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Fuentes: NY busca no pagar bonos a A-Rod
Los Yankees de Nueva York compraron pescado y ahora le cogieron miedo a los ojos.

En otras palabras, no quieren asumir las consecuencias de un error que cometieron hace años, cuando decidieron renovarle el contrato a Alex Rodríguez, convertido ahora en una suerte de paria en el mundo del béisbol.

A-Rod aparece ahora mismo en el quinto lugar de los jonroneros de todos los tiempos, con 654 bambinazos, a sólo seis de Willie Mays, quien se ubica cuarto en la lista histórica.

Según el contrato del pelotero con el equipo, si Rodríguez supera a Mays recibiría seis millones de dólares adicionales en concepto de bonos, aparte de los 62 millones de salario que le quedan pendientes por las próximas tres campañas.

Los Yankees calcularon entonces que el acecho a la marca de Mays estaría acompañado por una enorme campaña de mercadeo que generaría importantes ganancias a la franquicia.

Error de cálculo. A raíz de sus escándalos relacionados con el uso de sustancias prohibidas, nadie quiere a Rodríguez y la proyectada campaña de marketing no atraería a nadie con sentido común.

Entonces, la gerencia quiere evitar pagarle esos seis millones de bonos y para ello esgrimen un argumento, cuando menos, infantil: que los números de Alex no son genuinos, que están inflados por el consumo de esteroides, bla, bla, bla.

El problema es que el compromiso está en blanco y negro, legitimado ante notario, más allá de la validez ética de los cuadrangulares del pelotero. Además, desde hace años, los Yankees y todo el mundo del béisbol, saben que Alex Rodríguez usó esteroides para mejorar su rendimiento, pero el equipo prefirió aceptarlo y seguir adelante.

Entonces ahora no pueden aparecerse con ese golpe bajo y les toca asumir las consecuencias de sus actos.

Nueva York tiene dos maneras de salir de la obligación de pagarle las bonificaciones.

Una es mantenerlo en la banca toda la temporada, no darle la posibilidad de pegar los pocos vuelacercas que le faltan para superar a Mays. La otra es respirar profundo, tragar en seco y extenderle un cheque por 62 millones de dólares, para que se retire a disfrutar de su dinero.

Esta opción parece la más acertada, porque tenerlo a disgusto en la banca provocaría una tormenta de proporciones incalculables dentro del vestidor del equipo, cuyas consecuencias podrían ser más costosas que los 62 millones que se le adeudan o los seis que intentan negarle.

A esta hora supongo que en la directiva de los Yankees deben estar cruzando los dedos para que el pelotero fracase en los entrenamientos primaverales y les dé pie para cortarlo de la plantilla de 25 (previo pago de sus millones, obvio).

Pero más allá de todos los defectos que se le puedan achacar, Alex Rodríguez es un deportista demasiado dedicado a su trabajo y puden apostar que será el primero que llegue al George Steinbrenner Field de Tampa cuando abran los campos de entrenamiento.

Esta novela pica y se extiende y está para alquilar balcones.

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Bud Selig Elsa/Getty ImagesEl saliente comisionado de MLB apoyó a la minorías e internacionalizó el béisbol.
Llegó finalmente el día del adiós para Bud Selig. Tras casi 23 años al frente de las Grandes Ligas, le pasa el testigo a Rob Manfred y deja tras de sí un legado de crecimiento para las minorías, principalmente los latinos.

Cuando Selig asumió de manera interina como comisionado de la MLB en 1992, todavía algunos equipos preferían armarse exclusivamente con el talento local, mientras que otras franquicias apenas contaban con dos o tres latinos, principalmente puertorriqueños, dominicanos o venezolanos.

El gran boom de los peloteros hispanos se desató en la década de los 90, en parte por los planes de internacionalización del béisbol encabezados por el comisionado. La minoría se convirtió prácticamente en mayoría.

Hoy no hay equipo que pueda prescindir de los hispanos e incluso, varios de ellos figuran entre los peloteros mejor pagados de la historia.

Nueve peloteros han firmado pactos por más de 200 millones de dólares y ocho de ellos pertenecen a minorías étnicas o raciales.

Giancarlo Stanton tiene raíces africanas y boricuas, Alex Rodríguez, Miguel Cabrera, Albert Pujols y Robinson Canó son latinos. Prince Fielder es de raza negra, Joey Votto es extranjero también, nacido en Canadá y Clayton Kershaw es judío americano.

Pero no solo latinos llegaron en masa. También vino un contingente japonés encabezado por Hideo Nomo en 1995 y que ha tenido en Ichiro Suzuki a su principal exponente.

Antes de Nomo, solo Masanori Murakami, en 1964, había venido desde Japón a las Mayores. Aterrizaron además en la era Selig 29 representantes de Australia y en menor medida, de Curazao, Aruba, Holanda, Sudcorea, Taiwán y hasta del futbolístico Brasil.

En su etapa como comisionado se concretó un sueño acariciado por décadas por los fanáticos de todo el planeta, al surgir el Clásico Mundial, que ya ha realizado tres ediciones.

Un evento todavía muy mejorable, el Clásico ha echado ya raíces como la opción más genuina para buscar al verdadero campeón mundial.

Pero no todo fue color de rosa durante el reinado de Selig en lo que a minorías e internacionalización se refiere.

Él debió corregir un error cometido por su predecedor Fay Vincent en 1990, al incluir a los peloteros de Puerto Rico en el draft amateur, una medida cuyas consecuencias se han visto 25 años más tarde y que ha puesto en crisis el béisbol en la Isla del Encanto.

Y esa debía ser una de las prioridades del nuevo mandamás Manfred, pues un béisbol boricua fuerte redunda positivamente, tanto en las Grandes Ligas, como en el concierto internacional.

El comisionado que acaba de dejar las riendas también instituyó en 1997 el Día de Jackie Robinson, en el 50 aniversario de que se quebrara la barrera racial y retiró su número 42 de todos los equipos, en homenaje al primer pelotero negro en las Mayores.

Sin embargo, los afroamericanos se han apartado del béisbol y cada vez son menos los que se interesan por el deporte de las bolas y los strikes.

La internacionalización del béisbol ha provocado una competencia mucho más fuerte, donde incluso, pueden pasar años para que un pelotero llegue a subir a las Grandes Ligas o quedarse para siempre en las Menores.

Entonces muchos atletas afroamericanos, con habilidades para otras disciplinas, han preferido emigrar hacia la NBA o la NFL, donde no tienen tanta oposición foránea y además, al ser escogidos en el reclutamiento, ya están prácticamente jugando de inmediato al máximo nivel de esos deportes.

Le toca entonces a Manfred desarrollar programas intensivos para recuperar ese vínculo a beneficio de una de las principales minorías del país.
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Cuando pensábamos que veríamos un trabuco cubano en el próximo Clásico Mundial de Béisbol del 2017, con sus mejores figuras que hoy brillan en las Grandes Ligas, un alto funcionario de la isla le echó un balde de agua fría a los más optimistas.

En un encuentro con la prensa deportiva cubana, el vicepresidente del Instituto Nacional de Deportes, Educación Física y Recreación (INDER), Jorge Polo, regresó al lenguaje de barricada de la Guerra Fría al calificar de "traidores" a los peloteros que abandonaron el país para perseguir el sueño de las Grandes Ligas y dijo que no tendrán la oportunidad de volver a vestir la camisa de la selección nacional.

Alexi Ramirez, Jose Abreu, Yoenis Cespedes, Aroldis Chapman and Yasiel Puig
Brace Hemmelgarn/Minnesota Twins/Getty ImagesLos cubanos como Ramírez, Abreu, Céspedes, Chapman y Puig fueron llamados 'traidores' por las autoridades cubanas.
Polo dijo que las autoridades deportivas están listas para insertar a sus peloteros en cualquier certamen foráneo, incluidas las Grandes Ligas de Estados Unidos, aunque reconoció que hasta ahora no ha habido acercamiento alguno al respecto.

En las declaraciones del funcionario hay evidentes contradicciones. Quieren exportar peloteros a las Ligas Mayores, pero le niegan el derecho de integrar la selección a los que ya juegan al máximo nivel del béisbol.

La idea de Cuba es simple y clara: el Estado quiere actuar como agente único de sus peloteros, decidir en qué equipos los coloca y llevarse una tajada brutal de sus salarios, mucho mayor de lo que cualquier otro jugador le pagaría a un representante, aunque sea el mismísimo Scott Boras.

Los que ya se fueron se les escapan de ese control y los castigan de esta manera, a pesar de que la mayoría de los ligamayoristas han expresado en reiteradas ocasiones su disposición a jugar en el equipo nacional.

Digamos las cosas por su nombre: lo que quiere Cuba es, simplemente, esclavismo. El dueño muestra a sus esclavos en el mercado y los explota groseramente, sin importar para nada la opinión del jugador.

Para muestra, un botón: Alfredo Despaigne, Yulieski Gurriel, Frederich Cepeda y Héctor Mendoza, todos insertados en la liga japonesa, llevan casi dos años sin descanso, pues tras jugar en el país asiático, tuvieron que incorporarse a sus respectivos equipos provinciales, luego ir a los Centroamericanos y del Caribe en Veracruz y ahora a la Serie del Caribe como refuerzos del campeón Pinar del Río.

Tras el clásico caribeño, de vuelta a terminar la Serie Nacional y de ahí para la próxima campaña en Japón... hasta que un día se les acabe la gasolina y el INDER los deseche.

Desde que Barack Obama y Raúl Castro anunciaron el 17 de diciembre que restablecerían relaciones, las Grandes Ligas manifestaron su interés en el mercado cubano, bastante virgen ahora, pero que por los primeros 60 años del siglo XX fue la principal fuente de peloteros extranjeros en Estados Unidos.

El día en que se produzcan los primeros contactos entre directivos beisboleros de ambos países, las Grandes Ligas -- y sobre todo la Asociación de Peloteros -- deberán proteger los derechos de los que vengan de Cuba, para que compitan en igualdad de condiciones que estadounidenses, canadienses, dominicanos, venezolanos, mexicanos, japoneses o de dondequiera que sean.

Las negociaciones en materia de béisbol podrían ser complicadas, como lo ha sido el diálogo político que esta semana iniciaron en La Habana funcionarios diplomáticos de Cuba y Estados Unidos.

Pero nadie dijo que sería fácil. Seis décadas de enemistad no se arreglan con un simple estrechón de manos.

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Con la firma de Max Scherzer, los Nacionales de Washington se reafirmaron como el equipo con la mejor rotación de abridores para la temporada del 2015.

Ya los capitalinos contaban con un staff de lujo para iniciar sus partidos, con Jordan Zimmermann, Stephen Strasburg, Doug Fister, Gio González y Tanner Roark, pero la llegada de Scherzer es la guinda encima del pastel.

Uno de los cinco que ya estaban debe, o irse para el bullpen, o ser canjeado antes del inicio de los entrenamientos primaverales.

La primera opción no parece factible, mientras que la segunda le daría a la gerencia la posibilidad de buscar un bate de poder para una ofensiva que luce como el lado flaco del equipo.

Pero, ¿quién sería esa moneda de cambio?

A primera vista, dado el hecho de que se convertirán en agentes libres al finalizar la campaña, los candidatos serían Zimmermann o Fister.

Eso sería pensando en términos puramente de negocios. Antes de perderlos en la agencia libre, mejor conseguir primero algo a cambio para beneficio del equipo.

Pero los Nacionales del 2015 están apostando en grande, con la vista puesta en la Serie Mundial y Zimmermann y Fister son dos piezas claves que podrían ayudar a que el clásico de octubre regrese a la capital del país por primera vez desde 1933.

Roark parece seguro para quedarse, pues además de haber sido una revelación en el 2014, está atado al equipo hasta el 2020, con un salario inferior al millón de dólares.

Entonces las opciones serían el zurdo cubanoamericano González o Stasburg.

Gio ha ido de más a menos desde que en el 2012 lideró la Liga Nacional con 21 victorias, la misma cantidad de ganados que acumuló entre el 2013 y 2014 juntos, aunque su condición de zurdo le daría ventaja en una rotación plagada de derechos.

Strasburg tuvo un buen rebote el pasado año, con 14-11, efectividad de 3.14 y líder en ponches del viejo circuito con 242, pero la gerencia mencionó su nombre primero que cualquier otro entre los posibles canjeables.

Uno se tiene que ir, porque a pesar de tener la mejor rotación de todo el béisbol ahora mismo, el equipo tiene carencias notables en el bullpen, sobre todo después de la salida de Tyler Clippard, cambiado a los Atléticos de Oakland por Yunel Escobar.

Y Washington necesita ofensiva. Ya no está Adam LaRoche, Jayson Werth podría no estar listo para el comienzo de la campaña y Bryce Harper ha quedado a deber, después de despertar tantas expectativas desde su debut en el 2012.

Ian Desmond y Anthony Rendón son ahora mismo tal vez los bates más seguros y consistentes de los Nacionales, pero ni siquiera estamos hablando de bateadores de 30 jonrones y 100 impulsadas, aunque tengan el potencial para hacerlo en algún momento.

El veloz Denard Span es el hombre proa indiscutible de la alineación, pero jamás ha llegado a los 200 imparables en sus siete años de carrera y su tope en bases robadas es 31, en el 2014.

Sí, Washington tiene una rotación abridora como ningún otro equipo, pero aunque eso lo convierta en favorito, al menos en la división Este, no se ve como la maquinaria perfecta para arrasar con sus rivales.

Más redondeados lucían los Filis de Filadelfia del 2012, con Roy Halladay, Cliff Lee, Cole Hamels, Kyle Kendrick y Joe Blanton como abridores y Jimmy Rollins, Hunter Pence, Ryan Howard y Shane Victorino, entre otros toleteros. A duras penas lograron jugar para .500 (81-81).

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Giancarlo StantonAP Photo/Wilfredo LeeStanton estará bajo lupa tras recibir el mayor contrato en la historia del deporte profesional de EUA.
Alguien definió acertadamente al béisbol como el más individual de los deportes de conjunto.

La apertura de los campos de entrenamiento para la temporada del 2015 ya está a la vuelta de la esquina y siempre hay figuras que despiertan una expectativa especial, ya sea por tratarse de jugadores muy prometedores, de los cuales se espera mucho, o por ser peloteros ya establecidos que intentan recuperar su paso tras devastadoras lesiones.

Aquí están diez jugadores que hay que seguir en el 2015.

Giancarlo Stanton (Marlins de Miami)

El bateador de más poder en todas las Grandes Ligas es también dueño del contrato más monstruoso que haya visto el deporte profesional de Estados Unidos.

Los Marlins rompieron cualquier pronóstico al extenderle el contrato a Stanton nada menos que por 325 millones de dólares y 13 temporadas.

Pero hay que ver cómo regresa después del pelotazo en la cara que lo sacó del juego en septiembre por el resto de la campaña pasada y además, qué actitud asume tras saberse el pelotero mejor pagado de todo el béisbol.

Manny Machado (Orioles de Baltimore)

Las lesiones no nos han permitido ver en su totalidad qué tan bueno es Manny Machado.

El antesalista de origen dominicano de los Orioles tiene el potencial para ser una gran estrella, pero a finales de la temporada del 2013 sufrió una impresionante fractura en la rodilla izquierda que requirió cirugía.

Una temporada más tarde, fue la otra rodilla la lastimada, perdiéndose la mitad del calendario.

La calidad la tiene de sobra, pero la salud no lo ha acompañado.

Hanley Ramírez (Medias Rojas de Boston)

Al igual que Manny Machado, el dominicano Hanley Ramírez es otro que tiene todo el talento del mundo.

Pero además de problemas de salud como Machado, Hanley ha tenido serios problemas de actitud que han limitado su desempeño.

Ahora comienza una nueva etapa en su carrera en la Liga Americana, donde jugó los dos primeros juegos de su vida en Grandes Ligas, precisamente con los Medias Rojas, antes de los siguientes 1221 partidos en la Nacional con los Marlins y Dodgers de Los Ángeles.

Y además, deja el cuadro para irse a patrullar el jardín izquierdo en un estadio complicado como el Fenway Park. Veremos si logra sobresalir o hace que Boston se arrepienta de haber canjeado a Yoenis Céspedes.

Dellín Betances (Yankees de Nueva York)

¿Es el dominicano Dellín Betances el nuevo Mariano Rivera? A juzgar por lo que hizo en su primera temporada, en la que actuó como preparador del cerrador de los Yankees, podríamos creer que sí.

Al igual que Rivera, quien fue set-up man en 1996 y pasó a ser cerrador en 1997, Betances recibe ahora la responsabilidad de salvar los juegos para los Yankees y sus fanáticos están ansiosos por verlo lucirse en la lomita como lo hizo el legendario panameño por 17 años seguidos.

Rusney Castillo, Jorge Soler y Yasmani Tomás

¿Cuál de ellos será la próxima estrella cubana en Grandes Ligas?

En los últimos años, la Mayor de Las Antillas ha tenido siempre una nueva figura que deslumbra, desde Aroldis Chapman y Yoenis Céspedes hasta Yasiel Puig y José Abreu.

Rusney Castillo y Jorge Soler, de los Medias Rojas y los Cachorros de Chicago, respectivamente, ya presentaron brevemente sus credenciales en el 2014 y parecen listos para el gran salto.

Yasmani Tomás es totalmente nuevo y llega precedido de una fama de bateador de gran poder.

Veremos si los Diamondbacks de Arizona no se equivocaron al darle 68 millones de dólares y Tomás sigue los buenos pasos de sus compatriotas.

Kris Bryant (Cachorros de Chicago)

Los Cachorros de Chicago tienen talento joven por toneladas, parte del cual ya apareció en el 2014, como Soler, el boricua Javier Báez y el dominicano Arismendy Alcántara.

Pero la joya más fulgurante de ese universo juvenil aún está por verse y debe llegar en esta ocasión: el antesalista Kris Bryant, quien despachó 43 jonrones y remolcó 110 carreras entre Doble A y Triple A el pasado año.

Bryant, de 23 años, parece estar preparado ya para su debut en las Mayores, un paso que la gerencia de los Cachorros no quiso apurar.

Miguel Cabrera (Tigres de Detroit)

El mejor bateador que ha visto el béisbol en los últimos años ha comenzado a padecer problemas de salud.

Los números de Miguel Cabrera en el 2014, de lujo para la mayoría de los mortales, sufrieron un bajón considerable en comparación con el 2012, cuando ganó la Triple Corona de la Liga Americana, y los del 2013, cuando logro incluso un average más alto y tuvo cifras similares en cuadrangulares y remolcadas.

Reportes de los Detroit Tigers indican que Cabrera no estará listo para el inicio de los entrenamientos primaverales, aunque casi seguro sí lo estará para el comienzo de la temporada.

Si la salud acompaña al venezolano, será todo un espectáculo verlo destrozar a los lanzadores rivales, con la protección en la alineación de su compatriota Víctor Martínez y del recién adquirido Yoenis Céspedes.

Masahiro Tanaka (Yankees de Nueva York)

El derecho japonés Masahiro Tanaka irrumpió como la fuerza devastadora de un tifón asiático en las Grandes Ligas, hasta que una lesión descarriló su camino hacia el premio de Novato del Año de la Liga Americana.

Pero a inicios de julio se lesionó, cuando ya sumaba 12 victorias y efectividad de 2.51, que lo obligó a ausentarse por casi tres meses.

Tanaka optó por rehabilitarse sin la cirugía Tommy John y consiguió regresar en gran forma el 21 de septiembre, al dejar en una limpia y cinco hits en 5.1 innings a los Toronto Blue Jays.

Sin embargo, en su siguiente apertura y última de la temporada, fue castigado sin misericordia por Boston con siete limpias en 1.2 episodios, despertando nuevas dudas sobre su recuperación.

Hay que ver si estos meses de descanso le acaban de devolver la mejor salud a su brazo o si a la larga era necesaria la cirugía.

El lado oscuro: Alex Rodríguez

Un undécimo jugador merece estar en la lista, pero no precisamente por las buenas expectativas que despierta.

Alex Rodríguez regresa al béisbol después de una temporada de castigo y a punto de cumplir 40 años.

Es de imaginar todo el circo mediático que se generará en el George Steinbrenner Field de Tampa, sede de los entrenamientos primaverales de los Yankees.

A-Rod todavía tiene problemas legales pendientes y su presencia motivará mucha distracción en un equipo que quiere reconstruirse, tras el retiro en los últimos años, de todas sus figuras emblemáticas.
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Indios vs CriollosChristopher Pasatieri/Getty Images SportPete Rose no ha podido ingresar al Salón de la Fama debido a su castigo por apuestas.
Varias voces se han levantado en los últimos tiempos para pedir que se levante el castigo que mantiene alejado a Pete Rose de por vida de toda actividad relacionada con el béisbol.

Esa sanción, impuesta al líder el hits de todos los tiempos, por apostar en los juegos de béisbol mientras era manager de los Rojos de Cincinnati, le ha impedido ingresar en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Quienes abogan por su perdón alegan que 25 años ha sido suficiente tiempo de sanción y ya es hora de concederle el perdón.

Pero lo que hizo Rose es imperdonable, pues manchó la integridad de un deporte al que se entregó como jugador con una pasión casi única.

Por años negó haber apostado en juegos de béisbol, hasta que un buen día en el 2004 lo aceptó, aunque rechazó haberlo hecho en contra del equipo que dirigía.

¿Por qué creerle a alguien que le tomó 15 años reconocer un hecho? Rose era -- o es -- un jugador compulsivo, un ludópata. Las personas con esa adicción no tienen límites y son capaces de apostar a lo que sea con tal de ganar.

Y él tenía el control sobre los juegos de Cincinnati. Perfectamente podía haber apostado en contra de su propio equipo y bastaba con retirar de la lomita a un pitcher que estuviera dominando al rival por considerar que había hecho demasiados lanzamientos, por poner un solo ejemplo.

Si lo hizo o no, tal vez nunca lo sabremos. Quizás debamos esperar otros 15 años hasta que decida confesarlo todo, pero lo peor es que él sabía que estaba haciendo algo ilegal, expresamente prohibido.

Duele que alguien que se entregó como pelotero de la manera que lo hizo, que convirtió en un arte el acto de batear un hit, haya manchado el deporte de la manera que lo hizo.

Pete Rose no es Nelson Mandela. Quienes pujan por su perdón deberían al menos, más allá del sentimentalismo y la nostalgia, dar razones convincentes que puedan probar su inocencia.

Antes de perdonar a Rose, quizás merecen ser exonerados antes los ocho jugadores de los Medias Blancas de Chicago que vendieron la Serie Mundial de 1919.

Quienes han tratado de presentar una imagen más cándida de Joe "Shoeless"Jackson, Chick Gandil, Eddie Cicotte, Eddie Collins, Lefty Williams, Fred McMullin, Oscar "Happy" Flesch y Charles Risberg señalan que los ocho buscaban una compensación económica y una especie de venganza contra el dueño Charles Comiskey, quien explotaba su talento a cambio de salarios miserables.

Y aun así, nadie pide que Jackson, uno de los más exquisitos jugadores que ha pasado por las Grandes Ligas, sea perdonado post-mortem y exaltado a Cooperstown.

Lo de Rose fue peor, porque, en primer lugar, ya existía el antecedente de del escándalo de los Medias Negras de 1919.

Y en segundo lugar, sus apuestas no respondían a una necesidad económica, como la que supuestamente impulsó a los peloteros de Chicago a arreglar los partidos.

Perdonar a Pete Rose sobre la base del sentimentalismo y la condescendencia sería una bofetada en el rostro para quienes han defendido dentro y fuera del terreno la integridad de este gran deporte.

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Rob Manfred
AP Photo/Reinhold MatayRob Manfred tendrá mucho trabajo en su inicio como nuevo Comisionado de Grandes Ligas
El próximo 25 de enero, Bud Selig pasará a retiro y Rob Manfred asumirá el cargo como décimo comisionado en la historia de las Grandes Ligas.

Manfred es un discípulo de Selig, formado a su imagen y semejanza, por lo que no debemos esperar cambios radicales inmediatos en la política que rige los diferentes aspectos del béisbol.

Esos giros de timón abruptos podrían darse después que el nuevo comisionado se afiance lo suficientemente en su puesto, cuando haya borrado toda sombra de su mentor y predecesor Selig.

Pero hay puntos que necesitan solución a corto plazo y en los que Manfred debería tomar cartas lo antes posible.

Pete Rose

El líder histórico de hits lleva un cuarto de siglo castigado por apuestas en el béisbol y cada vez son más voces que piden que se le perdone para que pueda ocupar su lugar en el Salón de la Fama de Cooperstown.

Quienes abogan por el perdón consideran peor el consumo de sustancias para mejorar el rendimiento deportivo y si a jugadores que han dado positivo por uso de esteroides se le ha permitido volver a jugar, ¿por qué no darle una nueva oportunidad a Rose?

El nuevo comisionado debe pronunciarse al respecto, ya sea para levantar el castigo o para ratificarlo.

Cooperstown y los esteroides

Manfred deberá esbozar una política clara y definitiva sobre qué tratamiento deben recibir aquellos infractores en el uso de sustancias ilegales en relación con el Salón de la Fama.

Es hora ya que el béisbol --entiéndase la oficina del comisionado, el Salón de la Fama y la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA)-- se sienten a definir qué hacer con una generación que, gústele a quien le guste y pésele a quien le pese, forma parte de la historia de este deporte

Política de sanciones

Los castigos de Bud Selig a los consumidores de sustancias prohibidas, más que sanciones reales, parecían los regaños de una abuela condescendiente que atrapa a su nietecito hurgando en una caja de chocolates.

La manera más efectiva de acabar con el flagelo de los esteroides es golpeándole y duro en el bolsillo a los infractores.

Una suspensión de dos años y la anulación inmediata del contrato que tengan en ese momento para quienes sean capturados por primera vez y un castigo de por vida a los reincidentes, sin tercera oportunidad, alinearía la política de sanciones de las Grandes Ligas a las vigentes en los deportes regidos por el Comité Olímpico Internacional (COI).

Esta sería una medida muy oportuna ahora que el regreso del béisbol al calendario olímpico parece casi seguro en los Juegos de Tokio en el 2020.

En los esfuerzos por acabar asimismo con sospechas y especulaciones, Manfred debería publicar la famosa lista de más de 100 peloteros que arrojaron positivo en controles antidopaje en el 2003, de la cual se han filtrado algunos nombres a cuentagotas.

Regla 7.13

Si yo fuera el comisionado, eliminaría la polémica regla 7.13 que prohíbe a los catchers el bloqueo del plato.

La regla 7.13 se puso en vigor en el 2014 de manera experimental y su aplicación trajo más polémicas que soluciones.

El experimento no dio resultado e incluso muchos receptores, que se habrían beneficiado al eliminarse las colisiones en el plato, criticaron la medida.

Apelaciones de jugadas

El béisbol es más justo desde que comenzó a usarse el video en definiciones de jugadas cerradas.

Pero deben ser los propios umpires quienes ratifiquen o rectifiquen sus decisiones iniciales, como pasa, por ejemplo, en los partidos de la NBA.

Los estadios de las Grandes Ligas gozan de la tecnología suficiente para que sean los árbitros quienes lo hagan, en vez de ese panel misterioso en Nueva York.

Creo que un umpire que sea capaz de reconocer, tras revisar el video, que cometió un error y subsanarlo, ganará en prestigio ante los jugadores.

De la manera actual, los oficiales quedan en ridículo cada vez que desde "el más allá" les ordenan revertir sus decisiones.

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El revuelo y la alegría causados por la inducción al Salón de la Fama de Randy Johnson, Pedro Martínez, John Smoltz y Craig Biggio enmascaró de alguna forma el mal momento que atraviesa el templo de los inmortales de Cooperstown.

Sí, mal momento, aunque nada tiene que ver con la parte económica. Se trata de conceptos y procedimientos que necesitan revisarse y actualizarse para recuperar el brillo que merece.

El béisbol -- entiéndase la Oficina del Comisionado, la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA) y el propio Salón de la Fama -- requiere establecer de una buena vez una política definitiva sobre qué hacer con la generación de los esteroides.

Si los consumidores de sustancias para elevar el rendimiento deben ser excluidos de Cooperstown, pues pónganse de acuerdo y díganlo ya, porque este vaivén no aguanta más y no debe dejarse la decisión al criterio individual de cada votante de la BBWAA.

O por el contrario, ábranle las puertas de par en par a hombres como Barry Bonds, Roger Clemens, Mark McGwire o Sammy Sosa, que marcaron toda una generación cuya historia no puede ser ignorada.

Si quieren pónganle un asterisco, pero la mayoría de los peloteros de la etapa de los esteroides usaron las sustancias cuando aún las Grandes Ligas no habían emitido una prohibición formal, ni establecido una política de castigos.

Por otro lado, está el ineficiente Comité de Veteranos, dividido en tres ramas, compuestas por 16 personas cada una.

Una es la de la llamada era de la pre-integración, que va desde los orígenes del béisbol en el siglo XIX hasta 1946, cuando existía la barrera racial y elige también a quienes jugaron en las Ligas Negras.

Otra rama se ocupa de la Era Dorada, que abarca el período desde 1947 a 1972. Y la otra es la de la Era de Expansión, que va desde 1973 hasta la actualidad.

Cada año, una de estas ramas lleva a cabo su respectiva votación de manera rotativa. O lo que es igual, cada capítulo debe esperar tres años para una nueva elección.

Todo queda en manos de 16 personas, una cifra demasiado limitada, en la que un simple voto representa un porcentaje demasiado alto y puede marcar la diferencia entre entrar o quedar fuera del Templo de los Inmortales.

El Comité de Veteranos debería cambiar su cantidad de miembros y su metodología, en aras de una mayor justicia con aquellos que corren el riesgo de ser olvidados con el paso del tiempo.

¿Por qué razón debe ser rotativa la votación cada tres años?

Más conveniente sería reducir tal vez la cifra de candidatos en cada rama, pero que tengan votos anuales cada una de ellas, para que no ocurra más algo tan frustrante como en diciembre del 2014, cuando nadie -- ¡nadie! -- fue electo, a pesar de haber candidatos extraordinarios.
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La entrada al Salón de la Fama de Cooperstown depende de variados factores, incluida la suerte, timming, casualidad, oportunidad o como quieran llamarle.

Hay años en que la presencia de tres o cuatro súper monstruos lacera las aspiraciones de otros estelares que sin llegar al calificativo anterior, también reúnen méritos para ser inmortalizados.

Así lo vimos en el 2015, cuando debutaron en las boletas Randy Johnson, Pedro Martínez y John Smoltz, electos del primer golpe, junto a Craig Biggio, exaltado en su tercer año.

Este cuarteto dejó sin opciones a otros hombres que también merecen un nicho en Cooperstown.

De la misma manera, hay ocasiones en que no son elegibles aún esas súper leyendas, lo cual beneficia a algunos que de otra manera no hubieran podido vencer esa competencia, como pasó en el 2012 con Barry Larkin, único exaltado en ese año, con números buenos, pero no extraordinarios.

La próxima clase del 2016 podría ser una de esas que abre las oportunidades.

Como apuesta segurísima debutará en las boletas Ken Griffey Jr., un hombre que en 22 campañas despachó 630 jonrones, impulsó 1,836 carreras, ganó diez Guantes de Oro y asistió a 13 Juegos de Estrellas.

Otro que llega por primera vez es Trevor Hoffman, primer relevista que superó los 601 juegos salvados, segundo de todos los tiempos detrás de Mariano Rivera (652), con una efectividad de 2.87 en 1,035 partidos.

Fuera de esos, nadie de la clase 2016 luce con posibilidades reales de llegar algún día a Cooperstown.

Es entonces que podrían elevarse las acciones de Mike Piazza o Édgar Martínez, quienes llevan ya varios turnos sin recibir la ansiada llamada de felicitación.

Piazza es el cátcher más ofensivo de la historia y Martínez el bateador designado por excelencia, mencionado por los propios Pedro Martínez y Randy Johnson, elegidos a Cooperstown, como el hombre más difícil que enfrentaron en sus brillantes carreras.

Si este dúo no consigue el pasaje a la inmortalidad el año próximo, podrían ver sus posibilidades disminuidas a partir del 2017, donde comenzaría una verdadera avalancha de grandes nombres, muchos de ellos latinos, algunos de ellos polémicos.

Los dominicanos Vladimir Guerrero y Manny Ramírez aparecerán ese año en la boleta, aunque el segundo, suspendido dos veces por consumo de esteroides, seguirá el mismo camino que hasta ahora han recorrido Barry Bonds, Roger Clemens, su compatriota Sammy Sosa o Mark McGwire.

También figurará el puertorriqueño Iván Rodríguez, el mejor receptor de la historia, con 13 Guantes de Oro y 14 Juegos de Estrellas.

En el 2018, Venezuela podría tener a su segundo miembro del Salón de la Fama, campocorto al igual que Luis Aparicio: Omar Vizquel, aunque tendrá fuerte competencia por la presencia en la boleta de Chipper Jones o Jim Thome.

Y en el 2019, el gran Mariano Rivera se unirá a Rod Carew como únicos panameños en Cooperstown. La pregunta con Mariano no es si entrará o no. La pregunta en su caso es si obtendrá el 100 por ciento de los votos.

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El dominicano Pedro Martínez, Randy Johnson, John Smoltz y Craig Biggio recibieron el mejor regalo del Día de los Reyes Magos, al convertirse en los nuevos miembros del Salón de la Fama de Cooperstown.

Por primera vez en 60 años, los votantes de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA) eligieron cuatro jugadores para integrar el Templo de los Inmortales, algo que no pasaba desde que en 1955 fueron exaltados Joe DiMaggio, Gabby Hartnett, Ted Lyons y Dazzy Vance.

Johnson, con 303 triunfos y 4,875 ponches, segundo de todos los tiempos detrás de Nolan Ryan (5,714), recibió 534 votos, para un 97.3 por ciento.

Por Pedro votaron 500 electores (91.1 por ciento). El ídolo dominicano cerró 18 años de carrera con 219 éxitos y apenas 100 derrotas y ganó tres premios Cy Young. En los años de su pico, cuando jugó siete campañas para los Boston Red Sox, fue quizás el pitcher más dominante de su generación, al archivar 117 éxitos y 37 fracasos.

Smoltz fue un sobreviviente del béisbol. Tras pasar años como uno de los mejores abridores de las Grandes Ligas, se convirtió en uno de los cerradores más respetados del béisbol.

Es el único pitcher con más de 200 victorias y más de 150 salvamentos y recibió 455 votos (82.9 por ciento).

Estos tres serpentineros entran en su primer año de elegibilidad, mientras que para el multifacético Biggio, a la tercera fue la vencida, al conseguir 454 votos (82.7 por ciento).

Mike Piazza, el cátcher más ofensivo de la historia, se quedó corto, con 384 de los 412 votos requeridos para entrar.

Piazza despierta dudas porque, si bien fue un coloso con el madero, fue defensivamente de los peores receptores de su generación, a pesar de lo cual se resistió a cambiar de posición.

Otro que vuelve a quedarse con las ganas es el puertorriqueño Edgar Martínez, con 148 votos (27 por ciento).

Dígase su nombre e inmediatamente se le asocia con la posición de bateador designado, labor que cumplió con excelencia sin par.

Pero con Edgar se comete una injusticia similar a la que ocurre con muchos lanzadores relevistas, salvo contadas excepciones.

El boricua NO inventó la posición de BD. Simplemente la elevó a un nivel superior. Achacarle como aspecto negativo el hecho de no jugar a la defensiva es injusto, sobre todo después que en el 2014 fuera exaltado Frank Thomas.

Números aparte, Thomas actuó como bateador designado en 1,310 de los 2,322 juegos de su carrera.

La buena noticia para quienes defienden el derecho a la inmortalidad de algunos peloteros relacionados con los esteroides es que muchos de ellos seguirán en la boleta el próximo año.

Roger Clemens, Barry Bonds, Mark McGwire, Sammy Sosa y Gary Sheffield consiguieron más del cinco por ciento de votos necesario para mantener vivas sus esperanzas, a la espera de que el alto mando del béisbol -- entiéndase oficina del comisionado, la BBWAA y el propio Salón de la Fama -- establezcan una política definitiva sobre qué hacer con una etapa importante de la historia de este deporte.

Quizás la gran sorpresa fue el poco apoyo recibido para Carlos Delgado, quien no llegó al cinco por ciento y quedará fuera para próximas elecciones.

Líder en jonrones y carreras impulsadas entre todos los peloteros puertorriqueños que han pasado por Grandes Ligas, Delgado parece haber sido castigado por su activismo político, sus protestas silenciosas y sus críticas abiertas a las guerras de Afganistán e Irak, mal vistas en momentos demasiado sensibles para la nación americana.
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Pedro MartinezAP Photo/Kathy WillensMartínez sería el segundo dominicano en Cooperstown. Antes llegó el también lanzador Juan Marichal.
Desde mañana martes 6 de enero del 2015, a las dos de la tarde, Pedro Martínez añadirá a su autógrafo las letras HOF, como hacen todos los exaltados al Salón de la Fama de Cooperstown.

Pedro, que lanzó por 18 campañas en las Mayores para Dodgers de Los Ángeles, Montreal Expos, Medias Rojas de Boston, Mets de New York y Filis de Filadelfia, se convertirá en el segundo dominicano en el Templo de los Inmortales, junto al también serpentinero Juan Marichal.

Y aunque en la boleta aparecen más peloteros latinos, algunos por primera vez, otros reincidentes, es difícil que alguno de ellos acompañe al dominicano en la ceremonia de exaltación.

Uno de ellos es su compatriota Sammy Sosa, quien figura en la boleta por tercera ocasión.

Solo siete de los miles de peloteros que han pasado por las Grandes Ligas en toda su historia han bateado más de los 609 jonrones que consiguió Sosa, entre muchas otras estadísticas en extremo sobresalientes.

Pero Sammy no está y al parecer seguirá fuera y todos sabemos por qué. Que se sepa, nunca dio positivo en un control antidopaje, pero aun cuando hubiera consumido esteroides, lo habría hecho en una época en que no era prohibido y su uso era una práctica habitual.

Y no todos batearon 609 cuadrangulares. El sistema tiene una falla, una brecha que habrá que corregir en algún momento y que por ahora está dejando fuera del museo que es Cooperstown a una etapa importante de la historia del béisbol.

Por sexto año aparece en la boleta el puertorriqueño Edgar Martínez, uno de los mejores bateadores en la década de los 90.

Pero aunque sus números fueron excelentes, no parecen suficientes para elevarse al grado de la inmortalidad, más allá del hecho de haberse desempeñado solamente como bateador designado en 1,403 de los 2,055 juegos de su carrera.

Quienes usan ese argumento en contra de Edgar están siendo injustos. La posición de bateador designado existe y no todos brillan haciéndolo. Martínez ha sido uno de los mejores en ese papel y eso no le resta mérito, aunque sus estadísticas se queden cortas para Cooperstown.

Y en su primer año de elegibilidad está el también boricua Carlos Delgado, recio toletero, defensor de la primera base con los Azulejos de Toronto, los Marlins de Florida y los Mets.

Para mí, Delgado debería acompañar a Pedro en su inclusión a Cooperstown.

Pero desgraciadamente, se han establecido ciertas cotas que pueden marcar la diferencia entre entrar y no entrar al Salón de la Fama.

Los 500 cuadrangulares o los 3,000 hits son casi siempre (salvo en los casos de sospecha de dopaje) un pasaporte para la exaltación.

Pero las cosas no deben verse de manera tan automática, pues hay varios toleteros con más de 500 jonrones que están fuera, como lo están por ahora Craig Biggio, con 3,060 imparables, o el mismísimo Pete Rose, líder absoluto en ese departamento, con 4,256. Y de la misma manera, hay ya inmortalizados varios bateadores con menos de los 473 bambinazos y las 1,512 carreras impulsadas de Delgado.
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