
15 abr
23:54
PM ET
por Jorge Morejón

El mundo celebra el 15 de abril el aniversario de la llegada de Jackie Robinson a las Grandes Ligas, con lo que se derribó una infame barrera racial que por más de medio siglo impidió a los jugadores de piel oscura mostrar su talento en el mejor béisbol del planeta.

Jackie Robinson
AP PhotoJackie Robinson debutó con los Dodgers un 15 de abril para romper la barrera racial en MLB
Sólo después de que Robinson abriera el camino a sus hermanos de raza, fue que el béisbol estuvo realmente completo, pues logró absorber tanto talento que se perdió por décadas debido a tan absurda prohibición.

Pero no fue el número 42 de los Dodgers de Brooklyn el primer jugador negro en las Mayores.

Antes de él los hubo, pocos, pero los hubo, cuando el béisbol estaba en sus albores.

Moses Fleetwood Walker está registrado en la historia como el primer afroamericano en Grandes Ligas, allá por el lejano 1884.

Walker defendía la receptoría del equipo Toledo y según el lanzador estrella del conjunto, Tony Mullane, era el mejor catcher con quien trabajó jamás.

"Sólo que no me gustan los negros y por eso jamás obedecía sus señas y le lanzaba lo que quería", reconoció en su momento Mullane, por cuyo capricho racista le propinó más de un pelotazo dañino a su compañero de batería.

Al final de la campaña, Welday Walker, hermano de Moses Fleetwood, se unió al equipo de Toledo, aunque solamente participó en seis partidos, siendo estos los primeros negros en jugar en las Grandes Ligas.

Entonces, la gran estrella del naciente pasatiempo nacional era Cap Anson, innovador desde el punto de vista estratégico y a quien se le atribuye la creación de los entrenamientos primaverales previos a cada campaña.

Sin embargo, Anson era también un racista furibundo que aprovechó la influencia que le daba su condición de mejor jugador de su época para pulsear a favor del establecimiento de una barrera que sólo se derribó con Robinson en 1947.

No obstante, pocos saben que el primer escogido por Branch Rickey para romper la prohibición racial no fue Robinson.

La atención del gerente de los Dodgers se posó inicialmente en el cubano Silvio García, campocorto y lanzador al que se le comparaba por su calidad y versatilidad con el mismísimo Martín Dihigo.

Sin embargo, García carecía de la educación y visión de futuro de Robinson.

Tal vez por eso, o porque la discriminación en Cuba era más clasista que propiamente racial, donde un blanco pobre convivía como hermano con un negro pobre, lo cierto es que su entrevista con Rickey no fue para nada positiva.

Cuando el gerente le preguntó cuál sería su reacción si un rival blanco lo escupía al llegar a una base, la respuesta del cubano fue contundente: "lo mato".

Pero no era eso lo que necesitaba Rickey. Hacía falta alguien que enfrentara con mayor inteligencia y clase el reto que tenía por delante.

Fue entonces que la historia le abrió las puertas de par en par a Jackie Robinson y él, a su vez, a sus hermanos de raza, tanto estadounidenses, como latinoamericanos que hoy dan lustre al mejor béisbol del mundo.

  • Compartir

Pocos llegan a la Noche Inaugural en Miami

lunes, 8 de abril de 2013
08 abr
23:35
PM ET
por Jorge Morejón

Marlin ParkGetty ImagesLos Marlins de Miami tuvieron la inauguración de la temporada en casa sin un estadio lleno
Hace alrededor de un mes, conducir por la autopista 836 de Miami rumbo al estadio de los Marlins era un infierno.

Se jugaba en el flamante estadio de la Pequeña Habana la segunda ronda del Clásico Mundial de Béisbol y el público abarrotaba cada noche la instalación.

El lunes 8 de abril, los Marlins abrieron la temporada en casa ante los Bravos de Atlanta y manejar por la 836 nunca fue tan fácil.

El tráfico fluido anunciaba de antemano cómo sería la asistencia a la Noche Inaugural.

En años anteriores, cuando los peces arrancaban con pronósticos oscuros de temporadas miserables, de todos modos el público respondía el primer día, quizás por aquello de la falta de béisbol durante tantos meses.

Esta vez, ni con las agresivas promociones de compre una entrada a precio de ganga y lleve la otra gratis, los Marlins consiguieron una concurrencia respetable.

Media hora antes de que comenzara el juego, varios colegas calculábamos en un millar las personas en los graderíos, aunque la gente empezó a acomodarse una vez dada la voz de playball. Aunque la gerencia asegura que se "vendieron" 35 mil boletos, lo cierto es que las gradas habrán albergado poco más de 20 mil fanáticos, quienes encontraron que sólo Giancarlo Stanton, en el jardín derecho, quedaba de la alineación titular que comenzó la campaña del 2012.

Caras nuevas, como las del catcher Bob Brantley, el campocorto cubano Adeiny Hechevarria y el lanzador abridor Kevin Slowey, junto a los veteranísimos Juan Pierre y Plácido Polanco, fue lo que encontró el aficionado que llegó al Marlins Park.

Ah, y esperanza a mediano plazo en los nombres del colombiano Donovan Solano y el jardinero Justin Ruggiano, que ya mostraron credenciales en el 2012.

Antes de arrancar el partido, pasaban por las pantallas una y otra vez imágenes del pasado glorioso de la franquicia, cuando ganaron las Series Mundiales de 1997 y el 2003, en un intento por apelar a la nostalgia para captar público.

Incluso, hubo un intento por reeditar el famoso out en home de Iván "Pudge" Rodríguez sobre J.T. Snow para poner fin a la serie divisional del 2003 y que es conocido dentro de la franquicia como "La Jugada".

Pero fue tragicómico, patético, ver a Jeff Conine lanzar la pelota desde el jardín izquierdo, como hace diez años, pero no al plato, sino a Mike Lowell, haciendo de antesalista, quien de relevo disparó a Brantley, ante el desinterés del público.

¡Ni siquiera lograron traer al "Pudge" para hacer bien las cosas, si querían recrear aquella gloriosa escena!

Quizás hubiera sido oportuno retrasar un día más el debut del cubano José Fernández y dejarlo para abrir ante su público, como un ingrediente adicional que habría ayudado a mejorar la concurrencia.

Tal vez eso le hubiera puesto presión adicional, pero el muchacho de 20 años demostró temple de consagrado en su primera salida en las Mayores, con una experiencia profesional previa de apenas Clase A.

Por cierto que Fernández, quien ponchó a ocho en cinco innings, con una limpia y sin decisión frente a los Mets de Nueva York, subirá el sábado próximo por primera vez a la loma del Marlins Park ante ¿cuánta gente? Difícil predecirlo.

Etiquetas:

Beisbol, Miami Marlins

  • Compartir
AL INICIO