Con diez años de retraso, Yulieski Gurriel está a punto de firmar con un equipo de Grandes Ligas.

Este lunes recibió la aprobación de MLB que lo convierte en agente libre, cuatro meses después de su dudosa ''deserción'' tras la Serie del Caribe disputada en Santo Domingo y ahora las preguntas que muchos se hacen son:

1.- ¿Por cuánto dinero firmará? y 2.- ¿Con qué equipo?

Gurriel es, por mucho, el mejor pelotero que ha salido de la isla en los últimos diez años, jugador completísimo y versátil, defensor de la intermedia y la antesala, bateador de promedio y fuerza, corredor veloz.

Yuliesky Gurriel
AP Photo/Ricardo ArduengoEl cubano Yuliesky Gurriel ya fue declarado agente libre y puede firmar para cualquier equipo de Grandes Ligas.
Al momento de partir, bateaba para un absurdo average de .500, con promedio de embasamiento de .589, 15 jonrones y 51 carreras impulsadas en 224 comparecencias al plato en la muy disminuida liga cubana.

Es cierto que la calidad del torneo en la isla ha caído en picada, pero sólo él y nadie más consiguió tan exagerados guarismos, prueba de que el certamen doméstico le había quedado muy chiquito.

Ya se probó con éxito además en la exigente liga japonesa y tiene un historial sano, sin lesiones graves en más de diez campañas, a pesar de haber sido sometido a un abusivo trabajo en sus últimos años, en los que casi no tuvo descanso, entre la Serie Nacional cubana, los certámenes internacionales y el propio Japón.

De todos modos, Gurriel es una apuesta no exenta de riesgos, tratándose de un jugador de 32 años, a quien le quedarían a lo sumo, cinco campañas útiles.

Además, por muy probado que esté Gurriel en Cuba, en Japón y en las Series del Caribe, el nivel que enfrentará en las Mayores es infinitamente superior al que haya visto alguna vez en su vida.

Y no me refiero a los pitchers de Grandes Ligas que eventualmente haya confrontado en los Clásicos Mundiales, sino a que cada día, durante 162 juegos, tendrá tiradores de élite, tanto abridores, como relevistas.

Fuentes de Wasserman Media Group, la agencia que representa los intereses de Yulieski Gurriel, confirmaron a ESPNDeportes digital que la empresa ha preparado un expediente completísimo, que incluye tres revisiones médicas para descartar cualquier padecimiento que pueda afectar su futuro rendimiento.

Esas mismas fuentes aseguran que Gurriel firmará con el equipo que más dinero le ofrezca y la compañía está preparada para buscar un contrato no menor de 60 millones de dólares o incluso mayor que el de 72.5 millones que los Medias Rojas de Boston le dieron a Rusney Castillo.

Pero no llegaría a los 100 millones como se especuló alguna vez, sobre todo después de que Dodgers de Los Ángeles le dieran 62.5 millones a Héctor Olivera a sus 30 años de edad.

En los últimos días, Gurriel ha publicado fotos en las redes sociales en las que se le ve en el Yankee Stadium, lo cual ha desatado de inmediato especulaciones sobre la posibilidad de pactar con los Mulos de Manhattan.

Particularmente no lo creo. Los Yankees de Nueva York están en modo limpieza y antes de volver a gastar dinero a manos llenas deben salir de malos contratos, como los de Alex Rodríguez y Mark Teixeira, que pesan más que un piano.

¿Los Dodgers? Hmmmm. El equipo de Los Ángeles ha hecho últimamente muchos negocios con peloteros cubanos y casi todos les han salido mal, desde Erisbel Arruebarruena y Olivera, hasta Pablo Millán Fernández y Alexander Guerrero, aunque esa gerencia parece una aspiradora que chupa todo lo que le pase por el lado, sin mirar gastos.

Los Astros de Houston y los Bravos de Atlanta no son malas opciones, por tratarse de equipos en renovación, que necesitan figuras de experiencia que se combinen con sus nuevos talentos.

Pero sea con el que sea, buena suerte y salud en su verdadera prueba de fuego. El talento lo tiene.

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Julio Urias
Joshua Sarner/Icon SportswireJulio Urías es el 4º lanzador de los Dodgers desde la Segunda Guerra Mundial con efectividad superior a las 6.00 luego de 2 salidas en su carrera.
Mexicano, zurdo y con los Dodgers de Los Angeles, llegó con la aureola de ser nuevo el Fernando Valenzuela, pero al menos por ahora, no ha pasado de ser un engañoso espejismo.

A sus 19 años, la misma edad con la que debutó Valenzuela, Julio Urías despertó expectativas demasiado altas, pero dos salidas han bastado para hacerle saber al muchacho que no está listo para las Grandes Ligas.

Debutó el pasado viernes 27 de mayo ante los New York Mets y apenas pudo sostenerse 2.2 innings en la lomita, tras ser castigado con tres limpias y cinco hits, al tiempo que mostró un descontrol severo y regaló cuatro pasaportes.

Su segunda apertura, este jueves ante los Cachorros de Chicago, fue un poco más larga, de cinco episodios. Y aunque sólo otorgó un pasaporte, recibió palos a granel, incluidos tres cuadrangulares.

Después de sus dos primeras aperturas al más alto nivel, su efectividad anda disparada por 9.39 y en buena lid debería bajar nuevamente a las Menores a pulir el diamante en bruto que es.

A su favor hay que decir que los Dodgers han sido abusadores con el jovencito, pues lo han tirado literalmente a los leones: los Mets y los Cachorros son dos de los mejores equipos del momento. De hecho, fueron los que disputaron hace menos de un año la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, en busca del boleto a la Serie Mundial.

Eso no se hace. Al principal prospecto de la organización hay que saber llevarlo de la mano.

Debieron haberle dado la pelota ante equipos menos calificados, como los Bravos de Atlanta o los Milwaukee Brewers, para que fuera aclimatándose gradualmente a los rigores de la exigente competencia.

O quizás sacarlo desde el bullpen en sus primeras oportunidades, para que fuera ganando en confianza.

Para un chico tan joven, la experiencia puede resultar traumática y descarrilar un futuro que parece muy prometedor.

Recordemos a Joba Chamberlain, elegido por los Yankees de Nueva York Yankees en la primera ronda del draft del 2006.

Sin haber madurado lo suficiente en su carrera y resultados brillantes como relevistas, los hermanos Steinbrenner se empecinaron en convertirlo en abridor y ya hoy nadie se acuerda de él como la gran promesa que un día fue.

Ahora es un simple relevista itinerante del montón, con actuaciones inestables que a ratos muestra destellos de lo que pudo ser.

Ojalá que Urías logre reponerse al duro despertar que tuvo en la última semana y consiga algún día imponer en la Gran Carpa el dominio que ha exhibido desde que debutó en las Menores a los 16 años en el 2013.

Que regrese cuando esté listo, pero que lo haga como Julio Urías, no como un Fernando Valenzuela II, porque el Toro fue uno solo.

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No sé si fue coincidencia o hubo intencionalidad, pero esta vez fue Carlos Beltrán quien tomó el estrado en The Players' Tribune, al mismo tiempo en que los Marlins de Miami y los Piratas de Pittsburgh juegan en Miami la polémica serie que debió celebrarse en Puerto Rico.

Mientras los peloteros de ambos equipos y las Grandes Ligas le dieron la espalda a Puerto Rico, el jardinero de los Yankees de Nueva York subió a la tribuna virtual creada por Derek Jeter para contar de manera muy especial la manera de jugar pelota de los puertorriqueños, todos marcados por un mismo ejemplo: Roberto Clemente.

Carlos Beltran
David Richard/USA TODAY SportsCarlos Beltrán utilizó la plataforma de The Players' Tribune para expresar su sentir sobre Roberto Clemente.

Y es que Clemente es el más universal de todos los boricuas. Nadie nacido en la Isla del Encanto ha influido tan positivamente en la sociedad como el Cometa de Carolina, grande en terreno, inmenso fuera de él.

Cuenta Beltrán cómo en Puerto Rico se habla de Clemente en las clases de historia, de la misma manera que se habla de los próceres de la independencia como Ramón Emeterio Betances o Eugenio María de Hostos.

Y su ejemplo marca la manera de jugar de cada niño boricua, desde que toma un bate en sus manos por primera vez.

"Cuando tienes la oportunidad de mejorar cualquier situación, y no lo haces, estás malgastando tu tiempo en la Tierra".

Esa frase marcó el paso por la vida del estelar pelotero, quien aprovechó cada segundo de los 38 años que estuvo entre los suyos.

Más allá de su muerte, el 31 de diciembre de 1972, sigue mejorando con su ejemplo la vida no sólo de sus coterráneos, sino de todos los peloteros latinos que ven en él el espejo en el que reflejarse.

Conmueve leer la manera en que Beltrán narra su avidez por conocer cada detalle de su ídolo, a pesar de que nunca lo vio jugar, pues nació en 1977, cinco años después de la muerte de Clemente.

Y el orgullo que sintió Beltrán cuando Willie Mays, uno de los mejores jugadores que ha pasado por las Grandes Ligas, se refirió al astro boricua como "el pelotero perfecto".

A veces nos deslumbramos con las estrellas actuales y nos olvidamos de la historia, de los hombres que con su esfuerzo y entrega sentaron las bases para lo que disfrutamos hoy.

Ese pelotero perfecto marcó el camino de Beltrán, de Iván Rodríguez, de Juan González, de Bernie Williams y la nueva generación de peloteros boricuas, que contra viento y marea, tratan de rescatar el béisbol de la isla, como Francisco Lindor, Carlos Correa o Javier Báez.

Por eso duele ver el estado lastimoso del béisbol puertorriqueño, por la desidia y el desinterés de funcionarios a quienes poco o nada les interesan las bolas y los strikes.

A Derek Jeter, gracias, una vez más, por darle un espacio a los deportistas para contar sus historias.

A Carlos Beltrán también las gracias por compartir íntimamente su visión de cómo debe jugarse el béisbol.

Y a Roberto Clemente por ser Roberto Clemente, perfecto a pesar de ser humano.

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Dos en Base: Las nuevas reglas en las Grandes Ligas
Tags: mlb, xbox 360
El comisionado de las Grandes Ligas, Rob Manfred, está preocupado y con razón.

Los juegos de pelota están demorándose demasiado y han perdido el paso que lograron en el 2015, cuando el promedio de duración estuvo alrededor de las dos horas y 53 minutos.

Eso significó una baja de ocho minutos y medio en comparación con el 2014, pero este año nuevamente andamos sobre las tres horas y Manfred quiere buscar la manera de agilizar los partidos nuevamente.

El problema es que la solución que propone el comisionado puede terminar por convertir los encuentros en algo interminable.

Dice el comisionado que para el 2017 se estudiará, entre otras cosas, eliminar la obligatoriedad de hacer cuatro lanzamientos para concederle la base por bolas intencional a un bateador.

Bastará con una seña para enviar a la primera base al hombre en turno, como se hace en softbol amateur, con lo que posiblemente, el trámite del pasaporte de libre tránsito tomaría si acaso medio minuto para completarse.

No está mal la propuesta, aunque el ahorro en tiempo no sería significativo. ¿Por qué? Porque en la mayoría de los juegos nunca vemos un boleto intencional.

Hasta los juegos del miércoles 25 de mayo, se habían otorgado 4,689 bases por bolas y sólo 256 habían sido de carácter intencional.

Pero vale el esfuerzo por ahorrar tiempo donde quiera que se pueda.

El problema es que Manfred también estudia reducir la zona de strikes y ahí es cuando los juegos se harán interminables.

El primer lugar, porque crecerá el número de boletos no intencionales, que son los que en realizar demoran la acción.

Y en segundo lugar, porque al achicar la zona de strikes, los pitchers se verán obligados a lanzar más al medio, donde serán aprovechados por los bateadores y los encuentros se volverán mucho más ofensivos, con mayor cantidad de carreras y por consiguiente, más largos aún.

Ahí el que se ponchó fue el comisionado, quien debería buscar otras formas de recortar tiempo.

Algo que está demorando en exceso los partidos es todo el proceso alrededor de la apelación de jugadas en video.

Los managers que quieran reclamar cierta acción deberían decidirlo en el acto y no como ocurre ahora, que primero pasa por un funcionario del equipo encargado de revisar el video y decidir si se apela o no la jugada.

Y una vez que deciden hacerlo, el panel de jueces que analiza los diferentes ángulos de la jugada tendría que tener un tiempo límite para emitir un veredicto.

Ahora mismo, en ocasiones la demora es de hasta cinco minutos en jugadas que no hace falta mirar con lupa para ratificar o rechazar la decisión inicial de los umpires en el terreno.

Hay que obligar a los serpentineros a tomar menos tiempo entre envío y envío o limitar las conferencias entre pitcher y cátcher, innecesarias muchas veces, sobre todo en aquellos equipos donde las órdenes sobre qué lanzamiento hacer se dan desde el banco y no es el receptor quien tiene la autoridad para pedir tal o más cual pitcheo.

También podría reducirse el tiempo entre innings, pero eso no lo van a hacer, porque serían menos comerciales que pasarían por televisión, con la consiguiente pérdida de dinero.

De que hay que aligerar el paso, sin dudas hay que hacerlo, pero de la forma correcta, no vaya a resultar el remedio peor que la enfermedad.
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Beisbol, MLB

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Sin contar los 25 millones de esta temporada, a Albert Pujols todavía le faltan por cobrar 140 millones de dólares de su contrato, aun cuando ya no es ni la sombra del pelotero que ya tiene suficientes números para entrar caminando al Salón de la Fama de Cooperstown.

Lo de Pujols se veía venir. Cuando los Angelinos de Los Angeles lo firmaron por 240 millones y diez campañas en el 2012, el toletero dominicano ya tenía 32 años de edad y era una utopía pensar que rendiría a su máximo nivel hasta los 42.

De hecho, sus números habían comenzado a decrecer paulatinamente en sus años finales con los Cardenales de San Luis, aunque todavía eran cifras envidiadas por la mayoría de los mortales.

Eso no lo vio Arte Moreno, dueño de los Angelinos, cuando le dio el megacontrato que cuando se aproxima a la mitad de su término, ya se ve como uno de los peores de la historia.

Giancarlo Stanton
Mike Carlson/Getty ImagesEn sus últimos 11 partidos, Stanton, cuarto bate de Miami, ha tenido muy poco que aportar, con cuatro hits en 37 turnos y 16 chocolates.
De todos modos, Pujols sigue aportando ganancias y en el 2015 fue el decimoctavo pelotero que más camisas vendió en todas las Grandes Ligas, aun cuando su desempeño con el madero depare flashazos de su grandeza de antaño.

Pero duele pagar tanto dinero por alguien cada vez menos efectivo, con todo y su nicho garantizado en el Templo de los Inmortales.

Y si bien Moreno debe estar lamentándose por la fallida inversión, el que tiene que estar halándose los pelos es Jeffrey Loria, el propietario de los Miami Marlins: si lo de Pujols fue un error, lo de Giancarlo Stanton es un fraude.

Con bombos y platillos, Loria anunció en el invierno del 2014 el pacto que convertía a Stanton en el deportista mejor pagado de la historia: 325 millones.

Desde el comienzo, muchos dudaron si el jardinero derecho de los Marlins merecía tanto dinero, pues si bien es cierto que es uno de los bateadores de mayor fuerza que hayan pisado un terreno de béisbol, sus deficiencias en la caja de bateo lo hacen demasiado vulnerable y lo llevan por ratos al grado de la mediocridad extrema.

Las últimas semanas han sido catastróficas para Stanton, quien en la reciente subserie de tres juegos ante los increíbles Filis de Filadelfia se fue de 10-0 con nueve ponches.

En los últimos 11 partidos, el cuarto bate de Miami ha tenido muy poco que aportar, con cuatro hits en 37 turnos y 16 chocolates.

No es sólo la cantidad de abanicados, sino la manera en que luce, con swings ridículamente descoordinados.

De sus 11 jonrones, seis han sido con las bases limpias, mientras que con hombres en posición anotadora y dos outs, lleva de 15-0 y ocho ponches.

Es cierto que cuando le pega a la pelota, la envía más lejos que nadie, pero como dijo en su momento Ozzie Guillén cuando dirigió a los Marlins, lo importante no es que dé jonrones largos, sino que lo haga muchas veces.

En lo que va de temporada, ha abanicado 48 veces en 132 turnos al bate, o lo que es igual: se poncha en el 36.3 por ciento de sus visitas al plato.

A eso súmenle su propensión a las lesiones, que le dan un promedio de sólo 106 juegos por temporada.

Es cierto que el contrato está estructurado de una manera en la que Stanton cobrará un tercio aproximado del dinero en la mitad del tiempo del acuerdo y le da la posibilidad de salirse en el séptimo año para buscar un nuevo pacto en la agencia libre.

Tal como van las cosas, Loria debe estar rezando y encendiendo velas porque el jugador opte por romper el contrato, aunque a este paso es difícil que algún otro equipo se aventure a morder el anzuelo llegado ese momento.

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Yasiel Puig tiene el talento y el potencial para ser el mejor pelotero del mundo. De hecho, en su año de debut, en el 2013, su nombre se mencionaba en la misma oración que el de Mike Trout.

Pero por diferentes razones, el jardinero cubano de los Dodgers de Los Angeles se ha quedado corto en el camino hacia ese plano superior reservado sólo a unos pocos elegidos.

La mayoría de esas razones tienen que ver directamente con Puig, un muchacho del campo cubano que a los 22 años se vio atrapado en una vorágine de dinero y fama que no supo controlar.

Yasiel Puig
Jayne Kamin-Oncea/USA TODAY SportsEn los primeros 32 juegos de la campaña, el cubano ha pasado por seis diferentes turnos en la alineación.
Lo cierto es que tanto para bien, como para mal, el jugador de los Dodgers es desde entonces uno de los peloteros más seguidos, a quienes los medios no les pierden ni pie, ni pisada, a la espera del próximo capítulo de su accidentada carrera.

En el 2016, en su cuarta campaña en las Mayores, Puig necesitaba un salto que lo pusiera al nivel que de él se espera y lo ayudara a superar el retroceso que tuvo en sus números en el 2015, año en el que además estuvo limitado por lesiones.

En su ayuda vino el cambio de manager, de Don Mattingly, con quien nunca logró consolidar una buena relación, a Dave Roberts, con el cual ha reconocido estar muy a gusto.

El muchacho parece haber tomado conciencia de las cosas que hizo mal en el pasado y comenzó la temporada a todo tren, enfocado en borrar la imagen de chico indisciplinado, con malos tratos con sus compañeros de equipo.

Tuvo un muy buen arranque y hasta bien avanzado el mes de abril exhibía average por encima de .300, un promedio de embasamiento (OBP) de .371 y una sólida defensa en la que combinaba su habitual juego agresivo con un mejor sentido común de hacia dónde dirigir sus tiros y cuándo usar toda la potencia de su brazo.

Pero poco a poco los números ofensivos fueron cayendo y el fantasma de otra temporada mediocre comenzó a rondar sobre la cabeza del cubano, quien, sin embargo, casi a diario nos regala una atrapada de lujo o un certero disparo que hace titulares en Sportscenter.

Cuando Mattingly dirigía a los Dodgers, se decía que tenía poca o ninguna capacidad de decisión sobre la alineación que presentaba en cada juego.

Al llegar al estadio, los sabermétricos de la oficina, esos cerebritos que han pasado toda su vida detrás de una computadora y nunca pusieron un pie en un terreno de béisbol, le entregaban el line-up diario, basados en no se sabe qué proyecciones, que sólo aportaban inestabilidad en el orden al bate y violaban una regla no escrita de los fundamentos del juego: alineación ganadora no se cambia.

Con Roberts las cosas no parecen haber cambiado y en defensa de Puig hay que decir que es muy difícil tener un rendimiento sobresaliente cuando no se sabe que función dentro del orden al bate le depara cada día.

En los primeros 32 juegos de la campaña, el cubano ha pasado por seis diferentes turnos en la alineación. Ha sido primero, segundo, tercero, quinto, séptimo y octavo.

Cada lugar en el line-up tiene su labor específica y es difícil encontrar a algún pelotero que sea capaz de hacer las cosas bien en cada uno de los turnos.

Enrique Hernandez
Kelvin Kuo/USA TODAY SportsLos cambios de la alineación han enfriado a Enrique Hernández, con apenas un hit en sus últimos 24 turnos.
Pero no es sólo Puig la víctima de tantos cambios. El versátil puertorriqueño Enrique Hernández también ha sufrido en carne propia el sube y baja que después de un inicio sólido, en el que se había convertido en una pieza fundamental del conjunto angelino, se ha enfriado, con apenas un hit en sus últimos 24 turnos.

Kike también ha pasado por seis diferentes puestos en el orden al bate, desde primero y segundo, hasta sexto, séptimo, octavo y noveno.

Más turnos aún ha ocupado Joc Pederson, el jardinero central que en el 2015 inició con un paso digno de Novato del Año, pero luego se perdió en la segunda mitad de la contienda.

Menos segundo y tercero, Pederson ha alineado en el resto de los turnos del orden al bate.

¿Qué mensaje se le está enviando al jugador, que de pronto pasa de ser una de las piezas fundamentales a convertirse en uno de los menos importantes en el line-up?

Ojalá que a los sesudos de los Dodgers no les dé por improvisar de esta misma manera con el pitcheo, pues entonces veríamos a Kenley Jansen y a Pedro Báez abriendo juegos y a Clayton Kershaw venir a lanzar desde el bullpen.

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Pasado el primer mes de la temporada, varios managers están sentados en una silla caliente, tras el arranque desastroso de sus respectivos equipos.

Las gerencias lo primero que hacen es cortarle la cabeza a los directores, en busca de revertir el mal comienzo y desde ya hay suenan dos candidatos principales a quedar sin trabajo en las próximas semanas: Joe Girardi (Yankees de Nueva York) y Fredi González (Bravos de Atlanta).

La pregunta es quién se irá primero.

Fredi Gonzalez
Daniel Shirey/USA TODAY SportsLos Bravos de Fredi González tienen la peor ofensiva de todas las Grandes Ligas, con promedio colectivo de .224, 83 carreras producidas en 27 partidos.
Los Bravos, con el peor récord de todas las Grandes Ligas (7-20 hasta los juegos del miércoles 4 de mayo), parecen los más desesperados y ya se habla de Bud Black, ex manager de los Padres de San Diego, como posible sustituto del cubano González.

Atlanta tiene la peor ofensiva de todas las Grandes Ligas, con average colectivo de .224, 83 carreras producidas en 27 partidos y apenas seis cuadrangulares, único equipo con menos de diez bambinazos.

El pitcheo no anda mucho mejor y figura en el lugar 26 entre los 30 conjuntos de las Mayores, con efectividad combinada de 4.84.

Pero los Bravos no fueron construidos este año para competir, sino simplemente para completar un calendario de 162 juegos, pues la franquicia está en modo de austeridad, a la espera de inaugurar su nuevo estadio la próxima temporada.

Con las piezas que tiene, González no puede hacer mucho más y en su caso, no sería justo mandarlo a la calle después de hacer el "trabajo sucio" de soportar estoicamente los golpes, cuando la gerencia decidió no reforzar la capacidad competitiva del equipo.

Simplemente, las cosas le están saliendo a los Bravos de la manera que se esperaba, de la forma en que se planificaron y cualquier otra exigencia sería pedirle peras al olmo.

La cuestión cambia en el caso de Girardi.

Luego de llevar a los Yankees a la postemporada en el 2015, las expectativas eran mucho más altas, aun cuando eran conocidas las lagunas de un equipo envejecido, atado a contratos disparatados que impiden a la gerencia gastar a manos llenas como en los tiempos del difunto George Steinbrenner.

Joe Girardi
Raj Mehta/USA TODAY SportsLos Yankees de Joe Girardi están haciendo acopio de paciencia hasta que puedan salir de tantos veteranos sobrepagados.
Los veteranos tienen un año más y el tiempo les está pasando factura. La producción de carreras es la penúltima de todo el béisbol, sólo mejor que la de los Bravos.

Alex Rodríguez es su máximo jonronero e impulsador, con cinco y 12, respectivamente, pero bateaba para un anémico average de .194 antes de irse a la lista de lesionados por 15 días.

Mark Teixeira, Chase Headley y Didi Gregorius son outs casi seguros cada vez que van a batear y el peso ofensivo está recayendo principalmente en Brian McCann y el dominicano Starlin Castro, uno de los pocos refuerzos que tomó el equipo en el invierno.

Pero peor ha sido su pitcheo, ya que tiene efectividad de 4.54.

Con la sorpresiva adquisición del cubano Aroldis Chapman, los Yankees tienen al que puede ser el trío de relevistas más dominante de la historia, junto al dominicano Dellin Betances y Andrew Miller.

Chapman regresa de una suspensión el 9 de mayo, pero para que él, Miller y Betances puedan hacer su trabajo, necesitan tomar el juego con ventaja, algo que los abridores no han podido hacer casi nunca.

Solamente C.C. Sabathia tiene más de un triunfo en todo el staff de lanzadores y el japonés Masahiro Tanaka exhibe un buen promedio de 2.87.

Los otros tres abridores (Nathan Eovaldi y los dominicanos Michael Pineda y Luis Severino) trabajan de manera combinada para 6.04, con 55 limpias en 82.1 innings.

Como mismo Atlanta está en un compás de espera, hasta que tenga listo su nuevo estadio, los Yankees están haciendo acopio de paciencia hasta que puedan salir de tantos veteranos sobrepagados, antes de volver a abrir la billetera y conformar un equipo joven y competitivo.

Pero si el viejo Jefe estuviera vivo, con ese balance de 9-16 y en el sótano divisional, posiblemente ya Girardi estaría aplicando para beneficios por desempleo.

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Definitivamente, los tiempos han cambiado para mal y los verdaderos héroes son una especie en peligro de extinción.

Mientras el gran Roberto Clemente pasó a la inmortalidad entregando su vida por el prójimo, las estrellas multimillonarias de hoy están tan enfermas de egocentrismo y alejadas del resto del mundo que en su mayoría son incapaces de mover un dedo por sus semejantes menos favorecidos.

La inminente cancelación de la serie entre los Piratas de Pittsburgh y los Marlins de Miami en San Juan por el miedo al contagio con el virus del zika es una bofetada al recuerdo de Clemente.

Estadio Hiram Bithorn  Serie del Caribe
AP Photos
Mientras las Grandes Ligas aún no han tomado una decisión definitiva sobre la serie en el Hiram Bithorn de San Juan, el equipo de la Capital del Sol ya fijó su posición al respecto. Los jugadores de los Marlins realizaron una votación secreta sobre el viaje, previsto para los días 30 y 31 de mayo, aunque los resultados no se darán a conocer hasta el fin de semana.

Así lo hizo saber el lanzador derecho Tom Koehler, representante del sindicato de jugadores dentro del equipo surfloridano.

Koehler dijo que durante la reciente serie en Milwaukee, recibieron una información alarmante de Grandes Ligas y del Centro para el Control y Prevención de Enfermedades sobre el zika y sus consecuencias.

El serpentinero señaló que entre las recomendaciones recibidas por las autoridades sanitarias, en caso de viajar a San Juan, estaban quedarse dentro de la habitación, viajar del hotel al estadio, usar mangas largas y sobre todo, no incluir en la delegación a ninguna esposa embarazada.

Según el diario El Nuevo Herald, que cita informes de la prensa local de Pittsburgh, los jugadores de los Piratas quieren mover la serie al Marlins Park de Miami, a pesar de ser uno de los equipos más populares en la Isla del Encanto, precisamente por Clemente.

Existen maneras de evitar la picada del mosquito Aedes Aegypti, transmisor de la enfermedad, como el uso de ropa adecuada y aplicación de repelentes, aunque ningún método sea seguro 100 por ciento.

Pero los héroes corren riesgos, como los enfrentaron los médicos de varios países que fueron hasta Africa a combatir la reciente epidemia de ébola.

Ir a jugar a San Juan, en momentos en que Puerto Rico está devastado por un terremoto financiero y su gente necesita aunque sea un soplo de esperanza, sería el mejor tributo al noble boricua que murió llevando ayuda humanitaria a la Nicaragua destruida por el sismo de 1972.

Los peloteros tienen el derecho de decidir y nadie puede obligarlos, pero sería justo entonces que ningún jugador de los Piratas o los Marlins sea elegible al premio Roberto Clemente, al menos no en este año.

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Bryce Harper, Mike Trout
Getty ImagesA juicio de muchos, Bryce Harper y Mike Trout son los dos mejores jugadores en MLB en la actualidad... y ninguno de ellos llega a los 25 años.
Las Grandes Ligas están viviendo un cambio generacional con la inyección de jóvenes talentosísimos cuyas edades no rebasan más allá de los 25 años.

Esta nueva ola que domina el béisbol en la actualidad puede atribuirse a varios factores.

Uno de ellos es fortuito y tiene que ver con la coincidencia en tiempo de muchos peloteros de primer nivel, algo tan normal como que en otros momentos la camada de jugadores no siempre sea tan buena.

Pero a mi modo de ver, el dominio actual que van imponiendo los más jóvenes es consecuencia directa de la lucha contra el uso de sustancias prohibidas para mejorar el rendimiento deportivo.

Si bien es una guerra que nunca terminará, el interés de MLB para atacar a los tramposos ha dado resultados y cada vez son menos -- al parecer -- los que acuden al engaño para sobresalir.

Y parte de ese engaño era la extensión de las carreras deportivas a edades inusuales, donde lo normal es que comience un declive natural.

Así vimos a Barry Bonds disparar sospechosamente 73 jonrones en una temporada a los 37 años de edad, por sólo citar un ejemplo de muchos que abundaron en la era de los esteroides.

En esta época post-esteroides, el béisbol le pertenece a los jóvenes, aquellos con más reflejos para reaccionar a envíos que llegan a casi 100 millas por hora en fracciones de segundos hasta el plato.

Ojo, no quiere decir que no hayan excepciones, pero solamente unos pocos elegidos por los dioses del béisbol pueden seguir derrochando su talento cuando la mayoría de sus compañeros de generación ya vieron pasar sus mejores momentos y muchos se fueron al retiro.

Pero no todos los días salen los Ichiro Suzuki, David Ortiz o Adrián Beltré, que consiguen competir con la sangre fresca que viene como un tsunami a reclamar los puestos cimeros del mejor béisbol del mundo.

Lo cierto es que estamos siendo testigos del nacimiento de una generación brillante, que tiene posiblemente en Bryce Harper y Mike Trout a sus dos principales exponentes.

Hasta los juegos del miércoles 20 de abril, los bateadores de 25 o menos años habían acumulado el 30 por ciento de los 411 jonrones registrados en la joven temporada. Esa cifra supera en un cinco por ciento la registrada en el 2015 y es mucho mayor que la del 2010, cuando los jovenzuelos consiguieron en 18 por ciento de los bambinazos.

Jugadores de 25 o menos lideran los principales departamentos ofensivos de las Mayores.

El dominicano Manny Machado, de los Orioles de Baltimore, tiene el average más alto (.407) y acumula más hits que nadie (24).

Carlos Correa and Manny Machado
Getty ImagesCarlos Correa y Manny Machado representan la sangre latina joven dentro del béisbol de Grandes Ligas.
Harper, de los Nacionales de Washington, es el máximo remolcador de carreras (22) y va empatado en cuadrangulares (8) con el novato Trevor Story, de los Rockies de Colorado. Nolan Arenado, también de los Rockies, los secunda con seis vuelacercas y 16 remolques.

El jardinero de los Nacionales es dueño también del promedio de slugging más alto (.849), delante de Machado (.780) y Story (.758).

Y el venezolano Jose Altuve, de los Astros de Houston, es el máximo robador de bases (7).

Entre las estrellas que dominan los titulares beisboleros en la actualidad, la lista de jovencitos es larguísima, más allá de los ya mencionados.

¿Dónde dejamos a Kris Bryant y Addison Russell, de los Cachorros de Chicago? ¿O los boricuas Carlos Correa y Francisco Lindor, de Houston y Indios de Cleveland, respectivamente?

Aunque hemos estado oyendo de él desde el 2013, es ahora que el cubano Yasiel Puig acaba de llegar a los 25 años.

Igual pasa con el venezolano Salvador Perez, uno de los mejores catchers de todo el béisbol, que a sus 25 años ya acumula tres Guantes de Oro con los Kansas City Royals.

La cosa es ver cuántos de ellos son capaces de mantenerse en la élite más allá de sus años picos, para convertirse en los Big Papis, Ichiros o Beltrés del futuro.

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Muchas veces los héroes nacen de la casualidad. Si el dominicano José Reyes no estuviera envuelto en problemas legales que lo han mantenido fuera de los diamantes, quizás nunca hubiéramos disfrutado de la historia más excitante de esta primera semana de la temporada.

Trevor Story es el primer jugador en más de 100 años de béisbol en disparar seis jonrones en sus cuatro primeros partidos de Grandes Ligas.

Aún es prematuro, pero la historia de Story recuerda aquella del novato Lou Gehrig, prospecto de los Yankees de Nueva York que un día sustituyó a Wally Pipp, titular de la primera base y se quedó por los siguientes 2,130 juegos.

Trevor Story
AP Photo/David ZalubowskiTrevor Story pasa por la primera base y festeja con el coach Eric Young tras dar cuadrangular ante los Padres.
Lo curioso es que este muchacho texano de 23 años no era siquiera considerado el principal prospecto de los Rockies de Colorado.

Diferentes listados, desde Baseball America hasta Fangraphs.com, pasando por la propia estructura de ligas menores de los Rockies, lo situaban entre los lugares siete y 11 entre las promesas de la organización.

Los reportes lo señalaban como un bateador de poder ocasional que podría llegar a ser un pelotero ''decente''. Nada más.

Pero se ganó su espacio en los entrenamientos primaverales, en los que conectó seis jonrones y remolcó 13 carreras en 20 partidos. Con 18 hits en 53 turnos, su average fue de .340 y su promedio de embasamiento (OBP) de .407.

Fangraphs.com, considerada la biblia de la sabermetría, le proyectaba, a lo sumo, 18 bambinazos, asumiendo que abriría como titular en ausencia de Reyes.

Pero los números no miden el hambre de un jovenzuelo ansioso por aprovechar las oportunidades que les pone delante la vida, a sabiendas de que no todos los días se presentan esos chances.

Story parece haber llegado para quedarse y ahora mismo, tras sus seis vuelacercas en los primeros cuatro juegos de su carrera, la proyección matemática es nada menos que de ¡243 jonrones en la temporada!

Eso triplicaría el récord de Barry Bonds (73 en el 2001) y todavía le sobrarían 33 bambinazos más.

Obviamente, es imposible mantener ese paso y eventualmente, posiblemente tan pronto como en el siguiente juego, verá cortada su impresionante racha.

Pero teniendo en cuenta las condiciones del Coors Field de Colorado, donde jugará la mitad de sus partidos, perfectamente podría superar la treintena de cuadrangulares al concluir la campaña.

Semejante irrupción en las Mayores debe tener ahora mismo a los ejecutivos del equipo rompiéndose la cabeza y tratando de encontrar un destino para su campocorto titular, cuya suerte aún está en manos del comisionado Rob Manfred.

Al menos, ya el quisqueyano libró de la responsabilidad penal, cuando su caso por violencia doméstica se desestimó por los tribunales de Hawaii.

Pero se espera una suspensión por parte de Manfred, como ocurrió con el cubano Aroldis Chapman, cerrador de los Yankees.

El problema para Dick Monfort, dueño de los Rockies, es dónde encontrar a quien decida asumir todos y parte de los 44 millones que se le adeudan a Reyes de su contrato hasta el 2017, apostando a que el equipo no ejercerá opción sobre el jugador en el 2018 y le pagará otros cuatro millones para dejarlo en libertad.

Ya Monfort, deslumbrado como el resto del mundo del béisbol por el explosivo debut de Story, parece estar ''armándole la cama'' al dominicano, con declaraciones como que ''si hizo algo malo, que pague'' y ''habría que ver las reacciones de los fanáticos'' ante alguien involucrado en un incidente de violencia doméstica.

Pero esa es la parte oscura de esta historia.

Los reflectores están sobre Story, quien ha puesto en ridículo cualquier proyección sobre su carrera, incluso las más optimismas.

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Le tomó apenas tres juegos a la nueva regla de deslizamientos en segunda base para que fuera aplicada y provocara uno de los finales de partido más extraños de la historia.

La llamada 'regla Chase Utley' fue decretada en el tercer encuentro de la temporada entre los Azulejos de Toronto y los Rays de Tampa Bay en el Tropicana Field y justo para el out 27.

Los Rays ganaban 3-2 en el noveno, cuando los Azulejos llenaron las bases con un solo out y en turno venía el cuarto bate Edwin Encarnación.

El dominicano bateó una rola por tercera y el antesalista Evan Longoria buscó la doble matanza por la vía 5-4-1. José Bautista, quien corría de primera a segunda, se deslizó en la intermedia, aunque el tiro llegó con tiempo para ponerlo fuera.

Pero en el deslizamiento buscó con su mano izquierda la pierna derecha del camarero Logan Forsythe, lo cual le hizo tirar mal a primera.

La pelota se escapó y entraron dos corredores que pusieron la pizarra 4-3 favorable a los visitantes.

Pero el manager de Tampa Bay, Kevin Cash, reclamó la jugada y tras revisar el video, los árbitros decretaron out a Encarnación por interferencia de Bautista, a tenor de la regla 6.01, emitida tras la brutal entrada a segunda de Chase Utley sobre el campocorto panameño Ruben Tejada en los playoffs del 2015.

La interferencia fue clara, clarísima, intencional o no, podría haber sido decretada incluso si no existiera la regla Utley, que busca proteger a los defensores de la intermedia de entradas grotescas para romper dobles matanzas.

Pero el director de Toronto, John Gibbons, no lo vio así.

"Es una vergüenza. Entiendo la intención de la regla, pero eso es cuando un corredor busca intencionalmente a un fildeador para dañarlo. Esto es béisbol y no sé qué es lo que realmente quieren".

Ahora bien. ¿Qué hubiera pasado si en vez de Bautista agarrar por el tobillo a Forsythe con la mano, lo derribaba con el impacto del deslizamiento dentro del rango de tres pies de ancho alrededor de la almohadilla?

Utley se salió de su camino unos cuantos pies en busca de las piernas de Tejada, pero ¿cuál sería la decisión arbitral si el choque entre corredor y defensor se produce justo sobre la base y eso le impide el tiro a primera para completar una doble matanza?

Ahí no habría interferencia, por mucho que le haya dolido el golpe al jugador a la defensa.

Esto apenas comienza y ya veremos unas cuantas decisiones polémicas en torno a la intermedia, de la misma manera que ocurrió en su momento con la regla 7.13 y los bloqueos del plato por los receptores, que entró en vigor de manera experimental en el 2014.

Por cierto, ¿alguien se enteró cuando esa regla dejó de ser experimental y pasó a definitiva? ¿O es que siguen experimentando?

Mientras tanto, Bryce Harper sigue abogando en su campaña de hacer divertido el béisbol nuevamente.

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